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Un nuevo estudio pone en entredicho la seguridad del bisfenol A


La evaluación de la seguridad por parte de la FDA ha favorecido a la Industria por encima de las conclusiones de los científicos independientes

Por Lindsey Konkel, 20 de julio de 2018



Durante años, las Agencias de regulación y los científicos han estado en un punto muerto sobre la seguridad del bisfenol A, o BPA, una sustancia química utilizada para fabricar algunos plásticos. Los científicos han encontrado reiteradamente que el BPA y otras sustancias químicas que alteran las hormonas, que pueden contaminar los alimentos y las bebidas, pueden contribuir a problemas como una pubertad precoz, obesidad, diabetes, retrasos en el desarrollo e incluso cáncer.

Sin embargo, la Administración de Medicamentos y Alimentos (Food and Drug Administration, FDA), la agencia encargada de proteger la salud pública al garantizar la seguridad de los alimentos , insiste en que estos productos químicos son seguros a los niveles que alcanzan en la mayoría de los cuerpos de los consumidores.

Ahora, un estudio llevado a cabo durante seis años destinado a aclarar la confusión sobre los daños potenciales en la salud del BPA, parece apoyar, al menos parcialmente, las preocupaciones de los investigadores de que la exposición a incluso pequeñas cantidades de esta sustancia química puede causar cambios adversos dentro del cuerpo. Pero hasta ahora la FDA se ha mantenido firme en su postura de que el BPA es seguro para los consumidores, llevando a algunos expertos a acusar a la agencia de ignorar los últimos descubrimientos científicos disponibles.

Los resultados del estudio, llamado Consortium Linking Academic and Regulatory Insights on BPA Toxicity, o CLARITY-BPA (Consorcio que vincula los conocimientos científicos y normativos sobre la toxicidad del BPA), podrían tener consecuencias importantes en la forma en que la FDA evalúa la seguridad del BPA y de muchos otros productos químicos utilizados en el envasado y procesamiento de alimentos.

"Si este estudio muestra que lo que hemos estado haciendo para regular las sustancias químicas durante décadas no es lo correcto, entonces también tenemos que poner en consideración a decenas de miles de otras sustancias químicas", señaló Laura Vandenberg, científica de salud ambiental de la Universidad de Massachusetts-Amherst, que no participó en CLARITY-BPA

En relación con la nueva investigación

En su laboratorio de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, Heather Patisaul estudia cómo la exposición a sustancias químicas que imitan a las hormonas, como el BPA, pueden influir en el desarrollo del cerebro. Utiliza ratas y ratones para sus experimentos, pero hay muchas similitudes en la forma en que las crías de roedores y los bebés humanos se forman dentro del útero, dijo.

Durante las primeras etapas de la vida, por ejemplo, el estrógeno -una hormona sexual- hace que ciertas partes del cerebro del feto se conecten de manera diferente en los machos y las hembras. Durante la última década, Patisaul ha demostrado varias veces que el BPA cambia la manera en que el cerebro del feto emplea el estrógeno. La exposición en el útero puede provocar que se alcance una pubertad más temprana para las mujeres, a un desarrollo alterado de las partes del cerebro específicas del sexo y a un incremento de los comportamientos relacionados con la ansiedad, tanto para los hombres como para las mujeres.

Los hallazgos de Patisaul son preocupantes porque detectó estos cambios después de alimentar a las ratas con cantidades insignificantes de BPA, niveles que según ella son comparables a los niveles de esta sustancia química que se encuentran en el cuerpo de un estadounidense promedio.

"El hecho de que hayamos visto este efecto una y otra vez es una evidencia bastante convincente de que el cerebro es un blanco particularmente sensible para el BPA y otros disruptores endocrinos", aseguró Patisaul. "Las pruebas de laboratorio que realizan las Agencias no buscan tradicionalmente efectos neuronales antes o incluso después de que las sustancias químicas lleguen al mercado, por lo que es probable que estemos pasando por alto muchos tipos de amenazas químicas potenciales para el cerebro en desarrollo".

