Por Rowan Jacobsen
La mayor parte del año pasado la idea de que la pandemia de coronavirus podía deberse a un accidente de laboratorio en Whuhan, China, era tachada como conspiración racista de extrema derecha. The Washington Post a principios de 2020 acusaba al senador Tom Cotton de “avivar las brasas de una teoría de la conspiración que ha sido desacreditada repetidamente por los expertos”. La CNN indicaba “Cómo desacreditar las teorías de conspiración sobre el coronavirus y la desinformación entre amigos y familiares”, hasta NPR (“Los científicos desacreditan la teoría de un accidente de laboratorio”), todos ellos con un tratamiento bastante despectivo. (Newsweek fue una excepción, informando en abril de 2020 que el WIV (Instituto de Virología de Wuhan) había participado en una investigación de ganancia de función y podría haber sido el lugar donde se pudo haber producido una filtración de laboratorio; Mother Jones, Bussines Insider, NY Post y FOX News también fueron una excepción). Pero últimamente esta posibilidad ha irrumpido en el discurso público. El presidente Joe Biden ha exigido una investigación por la parte de la inteligencia estadounidense, y los principales medios de comunicación, en un sorprende cambio radical, están tratando ya esta posibilidad con una seriedad mortal.
La razón de este repentino cambio de actitud es clara: se han ido acumulando evidencias circunstanciales que apuntan al laboratorio de Wuhan, de modo que son demasiado abultadas como para ignorarlas.
Las personas responsables de descubrir toda esta serie de evidencias no son periodistas, ni espías, ni científicos. Son un grupo de aficionados con pocos recursos, excepto la curiosidad y la voluntad de buscar pistas a través de Internet. Dos docenas de personas, la mayoría personas anónimas, que trabajan de forma independiente en diferentes países, han descubierto documentos poco conocidos, han reunido información y lo han explicado en largo hilos a través de Twiter, en una especie de código abierto, colectivo, sesiones de lluvia de ideas al estilo de la ciencia forense, en parte periodismo ciudadano y completamente nuevo. Se llaman a sí mismos DRASTIC por el equipo de búsqueda autónomo y radicalmente descentralizado que investiga la epidemia de COVID-19.
Durante mucho tiempo se limitaron al extraño mundo de Twiter, conocido sólo por unos pocos seguidores frikis. Se encontraron varias veces en callejones sin salida, se metieron en discusiones ocasionales con científicos que no estaban de acuerdo con sus interpretaciones y redactaron gran cantidad de informes. Poco a poco, la calidad de su investigación y el rigor en el tratamiento de la información fue atrayendo poco a poco a más gente, incluidos muchos científicos y periodistas profesionales.
Gracias a DRASTIC ahora sabemos que en el Instituto de Virología de Wuhan había una amplia colección de coronavirus que habían sido recolectados durante muchos años de búsqueda en las cuevas de los murciélagos, y que muchos de ellos, incluido el pariente más cercano conocido del virus que ha provocado la pandemia, el SARS-CoV-2, provino de una mina donde tres hombres murieron por una presunta enfermedad similar al SARS de 2012. Sabemos que en el WIV estaban trabajando activamente con estos virus, utilizando unos protocolos de seguridad inadecuados, de manera que bien pudo haberse producido una pandemia, y que el laboratorio y las autoridades chinas han hecho todo lo posible para ocultar estas actividades. Sabemos que los primeros casos aparecieron semanas antes del brote en el mercado de Huanan, que alguna vez se pensó que era la zona cero de la pandemia.
Nada de lo dicho hasta ahora prueba que la pandemia haya comenzado en el laboratorio de Wuhan, por supuesto, es posible que no haya sido así. Pero las pruebas reunidas por DRASTIC equivalen a lo que los fiscales llamarían una causa probable: un caso con sólidas evidencias para la realización de una investigación completa. No está claro que ni los Estados Unidos, ni otras naciones, hayan hecho los mayores esfuerzos para arrojar luz sobre la posibilidad de una filtración de laboratorio, cosa que es difícil de conseguir si no hay colaboración por parte de China, lo cual es poco probable.
