jueves, 20 de febrero de 2020

La relación entre el coronavirus Covid-19 y el actual modelo agroeconómico

Por Rob Wallace, 17 de febrero de 2020

Un nuevo y mortal coronavirus, Covid-19 (Sars-CoV-2), relacionado con el SARS (Síndrome Respiratorio Agudo Grave) y el MERS (Síndrome Respiratorio de Oriente Medio) y que aparentemente se ha originado en un mercado de animales vivos de Wuhan, China, se está extendiendo por todo el mundo.
En el momento de redactar este artículo las autoridades chinas han informado de más de 72.000 infectados, con casos en casi todas las provincias y propagándose rápidamente desde su epicentro.

La caracterización parece estar apoyada por el modelo inicial.

El ritmo reproductivo básico del virus, una medida del número de nuevos casos de infección sin límite de susceptibilidad disponible, está llegando a una cifra del 3,11, lo cual significa que ante tal impulso las campañas de control debieran detener hasta el 75% de las nuevas infecciones para revertir el brote.
Las secuencias del genoma completo del virus muestran pocas diferencias entre las muestras recogidas en diferentes partes de China. Propagación más lenta para un virus de ARN de evolución tan rápida estaría marcado por mutaciones que se acumulan de un lugar a otro.

El coronavirus ya se ha extendido a otros países, tales como Australia, Francia, Hong Kong, Japón, Malasia, Nepal, Vietnam, Singapur, Corea del Sur, Taiwán, Tailandia y los Estados Unidos. Brotes locales están apareciendo en los países de la región.

Dado que la infección se caracteriza por una transmisión de persona a persona y en un aparente período de incubación de dos semanas antes de que la enfermedad se manifieste, es probable que la infección siga propagándose por todo el mundo. Si será en otras partes como en Wuhan es una pregunta de difícil contestación.

La penetración final del virus en todo el mundo dependerá de la diferencia entre la tasa de infección y la tasa de eliminación de infecciones, bien por recuperación o por muerte. Si la tasa de infección supera con creces la de eliminación, entonces la población total infectada puede acercarse al total de la humanidad. Sin embargo, ese resultado se puede ver caracterizado por una gran variación geográfica provocado por una combinación de causas de muerte y las diferencias en la forma en la que los países respondan ante este brote.

Los escépticos de las pandemias no están tan seguros de tal escenario. En el caso del coronavirus Covid-19 se han infectado y han muerto mucho menos pacientes que con la gripe estacional. Pero el error está en confundir el momento de inicio de un brote con la naturaleza esencialista de un virus.

Los brotes son dinámicos, y sí, algunos se extinguen, incluyendo tal vez el Covid-19, pero se necesita un desenlace evolutivo correcto y un poco de suerte. A veces no se acumulan suficientes huéspedes para mantener la transmisión. Otros brotes explotan. Los que entran en la escena mundial pueden cambiar el escenario, incluso si eventualmente desaparecen. Alteran las rutinas diarias incluso en un mundo que ya está demasiado revuelto o en guerra.

La mortandad potencial de cualquier cepa pandémica es la esencia del asunto, por supuesto.

Si el virus resultara menos infeccioso o mortal de lo que se pensó en un principio, la civilización continúa, a pesar de que muchas personas mueran. El brote de gripe H1N1 de 2009, que preocupó tanto hace una década, mostró al final ser menos virulento de lo que parecía en un principio. Pero esa cepa afectó a la población mundial y se llevó silenciosamente a muchos pacientes, en cantidades que superan con creces los actuales datos de seguimiento de la enfermedad. El virus H1N1 de 2009 mató a unas 579.000 personas en su primer año, produciendo complicaciones en quince veces más casos de los que se habían proyectado inicialmente en las pruebas de laboratorio.

El peligro se encuentra en los desplazamientos sin precedentes de la humanidad. El H1N1 cruzó el Pacífico en nueve días, superando en varios meses las predicciones de los modelos más sofisticados de la red mundial de viajes. Los datos de las aerolíneas muestran un aumento de diez veces de los viajes en China desde la epidemia de SARS.

En este marco de esa difusión generalizada, una baja tasa de mortalidad pero un gran número de infecciones causa un gran número de muertes. Si se infectasen 4.000 millones de personas y la tasa de mortalidad es de sólo el 2%, una tasa de mortalidad inferior a la mitad de la pandemia de gripe de 1918, morirían unos 80 millones de personas. Y a diferencia de la gripe estacional, no hay inmunidad grupal, ni vacuna que retarde el proceso. Incluso si se hace con rapidez se tardarán por lo menos tres meses en producir una vacuna para el Covid-19, asumiendo que sea eficaz. Los científicos desarrollaron con éxito una vacuna para la gripe aviar H5N2 sólo después de que el brote estadounidense ya se hubiese extinguido.

El parámetro epidemiológico crítico será la relación entre la infecciosidad y el momento en que los infectados muestran síntomas. En el caso del SARS y el MERS demostraron ser infecciosos sólo cuando ya aparecían los síntomas. Si esto fuese así en el caso del Covid-19, podríamos estar en una buena situación, considerándolo todo, incluso sin una vacuna ni antivirales disponibles, ya que se pueden poner en cuarentena a los enfermos que empiecen a mostrar síntomas, rompiendo de esta forma la cadena de transmisión, incluso con un sistema sanitario del siglo XIX.

Sin embargo, el pasado domingo, el ministro de salud de China, Ma Xiaowei sorprendió al anunciar que el Covid-19 se había mostrado infeccioso antes de que apareciesen síntomas en los pacientes. Es un cambio tan insólito que los epidemiólogos estadounidenses se han mostrado tan aireados que exigen los datos que muestren la nueva forma de infección. Los investigadores no pueden imaginar una evolución fuera de los arquetipos de salud pública. Si lo dicho es cierto para la nueva infección, entonces las autoridades sanitarias no podrán considerar la aparición de síntomas para identificar los nuevos casos activos.

Estas incógnitas, la fuente exacta de aparición del virus, su grado de penetración, los posibles tratamientos, explican por qué los epidemiólogos y las autoridades de salud pública están tan preocupados por el Covid-19, a diferencia de la gripe estacional, lo que hace temblar de incertidumbre a los profesionales.

Es la naturaleza de su trabajo el preocuparse, algo inherente en las probabilidades y errores sistémicos que acompañan al oficio. El hecho de no estar preparados para un brote que resulta mortal excede con mucho a la vergüenza de prepararse para un brote que no está a la altura de la publicidad que se le da. Pero en esta época en la que se celebra la austeridad, pocas jurisdicciones quieren pagar por un desastre que no tiene ninguna garantía, cualesquiera que sean los beneficios de las medidas de precaución, o en el otro extremo, las enormes pérdidas asociadas a una mala actuación.

De todos modos, la elección de cómo responder no suele estar en manos de los epidemiólogos. Son las autoridades nacionales las que toman estas decisiones, haciendo malabarismos con múltiples y a menudo programas contradictorios.

Mientras que las autoridades se enzarzan en saber qué hacer, el desarrollo de la infección puede comprometer repentinamente la velocidad de escape. Como ha demostrado el propio Covid-19, de pasar de un mercado de alimentos a la escena mundial en el plazo de un mes, las cifras pueden aumentar tanto y tan rápido que los mejores esfuerzos de los epidemiólogos reciban sobre el terreno un golpe letal por la fuerza de los hechos.

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La producción industrial de aves de corral y las cepas mortales de la gripe aviar H5Nx

Los orígenes agroeconómicos del brote de Ébola

Mis reacciones viscerales ante el desarrollo de la enfermedad han pasado de la preocupación, a la decepción y la impaciencia.

Soy un biólogo evolutivo y un filogeógrafo de la salud pública que ha trabajado distintos aspectos de estas nuevas pandemias durante veinticinco años, es decir, durante gran parte de mi vida profesional. He tratado de lograr cada vez una mayor comprensión de estos patógenos, desde las secuencias genéticas en mis estudios iniciales hasta la geografía económica del uso de la tierra, la economía política de la agricultura mundial y la epistemología de la ciencia.

La claridad a veces puede ofuscar el pensamiento. En los medios de comunicación que utilizo no dejaban de preguntarme sobre el Covid-19 y mi respuesta más inmediata rayaba entre el agotamiento y el desánimo. ¿Qué quieren que les diga? ¿Qué quieren que haga al respecto?

Al dar consejos personales y profesionales a amigos y colegas que legítimamente están preocupados, tomé algunas decisiones equivocadas. A la pregunta de un amigo que es ganadero sobre si podía viajar al extranjero sin riesgos, le aconsejé que utilizara una mascarilla de cirujano, que se lavase las manos antes de cada comida, y que dejara de joder al ganado. El humor ácido me ayuda a superar el estrés, pero decirle que dejara de joder al ganado me parece que se salía completamente de tono. No me deja en buen sitio, luego me disculpé, y se reía más tarde de esta ocurrencia.

Es un riesgo laboral. Está ese temor existencial que surge de la inercia política de los epidemiólogos al enfrentarse ante una pandemia que parece irresistible y que la gente parece no tener en demasiada consideración hasta que ya es demasiado tarde.

Si Covid-19 es en efecto el Gran Bicho, y aún no está claro que este sea el caso, no hay casi nada que podamos hacer en este momento. Todo lo que podemos hacer es asegurar las infraestructuras de la salud pública y esperar a que el virus mate sólo a una pequeña parte de la población mundial en lugar de al 90%.

Está claro que la humanidad no debería empezar a reaccionar cuando la epidemia ya está en marcha, lo cual supone el abandono total de cualquier concepción progresista desde el punto de vista teórico y práctico. En todo el mundo los dirigentes y sus doctos seguidores se identifican como Prometeos.

Como hace siete años ya escribí:

“Espero que pase mucho tiempo antes de que tenga que abordar otro brote de gripe humana y que no sea de forma imprevista. Aunque se trata de una reacción visceral comprensible, preocuparse por este asunto ahora es algo precipitado. El bicho, cualquiera que fuese su punto de origen, hace tiempo que abandonó el granero, literalmente”.

En este siglo ya se han dado nuevas cepas de la peste porcina africana, Campylobacter, Cryptosporidium, Cyclospora, Ébola, E. coli O157:H7, fiebre aftosa, hepatitis E, Listeria, virus Nipah, fiebre Q, Salmonella, Vibrio, Yersinia, Zika, y otras variedades novedosas de la gripe A, entre las que hay diversas variantes: H1N1 (2009), H1N2v, H3N2v, H5N1, H5N2, H5Nx, H6N1, H7N1, H7N3, H7N7, H7N9 y H9N2.