Ella y otros investigadores están haciendo trabajos de investigación de vanguardia que están cambiando la forma en que los científicos y el público consideran las sustancias tóxicas y el daño que pueden causar. Gran parte de esta investigación ha sido financiada por los Institutos Nacionales de Salud, la agencia de investigación médica de los Estados Unidos.

Patisaul llamó a esa investigación "el motor del progreso de la biociencia". Los científicos financiados por los NIH investigan la biología básica del desarrollo y otros procesos complejos necesarios para comprender la toxicología, la farmacología y todos los demás campos de la medicina, agregó.

Una brecha creciente
A pesar de la calidad de investigaciones científicas de vanguardia como ésta, la FDA ignora la mayoría de estos estudios científicos cuando evalúa la toxicidad de sustancias químicas potencialmente peligrosas en los alimentos y en los envases de los alimentos.


La razón de esto es que los científicos no siguen las pautas federales para las pruebas de toxicidad.

Esto se debe a que las Agencias de Regulación y los científicos tienen un enfoque diferente sobre el tipo de preguntas que cada grupo está tratando de responder. La investigación científica es de carácter libre e inquisitivo, lo que incentiva la innovación y los enfoques no tradicionales para la resolución de problemas. Los científicos especializados en regulación, por otro lado, no necesariamente están tratando de hacer nuevos descubrimientos y principalmente quieren evaluar la seguridad y eficacia de esas tecnologías avanzadas.

"Los científicos van a donde los datos les llevan, mientras que los métodos de las Agencias es más prescriptiva", dijo Maricel Maffini, consultora independiente de seguridad química en Washington, D.C.

Las directrices reglamentarias que la FDA utiliza para evaluar la seguridad de los aditivos alimentarios y otros productos químicos se elaboraron en la década de 1970. En ese momento, la FDA estaba a la vanguardia de la ciencia, según Maffini. "Hoy en día, esas directrices se han quedado a la zaga del conocimiento científico", dijo.

La agencia no ha actualizado ni cambiado las evaluaciones de seguridad incluidas en sus directrices reglamentarias durante más de 40 años. Maffini, Patisaul y otros dicen que las pruebas que forman la base de las pautas de regulación pueden ya no ser suficientes para proteger la salud humana. Fueron diseñadas en un momento antes de que los científicos descubrieran la capacidad de ciertos químicos para alterar nuestras hormonas.

Los llamados estudios de las directrices reguladoras buscan cambios muy evidentes - ¿la exposición a cierta sustancia química provocó que a un animal de experimentación le creciera espontáneamente un tumor en el hígado? ¿El sistema nervioso de la rata resultó dañado tanto que ahora no puede dejar de dar vueltas? No se detecta tan fácilmente la toxicidad de ciertas sustancias químicas utilizadas en los envases de alimentos, especialmente a los niveles que las personas los ingieren. Pero el hecho de que estos productos químicos no nos estén dañando gravemente o provocando la muerte al ingerirlos no significa necesariamente que sean seguros, explicó Vandenberg.

Por ejemplo, el desarrollo del cerebro. Patisaul aseguró que los estudios de las directrices reguladoras no hacen un buen trabajo al detectar muchos déficits neurológicos que podrían resultar de una exposición tan tóxica. Eso se debe a que las pruebas que recomiendan hacen referencia sólo al peso cerebral.

Buscar cambios en el peso cerebral de los roedores permite a los científicos detectar anomalías cerebrales graves, como tumores cerebrales o enfermedades degenerativas que provocan huecos en el cerebro. Estas son buenas pruebas para detectar tumores y la causa de la mortalidad, aseguró Patisaul, pero no son lo suficientemente sensibles como para detectar déficits neurológicos más sutiles, como comportamientos similares al autismo o al TDAH. No es posible decir si el comportamiento de un animal ha cambiado simplemente poniendo el cerebro en una balanza.