Pero si lo hicieran, este pequeño y variopinto grupo de aficionados habrían destapado una de las historias más importantes del siglo XXI.
Aquí explicamos cómo lo hicieron.
Extrañas coincidencias
Un joven indio que se hace llamar The Seeker (El rastreador) y tiene poco más de 20 años, vive en algún lugar del este de la India y usa una obra de arte tribal de su región natal de Bengala Occidental para su logotipo en Twiter, según nos dijo por correo electrónico. Su carrera es una mezcla de arquitectura, pintura y cien: un khichdi, como lo llaman su madre y su hermana, es decir un guiso con ingredientes muy dispares que se suman a algo sorprendente y delicioso. Un autodidacta voraz, que se había convertido en un experto en buscar en los callejones de la web, lejos de los lugares bien iluminados y patrullados por Google, en busca de información sobre cualquier tema que le interesa. A menudo ha publicado en Reddit, donde había acumulado 750.000 puntos de karma. Eso es todo lo que The Seeker ha revelado a Newsweek a través del correo electrónico, prefiriendo mantener su anonimato.
Como la mayoría de las personas que siguen las noticias cuando comenzó esta pandemia, The Seeker pensaba que el virus había saltado de animales salvajes a humanos en el mercado de Wuhan. (El 27 de marzo tuiteaba: “Nadie quiere ver a sus padres o a sus abuelos morir por un estúpido virus procedente de un mercado de animales exóticos”). Creía esto porque era lo que decían todos los medios de comunicación, y la prensa convencional lo creía porque se lo había dicho un puñado de científicos.
El principal de estos científicos es el biólogo Peter Daszak, presidente de la ONG EcoHealth Alliance, que dirige un programa internacional para estudiar patógenos naturales potencialmente pandémicos. Daszak había estado colaborando durante años con Shi Zhengli, directora del Instituto de Virología de Wuhan, y renombrada viróloga de murciélagos. Daszak fue coautor de casi una docena de artículos junto a Shi y canalizó al menos 600.000 dólares de subvenciones del gobierno de los EE.UU, a su manera.
Cuando la pandemia estalló a las puertas del laboratorio que conserva la mayor colección de coronavirus del mundo, lo que alimentó las especulaciones de que el WIV podría estar implicado, Daszak y otros 26 científicos firmaron una carta que apareció en The Lancet el 19 de febrero de 2020. "Nos unimos para condenar enérgicamente las teorías conspirativas que sugieren que el COVID-19 no tiene un origen natural", decía.
Ahora sabemos, gracias a una solicitud de la Ley de Libertad de Información, que Daszak concibió la carta para acallar los rumores de una filtración en el laboratorio. La redactó, se puso en contacto con otros científicos para que la firmaran y trabajó entre bastidores para que pareciera que la carta representaba la opinión de una amplia gama de científicos. "Esta declaración no llevará el logotipo de EcoHealth Alliance y no se podrá identificar como procedente de ninguna organización o persona", escribió en su propuesta a los cofirmantes. Los científicos cuyo trabajo se había solapado con el de la WIV acordaron no firmarla para poder "difundirla de forma que no se vincule a nuestra colaboración".
Sin embargo, en aquel momento no había ninguna pista sobre el papel organizador de Daszak. La carta contribuyó a que Daszak se convirtiera en una presencia omnipresente en los medios de comunicación, donde calificó la filtración del laboratorio de "absurda", "sin fundamento" y "pura tontería". También atacó a los científicos que publicaron pruebas que apuntaban al laboratorio. Parte de la razón por la que la teoría del laboratorio no tenía sentido, argumentó, era porque el laboratorio de Wuhan no estaba cultivando ningún virus remotamente similar al SARS-CoV-2. (Daszak no ha respondido a la solicitud de comentarios de Newsweek).
Durante mucho tiempo, Daszak fue asombrosamente influyente. Pocos en los medios de comunicación le cuestionaron o señalaron que su carrera y su organización se verían profundamente dañadas si resultaba que su trabajo había desempeñado indirectamente un papel en la pandemia. Su cómplice involuntario fue Donald Trump, que se adhirió a la teoría, convirtiendo lo que debería haber sido una cuestión científica en una cuestión política.
