Las consecuencias de la “escritura fantasma” de Monsanto, cómo
ha influido, y sigue influyendo, en los estudios publicados en las
revistas científicas revisadas por pares
Por Carey Gillam y Nathan Donley, 22 de agosto de 2018
Los consumidores y periodistas de todo el mundo se quedaron atónitos
a principios de este mes cuando Monsanto, después de haber sido
obligada por primera vez a defender la seguridad de su popular
herbicida Roundup, fue declarada responsable del cáncer terminal que
sufre el jardinero de California Dewayne Johnson.
El jurado, por decisión unánime de sus 12 miembros, encontró que
la exposición del Sr. Johnson al herbicida de Monsanto fue un factor
que contribuyó de manera “sustancial” a a su enfermedad y que
había evidencias "claras y convincentes" de que Monsanto
actuó con "malicia u opresión" porque los riesgos eran
evidentes y Monsanto no advirtió de esos conocidos riesgos.
Aparte del inusual testimonio de expertos de ambas partes, el jurado
disponía de correos electrónicos internos de la empresa y planes de
trabajo que indicaban que Monsanto había estado viciando el trabajo
científico al escribir artículos fantasma que afirmaban que el
herbicida era seguro.
A medida que se conoce la decisión del jurado, y miles de
demandantes adicionales ya han presentado demandas similares
esperando el día del juicio en los tribunales, vale la pena tomarse
el tiempo para entender exactamente lo que significa la "escritura
fantasma" de Monsanto, cómo ha influido, y todavía influye, en
el material publicado en las revistas científicas revisadas por
pares.
Veamos este ejemplo:
Cuando la revista científica Critical Reviews in Toxicology (CRT)
publicó en septiembre de 2016 una serie de artículos que revisaban
el potencial carcinogénico del glifosato, el principal ingrediente
del herbicida Roundup de Monsanto, los hallazgos fueron tan
significativos que fueron ampliamente difundidos por los medios de
comunicación de todo el mundo.
Los
artículos, publicados en una edición especial de la CRT
titulada "An Independent Review of the Carcinogenic Potential of
Glyphosate" (Una revisión independiente del potencial
carcinogénico del glifosato), contradicen directamente los
hallazgos de la Agencia Internacional para la Investigación del
Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés) de la Organización
Mundial de la Salud,
que en 2015 encontró que el glifosato es un probable carcinógeno
humano. Los autores de la revisión de 2016 encontraron que el peso
de las pruebas mostraba que era poco probable que el herbicida
representara un riesgo carcinogénico para las personas.
Los resultados fueron decisivos para Monsanto - la empresa se
enfrentaba a las dudas por parte de las Agencias de Regulación
europeas acerca de permitir que el glifosato permaneciera en el
mercado. Además, Monsanto se enfrentaba a un creciente número de
demandas en las que se alegaba que su herbicida causaba que las
personas desarrollaran linfoma no Hodgkin.
Dieciséis científicos de "cuatro paneles independientes"
firmaron el trabajo publicado, declarando a los lectores que sus
conclusiones estaban libres de la intervención de Monsanto.
Subrayando la supuesta independencia de su actuación, en el apartado
de declaraciones de interés se afirma: "Ni los empleados de
la compañía Monsanto ni los abogados revisaron los manuscritos del
Panel de Expertos antes de enviarlos a la revista."
Desde entonces se ha hecho evidente que estos documentos eran todo
menos independientes. Los documentos internos de Monsanto, forzados a
salir a la luz pública a través de pleitos, muestran que los
documentos fueron conceptualizados desde el principio como una
estrategia fraudulenta por parte de Monsanto. Uno de los principales
científicos de Monsanto no sólo revisó los manuscritos, sino que
también participó en su redacción y edición. Los trabajos
terminados tenían como objetivo directo desacreditar la
clasificación de la IARC.
En un correo electrónico interno, el jefe de políticas regulatorias
de Monsanto, William Heydens, dijo al organizador del panel: "He
repasado todo el documento e indicado lo que creo que debería
quedar, lo que puede quedar, y en un par de lugares hice algunos
cambios".
