Por
Peter Koenig, 23 de marzo de 2018
El
22 de marzo de 2018 se celebró el Día Mundial del Agua, pero
también es la semana en la que se celebró el 8º Foro Mundial
del Agua (WWF-8), del 18 al 23 de marzo de 2018, en Brasilia. No
es una coincidencia que Brasil haya sido elegida para la celebración
de este Formo Mundial del Agua, frente a ese otro foro equivalente
que reúne a las élites corporativas y políticas, el WEF, el Foro
Económico Mundial, en Davos. Los dos están íntimamente
relacionados e interconectados, como veremos.
El WWF
está organizado por el Consejo Mundial del Agua, una
instancia más para confundir y no saber quién es quién en el
circo de las élites que intentan controlar una fuente vital: el agua
dulce. WWF se enorgullece en una declaración de su honrosa misión:
“"Promover
la toma de conciencia, fomentar el compromiso político e impulsar la
adopción de medidas en relación con los problemas críticos del
agua en todos los niveles, a fin de facilitar la conservación, la
protección, el desarrollo, la planificación, la gestión y el uso
eficientes del agua en todas sus dimensiones sobre una base
ambientalmente sostenible en beneficio de toda la vida".
Ahí
tenemos a
Nestlé, Coca Cola, PepsiCo, Dow Chemicals
y otras multinacionales con fuertes intereses en el agua, como
Veolia,
Suez (Francia), Thames (Reino Unido), Bechtel (Estados Unidos),
Petrobras,
y otros cientos de ellas, que se unen con el Banco
Mundial, el Banco de Desarrollo Americano (BID),
diferentes organismos de la ONU y muchos donantes multi y
bilaterales, ONG y Corporaciones, que dicen trabajar por el bien de
la humanidad, por el bien de cientos de millones de personas que de
manera reiterada se ven privadas de agua potable a precios asequibles
debido a una ola de privatizaciones del agua (Organizaciones
y simpatizantes de WWF).
Otra
Instancia destacada de este foro internacional sobre el agua es el
Water
Resources Group (WRG),
creada por el Banco Mundial. Su principal objetivo es alcanzar el 6º
Objetivo
de Desarrollo Sostenible (ODS-6):
“Agua
potable y saneamiento”. El
liderazgo de esta organización está en manos de un grupo de
personas e instituciones relacionadas entre sí, como los
responsables de WEF, Nestlé, Coca-Cola, PepsiCo, Dow Chemicals, la
ONU (PNUD)… y la Asociación
Mundial del Agua (GWP),
una instancia más dentro del laberinto de la mafia global , creada
por los sospechosos habituales, el Banco Mundial, la
ONU (PNUD)
y una serie de agencias de desarrollo
multilaterales y bilaterales, cuyo enfoque prioritario es el agua…
Y
no
olvidemos que también está presente en el WWF el Centro
Internacional de Evaluación de Recursos de Aguas Subterráneas
(IGRAC),
que forma parte de la UNESCO, con sede en el Instituto
Delft para la Educación sobre el Agua,
cuya misión es la de compartir información sobre los recursos
hídricos subterráneos de todo el mundo para protegerlos y dirigido
fundamentalmente a la evaluación de acuíferos transfronterizos y el
control de las aguas subterráneas.
En
términos generales, el WWF está formado por este complejo y colosal
conglomerado de instituciones y tecnócratas que poco a poco están
asumiendo el control de los recursos mundiales de agua dulce. Esto
está ocurriendo delante de nuestros ojos y bajo un logotipo de
promoción aparentemente anodino: PPP= Public Prive Partnership
(Asociaciones Público-Privadas), que en realidad significa que los
recursos públicos se ponen a disposición del sector privado, tanto
las infraestructuras como los recursos hídricos para ser explotados
con fines lucrativos en detrimento de la gente, que pagó las
infraestructuras y cuya vida depende de este recurso vital, el agua.
La
privatización de los recursos de agua dulce es un delito, pero es lo
que está en juego. Basta con ver quién está representado de manera
destacada en el Water Resources Group, creado por el Banco Mundial,
IFC, International Finance Corporation, la rama de desarrollo
del sector privado del Grupo del Banco Mundial.
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Más
de la mitad de los españoles beben agua gestionada por una firma
privada. Y ese negocio privatizado o semiprivatizado está en
manos de tres o cuatro gigantes. Aguas de Barcelona, Agbar,
controla el 54% del sector a través su filial Aquagest.
FCC-Vivendi tiene otro 23% en manos de Aqualia. La francesa
Bouygues-Saur domina otro 13% con su participación en Gestagua. Y
ACS, con su filial Urbaser, se queda cerca de otro 7%. El 3%
restante está repartido. La
Voz de Galicia
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El resultado de estas reuniones, a menudo repetitivas, es prácticamente nulo: una letanía de recomendaciones y resoluciones cuya aplicación nunca ven la luz del día. Imagínense el tremendo coste anual de esta farsa: los viajes en clase ejecutiva, comidas y alojamiento ( alojamientos de cinco estrellas), de los tecnócratas de alto nivel cruzando los mares y yendo de una conferencia a otra, millones y millones de dólares al año. ¿Cuántas personas podrían recibir agua potable y tener saneamiento seguro con estas cantidades de dinero?