Cuando la administración de Trump canceló los contratos con EcoHealth Alliance, que habrían destinado millones a la investigación de nuevos virus, 60 Minutes emitió un reportaje que presentaba a Daszak como un mártir de la maquinaria conspiratoria de la derecha. Para la gente bienpensante de todo el mundo, parecía una decisión fácil: El enemigo de mi enemigo es mi amigo, por lo tanto, la teoría de la filtración del laboratorio es una tontería.
Un cierto tufillo a censura
A principios de 2020, The Seeker empezaba a cuestionarse ese punto de vista. Había comenzado a relacionarse con personas que estaban haciendo fisuras en la creencia generalizada.
Una información importante fue un extenso artículo publicado en Medium por el empresario canadiense Yuri Deigin, que hablaba del RaTG13, un virus que Shi Zhengli había dado a conocer al mundo en un artículo publicado el 3 de febrero en la revista Nature. En ese artículo, Shi presentaba el primer análisis exhaustivo del SARS-CoV-2, que parecía haber salido de la nada: el virus no se parecía a ninguno de los que se habían visto antes, incluido el primer SARS, que había matado a 774 personas entre 2002 y 2004. Sin embargo, Shi también introdujo en su artículo el RaTG13, un virus de composición genética similar al SARS-CoV-2, lo que lo convertía en el único pariente cercano conocido en ese momento.
El artículo era impreciso en cuanto a la procedencia del RaTG13. No decía exactamente dónde o cuándo se había encontrado el RaTG13, sólo que se había detectado previamente en un murciélago de la provincia de Yunnan, en el sur de China.
El artículo despertó las sospechas de Deigin. Se preguntaba si el SARS-CoV-2 podría haber surgido a través de alguna mezcla y combinación genética de un laboratorio que trabajara con el RaTG13 o virus relacionados. Su mensaje era convincente y detallado. The Seeker publicó la teoría de Deigin en Reddit, que rápidamente suspendió su cuenta de forma permanente.
Ese primer tufillo a censura despertó la curiosidad de Seeker, así que leyó más ideas del grupo de Twitter. "Encontré un grupo muy animado de personas deseosas de debatir y explorar el tema", dijo a Newsweek por correo electrónico.
Era un grupo ecléctico. Había empresarios, ingenieros y una microbióloga de la Universidad de Innsbruck llamada Rossana Segreto. Ninguno de ellos se conocía de antemano, sino que acudieron al foro tras llegar a la conclusión, por separado, de que la idea generalizada de los orígenes de COVID-19 no tenía sentido. Las conversaciones se mantuvieron gracias a un coordinador ingenioso que vivía en algún lugar de Asia, conocido como Billy Bostickson, y cuyo icono de Twitter era una caricatura de un mono de laboratorio maltratado.
The Seeker encajó a la perfección. "Me ayudaron a ponerme al día en el debate y empecé a instruirme", dice. "Antes de darme cuenta, me había enganchado al misterio". Le impulsó en parte la curiosidad, pero también un creciente sentido del deber cívico. "El COVID se ha cobrado la vida de innumerables personas y ha devastado a muchas otras. Pero también ha dejado tantas pistas que no se han seguido. La humanidad merece respuestas".
The Seeker y el resto del grupo estaban cada vez más convencidos de que RaTG13 podría tener la clave de algunas de esas respuestas. En un hilo crepitante, media docena de participantes desentrañaron sus misterios, peinando Internet y los documentos anteriores del WIV en busca de pistas.
Si hay un momento en el que el equipo de DRASTIC se unió en algo más que sus partes dispares, sería este hilo. En tiempo real, para que todo el mundo lo viera, trabajaron con los datos, probaron varias hipótesis, se corrigieron mutuamente y consiguieron algunos aciertos inmediatos.