Y realmente poco se hizo en estos casos. Las autoridades dieron un suspiro de alivio cuando vieron que remitían, cada una de ellas, e inmediatamente después se lanzaban a echar a suertes el dado epidemiológico, arriesgando de esta forma la posibilidad de que se dieran otros episodios de extremada virulencia y transmisibilidad. Esto se trata más bien de una falta de previsión, pero por más necesario que sean, las intervenciones de emergencia que tratan de limpiar estos desórdenes pueden empeorar las cosas.
Verán, las distintas intervenciones compiten entre sí. Y como mis colegas y yo argumentamos, los criterios a seguir en los casos de emergencia se despliegan como imposiciones en la hegemonía gramsciana para así evitar hablar de intervenciones estructurales en torno al poder y la producción. Porque, no sé si lo saben, estamos advertidos, ¡nos encontramos en una emergencia ahora mismo!

En este juego de mantenerse a distancia, el fracaso de no abordar los problemas estructurales, es lo que puede hacer que estas intervenciones de emergencia sean ineficaces. El umbral de Allee, en el que las medidas profilácticas y las cuarentenas tratan de reducir las poblaciones de patógenos de modo que las infecciones puedan extinguirse por sí solas al no encontrar sujetos susceptibles de infectar, se determina por causas estructurales.

Como escribimos sobre el brote de Ébola en África Occidental:
“La mercatilización de los recursos del bosque puede haber reducido el umbral ecosistémico de la región hasta tal punto que ninguna intervención de emergencia puede hacer que el brote de Évola se reduzca lo suficiente como para extinguirse. Los nuevos episodios de brotes indican que hay fuerzas que pueden dar lugar a infecciones mucho mayores. En el otro extremo de la epicurva sigue circulando un brote ya consolidado, con la posibilidad de rebotes intermitentes.
En resumen, los cambios estructurales provocados por el neoliberalismo no están sólo como un fondo sobre el que surge la emergencia del Ébola. Los cambios están en la raíz de tal emergencia, como el virus mismo… La deforestación y la agricultura intensiva pueden eliminar la resistencia estocástica de la agricultura tradicional, que hasta ese momento había impedido que el virus pudiera avanzar en la cadena de transmisión”.

A pesar de que ahora contamos con una vacuna eficaz y con antivirales, el Ébola está experimentando el brote más prolongado que se ha registrado en la República Democrática del Congo. ¿Qué ha pasado? ¿Dónde se encuentra ahora nuestro Dios biomédico? Culpar a los congoleños de ocultar este fracaso no deja de ser un ejercicio de pensamiento colonial, un lavado de manos del imperialismo tras décadas de ajuste estructural y un cambio de régimen a favor del Norte global.

“...La deforestación y la agricultura intensiva 
pueden eliminar la resistencia estocástica de la agricultura tradicional, 
que hasta ese momento había impedido que el virus 
pudiera avanzar en la cadena de transmisión”. 

Decir que no hay nada que podamos hacer no es correcto del todo, sin embargo seguimos reaccionando sólo cuando se produce un nuevo ataque de la enfermedad y ésta vemos que sigue en pie.

En cualquier localidad se puede llevar a cabo un programa de izquierdas que incluya la organización de brigadas vecinales de ayuda mutua, que cualquier vacuna y antivirales que se hayan desarrollado estén disponibles y sin coste algunos para todas las personas de aquí y en el exterior, copiando antivirales y suministros médicos y asegurando el desempleo y la cobertura médica mientras dure el brote y la economía quede estancada.

Pero esta forma de pensar y organizarse, que forma parte integral del legado de la izquierda, parece haber dejado el espacio para configuraciones más performativas ( y discursivas) en línea.

La inclinación reaccionaria en la lucha contra las enfermedades desde la izquierda y la derecha me ha llevado desde entonces a colaborar con los esfuerzos de la agricultura anticapitalista y de conservación. Extingamos los brotes que no podamos manejar para no emerjan de nuevo. En este momento de mi carrera profesional, con el ritmo acelerado de las emergencias, generalmente sólo escribo sobre enfermedades infecciosas de una manera marginal.
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Las causas estructurales de las enfermedades ya son de por sí un motivo de debate. Todavía no se ha respondido a la cuestión del origen del virus Covid-19. Se ha hablado mucho de un mercado particular de alimentos exóticos de Wuhan, haciendo hincapié en las extrañas dietas desagradables a los ojos occidentales, que representan tanto el fin de la biodiversidad que la misma civilización occidental está destruyendo, como una fuente de posibles enfermedades peligrosas:

“Un mercado típico de China tiene frutas y verduras, carne de vacuno, de cerdo y cordero, pollos enteros desplumados, con sus cabezas y picos, cangrejos y peces vivos, que salpican agua del tanque donde se almacenan. Algunos venden productos más inusuales, tales como serpientes, tortugas y cigarras vivas, conejillos de indias, ratas del bambú, tejones, erizos, nutrias, civetas de las palmeras, e incluso cachorros de lobo”.
Al citar a las serpientes se esgrimen tanto como significado como significante, una fuente de virus como Covid-19, pero también se hace referencia a un paraíso perdido y un pecado original que surgió de las fauces de una serpiente.

Hay evidencias epidemiológicas a favor de esta hipótesis: treinta y tres de las 585 muestras recogidas en el mercado de Wuhan dieron positivo para el virus Covid-19, 31 de las cuales se concentraban en el extremo oeste donde se comercia con especies silvestres.

Por otro lado, sólo el 41% de estas muestras positivas se encontraron en los pasillos del mercado donde se venden las especies silvestres. Una cuarta parte de los primeros infectados nunca habían visitado el mercado de Wuhan o se les consideró como directamente expuestos. El primer caso fue identificado antes de que el mercado fuese marcado como origen de la infección. Algunos de los comerciantes infectados sólo venden carne de cerdo, una especie que expresa un receptor molecular vulnerable, lo que llevó a que un equipo formulase la hipótesis de que el cerdo podía ser la fuente del nuevo coronavirus.

En cuanto a la peste porcina africana, que supuso el sacrificio de la mitad de los cerdos de China el año pasado, esta última hipótesis supondría un gran fracaso. No son desconocidas tales convergencias entre las enfermedades, incluso dándose el caso de un reactivación recíproca íntima, en la que las proteínas de cada patógeno se catalizan mutuamente, facilitando nuevas vías de contagio y transmisión para ambas enfermedades.

Al mismo tiempo, la sinofobia occidental no exime al sistema de salud pública de China. Ciertamente se ha producido críticas y sentimientos de decepción entre los ciudadanos chinos por la lenta reacción de las autoridades locales y federales ante la infección, pero que no puede ser motivo para instrumentalizar la xenofobia. Y en nuestros esfuerzos para mantenernos fuera de esta trampa, también estamos perdiendo la perspectiva de una crítica agroecológica.

Dejando de lado la guerra cultural, los mercados húmedos y los alimentos exóticos son algo básico en China, como lo es ahora la producción industrial, yuxtapuestos lo uno a lo otro desde la liberalización de la economía en la época post-Mao. De hecho, los dos modos de alimentación pueden integrarse mediante el aprovechamiento de la tierra.

La expansión industrial puede ahondar en una cada mayor explotación de los espacios primarios, extrayendo una mayor variedad de patógenos especialmente propensos a generar pandemias. Las áreas periurbanas en creciente expansión y el aumento de la densidad de población pueden aumentar la interacción entre las poblaciones silvestres y unos espacios rurales recientemente urbanizados.

En todo el mundo, incluso las especies más salvajes están siendo introducidas en las cadenas de comercialización de la agroindustria: entre ellas se encuentran las avestruces, los puerco espines, los cocodrilos, los murciélagos frugívoros y la civeta de las palmeras, cuyas bayas parcialmente digeridas ahora suministran los granos de café más caros del mundo. Algunas especies silvestres están siendo consumidas incluso antes de que sean identificadas científicamente, incluyendo un nuevo cazón de nariz corta que se ha encontrado en un mercado de Taiwán.

Todas ellas son tratadas cada vez más como productos alimenticios. A medida que la naturaleza es despojada de sus espacios, de especie por especie, lo que queda se vuelve mucho más valioso.

El antropólogo weberiano Lyle Fearnley dijo que los agricultores de China manejan la distinción entre lo silvestre y lo domesticado como un significante de carácter económico, produciendo así nuevos significados y valores vinculados con sus animales, incluso en respuesta a las mismas alertas epidemiológicas que se relacionan con su comercio. Un marxista podría olvidar el hecho de que estos significantes surgen en un contexto que se extiende mucho más allá del control de los pequeños agricultores y se extiende a los circuitos mundiales de capital. Por lo tanto, aunque la distinción entre las granjas industriales y los mercados húmedos no carece de importancia, no debemos de olvidar sus similitudes (y relaciones dialécticas).

Las distinciones se complementan con otros mecanismos. Muchos pequeños avicultores de todo el mundo, incluidos los de China, son en realidad contratados que crían aves de corral en muy poco tiempo para formar parte de los procesos de elaboración industrial. Así que los animales de las pequeñas explotaciones de estos asalariados que pueden encontrarse cerca del borde de un bosque pueden contraer un patógeno antes de ser enviados a la planta de elaboración que se encuentra en la zona periurbana de una gran ciudad.

La expansión de las granjas industriales, que pertenecen cada vez más a grandes corporaciones, puede obligar a adentrarse más en el bosque, aumentando las probabilidades de entrar en contacto con un nuevo patógeno, reduciendo al mismo tiempo la complejidad ambiental con la que los bosques interrumpen las cadenas de transmisión.

“La secreta emoción ( y el terror declarado) que sienten 
los epidemiólogos ante un brote no es más que 
una derrota disfrazada de heroísmo”.

El capital convierte en armas los resultados de las investigaciones sobre las enfermedades. Culpar ahora a los pequeños agricultores y ganaderos es una práctica muy común de gestionar las crisis de la agroindustria, pero es evidente que las enfermedades están relacionadas con los sistemas de producción en el espacio, en el tiempo y el modo, no sólo de unos actores específicos entre los que podemos hacer malabarismos.

Como clase, los coronavirus parecen estar a caballo entre ambas distinciones. Mientras que el SARS y el Covid-19 parecen haber surgido en los mercados húmedos, considerando aparte el tema de los cerdos, el MERS, el otro coronavirus mortal, surgió directamente en el sector de los camellos en los países en vías de industrialización en Oriente Medio. Es un camino hacia la virulencia de las enfermedades que en gran parte se ha dejado fuera de la discusión científica más amplia sobre estos virus.

Deberíamos cambiar nuestra forma de pensar sobre estos virus. Me gustaría que nos engañáramos al ver la causalidad de la enfermedad y la intervención más allá del objeto biomédico o incluso de la ecología de la salud y en el campo de las relaciones sociales. Otros enfoques se dirigen a salidas diferentes. Algunos investigadores recomiendan la ingeniería genética en las aves y el ganado para hacerlos resistentes a estas enfermedades. Pero no mencionan si eso permitiría que estas cepas siguieran circulando entre lo que serían animales en principio asintomáticos y los seres humanos, que evidentemente no habrían sufrido esa modificación genética.