Podría ser una sorpresa que la FDA se retrasase en actuar en base a la nueva investigación científica. Después de todo, las agencias gubernamentales se han creado para hacer frente a los cambios precipitados. En teoría, esto los hace menos susceptibles a la influencia indebida de los políticos, la industria y los grupos con intereses especiales. Pero en este caso, los científicos dicen que la aplicación de pautas anticuadas significa que los reguladores casi siempre prefieren los estudios de la industria a los estudios independientes.

En 2008, por ejemplo, la FDA encontró que el BPA no representaba ningún riesgo para la salud humana en las pequeñas dosis que se encuentran en los envases de los alimentos. Se basaron en dos estudios financiados por la industria que no encontraron ningún efecto, mientras que descartaron más de 100 estudios académicos revisados por investigadores que encontraron evidencia de daño, según una encuesta de la revista Science. Más tarde, en una evaluación de riesgos de 2014, la FDA declaró que el BPA no representaba ningún riesgo para el cerebro en desarrollo, basándose en un único estudio financiado por la industria que no encontró ningún efecto al ignorar otros 35 estudios financiados con fondos federales que investigaban los efectos del BPA en el neurodesarrollo.

Es un ejemplo concreto de lo miope que puede ser el proceso regulador, dijo Patisaul, cuya propia investigación que muestra cómo el BPA puede estar alterando el desarrollo cerebral, fue excluida del proceso de toma de decisiones.

"Si se excluye el 99 por ciento de los datos, se podría decir que la toma de decisiones es deficiente", dijo.

En busca de una mayor claridad

CLARITY-BPA fue diseñado para ser un estudio en dos direcciones: Uno probaría los efectos del BPA usando las pautas tradicionales para buscar cambios evidentes en cosas como el peso corporal, y el otro probaría puntos de evaluación más sutiles elegidos por los científicos. Ambas partes acordaron un conjunto estandarizado de protocolos científicos y compartir un conjunto de tejidos de los mismos roedores. Esto ayudaría a crear condiciones idénticas entre las dos vertientes del estudio y minimizar el potencial de sesgo.

El Programa Nacional de Toxicología, un programa del Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos, serviría como árbitro imparcial y al final daría a conocer un informe final que interpretaría los resultados de los dos componentes del estudio.

El propósito de CLARITY-BPA es "estudiar toda la gama de efectos potenciales sobre la salud derivados de la exposición al BPA y proporcionar datos que puedan utilizarse para las decisiones de reglamentación", según el Programa Nacional de Toxicología.

El programa fue diseñado para mostrar "si los estudios de evaluación de seguridad actuales sobre sustancias endocrinas activas protegen la salud o si necesitan ser modificados de alguna manera", dijo John Bucher, científico principal del Programa Nacional de Toxicología.

Patisaul fue uno de los 14 científicos elegidos de facultades y universidades de todo el país para participar. Muchos se habían sentido frustrados al ver que sus investigaciones habían sido descartadas por los organismos reguladores y estaban deseosos de participar en el proceso de regulación a través de la investigación científica. Patisaul esperaba que hacerlo ayudaría a nivelar el campo de juego entre los reguladores y la comunidad de investigación científica.

"Creo que todos estábamos bastante entusiasmados con la colaboración desde el principio, pero el éxito del proyecto realmente depende de si la FDA actúa como un intermediario honesto", dijo.

Disparidad en los comunicados

Pero hasta ahora, las actuaciones de la FDA hasta este punto han causado preocupación en algunos miembros del programa CLARITY-BPA por la intención de la agencia de subestimar la colaboración.

En febrero, la FDA publicó una declaración sobre los resultados preliminares de su parte del estudio que decía: "Nuestra revisión inicial apoya nuestra determinación de que los usos autorizados de BPA siguen siendo seguros para los consumidores".