Los hechos clave no tardaron en aparecer. La secuencia genética de RaTG13 coincidía perfectamente con un pequeño fragmento de código genético publicado como parte de un artículo escrito por Shi Zhengli años antes, pero que nunca se volvió a mencionar. El código procedía de un virus que el WIV había encontrado en un murciélago de Yunnan. Relacionando los detalles clave de los dos documentos con las noticias anteriores, el equipo de DRASTIC determinó que el RaTG13 procedía de un pozo minero del condado de Mojiang, en la provincia de Yunnan, donde seis hombres que recogían guano de murciélago en 2012 habían desarrollado una neumonía. Tres de ellos murieron. DRASTIC se preguntó si ese suceso contituía los primeros casos de seres humanos infectados con un precursor del SARS-CoV-2, tal vez el RaTG13 o algo parecido.
En un perfil publicado en Scientific American, Shi Zhengli reconoce haber trabajado en la mina del condado de Mojiang donde habían muerto los mineros. Pero evitó relacionarlo con el RaTG13 (una omisión en la que también habría incurrido en sus artículos científicos), afirmando que había sido un hongo el que había matado a esos mineros.
Esta explicación no gustó al grupo DRASTIC. Sospechaban que un virus similar al SARS, y no un hongo, había matado a los mineros y que, por la razón que fuera, el WIV estaba tratando de ocultar ese hecho. Era una corazonada y no tenían forma de demostrarlo.
En ese punto, The Seeker descubrió sus capacidades de investigación al grupo. En sus exploraciones online había descubierto recientemente una enorme base de datos china de revistas académicas y tesis llamada CNKI. Se preguntaba si en algún lugar de sus vastos dominios habría información sobre los mineros enfermos.
Trabajando durante toda la noche en su mesilla con el teléfono y el ordenador portátil, animado por el té y utilizando caracteres chinos con la ayuda de Google Translate, introdujo "Mojiang" -el condado donde se encuentra la mina- en combinación con cualquier otra palabra que se le ocurriera que pudiera ser relevante, traduciendo instantáneamente cada nuevo conjunto de resultados al inglés. "Mojiang + neumonía"; "Mojiang + WIV"; "Mojiang + murciélagos"; "Mojiang + SARS". Cada búsqueda arrojaba miles de resultados y media docena de bases de datos diferentes de revistas, libros, periódicos, tesis de doctorado y de máster. Revisó estos resultados, noche tras noche, pero nunca encontró nada útil. Cuando se le acabaron las energías, se dedicó a jugar y a tomar más té.
Estuvo a punto de dejarlo, dice, cuando encontró oro: una tesis de 60 páginas escrita por un estudiante de la Universidad Médica de Kunming en 2013 titulada "Análisis de 6 pacientes con neumonía grave causada por virus desconocidos". Con un detalle exhaustivo, describía las condiciones y el tratamiento paso a paso de los mineros. Nombró al presunto culpable: "Causado por [coronavirus] similar al del SARS, procedente del murciélago de herradura chino u otros murciélagos".
The Seeker publicó el enlace, sin hacer ruido, el 18 de mayo de 2020, y luego presentó una segunda tesis de un estudiante de doctorado del CDC chino que confirmaba gran parte de la información de la primera. Cuatro de los mineros habían dado positivo a los anticuerpos de una infección similar al SARS. Y el WIV se había involucrado en el análisis de las muestras de todos ellos. (Poco después de que The Seeker publicara las tesis, China cambió los controles de acceso al CNKI para que nadie pudiera volver a hacer esa búsqueda).
Si en 2012 hubiera aparecido un virus similar al SARS, se hubiera ocultado y el WIV hubiera enviado a personas a la mina en búsqueda de más muestras y llevarlas de vuelta a Wuhan, eso debería haber sido noticia de primera plana al día siguiente. En cambio, no apareció ni una sola noticia durante semanas. En el Reino Unido aparecieron algunas noticias, entre ellas un artículo en el Sunday Times. Los medios de comunicación estadounidenses pasaron de largo.
" Sin duda, esperaba que el asunto estallara en todos los telediarios", admite The Seeker. "La falta de interés general por los hechos o la sensatez me sorprendió. Y todavía me deja perplejo que, incluso con todos sus recursos, los medios de investigación corporativos estén tremendamente desfasados."