Volviendo atrás, la que es una de las fuentes de mis intereses, hace nueve años escribí sobre los esfuerzos de la ingeniería genética de los patógenos que pasan por alto cuestiones muy primarias:

“Más allá de la viabilidad de los nuevos pollos obtenidos mediante ingeniería genética (frankenchicken), especialmente en los países pobres, el éxito en la transmisibilidad de la gripe se debe en parte a su capacidad para burlar y durar más que esas balas de plata. Las hipótesis relacionados con un modelo biólogo que resulte lucrativo se confunde habitualmente con las expectativas de la realidad, las expectativas se confunden con las proyecciones y las proyecciones con las predicciones”.

Un motivo de inquietud es la dimensión del problema. Incluso entre destacados estudiosos existe la idea de que la gripe es algo más que un mero virus o infección, que respeta poco los límites entre las distintas disciplinas ( y los planes de negocios) tanto en su forma como en su contenido. Los patógenos utilizan regularmente procesos que se generan en un determinado nivel de organización biocultural para resolver los problemas que se plantean en otros niveles, incluido el molecular.

El sector de los agronegocios miran hacia un futuro tecnoutópico para mantenernos en un mundo delimitado por las relaciones capitalistas. Estamos dando vueltas y más vueltas en los caminos ya trillados del modelo productivo y en busca de nuevas enfermedades, en primer lugar.

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La secreta emoción ( y el terror declarado) que sienten los epidemiólogos ante un brote no es más que una derrota disfrazada de heroísmo.

Casi toda la profesión está organizada actualmente en torno a tareas post hoc, como un mozo de cuadra con una pala siguiendo a los elefantes en un circo. En el programa neoliberal, los epidemiólogos y los centros de gestión de la salud pública reciben fondos para limpiar el desorden del sistema, racionalizando incluso las peores prácticas que conducen a la aparición de muchas epidemias mortales.

En un comentario sobre el nuevo coronavirus, un tal Simon Reid, profesor de control de enfermedades infecciosas de la Universidad de Queesland, ejemplifica la incoherencia resultante. Reid va de un tema a otro no logrando tejer un todo a partir de sus observaciones técnicas. Tal desatino no es necesariamente una cuestión de incompetencia o que tenga malas intenciones, se trata más bien de una cuestión de las contradictorias obligaciones de la universidad neoliberal. […]

Reid y otros epidemiólogos institucionales están por la labor de limpiar las enfermedades de origen neoliberal, sí, incluso fuera de China, mientras que se satisfacen con tópicos reconfortantes de que el sistema que les paga sí funciona. Es el doble juego con el que muchos profesionales han elegido vivir y prosperar, incluso si las epidemias resultantes amenazan a millones de personas.
Reid recoge aquella parte de la explicación para Covid-19 relacionado con el sistema alimentario (y muchos de sus célebres precursores de la serie de los reality shows epidemiológicos que se han realizado hasta el momento). Pero al introducir esta protopropaganda propone, parafraseando, que “Este horror tiene una gracia salvadora”, y es que “China ha sido fuente de reiterados brotes infecciosos, pero ella y la OMS ahora se han unido al filantropismo, llevando a cabo un control biológico ejemplar”.

Debemos rechazar la sinofobia, ofrecer un apoyo material y todavía recordar que China encubrió el brote de SARS en 2003. Beijing censuró la información de los medios de comunicación y de salud pública, permitiendo que ese coronavirus se extendiese fuere de su país. Las autoridades médicas de una provincia al aparecer el brote no sabían a qué se enfrentaban de repente sus pacientes en las salas de emergencia. El SARS se extendió finalmente a varios países hasta Canadá y a duras penas se le pudo contener.

Entretanto, el nuevo sigo se ha caracterizado por el fracaso o la negativa de China a entender su responsabilidad en la tormenta casi perfecta por el sistema de producción de arroz, patos y otras aves de corral y la producción industrial de cerdos, lo que ha provocado múltiples cepas nuevas de gripe. Será el precio que hay que pagar por el progreso.

Sin embargo, no se trata de un excepcionalismo chino. Los Estados Unidos también han servido en la aparición de nuevas gripes, recientemente N5N2 y H5Nx, y sus multinacionales y representantes neocoloniales han impulsado el surgimiento del Ébola en África occidental y del Zika en Brasil. Los responsables de la salud pública de los Estados Unidos protegieron los agronegocios durante los brotes de H1N1 (2009) y N5N2.

Tal vez deberíamos abstenernos de elegir entre uno de los dos ciclos de acumulación de capital: el final de ciclo americano o el comienzo del chino ( o, como parece hacer Reid, ambos). A riesgo de ser acusados de una tercera vía, no elegir ninguno de los dos es otra opción.

Si debemos participar en el Gran Juego, escojamos un ecosocialismo que resuelva la ruptura metabólica entre la ecología y la economía, y entre lo urbano y lo rural y silvestre, evitando que surja lo peor de estos nuevos patógenos. Elijamos la solidaridad internacional entre la gente común de todo el mundo.

Elijamos un socialismo lejos del modelo soviético. Tracemos juntos un nuevo sistema mundial, donde prime la liberación indígena, la autonomía de los agricultores, la reconstrucción estratégica y una agroecología específica de cada lugar, redefiniendo la bioseguridad, reintroduciendo el cortafuegos de la biodiversidad en el ganado, las aves de corral y los cultivos.
Consideremos las opciones de otra manera.

Tal vez he sido injusto con los Reids de este mundo, que por obligación profesional deben creer en sus propias contradicciones. Pero como lo demuestran los quinientos años de guerras y pestes, las fuentes de capital a las que muchos epidemiólogos sirven ahora están dispuestas a escalar montañas forradas con bolsas para cadáveres.
El autor de este artículo es el autor del libro “Las grandes explotaciones agropecuarias fabrican las epidemias de gripe” (Big Farms Make Big Flu)
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lunes, 17 de febrero de 2020

Bayer debe pagar una indemnización de 265 millones de dólares a un agricultor por los daños producidos por el herbicida dicamba


Sustainable Pulse, 16 de febrero de 2020

El sábado, un jurado dictaminó el pago de una indemnización de 250 millones de dólares por los daños causados a un agricultor de melocotones del sudeste de Missouri que argumentó que el herbicida dicamba, que se había filtrado en su explotación desde otros cultivos cercanos, había dañado gravemente sus árboles, una indemnización que podría ser un buen indicio para otros 140 agricultores que demandan a los fabricantes del producto químico: Bayer (Monsanto) y BASF.

Los daños penales acordados al agricultor Bill Bader, de Campbell, se impusieron un día después de que el jurado le concediera otros 15 millones de dólares en concepto de daños reales, coincidiendo con su argumento de que dicamba se había filtrado de otros cultivos y había dañado gravemente a Bader Farms, que es una de las mayores plantaciones de melocotones de Missouri. Los abogados de Bader argumentaron que sus árboles probablemente se secarían por la exposición al herbicida dicamba, según informó el St. Louis Post-Dispatch.

El veredicto del jurado es la última pesadilla en los litigios que tiene pendientes Bayer, que también está tratando de resolver decenas de miles de demandas que alegan que la exposición a su herbicida Roundup causa cáncer.

Esta última decisión judicial surge en un momento en el que se habla mucho de una crisis por filtraciones de dicamba, de los cuales se ha informado en Arkansas, Iowa e Illinois.

Linda Wells, Directora de Organización de la Red de Acción contra los Pesticidas, dijo en una declaración: “Este fallo judicial es sólo la punta del iceberg, ya que hay otros muchos agricultores que también han resultado afectados por dicamba presentarán también demandas. Documentos internos de Monsanto (ahora Bayer) muestran que la empresa está comercializando un producto muy dañino y no probado, y que ha utilizado sus influencias para engañar a las agencias de regulación.

Si los agricultores no utilizan el sistema Xtend se verán afectados por daños en sus cultivos y la consiguiente pérdida de rendimientos por la filtración de dicamba. Bayer y BASF están obteniendo grandes beneficios por el aumento de la superficie cultivada de soja resistente a dicamba, y por el aumento del uso de este herbicida. Pero la victoria de Bader Farms puede suponer un cambio de rumbo y abre expectativas para que otros agricultores exijan también indemnizaciones a Bayer y BASF por esta crisis de filtraciones de dicamba”.

Decenas de agricultores de todo el territorio de los Estados Unidos están demandando a la antigua Monsanto Co., comprada en 2018 por Bayer AG, y al consorcio BASF en un proceso de responsabilizar a las empresas por los millones de hectáreas de daños a los cultivos que, según los agricultores, se deben al uso ilegal generalizado del producto químico dicamba para eliminar las hierbas, un uso promovido por estas empresas.

Dicamba viene siendo utilizado por los agricultores desde los años sesenta, pero con limitaciones que tienen en cuenta la propensión del producto químico a desplazarse lejos del lugar donde fue aplicado. Cuando los populares productos a base glifosato de Monsanto para eliminar las hierbas, como Roundup, empezaron a perder eficacia debido a su resistencia generalizada, Monsanto decidió lanzar un sistema de cultivo de dicamba similar a su popular sistema Roundup Ready, que emparejaba las semillas tolerantes al glifosato con herbicidas de glifosato. Los agricultores que compraran las nuevas semillas tolerantes a dicamba, diseñadas mediante ingeniería genética, podrían tratar más fácilmente las malezas resistentes fumigando campos enteros con dicamba, incluso durante los meses cálidos de crecimiento, sin dañar sus cultivos. Monsanto anunció su colaboración con BASF en 2011. Las empresas dijeron que sus nuevos herbicidas de dicamba serían menos volátiles y menos propensos a las filtraciones que las antiguas formulaciones de dicamba.

La Agencia de Protección Ambiental (EPA) aprobó el uso del herbicida de dicamba de Monsanto "XtendiMax" en 2016. BASF desarrolló su propio herbicida de dicamba que denomina Engenia. Tanto XtendiMax como Engenia se comercializaron por primera vez en los Estados Unidos en 2017.

Monsanto comenzó a vender sus semillas tolerantes a dicamba en 2016, y una afirmación clave de los demandantes es que la venta de las semillas antes de la aprobación reglamentaria de los nuevos herbicidas de dicamba alentó a los agricultores a fumigar los campos con las antiguas formulaciones de dicamba, altamente volátiles. La demanda de Bader reivindica: "La causa de tal destrozo de los cultivos de la demandante Bader Farms es la emisión deliberada y negligente por parte de la demandada Monsanto de un sistema de cultivo defectuoso -a saber, sus semillas de soja Roundup Ready 2 Xtend y de algodón Bollgard II Xtend modificadas genéticamente ("cultivos Xtend")- sin el correspondiente herbicida dicamba aprobado por la EPA".