Muchos grupos, incluyendo la Sociedad Endocrina, una organización médica internacional de más de 18.000 endocrinólogos clínicos e investigadores de las hormonas, advirtieron que la declaración de la FDA era "prematura".

Los hallazgos de la FDA aún no habían pasado por un riguroso proceso de revisión, y varios de los científicos del grupo de investigación CLARITY-BPA aún no habían publicado los hallazgos de su investigación.

La FDA no respondió a las reiteradas solicitudes de comentarios sobre el calendario de los comunicados de prensa.

Creo que todos estábamos bastante entusiasmados con la asociación desde el principio, pero el éxito del proyecto realmente depende de si la FDA actúa como un intermediario honesto”.
Heather Patisaul, Universidad Estatal de Carolina del Norte

" Digámoslo de esta manera: No es una situación óptima", dijo Bucher del Programa Nacional de Toxicología, enfatizando que CLARITY-BPA "es un estudio en curso".

Según la declaración de la FDA, la agencia "continúa concluyendo que el BPA es seguro para los usos actualmente autorizados en envases y embalajes de alimentos", y la nueva investigación "se basa en los ya extensos datos recopilados en la evaluación de la seguridad del BPA realizada por la FDA en 2014", la misma evaluación que pasó por alto una gran cantidad de datos generados por los investigadores.


Siguieron titulares tranquilizadores, incluyendo "Plastic Additive BPA Not Much Of A Threat, Government Study Finds," y "Your Plastic Water Bottle May Be Safe After All." (Su botella de agua de plástico es segura después de todo).

Pero eso no es exactamente lo que mostraron los datos de la agencia.

Las ratas que fueron alimentadas con dosis de BPA que reflejaban los niveles de esta sustancia química encontrada en la mayoría de los cuerpos de los estadounidenses fueron ligeramente más propensas a desarrollar tumores mamarios, quistes renales y cambios en las células de la próstata y la vagina que las ratas que no recibieron exposición al BPA. Las hembras expuestas también eran ligeramente más gordas. Las conclusiones se detallaron en un proyecto de informe, que se presentó antes de un período de comentarios públicos en abril.


La Sociedad Endocrina pidió precaución. "Tenemos importantes preocupaciones con las conclusiones del Informe de Investigación provisional e instamos encarecidamente a la FDA y a otras partes interesadas a que eviten sacar conclusiones con respecto a la seguridad del BPA basadas únicamente en los resultados presentados en el Estudio Central", escribió en una declaración.

Investigadores independientes dicen que los hallazgos preliminares de la FDA son preocupantes.

"Los efectos se solapan con los hallazgos de la literatura académica", dijo Vandenberg. "Estas son cosas que no deberían pasarse por alto."

La investigadora de CLARITY-BPA, Ana Soto, estuvo de acuerdo. Soto, una investigadora sobre el cáncer de la Universidad de Tufts en Boston, ha estudiado los efectos de las sustancias hormonalmente activas en el tejido mamario y el desarrollo de la glándula mamaria durante más de 30 años.

Según Soto, la investigación de la FDA que muestra un aumento significativo en ciertos tipos de tumores mamarios en ratas a las que se les da dosis bajas de BPA es "totalmente consistente" con los cambios en el desarrollo de las glándulas mamarias que ha observado en sus propios estudios sobre BPA a lo largo de los años.

"El cáncer no aparece por milagro. Hay cambios sutiles pero mensurables en el desarrollo de la glándula mamaria que preceden al cáncer", dijo.

Soto y otros expresaron su preocupación por la forma en que el informe interpreta los datos relativos a los tumores mamarios y otros efectos preocupantes en los comentarios públicos presentados al Programa Nacional de Toxicología. Científicos, organizaciones profesionales e incluso una agencia de salud extranjera criticaron el informe por parecer poner en duda la importancia de lo que los científicos de la FDA encontraron, que fue un aumento en los tumores mamarios en ratas expuestas a pequeñas cantidades de BPA.