En pocos días, DRASTIC consiguió localizar las coordenadas de la misteriosa mina de Mojiang, pero no atraería la atención de los medios de comunicación hasta finales de 2020, cuando comenzó una especie de carrera por llegar hasta allí. El primer intento fue el de John Sudworth, de la BBC, que encontró su camino bloqueado por camiones y guardias. (Sudworth pronto se vería obligado a abandonar China a causa de su reportaje.) La AP lo intentó más o menos al mismo tiempo, sin mejor suerte. Más tarde, los equipos de la NBC, la CBS, Today y otros medios de comunicación también encontraron su camino bloqueado por camiones, árboles y hombres enfadados. A algunos les dijeron que era peligroso seguir adelante debido a los elefantes salvajes. Finalmente, un reportero del Wall Street Journal llegó a la entrada de la mina en bicicleta de montaña, pero fue detenido durante cinco horas de interrogatorio. Los secretos de la mina permanecen.
Un enorme sudoku
Aunque la divulgación de la existencia de la mina de Moijang en mayo de 2020 no trascendió en los medios de comunicación, atrajo nuevos miembros a DRASTIC, de modo que pudo ampliar la recopilación de información para abarcar todo, desde la genética viral hasta los protocolos de seguridad del laboratorio biológico. El 21 de mayo de 2020, Billy Bostickson bautizó al grupo como "DRASTIC Research". También fue organizando el equipo en subgrupos para que se centraran en diferentes aspectos del caso. Pronto empezaron a publicar regularmente descubrimientos que hacían más probable la implicación del laboratorio.
Un miembro clave del equipo fue Francisco de Asís de Ribera, un científico de Madrid que destaca en la minería de grandes conjuntos de datos. A lo largo de los años, el WIV había publicado una enorme cantidad de información sobre sus proyectos de búsqueda de virus en diferentes puntos de difusión y formatos. Ribera empezó a ensamblar todo en "un enorme rompecabezas", buscando lugares con los que pudiera completar algunos de los espacios en blanco, montando poco a poco un mapa completo de todo el programa de virus del WIV. Él y The Seeker formaban un equipo formidable, The Seeker destapando nuevas piezas del puzzle y Ribera encajándolas en su sitio. ("Siempre me he visto a mí mismo y a Francisco como si fuéramos el detective McNulty y el detective Freamon de The Wire", bromeó The Seeker a Newsweek en un mensaje).
Ribera se encargó de colocar correctamente otra pieza del rompecabezas de RaTG13. ¿Había estado el WIV trabajando activamente en RaTG13 durante los siete años transcurridos desde que lo descubrieron? Peter Daszak dijo que no: nunca habían utilizado el virus porque no era lo suficientemente parecido al SARS original. "Pensamos que era interesante, pero no de alto riesgo", dijo a Wired. "Así que no hicimos nada al respecto y lo pusimos en el congelador".
Ribera desmintió esa versión. Cuando se publica un nuevo artículo científico sobre genética, los autores deben subir las secuencias genéticas que lo acompañan a una base de datos internacional. Al examinar algunas etiquetas de metadatos que el WIV había subido casualmente junto con sus secuencias genéticas de RaTG13, Ribera descubrió que los científicos del laboratorio sí habían estado estudiando activamente el virus en 2017 y 2018; después de todo, no lo habían metido en un congelador y se habían olvidado de él.
De hecho, el WIV había estado muy interesado en el RaTG13 y en todo lo que había salido de la mina de Mojiang. A partir de este gigantesco rompecabezas, Ribera comprobó que habían hecho al menos siete viajes diferentes a la mina, a lo largo de muchos años, recogiendo miles de muestras. La conjetura de Ribera es que su tecnología no había sido lo suficientemente buena en 2012 y 2013 para encontrar el virus que había acabado con la vida de los mineros, así que regresaron a medida que las técnicas mejoraban.