Los agricultores afirman que las empresas sabían y esperaban que las nuevas semillas estimularían un uso tan generalizado de dicamba que la dispersión dañaría los campos de los agricultores que no compraran las semillas genéticamente modificadas tolerantes a dicamba. Los agricultores alegan que esto era parte de un plan para ampliar las ventas de las semillas genéticamente modificadas tolerantes a dicamba. Muchos alegan que las nuevas formulaciones de dicamba vendidas por las empresas también se filtran y causan daños a los cultivos, como lo han hecho las antiguas formulaciones.

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sábado, 15 de febrero de 2020

Una acreditada reputación: Hayes, Syngenta y la Atrazina (y V)

Por Rachel Aviv,
The New Yorker


En el año 2010, escribía en un correo electrónico enviado al grupo de científicos del panel EcoRisk: “Acabo de iniciar el que será el evento académico más importante de esta batalla”. Tenía otra documento que iba a ser publicado en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias, en el que describía cómo los renacuajos machos que habían estado expuestos a la atrazina se desarrollaron para convertirse en hembras con trastornos en la fertilidad. Escribió a la Empresa para que iniciase lo antes posible otra campaña de relaciones públicas: “Es bueno saber que en este entramado económico puedo dar empleo a tantas personas”, escribió. Citó a Tupac Shakur y al rey sudafricano Shaka Zulu: “Nunca abandones la base del enemigo o regresará de nuevo para lanzarse sobre tu garganta”. 

El Jefe de Seguridad de los productos de Syngenta escribió una carta al editor de las Actas de la Academia Nacional de Ciencias y al Presidente de la Academia Nacional de Ciencias, expresando su preocupación de que un “estudio con debilidades tan obvias hubiese logrado publicarse en una revista científica de tan buena reputación”. Un mes más tarde, Syngenta presentó una demanda ética ante el rector de Berkeley, alegando que los correos electrónicos de Hayes violaban las normas de conducta ética de la Universidad, sobre todo por la falta de respeto a los demás. Syngenta ha publicado más de 80 de los correos electrónicos de Hayes en su página web y envió unos cuantas en su carta al Rector. En uno de ellos, con el asunto “¿Están ustedes preparados?”, Hayes escribió: “Ya fulla my j*z right now!”. En otro, decía a los científicos de Syngenta que había estado tomando algo con sus amigos republicanos después de la conferencia, que querían saber algunos datos que había utilizado en un artículo: “As long as you followin me around, I know I’m da sh*t”, “Por cierto, dejo sus preguntas preescritas en la mesa”.

Berkeley no tomó medidas disciplinarias contra Hayes. El abogado de la Universidad recordó a Syngenta en una carta que “todas las partes tienen la misma responsabilidad en actuar de manera profesional”. David Wake dijo que había leído muchos de los correos electrónicos y los encontró “bastante jocosos”: “Les habla como a los punks en la calle, cuando ellos se ven a sí mismos como capitanes de la Industria. Cuando le dan un toque, va derecho a ellos”. 

Michelle Boone, profesora de ecología de ecosistemas acuáticos de la Universidad de Miami, que formó parte del panel de asesores científicos de la EPA, dijo: “Todos seguimos el drama de Tyrone Hayes, y algunas personas habrán dicho, “Sólo debe dedicarse a cuestiones científicas”. Pero la Ciencia no habla por sí misma. La Industria tiene recursos ilimitados y un poder abusivo. Tyrone ha sido el único que ha dicho las cosas por su nombre. Sin embargo, algunas personas sienten que ha perdido buena parte de su objetividad”. 

Keith Solomon, profesor emérito de la Universidad de Guelph, Ontario, que ha recibido financiación de Syngenta y que formó parte del parte del panel EcoRisk, señaló que los académicos que se niegan a recibir dinero de la Industria no son inmunes a los prejuicios, están bajo presión para producir nuevos trabajos, ya que deben conseguir cargos y promocionarse. “Si hago un ensayo miro los datos en todas las direcciones, y si no encuentro nada va a ser difícil publicar algo. Las revistas quieren excitación. Quieren que sucedan cosas desagradables”-. 

Hayes, que había engordado más de 22 kilos desde que se convirtió en profesor titular, llevaba bufandas, brillantes, un elegante traje y pendientes de plata del Tíbet. Al final de sus conferencias se echaba unas rimas: “Veo una estratagema/ construida intencionalmente para ponernos en un dilema/ de modo que estoy dispuesto a resolver el problema/ para poder elegir uno u otro esquema/ y demostrar la objetividad de mi sistema”. En algunas conferencias, Hayes advirtió de las consecuencias del uso de la atrazina, que afectaban principalmente a las gentes de color: “Si usted es un negro o un hispano, es más probable que viva o trabaje en zonas en las que esté expuesto a esa basura… Por un lado estoy tratando de jugar según las reglas de la torre de marfil, y por otro lado la gente está empleando un conjunto diferente de reglas”. Syngenta habla directamente al público, mientras que los científicos publican sus investigaciones en “revistas que usted no puede comprar en Barnes and Noble”.

Hayes confiaba que en la próxima audiencia de la EPA se encontrasen las suficientes pruebas como para prohibir la atrazina, pero en el año 2010 la Agencia encontró que los estudios sobre riesgos en los seres humanos eran muy escasos. Dos años después, durante otra revisión, la EPA determinó que la atrazina no afectaba al desarrollo sexual de las ranas. En ese momento, se disponía de setenta y cinco estudios publicados sobre el tema, pero la EPA excluyó la mayor parte de ellos, debido a que no cumplían con los requisitos de calidad que la Agencia había establecido en 2003. Así que la conclusión se basaba casi exclusivamente en los estudios financiados por Syngenta y dirigidos por Werner Kloas, profesor de Endocrinología de la Universidad de Humboldt, Berlín. Uno de los coautores fue Alan Hosmer, científico de Syngenta, cuyo trabajo, de acuerdo con la evaluación de rendimiento, incluía la defensa de la atrazina e influencia en la EPA.

Después de la audiencia, dos de los expertos independientes que habían participado en el grupo de asesoramiento científico de la EPA, junto con otros quince científicos, escribieron un documento ( aún no publicado) quejándose de que la Agencia había ignorado de forma repetida las recomendaciones del panel, colocando “la salud humana y el medio ambiente a merced de la Industria… La EPA trabaja con la Industria para establecer la metodología de tales estudios, de modo que la Industria es la única institución que puede permitirse el lujo de realizar las investigaciones”. El estudio de Kloas fue el más completo de su clase: sus investigaciones habían sido examinadas por un auditor externo, y sus datos en bruto entregados a la EPA. Pero los científicos escribieron que datos sobre una sola especie “no era como para construir un edificio lo suficientemente sólido y montar sobre él una evaluación de seguridad”. Citando un artículo de Hayes, que había hecho un análisis de dieciséis estudios sobre la atrazina, escribieron que “la mejor forma de predecir si el herbicida atrazina tiene efectos significativos es mirar la fuente de financiación”. 

En otro artículo publicado en Policy Perspective, Jason Rohr, un ecologista de la Universidad de Florida del Sur, que formó parte de un panel de la EPA, ha criticado las prácticas de la Industria mediante la compra de científicos al servicio de su lucrativo negocio y ponen en duda los datos de otros. Escribió que de una revisión de la literatura científica sobre la atrazina, financiada por Syngenta, no podía entender que se hubiesen falsificado más de cincuenta estudios y realizado ciento cuarenta y cuatro declaraciones inexactas o falsas, de las cuales “el 96,5% favorecían a Syngenta”. Rohr, que ha llevado a cabo varios estudios sobre la atrazina, dijo que en sus conferencias “me veía asaltado de manera regular por los compinches de Syngenta, tratando de desacreditar mi investigación. Trataban de descubrir las lagunas en la investigación, más que apreciar los efectos adversos de los productos químicos… Tengo colegas que he intentado colaboren conmigo, pero me han dicho que no están dispuestos a entrar en este tipo de investigaciones, ya que no quieren los dolores de cabeza por la defensa constante de la credibilidad”. 

Deborah Cory-Slechta, ex miembro de la Junta de Asesoramiento Científico de la EPA, dijo que pudo comprobar cómo Syngenta intentó desacreditar su trabajo. Profesora de la Universidad del Rochester Medical Center, Cory-Slechta ha estudiado cómo el herbicida Paraquat puede causar daños en el sistema nervioso: “La gente de Syngenta me estuvo siguiendo en mis conferencias y no paraba de decirme que no estaba usando dosis relevantes para los humanos. Abordaban a mis estudiantes y trataban de intimidarlos. Había una campaña constante para intentar que lo que yo hacía pareciera no legítimo”. 

Syngenta se ha negado repetidas veces a concedernos entrevistas, pero Ann Bryan, Gerente de Comunicaciones, me dijo en un correo electrónico que algunos de los estudios que yo citaba eran poco fiables o de escasa solidez científica. Cuando le mencioné un reciente artículo aparecido en la revista American Journal of Medical Genetic, que mostraba una asociación entre la exposición de la madre a la atrazina y la posibilidad de que su hijo tuviera un pene más pequeño, testículos no descendidos, o una deformidad en la uretra, defectos que han aumentado en las últimas décadas, dijo que el estudio había sido “revisado por científicos independientes, encontrando numerosos defectos”. Me recomendó que hablase con el autor de la revisión, David Schwartz, neurólogo, que trabaja para Innovative Science Solutions, una empresa de consultoría especializada en la defensa de los productos y en estrategias “que le darán el poder de proponer los mejores datos”. Schwartz me dijo que los estudios epidemiológicos no pueden eliminar variables confusas o hacer afirmaciones sobre la causalidad: “Hemos sido muchas veces engañados por este tipo de estudios”. 

En el año 2012, como resolución de las demandas colectivas, Syngenta acordó el pago de 105 millones de dólares para indemnizar a más de un millar de sistemas de abastecimiento de agua por el coste adicional de filtrar la atrazina del agua potable, pero la Empresa negó que su comportamiento fuese premeditado. Bryan me dijo que “la atrazina no tiene efectos adversos en la salud en los niveles a los que la gente está expuesta en el mundo real… Mostró la preocupación de que se hubiese sugerido que alguna vez intentasen desacreditar a alguien. Nuestro enfoque ha sido siempre el de revelar los conocimientos científicos y dejar las cosas claras… Cada marca, cada producto, tiene su propio programa de comunicaciones. La atrazina no es diferente”. 

