Autor: Francisco Báez Baquet Con los enemigos invisibles, como es, por ejemplo, la fracción respirable del polvo del amianto -que no se huele, ni se le ve, ni se le escucha-, o la radioactividad, que si no llega a alcanzar una excesiva intensidad, tampoco se hace perceptible en la inmediatez temporal, o también con los patógenos ultra-microscópicos y terriblemente letales, con todos esos indetectables enemigos naturales (a veces potenciados por una acción humana, que busca, a cualquier precio ajeno, el beneficio económico privado y propio) nos encontramos con que, además de que la Evolución no nos haya dotado de resortes de advertencia, con los que poder reaccionar a tiempo, tendremos también, que, a muchos de nosotros, los humanos, además nos ha dejado huérfanos de la adecuada sensibilidad, hacia los letales perjuicios de nuestro prójimo, cuando tales mortales daños ya son harto patentes. El dios de los ateos, se veneró a sí mismo -Diderot dixit, mutatis mutandi-, mientras que ...
"Ni la ciencia oficial y consagrada ni otra fe ninguna puede hacer más que procurar que se cumpla lo previsto, que no se haga más que lo que está hecho y que no nos pase nada del otro mundo" Mentiras Principales, Agustín García Calvo