También hizo una audaz predicción. Cotejando fragmentos de información de múltiples fuentes, Ribera adivinó, en un hilo de Twitter fechado el 1 de agosto de 2020, que un grupo de ocho virus relacionados con el SARS, algo mencionado someramente en una sección no muy clara de un artículo de la WIV, procedía en realidad de la mina de Mojiang. En otras palabras, no habían encontrado un pariente del SARS-CoV-2 en esa mina; habían encontrado nueve. En noviembre de 2020, Shi Zhengli confirmó muchas de las sospechas de DRASTIC sobre la cueva de Mojiang en un apéndice a su artículo original sobre RaTG13 y en una charla de febrero de 2021.
Por supuesto, la única razón por la que Ribera ha tenido que realizar tales pesquisas propias de Sherlok Holmes es porque el WIV no ha compartido los datos que los investigadores le han solicitado. El WIV mantenía una base de datos en su sitio web con todos los datos de los virus de su colección, incluidos muchos inéditos, pero esa página de su web lleva tiempo vacía. Cuando se le preguntó por la base de datos desaparecida en enero de 2021, Shi Zhengli explicó que se había desconectado durante la pandemia porque el servidor web del WiV se había convertido en el centro de los ataques en línea. Sin embargo, una vez más, DRASTIC ha echado por tierra esta explicación: la base de datos fue eliminada el 12 de septiembre de 2019, poco antes del inicio de la pandemia, y mucho antes de que la WIV se convirtiera en un objetivo.
Otras bases de datos arrojaron otras pistas. En las solicitudes de subvención y adjudicaciones del WIV, The Seeker encontró descripciones detalladas de los planes de investigación del Instituto, y eran demoledoras: Se estaban llevando a cabo proyectos para probar la infectividad de los nuevos virus similares al SARS en células humanas y en animales de laboratorio, para ver cómo podrían mutar al cruzar especies, y para recombinar genéticamente piezas de diferentes virus, todo ello con niveles de bioseguridad sumamente inadecuados. Todos los elementos para un accidente estaban preparados.
Por supuesto, eso no es una prueba de que se haya producido una catástrofe. Salvo un testimonio ocular poco probable, puede que nunca lo tengamos. Pero todas las pruebas que ha aportado DRASTIC apuntan en la misma dirección: El Instituto de Virología de Wuhan había pasado años recogiendo coronavirus peligrosos, algunos de los cuales nunca había hecho públicos. Estaba probando de forma activa estos virus para determinar su capacidad de infectar a las personas, así como las mutaciones que podrían ser necesarias para mejorar esa capacidad, probablemente con el objetivo final de producir una vacuna que protegiera contra todos ellos. Y el esfuerzo continuo por encubrirlo implica que algo puede haber salido mal.
La opinión mayoritaria
A principios de 2021, DRASTIC había acumulado tanta información que nadie podía seguir el ritmo, ni siquiera sus propios colaboradores, así que crearon su propio sitio web como repositorio. El sitio contiene suficientes documentos científicos, hilos de Twitter, traducciones de documentos chinos y enlaces a artículos para mantener ocupado a un detective curioso durante meses.
Estos aficionados se han comportado como auténticos periodistas y científicos profesionales. "Rossana Segreto y Yuri Deigin son mis héroes", dice el escritor Nicholson Baker, que publicó un destacado artículo sobre la teoría de las filtraciones de laboratorio en la revista New York. " Escarbaron en las investigaciones y establecieron relaciones acertadas y descubrieron piezas cruciales de la historia que debía ser contada. Lo mismo ocurre con Mona Rahalkar y Billy Bostickson. Un trabajo científico de colaboración".
El periodista británico Ian Birrell coincide con esta apreciación. "No hay duda de que sus esfuerzos colectivos... han sido cruciales a la hora de desafiar tanto a China como al establishment científico para garantizar que la teoría de la fuga en el laboratorio se investigue adecuadamente", escribió en Unherd. "Ha sido fascinante ver, en el transcurso de mis investigaciones durante el último año, cómo este grupo de activistas -junto con unos pocos científicos valientes- ha sacado de las sombras la hipótesis de la filtración de laboratorio".