Los documentos internos muestran que Heydens incluso discutió sobre
algunas expresiones que quería que se incluyeran, pero que el autor
John Acquavella consideró críticas " provocativas" y "
no necesarias " contra la IARC. Los documentos preliminares
muestran que las correcciones de Heydens contradecían las
correcciones de Acquavella, aunque se suponía que Heydens ni
siquiera había revisado los documentos. Heydens fue tan lejos como
para decir: "Ignoraría el comentario de John" y "No
veo razón para borrar el texto que John escribió abajo."
Otras revisiones muestran a Heydens intentando controlar el tono del
manuscrito, diciendo: "La expresión eliminada a continuación
no tiene nada que ver con la crítica de la IARC y debería volver a
incluirse, John sobrepasó los límites aquí" y "Puedo
aceptar que se elimine el texto de abajo, asumiendo que el texto de
la exposición de arriba... se añada de nuevo". También
argumentó a favor de volver a poner una frase eliminada porque daba
"claridad sobre el enfoque de la IARC". "Esto no es
provocativo, es descriptivo", escribió.
La importancia de los artículos para Monsanto como una herramienta
para contrarrestar la clasificación de la IARC del glifosato como un
probable carcinógeno fue presentada en un documento confidencial
fechado el 11 de mayo de 2015, en el que se nombran varios de los
científicos que podrían ser utilizados como autores para dar
credibilidad a los artículos. Los documentos internos hablan de
estrategias de "escritura fantasma" destinadas a utilizar a
científicos no relacionados con la empresa como autores para dar
credibilidad a los hallazgos.
Cuando ofreció su testimonio bajo juramento, Heydens reconoció que
los manuscritos le fueron enviados y leyó "partes de algunos
de ellos" antes de enviarlos a la revista. Dijo que no
recordaba si había hecho o no las 28 correcciones que los abogados
de los demandantes contaban en los registros internos.
Todo esto estaba entre las pruebas presentadas a los jurados en el
Tribunal Superior de San Francisco al considerar las afirmaciones de
Johnson. Pero las evidencias de la escritura fantasma y la mala
conducta tienen implicaciones mucho más amplias que una demanda.
No se ha tomado ninguna medida
¿Cuántos artículos fantasma (es decir, escritos por unos y
firmados por otros) que declaran la seguridad de los pesticidas están
ensuciando la literatura científica? Y dadas las pruebas de mala
conducta en este caso, ¿por qué se siguen publicando estos
documentos? ¿Por qué no ha habido ninguna retractación, ninguna
aclaración, ninguna corrección a la revelación obviamente
engañosa?
En agosto pasado, después de que los documentos recibieron la
atención de los medios de comunicación, el editor de la CRT, Roger
McClellan, dijo que las "acusaciones serias" merecían una
"investigación cuidadosa", y que él y el editor de la
CRT, Taylor & Francis, tomarían "las medidas apropiadas".
Poco después, el Centro para la Diversidad Biológica y otras tres
organizaciones nacionales de salud ambiental enviaron una carta a la
CRT y a Taylor & Francis detallando la mala conducta ética y
pidiendo formalmente una retractación. Ha pasado más de un año
desde que se inició esta investigación y, a pesar de las múltiples
solicitudes de seguimiento por parte de las organizaciones, no se ha
tomado ninguna medida.
Con la propia política de Taylor & Francis de emitir una
retractación por mala conducta "cuando ha habido una
infracción de la ética de la publicación", el caso de
retractación no podría ser más claro.
Las huellas dactilares de Monsanto se encuentran en toda esta
revisión "independiente", tal como se establece en los
propios documentos internos de Monsanto.
Taylor & Francis debe determinar los estándares a los que está
dispuesta a someter a los científicos que publican en sus revistas,
si no es por la reputación de las propias revistas, es por el bien
de la integridad científica y el derecho del público a la verdad.
Carey Gillam es periodista y autora, e investigadora de interés
público de US Right to Know, un
grupo de investigación sin fines de lucro de la industria
alimentaria.
Nathan Donley, Ph.D, es un ex investigador sobre el cáncer
que ahora trabaja como científico principal en el programa de salud
ambiental del Centro
para la Diversidad Biológica.
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