Por Miquel Amorós, 10 de febrero de 2022 El episodio pandémico sería la última catástrofe habida (que no excluye otras venideras) de un impacto mayor que las anteriores precisamente por las drásticas medidas decretadas para regular la vida cotidiana del común, de escaso efecto en la salud, pero de evidentes consecuencias sicológicas, laborales y sociales. En todas partes, los parlamentos abdicaron, cediendo los gobiernos la decisión a los expertos y técnicos -en absoluto independientes, ya que están condicionados por sus empleadores y sobornados por sus patrocinadores- quienes han inclinado la balanza en favor de una dictadura tecno-sanitaria. Bajo la susodicha dictadura los dirigentes habían de atajar crisis internas y las multinacionales farmacéuticas tenían que obtener inmensos beneficios, mientras que el mundo seguiría reorganizándose en función de los imperativos financieros asistidos por tecnologías punteras. Como poco, se ha acelerado la absorción del Estado ...
"Ni la ciencia oficial y consagrada ni otra fe ninguna puede hacer más que procurar que se cumpla lo previsto, que no se haga más que lo que está hecho y que no nos pase nada del otro mundo" Mentiras Principales, Agustín García Calvo