Una manera de ocultar los descubrimiento, apuntó Soto, fue haciendo comparaciones inapropiadas entre el número de tumores mamarios en las ratas en el grupo de dosis más baja de BPA para el estudio CLARITY-BPA y las ratas en el grupo no expuesto al BPA de un experimento anterior no relacionado que se había realizado alrededor de una década antes. A diferencia de las ratas no expuestas al BPA en el estudio CLARITY-BPA, las ratas no expuestas al BPA en el experimento anterior habían desarrollado muchos tumores mamarios.

Una comparación con un antiguo grupo de control va en contra de la práctica científica común, según Soto. Un grupo de control deberá constituirse simultáneamente y en las mismas condiciones de vida que el grupo de ensayo, con un tratamiento idéntico al de los animales de ensayo en todos los demás aspectos.

La estrategia del regulador de usar controles antiguos "hace que los hallazgos de CLARITY-BPA parezcan menos probables de ser reales, porque los controles históricos también estaban llenos de tumores", aseguró Soto. Esto es, hasta que se considere que los animales no expuestos al BPA en el experimento anterior fueron alojados en jaulas de policarbonato, que tiene como componente al BPA. Es posible que esas ratas también hayan estado expuestas inadvertidamente a pequeñas cantidades de la sustancia química, dijo Soto, un detalle que no se incluyó en el borrador del informe.

La FDA respondió que tales comparaciones no están fuera de lo habitual.

"Los datos de control histórico se usan en estos estudios, y otros estudios realizados con fines regulatorios, como parte de las evidencias consideradas", señaló Marianna Naum, portavoz de la FDA.

Mirando hacia adelante

Un panel de expertos designados por el Programa Nacional de Toxicología está revisando los datos de la FDA para evaluar su solidez científica. En agosto, los investigadores planean publicar los resultados de su parte del estudio. Luego, el Programa Nacional de Toxicología integrará los dos conjuntos de datos - un proceso que podría llevar hasta ocho meses - y presentará sus hallazgos y recomendaciones finales a la FDA.

En última instancia, depende de la FDA decidir qué hacer con esas recomendaciones. Podrían optar por introducir pruebas de toxicidad más sensibles en el marco reglamentario. O podrían no hacer nada en absoluto.

Los expertos dicen que esto último es probable, especialmente mientras que la industria sigue sacando a relucir el largo historial de seguridad de la sustancia química, y el mercado de BPA, que superó los 15.000 millones de dólares en 2015, sigue siendo sólido.

Maffini dijo que la FDA rara vez ha anulado el uso aprobado de un aditivo alimenticio a menos que la industria ya haya abandonado ese uso aprobado; por ejemplo, la FDA prohibió el BPA en vasos para sorber y biberones en 2012, años después de que los fabricantes dejaron de usarlo en esos productos. La única vez que la FDA ha revocado el uso de un producto químico para alimentos fue en 2015, cuando la agencia prohibió las grasas trans después de que nuevos estudios demostraron abrumadoramente que una dieta rica en grasas trans podría conducir a enfermedades cardíacas y la muerte.

A pesar de las probabilidades, Patisaul ve una oportunidad para un debate público más amplio sobre el nivel de protección de la salud que los ciudadanos quieren cuando se trata de alimentos y otros productos de consumo antes del informe final.

"Si nos sentimos cómodos eliminando sólo los ejemplos más flagrantes de toxicidad, entonces nuestro sistema actual funciona bien", dijo. "Pero si queremos adoptar un enfoque más preventivo de la salud pública, tenemos que cambiar la forma en que hemos estado haciendo las cosas."

Este artículo fue elaborado en colaboración con Food & EnvironmentReporting Network, una organización de noticias independiente y sin fines lucrativos.

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