El año pasado (se refiere al año 2013), Hayes dejó en suspenso la realización de más experimentos. Dijo que los gastos para el cuidado de los animales habían aumentado ocho veces en una década, y que no podía permitirse el lujo de mantener su programa de investigación. Acusó a la Universidad de cargarle más gastos que al resto de Departamentos de investigación. En respuesta, el Director de la oficina de atención de los animales de laboratorio, envió cartas detalladas que ilustraban que se cobraba según unas tasas estándar en todo el campus universitario, que han aumentado para todos los investigadores en los últimos años. En un artículo de opinión aparecido en la revista Forbes, Jon Entine, un periodista que aparece en los registros de Syngenta como un apoyo por parte de terceros, acusó a Hayes de dar crédito a las teorías conspiratorias, y de dirigir a la comunidad reguladora internacional hacia una búsqueda inútil, algo que linda con lo criminal. 

A finales de noviembre, el laboratorio de Hayes reanudó el trabajo. Se sirvió de donaciones privadas para apoyo de sus estudiantes, más que para el pago de honorarios, pero el laboratorio empezó a acumular deudas. Dos días antes del Día de Acción de Gracias, Hayes y sus estudiantes discutieron su plan de vacaciones. Llevaba una sudadera naranja de gran tamaño, pantalones cortos y zapatillas de deporte, y una antigua alumna, Diana Salazar Guerrero, comía patatas fritas que había dejado otro estudiante sobre la mesa. Hayes la animó a acudir a la cena de Acción de Gracias y acudir a la habitación de su hijo, que ahora es estudiante en Oberlin. Guerrero acaba de entregar la mitad del depósito del alquiler de un nuevo apartamento, y Hayes se sintió un tanto perturbado por la descripción de su nuevo compañero de apartamento: “¿Estás segura de que puedes confiar en él?”

Hayes acababa de regresar de Mar del Plata, Argentina. Había hecho un viaje de quince horas y conducido doscientas cincuenta millas para dar una conferencia de treinta minutos sobre la atrazina. Guerrero dijo: “Ahora que había más científicos documentándose sobre la atrazina, supuse que estaría dispuesto a seguir adelante. Al principio era un tipo loco de Berkeley… pero ahora las cosas están cambiando”. 

En un reciente artículo aparecido en Journal of Steroid Biochemistry and Molecular Biology, Hayes y otros veintiún científicos, aplicando los criterios de Sir Austin Bradford Hill, quien en 1965 se refirió a las condiciones necesarias para establecer una relación causal, en este caso entre los estudios de la atrazina y diferentes clases de vertebrados, argumentaron que los estudios independientes mostraban de manera consistente que la atrazina perturba el desarrollo reproductivo de los machos. El laboratorio de Hayes estaba trabajando en otros dos estudios que exploraban cómo la atrazina afecta al comportamiento sexual de las ranas. Cuando le pregunté que haría si la EPA, que estaba llevando a cabo otra revisión de seguridad de la atrazina, y prohibiese el herbicida, bromeó diciendo: “probablemente me vuelva a deprimir”. 

No hace mucho tiempo, Hayes vio lo que decía de él mismo la Wikipedia, observando una falta de respeto, y no estaba seguro de si se trataba de un ataque por parte de Syngenta o si simplemente había gente que pensaba que hacía mal las cosas. Se sintió deprimido cuando se acordó de los argumentos que había empleado con los expertos financiados por Syngenta: “Una cosa es que estén en desacuerdo con mis planteamientos científicos o que crean que estoy dando la alarma sobre algo que no debiera. Pero ni siquiera tienen sus propias opiniones. Pagan porque alguien tome una determinada postura”. Se preguntó si había algo inherentemente desquiciado en la denuncia de irregularidades; tal vez los locos persisten. Estaba preparado para la lucha, pero parecía buscar a su oponente.

Uno de los primeros estudiantes graduados, Nigel Noriega, que dirige una organización dedicada a la conservación de los bosques tropicales, me dijo que todavía se estaba recuperando de la experiencia de la investigación de la atrazina, de eso hace ya una década. Veía la Ciencia como una cultura rígida, “un club selecto, una sociedad de la élite… pero Tyrone no se ajustaba al estándar de lo que se considera un científico”. Noriega, preocupado porque la gente sepa muy poco del contexto en el que se dan los descubrimientos científicos, dijo: “No es provechoso para nadie pensar que los científicos han de ser autoritarios. Un buen científico pasa toda su vida cuestionando sus propios descubrimientos. Una de las cosas más peligrosas que puede hacer es tener fe”.
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viernes, 14 de febrero de 2020

Descubierto un vasto fraude en un laboratorio de investigación alemán

Por Jonathan Latham, 13 de febrero de 2020

independentsciencenews.org

(Nota: el contenido de este artículo puede resultar molesto para la sensibilidad de ciertas personas)



La infiltración de un activista defensor de los derechos de los animales en un laboratorio de ensayos químicos de Alemania ha desencadenado el descubrimiento de una serie de fraudes en los ensayos químicos que realizaba y que pueden ser bastante extensos.

El Laboratorio de Farmacología y Toxicología (LPT) de Hamburgo tiene alrededor de 175 empleados y es uno de los mayores laboratorios para la realización de ensayos de toda Alemania. Es una empresa privada de propiedad familiar. Realiza estudios para la industria farmacéutica y de pesticidas para su posterior consideración por las agencias de regulación. Dispone de tres sedes: Mienenbüttel en Baja Sajonia, Neugraben en Hamburgo y Wankendorf en Schleswig-Holstein.

Ya se produjo una inicial denuncia de fraude en 2019 en la revista alemana FAKT, trabajando conjuntamente con las organizaciones de derechos de los animales Cruelty Free International y SOKO-Tierschutz. Las inquietantes irregularidades que se descubrieron incluían las muertes de animales que eran reemplazados por otros animales vivos sin que esto se supiera.

Este angustioso vídeo resume algunas de las prácticas que se llevan a cabo en el LPT. Pero desde esta denuncia inicial, cinco antiguos empleados del laboratorio de Hamburgo han presentado nuevas informaciones. En noviembre de 2019, un empleado habló a la revista FAKT de las pruebas de fraude:

“No sólo la vi con mis propios ojos, sino que yo mismo realicé fraudes, falsifiqué documentos y los estudios que realizábamos. Si los estudios no cumplían con las expectativas, nos pedían que los mejoráramos. Los datos que no encajaban se cambiaban por los nuevos valores que se me daban. El nuevo informe se señalaba con la fecha antigua y yo estampaba mi firma...”.

Otro empleado dijo a la revista:

“Estos animales, sobre todo lo que recibían altas dosis, tenían la piel completamente abierta, por lo que era visible su carne, y todo era verdaderamente lamentable […] Uno de los animales que recibió altas dosis y que murió fue reemplazado por otro animal vivo. Se cortó el número que llevaba tatuado, situado en el pecho del animal y añadido al animal reemplazado y cuando terminó el estudio. Es decir, es como si aquel animal no hubiera muerto”.

Un tercer empleado que había observado los repetidos fraudes en los estudios y que más tarde informó de ello a las autoridades alemanas, dijo:

“Unos meses después de abandonar el laboratorio LPT me puso en contacto con las autoridades responsables, y tuve una cita con ellos. En esa cita hablamos de tema de LPT, de la manipulación de datos y de que los estudios estaban tan fuertemente influenciados que no era compatible con mis consideraciones”.

Sin embargo, este empleado nunca volvió a saber nada de las actuaciones de las autoridades.

Todo esto tiene importantes implicaciones para la salud pública y ambiental. Viene a decirnos que los estudios realizados por los laboratorios comerciales que dicen actuar con independencia de la industria química no sería tal, haciendo dudar de la validez de todo el sistema de evaluación toxicológica de productos químicos, pesticidas y los productos farmacéuticos. Estas actuaciones se vienen a sumar a casos anteriores de fraude, caso del escándalo de la IBT de finales de los 70, fraude que fue encubierto por los organismos gubernamentales de supervisión, como la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA).

“...los estudios realizados por los laboratorios comerciales

que dicen actuar con independencia de la industria química

no sería tal, haciendo dudar de la validez de todo el

sistema de evaluación toxicológica de productos químicos,

pesticidas y los productos farmacéuticos”.


Según un nuevo informe elaborado por PAN Alemania sobre el caso del laboratorio LPT, Corporate Europe Observatory y Global 2000 de Austria, habría que dudar de muchos de los estudios que han apoyado la reaprobación del glifosato por la de la UE y que se han realizado en este laboratorio.

De acuerdo con la reevaluación del glifosato por parte de la Unión Europea, todos los estudios sobre genotoxicidad realizados por la industria llegaron a la conclusión de que el glifosato era seguro, o casi. Por otro lado, la mayoría de los estudios revisados por pares concluyeron que no lo era. En su proceso de reautorización, el organismo de la Unión Europea que evaluó el glifosato llegó a la conclusión de que los estudios de la industria presentados eran fiables y los estudios revisados por homólogos "no eran fiables". Esta decisión despejó el camino para la reautorización. Al menos 21 estudios presentados por Monsanto que apoyaban la reautorización del glifosato provenían del laboratorio LPT.

La principal razón dada para que los estudios revisados por homólogos no sean considerados admisibles por los organismos reguladores es que no tienen la certificación técnica conocida como Buenas Prácticas de Laboratorio (BPL). Las BPL siguen las directrices de la OCDE adoptadas por la UE en 2004.

Las BPL han sido criticadas durante mucho tiempo por no garantizar una investigación de alta calidad (Elliott y otros 2016, Myers y otros 2009, Wagner y Michaels 2004). Sin embargo, siempre se ha defendido sobre la base de que evitaba exactamente este tipo de fraudes.

Referencias:

Elliott, Kevin C. Standardized study designs, value judgments, and financial conflicts of interest in research. Perspectives on Science 24.5 (2016): 529-551.

Myers, John Peterson, et al. Why public health agencies cannot depend on good laboratory practices as a criterion for selecting data: the case of bisphenol A. Environmental health perspectives 117.3 (2009): 309-315.

Wagner, Wendy, and David Michaels. Equal treatment for regulatory science: extending the controls governing the quality of public research to private research. American journal of law & medicine 30.2-3 (2004): 119-154.

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Sospechas de fraude en la reaprobación del glifosato en 2017

La posible existencia de fraude en el laboratorio alemán suscita más dudas sobre la reaprobación del glifosato en 2017 y sobre todo el procedimiento de evaluación de la seguridad de los plaguicidas de la UE

pan-europe.info, 11 de febrero de 2020

El Laboratorio de Farmacología y Toxicología (LPT) de Hamburgo, en el que recientemente se descubrió que había incurrido en fraude en una serie de pruebas reglamentarias, también realizó muchas de las pruebas del expediente de reaprobación del glifosato en 2017, según revela un nuevo estudio. Al menos uno de cada 7 estudios regulatorios del glifosato, con el certificado de "Buenas Prácticas de Laboratorio" (GLP), provienen del LPT de Hamburgo, el mismo laboratorio que fue sorprendido manipulando los estudios de toxicidad reemplazando animales muertos por vivos, cambiando los datos de los tumores por "inflamaciones" y distorsionando los datos para complacer a sus clientes. Es muy preocupante que los estudios GLP todavía sean considerados como el estándar científico de oro por las autoridades reguladoras que parecen creer que hacer trampa bajo el GLP es imposible.