Una de esas científicas fue Alina Chan, bióloga molecular del Instituto Broad del MIT y de Harvard, que reconoció el valor de la información que elaboraba DRASTIC y comenzó a interpretarla para científicos y no científicos por igual en nítidas explicaciones en Twitter que la convirtieron en una comunicadora científica de primera categoría. Chan reconoció los logros del grupo en un largo hilo en Twitter. "Sin el trabajo realizado por el equipo de DRASTIC, no sé realmente dónde estaríamos hoy sobre los orígenes del covid-19", escribió, y añadió: "El trabajo de estos aficionados... ha tenido un impacto apreciable en el discurso científico".
Ese discurso científico cobró fuerza el 6 de enero de 2021, cuando el virólogo de la Universidad de Washington Jesse Bloom, uno de los investigadores de COVID-19 más respetados del país, se convirtió en la primera figura científica importante en legitimar públicamente las contribuciones de DRASTIC. "Sí, sigo el trabajo", tuiteó, haciendo temblar al establishment científico. "No estoy de acuerdo [con] todo, pero algunas partes me parecen importantes y correctas". Bloom destacó el trabajo de Mona Rahalkar sobre la mina de Mojiang, y luego añadió que en los primeros días de la pandemia, "pensaba que el escape del laboratorio era muy improbable. Basándome en trabajos posteriores, ahora digo que es bastante plausible".
Otros científicos presionaron a Bloom para que recapacitara, pero él se mantuvo firme y el muro de silencio empezó a derrumbarse. En mayo, 17 científicos de Harvard, Yale, MIT, Stanford y otras instituciones importantes, incluida Chan, se unieron a Bloom en una carta publicada en Science en la que pedían una investigación exhaustiva del laboratorio de Wuhan.
Casi el mismo día, The Seeker volvió a atacar. Visitando una base de datos alojada en el Ministerio de Ciencia y Tecnología de China, buscó todas las tesis supervisadas por Shi Zhengli. Acierto, tres resultados. "Lo conseguí en mi primer intento", dice. "No sé por qué no se le ocurrió a nadie antes, pero supongo que nadie estaba buscando".
Si quedaba alguna duda sobre el comportamiento decepcionante del WIV, estas nuevas tesis la disipan. Indican que los investigadores del WIV nunca creyeron que un hongo es el que había matado a los mineros de Mojiang, lo que contradice los comentarios de Shi en Scientific American y otros medios. De hecho, los investigadores del WIV estaban tan preocupados por un nuevo brote similar al del SARS que habían analizado la sangre de los residentes de los pueblos vecinos en busca de otros casos. Además, conocían las secuencias genéticas de los otros ocho virus similares al SRAS de la mina -que podrían haber ayudado a los investigadores a comprender mejor el SRAS-CoV-2 en los primeros días- mucho antes de que comenzara la pandemia, y se habían guardado la información para sí mismos, hasta que el DRASTIC les llamó la atención.
A los pocos días de las nuevas revelaciones y de la carta de Science, más científicos, políticos e incluso los principales medios de comunicación empezaron a tomarse en serio la filtración del laboratorio, lo que culminó el 26 de mayo cuando el presidente Biden ordenó a las agencias de inteligencia estadounidenses "redoblar sus esfuerzos para recoger y analizar la información que podría acercarnos a una conclusión definitiva". Biden prometió que "Estados Unidos también seguirá trabajando con socios afines de todo el mundo para presionar a China para que participe en una investigación internacional completa, transparente y basada en pruebas, y para que proporcione acceso a todos los datos y pruebas pertinentes”.
Hasta ahora, China se ha mostrado muy fría ante esta sugerencia. Puede que nunca coopere con una investigación. Pero ahora está claro que la cuestión de si un laboratorio biológico podría haber causado esta pandemia -y podría causar la siguiente- va a ser analizada de una manera que no habría sido posible sin un grupo radical y descentralizado de personas ajenas a la comunidad científica que hubiera desafiado el statu quo.
Esa es una lección que The Seeker no olvidará pronto. "Ya no veo la ciencia como un dominio exclusivo", escribió a Newsweek. "Todo el mundo puede contribuir a cambiar las cosas".
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