El
Programa Conjunto de Control de la OMS/UNICEF (JMP) estima (julio de
2017) que “aproximadamente
3 de cada 10 personas de todo el mundo, o sea 2.100 millones de
personas, carecen de acceso a agua segura
y fácilmente disponible en sus hogares, y 6 de cada 10, o sea 4.500
millones de personas, no
disponen de un sistema sanitario administrado de forma segura”.
Esto
de una población mundial estimada en unos 7400 millones de personas.
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El
acuífero Guaraní (Fuente: Wikimedia Commons)
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Maude
Barlow, presidenta
del Consejo
Canadiense y de World Water Watch,
y autora de “Blue
Gold” (2002), “Blue Covenant” (2007) y de “Blue Future:
Protección del agua para las personas y el planeta para siempre”
(2013), hace
referencia al WEF (Foro Económico Mundial) del año 2010 como
la plataforma de lanzamiento bajo los auspicios del WRG de las
asociaciones público-privadas, para involucrar principalmente a los
gobiernos de los países en desarrollo
en la reforma del sector del agua, es decir, ponerlo en manos de
corporaciones privadas que gestionen el agua. Muchos de estos países
no tienen otra opción si quieren seguir recibiendo fondos de
“desarrollo” del Banco Mundial. Barlow también es fundadora del
Proyecto
Planeta Azul,
que busca la protección de los recursos hídricos vitales, como el
acuífero guaraní para las generaciones futuras.
Si
nos detenemos en el Foro Económico Mundial de Davos (enero de 2018),
el presidente
brasileño Temer
asistió a este foro. Temer, un delincuente corrupto, que debería
estar en la cárcel en lugar de dirigir este maravilloso país,
Brasil. El único propósito de su asistencia a Davos era el de
contar a las élites que tiene intención de vender y privatizar las
principales fuentes de recursos hídricos de su país.
¿Cómo
una persona tan deshonesta se ha podido convertir en presidente de
Brasil? Washington lo puso allí. Los
oscuros intereses de Sion que representaban al sector financiero de
los Estados Unidos quitaron del medio a una honesta Dilma
Rousseff
y pusieron en su lugar a Michel Temer, que en ese momento estaba
acusado de varios delitos. La acusación fue obviada porque se
suponía que tenía que ser presidente. Todavía no entiendo cómo
pudo suceder esto, ya que Dilma tenía al ejército de su parte y
podría haber declarado el estado de emergencia para detener la falsa
parlamentaria de “cambio de régimen”, instigada por los Estados
Unidos. Pero no lo hizo, lo cual puede indicar que fue amenazada.
Ahora
sabemos cómo Washington manipula las elecciones y otros procesos
políticos en todo el mundo: con
los turbios métodos de Cambridge Analytica (CA), una consultora
de marketing, que sustrae información personal de Internet,
principalmente de Facebook, para dirigirse a segmentos específicos
de la población con mensajes específicos e influir en su opinión.
Los
métodos de CA se han aplicado en más de 200 casos en todo el mundo
en los últimos 3 o 4 años, para influir en las elecciones y otros
procesos políticos, como en Argentina, Brasil, Perú, Colombia, el
Reino Unido (Brexit), Alemania, Francia y otros muchos países. Se
trata de una verdadera intromisión en los asuntos soberanos de los
países por ese estado deshonesto que es Estados Unidos. ¡Y encima
hablan de la intromisión rusa en las elecciones presidenciales de
los Estados Unidos de 2016!
Sustraer
con sigilo es uno de los delitos del régimen neoliberal que aún no
comprendemos del todo, y muchos menos denominarlo.
Esto siempre tiene un carácter retrospectivo. Este artículo espera
contribuir a ello.
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“… el corazón de
Aguas de Barcelona (Agbar) está controlado en un 48% entre La
Caixa y la multinacional gala Suez Lyonnaise des Eaux. Está
presente en Europa, África y América, a través de 75 filiales.
En Galicia opera como Aquagest, gestiona el agua de más de 70
municipios y abastece a cerca de 890.000 personas. En España,
suministra agua a 18 millones de personas.
Fomento de Construcciones y Contratas
(FCC), controlada por las hermanas Koplowitz, actúa en el sector
a través de su filial Aqualia, pero desde hace casi seis años
tiene un acuerdo con la francesa Vivendi Environnement, líder
mundial de servicios. Suministra agua potable a cerca de 9
millones de personas en España y maneja el saneamiento de otros
10 millones. En América Latina está asociada al 50% con Veolia
Environnement en Proactiva Medio Ambiente y opera en México y
Venezuela”. La Voz de Galicia |
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Brasil,
con aproximadamente 8.200 km³ anuales de agua dulce renovable,
ocupa el primer lugar con aproximadamente ⅛ del total de recursos
renovables de agua dulce del mundo, que se estiman en 45.000 km³. La
cuenca del Amazonas posee alrededor del 73% de toda el agua dulce de
Brasil. Se entiende por agua dulce renovable a
la cantidad
máxima de agua que es factible explotar anualmente en un país sin
alterar el ecosistema y que se renueva por medio de la lluvia y
la que
entra desde
el exterior. El segundo país con mayor cantidad de agua es Rusia con
4.500 km³ al año, seguido de Canadá, Indonesia, China, Colombia,
Estados Unidos, Perú, la India, todos ellos con recursos hídricos
renovables entre 2.000 y 3.000 km³ anuales.
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