PAN Europa solicita a la Comisión Europea que descarte los estudios realizados por este laboratorio en lo que concierne al expediente del glifosato que se está reevaluando actualmente a nivel de la UE, y cualquier otro expediente.

Basándose en los testimonios de los empleados del laboratorio y en las pruebas de fraude realizadas en el LPT de Hamburgo, uno de los principales laboratorios de BPL de Alemania, la investigación (1) realizada por las organizaciones PAN Alemania, Global2000 y Corporate Europe Observatory revela que al menos el 14% de los nuevos estudios reglamentarios presentados para la reaprobación del glifosato en 2017 fueron realizados por este laboratorio. El número podría ser mayor, ya que esta información presente en los expedientes a menudo permanece sin ser divulgada al público. El laboratorio se enfrenta actualmente a acusaciones penales y, aunque es imposible saber si el fraude se produjo únicamente en los estudios relacionados con el glifosato, cualquier prueba realizada por el LPT de Hamburgo debe considerarse poco fiable y, por lo tanto, debe ser descartada del procedimiento de reevaluación.

Las buenas prácticas de laboratorio son una norma obligatoria en los estudios de reglamentación que obliga a los laboratorios a anotar una serie de parámetros en un formato específico. Este sistema permite un mayor nivel de normalización de la presentación de informes y un control más fácil por parte de las autoridades reguladoras.

Angeliki Lyssimachou, toxicólogo ambiental de PAN Europa, dijo: "La gran mayoría de los estudios que culminan con la aprobación de un plaguicida son realizados por la propia industria de plaguicidas, ya sea directamente o a través de laboratorios contratados como el LPT de Hamburgo. Hemos criticado este conflicto de intereses durante muchos años. Nuestra coalición de más de 140 ONG "Ciudadanos por la ciencia en la regulación de los plaguicidas" (2) insta regularmente a la Comisión a que abandone este escandaloso proceso: las pruebas deben ser realizadas por laboratorios independientes bajo control público, mientras que la financiación de los estudios debe ser apoyada por la industria".

"La gran mayoría de los estudios que culminan

con la aprobación de un plaguicida son realizados

por la propia industria de plaguicidas,

ya sea directamente o a través de laboratorios contratados...”.


Hans Muilerman, responsable de la política de productos químicos de PAN Europa, añadió: "Durante años, los Estados miembros europeos, la EFSA y la Comisión han defendido la tesis de que un estudio sobre BPL financiado por la industria es más fiable que un estudio no realizado por la industria y no relacionado con las BPL. Los reguladores han descartado miles de estudios independientes sobre plaguicidas que muestran daños a los seres humanos o a la naturaleza porque no son BPL, en virtud del principio de puntuación de Klimisch" (3).

"Al incluir estudios no relacionados con las BPL, el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (CIIC) clasificó el glifosato como probable carcinógeno. Es por dar tan poco peso a todos los estudios no BPL que la Comisión Europea y los Estados Miembros llegaron a una conclusión diferente. ¡Es hora de que la salud de los ciudadanos tenga prioridad sobre los beneficios de las empresas!" Lyssimachou concluyó.

Notas:

[1] https://www.global2000.at/sites/global/files/2020-GoodLaboratoryPractice...

[2] https://citizens4pesticidereform.eu/

[3] La puntuación de Klimisch es una invención de los empleados de BASF, una empresa productora de pesticidas. Se supone que evalúa la fiabilidad de los estudios de ecotoxicología y utiliza la certificación BPL como criterio para descartar los estudios no realizados por la industria. De hecho, la gran mayoría de los estudios universitarios no son BPL, ya que la certificación es muy cara, poco flexible y no es adecuada para la investigación científica.

Información adicional:


20200211 PR Fraud in LPT lab Glyphosate_Final.pdf

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jueves, 13 de febrero de 2020

Una acreditada reputación: Hayes, Syngenta y la Atrazina (IV)

