Por Dana Perls, veterana en tecnología de la
alimentación, de Amigos de la Tierra.
Se
ha celebrado en San Francisco la conferencia El futuro de los
alimentos tecnológicos, a la
que asistieron Corporaciones multinacionales de alimentos y productos
químicos para la agricultura, inversionistas de Silicon Valley,
empresas de relaciones públicas, grupos fabricantes de césped
artificial y empresas de biotecnología, para trazar el futuro de
nuestro sistema alimentario. Allí estuvieron empresas desde PepsiCo
a Cargill, o la firma de
relaciones públicas Ketchum, de la que fue cliente Vladimir Putin.
Los expertos en agricultura regenerativa, grupos de consumidores,
grupos a favor de la justicia alimentaria y otros, que tienen mucho
que decir sobre el futuro de nuestro sistema alimentario, estuvieron
ausentes de la lista de participantes.
¿Qué
nos puede deparar ese futuro de alimentos tecnológicos? Según el
sitio web de la conferencia, se trata de “ innovación e inversión
en el proceso que va desde la explotación hasta la mesa”, pero
basándose en una agenda.
Lo que parece es que ese “futuro” hable más bien del camino
desde “el laboratorio a nuestra mesa”.
Es
posible que haya oído hablar de la nueva carne, la
llamada “hamburguesa imposible”; la nueva stevia de Cargill
desarrollada mediante Biología sintética, o la manzana transgénica
propiedad de Intrexon.
Todos
estos productos emplean nuevas
técnicas
experimentales de Ingeniería Genética,
las
cuales plantean muchas dudas a los consumidores,
agricultores
y grupos ecologistas.
Estos nuevos alimentos modificados
genéticamente, que algunos llaman “transgénicos 2.0”, están
entrando con gran rapidez en nuestro sistema alimentario. Las nuevas
técnicas de ingeniería genética implican la utilización de algas
para reemplazar los ingredientes alimentarios procedentes de plantas
y animales, o Ingeniería del ADN para activar o o desactivar genes,
o incluso eliminarlos por completo. Se han podido escuchar
expresiones como “fermentación”, Biología sintética o la
edición de genes, pero todo ello implica técnicas de Ingeniería
genética, aunque raras veces se etiqueten como tales.
Estos nuevos ingredientes transgénicos están
comercializándose antes de que las Agencias de Regulación puedan
ponerse al día mediante una evaluación o supervisión de su
seguridad, incluida la ambiental. Mientras que la mayor parte de los
productos modificados genéticamente de primera generación que
ocuparon los estantes de los supermercados fueron el maíz, la soja y
la colza transgénicos, que están diseñados para soportar tóxicos
herbicidas, los bases de datos de productos biotecnológicos nos
indican que ya son cientos de nuevos ingredientes transgénicos
presentes en el mercado.
Pero antes de que estos nuevos alimentos
tecnológicos inunden los mercados es necesario hacerse algunas
preguntas importantes, ante esta nueva oleada de alimentos
transgénicos.
¿De qué tipos de productos estamos
hablando?
Superficialmente, el objetivo señalado de la
hamburguesa imposible es la de reducir el consumo de carne, lo cual
suena bastante bien. Hay problemas con la cría de animales. Pero en
un momento en el que los consumidores están presionando para
producir unos alimentos de una manera más sostenible, ¿son estos
productos biotecnológicos la respuesta correcta?
Mientras que la hamburguesa imposible ha
recibido mucha publicidad en los medios de comunicación, por estar
fabricada a partir de plantas, los datos concretos de cómo se ha
desarrollado realmente no están nada claros. El ingrediente clave de
la hamburguesa imposible es una hemoproteína producida por una
levadura modificada genéticamente, y de acuerdo con el Washington
Post, es lo que da a la hamburguesa el sabor a carne. Pero
cuando se habla de la hamburguesa imposible no se habla de “sangre
vegetal”, el ingrediente clave de la hamburguesa, de modo que no se
proporcionan datos claros sobre la evaluación de riesgos y el
impacto ambiental. Esto es muy común entre muchas de las nuevas
empresas de Biología sintética.
Mientras que muchos de nosotros y personas de
grupos ecologistas y de bienestar animal, apoyamos la reducción del
consumo de carne, en una época en la que los consumidores exigen
cada vez más transparencia y alimentos “verdaderos”, alejándose
de los productos procesados industrialmente, las alternativas de
consumo de carne ecológica, o elaborada a partir de plantas, pero
sin procesos de modificación genética, conllevan menos riesgos
inherentes y una dirección más acertada.
¿Son seguros estos productos?
Cualquier modificación en los genes puede tener
un impacto no deseado en los organismos, en las especies o los
ecosistemas. Esta es la razón por la cual las evaluaciones de riesgo
son importantes. Aunque se sugieren evaluaciones de riesgos y normas
de regulación, hay muchas lagunas que permiten que muchos alimentos
modificados genéticamente pasen a través de los filtros de las
normas de regulación.