Por Rachel Aviv, febrero de 2014

En junio de 2003, Hayes se pagó él mismo el viaje a Washington para presentar allí su trabajo ante una audiencia de la EPA sobre la atrazina. La Agencia había evaluado 17 estudios. Doce de esos estudios habían sido financiados por Syngenta, y todos menos dos confirmaban que la atrazina no tenía efectos en el desarrollo sexual de las ranas. El resto de los experimentos, el de Hayes y el de investigadores de dos Universidades, indicaban lo contrario. En una presentación en PowerPoint, Hayes dio a conocer un correo electrónico de carácter privado que envió a uno de los científicos del panel EcoRisk, profesor de la Escuela Tecnológica de Texas, en el que decía: “Estoy de acuerdo con usted en que la cuestión más importante para todos los involucrados es el hecho de tener que reconocer ( y no es una cuestión menor) que los laboratorios independientes han demostrado el efecto de la atrazina en la diferenciación de las gónadas en las ranas. Esto es algo que no se puede negar”.
La EPA encontró que los 17 estudios sobre la atrazina, incluyendo el de Hayes, tenían defectos metodológicos – contaminación de los grupos de control, variabilidad en los parámetros de valoración, cría animal inadecuada – y solicitaba que Syngenta financiase un experimento a mayor escala para obtener unos resultados más definitivos. Darcy Kelly, miembro del grupo de asesoramiento de la EPA y profesora de Biología de la Universidad de Columbia, dijo en ese momento: “No creo que la EPA tomase una decisión correcta”. Los estudios realizados por los científicos de Syngenta tenían defectos que “ponían en duda su capacidad para llevar a cabo los experimentos. No pudieron replicar los efectos, que era tan fácil como dejarse caer de un tronco”. Piensa que los experimentos de Hayes eran mucho más sólidos, aunque no estaba convencida de las explicaciones de Hayes sobre el mecanismo biológico que causaba las deformidades.
La EPA aprobó el uso de la atrazina en octubre de ese año, el mismo mes en el que la Comisión Europea optó por retirarlo del mercado. La Unión Europea, en términos generales, aplica un enfoque preventivo en los riesgos ambientales, eligiendo la moderación en un contexto de incertidumbre. En Estados Unidos, las persistentes dudas científicas justifican los retrasos en las decisiones sobre las normas de regulación. Desde mediados de los años 1960, la EPA sólo ha publicado normas que restringen el uso de 5 productos químicos industriales de los más de 80.000 que se comercializan actualmente. La Industria tiene un peso más importante en el proceso de regulación estadounidense – pueden demandar a las Agencias de Regulación si observan errores en el registro científico – y los análisis del balance costes/beneficios forman parte integral de las decisiones: se asigna un valor monetario a cada enfermedad, a los daños producidos, al acortamiento de la vida, todo ello pesa en contra de las restricciones en la comercialización de un producto químico. Lisa Heinzerling, que formaba parte del Consejo sobre políticas climáticas de la EPA en 2009 y administradora asociada a la Oficina de Políticas en 2009 y 2010, dijo que los modelos de análisis de los costes/beneficios parecen “algo objetivo y neutral, una manera de liberarse del caos de la política”. Sin embargo, a pesar de los complejos algoritmos utilizados “se ocultan una enorme cantidad de riesgos”. Añadió que la influencia de la Oficina de Administración y Presupuesto que supervisa las decisiones importantes sobre regulación, se ha hecho mayor en los últimos años. “De poco sirven los estudios científicos si finalmente deciden los análisis de coste/beneficio… todo esto tiene un efecto tremendo y desmoralizador en la cultura de la EPA”.
En el año 2003, un comité de desarrollo de Syngenta, en Basilea, aprobó una estrategia para mantener la atrazina en el mercado, “al menos hasta el año 2010”. Una presentación preparada por el Gerente de Syngenta explicaba que “necesitamos seguir comercializando la atrazina para asegurarnos nuestra posición en el mercado del maíz. Sin la atrazina no podemos defender y ampliar nuestro negocio en Estados Unidos”. Sherry Ford, Gerente de comunicaciones, escribió en su cuaderno de notas que la Empresa “no debe desprenderse de la atrazina hasta que sepamos algo más del herbicida Paraquat, que también es motivo de controversia, debido a que algunos estudios muestran que podría estar asociado con la enfermedad de Parkinson. También hizo notar que la atrazina “impedía que se pusiese la atención en otros productos”.
Syngenta empezó a mantener reuniones semanales sobre la atrazina después de la primera demanda presentada en 2004. En las reuniones estuvieron presentes toxicólogos, abogados de la Empresa, personal de comunicaciones y el Jefe de los asuntos relacionados con las normas de regulación. Para amortiguar la publicidad negativa de la demanda, el grupo discutió la forma en que podrían invalidar las investigaciones de Hayes. Sherry Ford recoge anotaciones tan curiosas como “lleva el abrigo puesto” o “¿Es el camino correcto?”. “Si Tyrone Hayes quisiera obtener resultados positivos y tuviese lo necesario, él lo habría mostrado cuando se le preguntó”. Observó que Hayes se estaba “relacionando cada vez más estrechamente con grupos de defensa del medio ambiente” y que habría que buscar la forma “de que mostrase su verdadera rostro”.
En 2005, Sherry Ford hizo una relación de métodos para desacreditarlo, como que “sus investigaciones sean auditadas por terceras partes”, “solicitar a las revistas la retractación de sus artículos”, “tendiéndole una trampa para obligarle a demandarnos”, “investigar su financiación”. “investigar a su esposa”. Las iniciales de los diferentes empleados aparecen en los márgenes, presumiblemente debido a que se les había asignado una tarea u otra. Otra serie de ideas, discutidas en varias reuniones, fue la de llevar a cabo “refutaciones sistemáticas después de todas las apariciones de Tyrone Hayes (TH)”. Uno de los consultores de comunicaciones de la Empresa dijo en un correo electrónico que quería el calendario de reuniones de Hayes, de modo que Syngenta podría “acudir a las presentaciones mostrando los errores frente a la Hoja de la Verdad”, proporcionando evidencias de que sus mensajes eran patrañas (Syngenta dice que muchas de las cosas recogidas en los documentos hechos públicos hacen referencia a ideas que nunca se llevaron a cabo).
Para redirigir la atención sobre los beneficios financieros de la atrazina, la Empresa pagó a Don Coursey, economista titular de la Harris School of Public Policy, de la Universidad de Chicago, la cantidad de 500 dólares a la hora para que estudiase cómo podría afectar a la Economía la prohibición del herbicida. En 2006, Syngenta suministro a Coursey datos y un conjunto de estudios, y corrigió su artículo, que fue presentado como un Documento de Trabajo de la Escuela de Harris (efectivamente, reveló que Syngenta le había financiado). Después de presentar un proyecto, Coursey fue advertido mediante un correo electrónico de que tenía esforzarse más en su estudio para poder articular una “una contundente declaración que se derivase de las conclusiones de su análisis”. Coursey publicó más tarde nuevos datos en un encuentro en el National Press Club, en Washington, y dijo a la audiencia que había una “cuestión muy básica: la prohibición de la atrazina a nivel nacional tendría un efecto devastador, devastador sobre la economía del maíz de Estados Unidos”.
Hayes pasó a ocupar el puesto de profesor titular en 2003, un logro que le produjo una leve depresión. Se había pasado los 10 años anteriores haciendo valer sus logros académicos, y había alcanzado cada uno de ellos. Ahora se sentía sin rumbo. Su esposa dijo que podía ver en su vida “la vida corriente de un científico de éxito”. No estaba motivado por la idea de “escribir artículos y libros, en los que sólo veía un comercio entre unos y otros”.
Empezó a dar más conferencias al año, no sólo para el público sino también para científicos, institutos de política, departamentos de historia, clínicas de salud de la mujer, preparadores de alimentos, agricultores y escuelas secundarias. Casi nunca declinó una invitación, a pesar de la distancia. Decía a su audiencia que estaba desafiando las instrucciones de su asesor, quien le había dicho: “Deje que la Ciencia hable por sí misma”. Tenía un don para contar historias sensacionales, eligiendo frases como “escena del crimen” y “castración química”, y parecía deleitarse en detalles sobre los conflictos de interés de Syngenta, presentando teorías como si estuviera relatando chismorreos a sus amigos (Syngenta escribió una carta a Hayes y su decano, señalando inexactitudes: “A medida que descubrimos nuevos errores en sus presentaciones, esperamos volver a ponernos en contacto con usted otra vez”).
En sus conferencias, Hayes notó que uno o dos hombres presentes en la audiencia vestían más elegantemente que el resto de científicos. Hacían preguntas que parecían expresamente preparadas para avergonzarle: ¿Por qué nadie puede replicar sus investigaciones? ¿Por qué no comparte sus datos? Un ex estudiante, Ali Stuart, dijo que “en todas partes había un tipo haciendo preguntas a Tyrone para burlarse de él. Le llamábamos el Hombre del Hacha”.
Hayes pensaba que estos científicos trabajaban para Syngenta, y una vez se acercó a uno de ellos en un torpe desafío. Escribió gran cantidad de correos electrónicos, informándoles de las conferencias que pensaba dar y ofreciéndoles consejos sobre cómo desacreditarle. “Usted no puede acercarse a su presa pensando como un depredador. Tiene que convertirse en su presa”. Describió un reciente viaje suyo a Carolina del Sur diciendo que “mi amigo de la infancia me informó de quién había muerto, quién se encontraba en una difícil situación, quién estaba en la cárcel”. Escribió: “He aprendido a hablar como usted (mejor que usted… como usted admite), escribir como usted (una vez más, mejor que usted)… y sin embargo no conoce a nadie como yo… aún tiene que pasar un día en mi mundo”. Después de que en un correo electrónico un grupo de presión lo caracterizase como “negro y bastante elocuente”, comenzó a firmar sus correos electrónicos: “Tyrone B. Hayes, Doctor, ABM, un negro muy elocuente”.
Syngenta empezó a preocuparse por correos electrónicos de Hayes y encargo aun contratista externo que le hiciese un perfil psicológico. En sus notas, Sherry Ford lo describió como “bipolar/ maníaco depresivo” y “paranoide esquizofrénico y narcisista”. Roger Liu, estudiante de Hayes, dijo que pensaba que Hayes escribió aquellos correos para aliviar su ansiedad. Hayes mostraba a menudo los correos electrónicos a sus estudiantes, en los que apreciaban un sentido del humor rebelde. Liu dijo: “Tyrone tenía a todos esos fans en su laboratorio, animándole. Yo era de los que desde atrás decía: “No le incitéis. No hagáis que salga la bestia””.
Syngenta intensificó su campaña de relaciones públicas en 2009, cuando empezó a mostrar su preocupación por los ecologistas, que defendían una nueva Ciencia y habían desarrollado una nueva línea de ataque. Ese año, en un artículo publicado en Acta Paediatrica, una revisión de los registros nacionales de treinta millones de nacimientos, encontró que los niños concebidos entre abril y junio, cuando son mayores las concentraciones de atrazina (mezclada con otros pesticidas) en el agua, eran más propensos a padecer defectos genitales de nacimiento. El autor del artículo, Paul Winchester, profesor de Pediatría en la Facultad de Medicina de la Universidad de Indiana, recibió una citación de Syngenta, que le pidió les entregara todos los correos electrónicos que había escrito sobre la atrazina en la última década. Los medios de comunicación de la Empresa hablaron de un estudio como “la llamada de la Ciencia” que no pudo encontrar la “prueba de la carcajada”. Winchester dijo: “Por supuesto que no vamos a discutir que no he demostrado esa cuestión. Los epidemiólogos no tratan de demostrar las cuestiones, sino la de buscar los problemas”.
Unos meses después de aparecer el estudio de Winchester, The Times publicó una investigación que sugería que los niveles de atrazina superaban con frecuencia el umbral máximo permitido legalmente en el agua potable. El artículo hacía referencia a estudios anteriores publicados en Environmental Health Perspectives y la Revista de Cirugía Pediátrica, encontrándose que las madres que vivían cerca de fuentes de agua que contienen atrazina eran más propensas a tener bebés con bajo peso o tenían algún defecto intestinal u otros órganos.
El día de la publicación del artículo, Syngenta planeó dar cuenta de 1) todas las inexactitudes y 2) las declaraciones falsas. Ya habría alguien que refutaría tales afirmaciones. Elizabeth Whelan, Presidenta del Consejo Americano de Ciencia y Salud, que solicitó 100.000 dólares a Syngenta, apareció en MSNBC declarando que el artículo de The Times no estaba basado en evidencias científicas: “Soy una profesional de la salud. Me ha molestado mucho que The New York Times haya publicado en la primera página de su edición del domingo un artículo que habla de falsos riesgos”.
El equipo de relaciones públicas de Syngenta escribió editoriales sobre los beneficios de la atrazina y sobre la endeble Ciencia de sus críticos, y luego los envió a su aliados, que aceptaron firmarlos y aparecieron en el Washington Times, el Rochester Post-Bulletin, el Des Moines Register, y el St. Cloud Times. Como alguno de esos artículos sonaba demasiado agresivo, un consultor de Syngenta advirtió que “algunos de los términos utilizados en esos artículos sugieren su procedencia, algo que se debiera de evitar a toda costa”.
Después de que apareciese el artículo en The Times, Syngenta contrató a una consultora de comunicación, el White House Writers Group, que ha representado a más de sesenta Empresas de Fortune 500. En un correo electrónico enviado a Syngenta, Josh Gilder, un Director de la Empresa y un ex redactor de los discursos de Ronald Reagan, escribió: “ Tenemos que emprender nuestra propia batalla”. Advertía que prohibir la atrazina sería destruir la economía de las zonas rurales; por otro lado, trató de crear “un estado de cosas tal que la nueva dirección política de la EPA se sintiese cada vez más aislada”. Esta Empresa celebró “cenas con influyentes personas de Washington” y trató con miembros del Congreso para impugnar el fundamento científico en la próxima revisión de la EPA sobre la atrazina. En una nota en la que se describe la estrategia, el grupo de escritores de la Casa Blanca, escribió que: “Respecto a la Ciencia…. Hay que decir que los principales actores de Washington no entienden de Ciencia”.

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Procedencia del artículo:

miércoles, 12 de febrero de 2020

¿Qué hay detrás de las células madre pluripotentes inducidas?


Por Zoé Jacquinot y Oliver Leduc, 10 de febrero de 2020

El término “células madre pluripotentes inducidas” (o células iPS) hace referencia a que las células se reprograman para diferenciarse de cualquier otro tipo de células. Esto abre perspectivas para la llamada medicina regenerativa, lo que podría suponer un destacado avance. Sin embargo, estas innovaciones también conllevan riesgos sanitarios y éticos.

Al principio de la vida, las células que componen el embrión son totipotentes, es decir, pueden, potencialmente, dar cualquier tipo de célula (neurona, músculo...). Se llaman células madre y también se dice que son pluripotentes porque pueden diferenciarse en una pluralidad de tipos de células.

¿Qué es una célula iPS?
¿Podrían las células diferenciadas de cualquier órgano " retroceder" (desdiferenciarse) y ser de nuevo pluripotentes como las células madre? ¿Cuáles serían las aplicaciones además de la obvia de regenerar un órgano perdido?

Desarrolladas a partir de 2006, las células madre pluripotentes inducidas (iPS) eran células somáticas simples, por lo tanto diferenciadas (células cutáneas, nerviosas, musculares, etc.) modificadas genéticamente mediante la inserción de secuencias genéticas para hacerlas pluripotentes. Esto se llama "desdiferenciación" o "desprogramación" iniciada por el profesor Yamanaka [1]. Tales células tienen entonces la capacidad, dependiendo de las condiciones de cultivo in vitro utilizadas, de transformarse en otros tipos de células especializadas. Esto se llama especialización o reprogramación.

Células iPS: una preparación compleja
Como con todas las técnicas de modificación genética in vitro, los investigadores observaron rápidamente efectos fuera de objetivo. También vieron aparecer varias mutaciones y epimutaciones relacionadas con "técnicas afines" durante estas modificaciones genéticas porque varios de los genes insertados al principio (como el gen c-Myc) eran oncogénicos (aumentaban el riesgo de cáncer). Por consiguiente, se han emprendido trabajos para asegurarse que la desdiferenciación de las células somáticas en células pluripotentes pueda tener lugar de manera diferente y reducir estos efectos no deseados. Actualmente, se utilizan tres medios principales de desdiferenciación para lograrlo:
- a través de inserciones de genes (usando retrovirus o lentivirus como vectores) como hizo Yamanaka primero. Después, se pueden dejar los transgenes o intentar eliminarlos (por sistemas con recombinasa CreLoxP o piggyBac pero que también dejan rastros en el genoma);
- usando métodos de ADN no integrados en el genoma de los cromosomas. Como vectores, se utilizan ya sea virus de ADN (AAV de adenovirus), que se suponía que no debían insertar su ADN en el ADN cromosómico de la célula, pero cuyas inserciones involuntarias en el genoma han sido descubiertas recientemente [2], o virus de ARN sin retrotranscripción en el ADN de la célula (virus Sendaï) o simples plásmidos (ADN en bucle). Se supone que estos últimos vectores y su carga permanecen en el citoplasma de la célula (pero no en el núcleo). Los plásmidos a veces pueden insertarse por retrotranscripción en el genoma cromosómico o persistir como episodios (ADN no cromosómico libre del núcleo) en los núcleos;
- mediante el uso de ARN modificado [3] (una técnica utilizada para nuevas plantas transgénicas), proteínas recombinantes [4] (de muy baja eficiencia) o productos químicos (ácido valproico [5]) sin la adición intencional de ADN. No se espera que estas sustancias preparadas fuera de la célula se integren en el genoma cromosómico. También se dice que no se integran y se supone que la ausencia de un vector impide la inserción involuntaria de ADN en el genoma. Cuando funcionan, estos métodos modifican el funcionamiento de los genes, generalmente mediante modificaciones epigenéticas, o simulan su funcionamiento inyectando la proteína que se ha sintetizado durante la fase embrionaria.

En cada una de esas técnicas, el patrimonio genético se modifica
En resumen, los primeros métodos modifican el genoma cromosómico, los segundos modifican el ARN o ADN no cromosómico, mientras que los terceros modifican las proteínas presentes para simular la reactivación de los genes que aseguran la pluripotencia. En todos los casos, el "pool genético" que se transmite a las células hijas se altera ya que se alteran las funciones de la célula, ya sea porque se modifique el ADN, el ARN o las proteínas. Por lo tanto, puede decirse en todos los casos que esas células iPS tienen "material genético [que] ha sido alterado de manera que no se produce naturalmente por multiplicación y/o recombinación natural" (Directiva 2001/18). En efecto, están modificados genéticamente, aunque no den lugar a un transgénico, ya que no forman un organismo. Los fabricantes (como Thermo Fisher) que comercializan kits de modificación celular sostienen que sus células iPS no utilizan transgenes, ¡lo que no significa que no sean transgénicos!

Además, incluso se olvida especificar en los kits comerciales que ningún material de origen biológico (ADN, ARN o proteína purificada) está libre de ADN contaminante [6]. Por lo tanto, decir que uno inyecta tal o cual proteína "sin adición de ADN extraño" es falso porque debe entenderse como "sin adición INTENCIONAL de ADN extraño".

Además, el gen c-Myc utilizado para inducir la pluripotencia es conocido por su oncogenicidad, pero sigue formando parte de los kits de modificación celular iPS que venden varios minoristas, entre ellos Thermo Fisher [7]. El gen c-Myc se utiliza para aumentar la proliferación (cuya naturaleza ilimitada e incontrolada se denomina cáncer y, por lo tanto, es oncogénico).

Cabe señalar también que la eficacia de los métodos no integrados es, en el mejor de los casos, del 0,01%, lo que indica que la interpretación mecanicista de sus promotores es confusa. No basta con poner un producto para desdiferenciar cualquier célula.

Se espera que los métodos no integradores reduzcan las inserciones mutagénicas y el silenciamiento (cuando un gen es neutralizado por la inserción, incluso a distancia, de una secuencia en el genoma) o las inserciones múltiples, pero no están exentos de inserciones no deseadas. En cualquier caso, modifican el epigenoma, parte del patrimonio "genético" transmisible.

También se dice que los genes asociados a la pluripotencia se han "reactivado" [8] para significar que están desdiferenciados. Las células se reespecializan (o diferencian) en varias células de otro tipo, como células nerviosas, células musculares o... gametos.

Hacia la investigación sobre la producción de gametos
El redactor cita a un experto que afirma que "es casi posible producir gametos, óvulos y espermatozoides a partir de iSP" y añade que "si bien la creación de embriones [humanos] está prohibida, las etapas anteriores no lo están" [9]. Por lo tanto, es científicamente posible, y será legalmente permitido, producir gametos humanos utilizando células humanas iPS obtenidas de células somáticas.

El informe ofrece la promesa de la medicina regenerativa que permitiría reconstituir un miembro u órgano perdido o enfermo. También se sostiene que esas células, gracias a su capacidad de generar un órgano, evitarán el uso de embriones humanos que se destruyen y reducirán la necesidad de trasplantes de donantes que actualmente son insuficientes.

¿Cuáles son las preocupaciones éticas?
Se pueden identificar varios avances relacionados con el uso de esta técnica. El más importante es que la transformación de las células iPS en un gameto facilita el acceso a miles de óvulos cuando actualmente sólo hay unos pocos disponibles mediante la estimulación ovárica. Esto facilitará a la mujer la realización de una fecundación in vitro masiva y, por tanto, el diagnóstico de preimplantación (PGD) en un gran número de embriones. Ya, la agencia de biomedicina dice en su sitio web que se detectan 246 "indicaciones de enfermedades genéticas" durante el PGD [10]. Jacques Testart denuncia que existe un elevado riesgo de eugenesia si no se establece un mecanismo de control adecuado.

Por otra parte, y de manera más acentuada, si creemos en las promesas de los promotores de esta técnica, los investigadores podrían, por tanto, extraer células de una mujer (por ejemplo), modificarlas para tener células iPS y luego diferenciarlas en espermatozoides. ¡Gracias a sus óvulos naturales, esta mujer podría entonces reproducirse ella misma! En el caso de un hombre, se necesitaría una madre de alquiler adicional. Un caso extremo que plantearía muchos problemas y riesgos científicos y éticos, pero que sin embargo es materialmente accesible y creará una demanda y por lo tanto una oferta científica. Esto es clásico en una economía de expectativas que encaja muy bien en una sociedad del espectáculo. ¿Es la ciencia neutral en esto?

¿Cuál es el método de verificación?
En el proyecto de ley de bioética aprobado por la Asamblea Nacional de Francia[11], el artículo 15 establece que "los protocolos de investigación [sobre células iPS] destinados a diferenciar estas células en gametos [...] están sujetos a las consideraciones del Organismo de Biomedicina antes de su aplicación". Por lo tanto, ya no será necesario presentar una solicitud para llevar a cabo tales experimentos, sino que bastará con declararlo al Organismo. Lo mismo se aplica a "la agregación de estas células con células precursoras de tejido extraembrionario o su inserción en un embrión animal con el fin de transferirlas a la hembra", es decir, a los animales quiméricos a los que Inf'GMO ya ha dedicado un artículo [12].

Por consiguiente, esta nueva ley de bioética permite que esas investigaciones estén sujetas únicamente a una declaración previa y no a una aplicación previa. Por lo tanto, la investigación seguirá siendo autorizada por defecto. El mensaje que se envíe a los investigadores está firmemente a favor de una desregulación.

Modificación de los experimentos con embriones de 7 a 14 días, o incluso a 21 días.
En la evaluación de las repercusiones de la Ley de bioética se afirma que "las técnicas de cultivo de embriones in vitro no han permitido [hasta ahora] superar el límite de desarrollo de siete días". Pero la situación cambió en 2016, cuando dos equipos de investigación [desarrollaron técnicas] que permitían el cultivo de embriones in vitro hasta los 13 días" [13]. Dicho de otra manera, el límite "ético" de los siete días máximos de experimentación puede cambiar en cuanto la ciencia sea materialmente capaz de superar este límite de tiempo.
El Sr. Touraine (ponente de la ley) confirma que "la prolongación del período máximo de cultivo de 7 a 14 días está motivada por la posibilidad que se ofrece de comprender el desarrollo de los modelos celulares a partir de la segunda semana de desarrollo", ya que es técnicamente accesible. ¿No dice ya que "la prohibición del desarrollo de embriones transgénicos debería poder suspenderse a la luz de los avances técnicos"?

Durante el examen en una comisión especial del Senado, la comisión propuso la posibilidad, a título de excepción, de continuar el desarrollo in vitro de los embriones hasta 21 días (artículo 14) "en el marco de protocolos de investigación específicamente dedicados al estudio de los mecanismos del desarrollo embrionario en la etapa de la gastrulación". El Senado aprobó esta enmienda.

Así pues, la ley de bioética legalizará en Francia el uso de células humanas modificadas genéticamente (iPS) para permitir la producción de gametos en grandes cantidades. Estos gametos harán posible el diagnóstico preimplantatorio (PGD) en base a criterios relacionados con "enfermedades genéticas" como el albinismo... que no es una enfermedad genética. Varias personas denuncian la vertiente eugenista de este proyecto de ley de "bioética". Inf'GMO le seguirá informando.

Notas:
1] Shinya Yamanaka es el precursor de esta técnica, por la que se le otorgó el Premio Nobel de Medicina en 2012.

2] Hanlon, K.S. y otros: "Altos niveles de integración del vector AAV en las rupturas de ADN inducidas por CRISPR". Nature Communications, 10(1), (2019) 4439.

3] Warren L. et al "Reprogramación altamente eficiente para la pluripotencia y la diferenciación dirigida de células humanas con ARNm sintético modificado", Cell Stem Cell (2010) vol. 7, no. 5: 618-630.

4] Brault J. Hacia la elaboración de modelos fisiopatológicos de la granulomatosis séptica granulomatosa crónica para nuevos enfoques terapéuticos. Desarrollo de un cultivo de células madre pluripotentes inducidas a partir de fibroblastos de pacientes. Tesis 2013. 144p.

5] Huangfu D et al, "Inducción de células madre pluripotentes de fibroblastos humanos primarios con sólo Oct4 y Sox2". Nat Biotechnol (2008) 26: 1269-1275

6] Bertheau, Y. "Nuevas técnicas de cría: detección e identificación de las técnicas y productos derivados". In Encyclopedia of Food Chemistry, Reference Module in Food Science, R.H. Stadler, ed. Elsevier (2019) pp 320-336.

7] https://www.thermofisher.com/order/catalog/product/A16517#/A16517

8] https://fr.wikipedia.org/wiki/Cellule_souche_pluripotente_induite: Esta expresión es errónea porque los genes se insertan para modificar las funciones de la célula. La palabra "reactivación" evita decir modificación genética.

9] Informe de J.-L. Touraine sobre la ley de bioética ante la Asamblea Nacional.

10] Informe del Relator p. 172. Una de estas "enfermedades genéticas" es el albinismo, que se convierte así en un criterio para el rechazo de un embrión. Véase el informe anual de 2017 de la Agencia Francesa de Biomedicina. En 2015, se informó al banco de esperma danés de un donante de esperma que tenía ese gen y "el banco de esperma situado en Dinamarca bloqueó todas las pajuelas de este donante y se envió información a todas las clínicas y personas interesadas". https://www.agence-biomedecine.fr/IMG/pdf/newsletter_amp_vigilance_fevrier2015.pdf

[11] http://www.assemblee-nationale.fr/15/ta/ta0343.asp

12] Inf'OGM, " Bioéthique : des animaux chimères producteurs d'organes humains ", Zoé JACQUINOT, 10 de enero de 2020.

13] Estudio de impacto.

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