La Organización Mundial de la Salud dice que no
es posible hacer afirmaciones generales sobre la seguridad de los
transgénicos, es algo que se debe determinar caso por caso. Sin
estos estudios, nos encontramos sin bases de apoyo para tomar
decisiones importantes sobre nuestro sistema alimentario.
Las Empresas que introducen en el mercado estos
nuevos transgénicos se autorregulan y piden a los consumidores que
confíen ciegamente en ellos. Pero dada la experiencia con la primera
generación de transgénicos, ¿realmente pueden los consumidores
sentirse seguros y ser dignos de su confianza?
Dada la historia de problemas conocidos y
promesas fallidas que han surgido con los transgénicos de primera
generación, debemos tener cuidado de no introducir en la cadena
alimentaria unos nuevos alimentos modificados genéticamente sin la
debida diligencia en la realización de evaluaciones de riesgo,
independientes y transparentes.
¿Son productos sostenibles?
Del mismo modo que hemos escuchado una y otra
vez las promesas incumplidas por los transgénicos de primera
generación, ahora estamos escuchando afirmaciones similares de los
transgénicos 2.0, sin datos que apoyen esas afirmaciones. TerraVia,
que produce el aceite para cocinar Thrive,
fabricado con algas transgénicas que se desarrollan en recipientes
con materias primas como la caña de azúcar o el maíz transgénico,
asegura que es un producto sostenible.
Pero, ¿dónde están esos datos? ¿Cuál es
impacto ambiental de la materia prima necesaria para alimentar a las
algas transgénicas? ¿Cuál es el impacto general del ciclo de vida
de este producto? ¿Cómo se impide la contaminación con los
ingredientes transgénicos que contiene? Estas son algunas preguntas
que deben ser respondidas de manera transparente antes de que estos
productos puedan considerarse razonablemente sostenibles.
¿Dónde está el etiquetado?
Los inversionistas y las empresas están
entusiasmados por utilizar estas nuevas técnicas de Ingeniería
Genética, pero están haciendo todo lo que pueden para poner una
venda sobre los ojos de los consumidores. Algunos de estos nuevos
productos incluso están mal etiquetados como no transgénicos o como
naturales, a pesar de derivarse de transgénicos y haber sido
desarrollados en laboratorios.
Estas empresas se han olvidado de la
transparencia, centrando su atención en la comercialización de
estos productos. ¿Se dirá a los consumidores que el ingrediente
secreto de la hamburguesa imposible en una proteína obtenida
mediante Ingeniería Genética? Las encuestas dicen una y otra vez
que los consumidores quieren que los productos transgénicos estén
etiquetados como tal en el envase, pero hasta el momento las empresas
que venden estos nuevos productos transgénicos se mantienen en
silencio, incluso sobre la Hamburguesa Imposible. ¿Confiarán los
consumidores en empresas como PepsiCo, que gastaron enormes
cantidades de dinero para evitar que los consumidores supiesen si
estaban comiendo o no alimentos transgénicos? ¿Y las empresas que
promueven la próxima generación de transgénicos aprenderán que no
pueden ocultar la verdad sobre qué productos están dando a la
gente?
¿Pero alguien quiere estos productos?
¿Los consumidores están pidiendo manzanas que
no se pudren o hamburguesas con hemoproteínas elaboradas a partir de
plantas modificadas genéticamente? Los datos de mercado muestran que
los consumidores quien saber de dónde vienen los alimentos y cómo
se producen. Como Beth Kowit escribió en la reviste Fortune en 2015:
“Es bastante simple lo que la gente quiere
ahora: sencillez… menos ingredientes, no más de aquellos que
puedan contabilizar con su cabeza”.
¿Realmente queremos producir nuestros alimentos
con hongos y algas patentados, editados genéticamente, alimentados
con materias primas con gran cantidad de productos químicos y
destructivas para el medio ambiente, como el maíz transgénico o la
caña de azúcar, fabricados en laboratorios? ¿O queremos avanzar
hacia un sistema alimentario basado en la transparencia y una
agricultura ecológica regenerativa, sostenible y saludable para los
agricultores, trabajadores agrícolas, nuestra tierra y los
consumidores?
Según la Organización de las Naciones
Unidas para la Agricultura y la Alimentación, el daño ambiental
causado por la Agricultura Industrial cuesta al mundo unos
3 billones de dólares: erosión de los suelos y agotamiento de
los recursos hídricos, las zonas muertas en los océanos asociadas a
la escorrentía de los fertilizantes sintéticos y la generación de
grandes cantidades de gases de efecto invernadero. En lugar de
invertir en nuevas tecnologías de riesgo que pueden suponer
problemas potenciales disfrazados de soluciones, ¿no se debería
invertir en una agricultura ya probada, beneficiosa, regenerativa y
en alimentos ecológicos obtenidos de forma transparente, que es lo
que los consumidores exigen? Muchas informes elaborados por expertos
han afirmado que los enfoques basados en una agricultura ecológica
son fundamentales para alimentar a todas las personas, ahora y en el
futuro.
¿Cómo queremos que sea nuestra sistema
alimentario en el futuro? ¿No deberíamos tener voz y voto en ello?
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