Por
Claire Robinson, 14 de enero de 2020
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| Imagen: genteditalia.org |
El
periodista y activista medioambiental George Monbiot ha provocado una
fuerte controversia al predecir que la agricultura tal y como la
conocemos hoy en día tiene sus días contados en favor de unos
alimentos procesados en laboratorios. Y señala que esto, en gran
medida, es bueno, porque la actual agricultura industrial es
responsable de muchos de los problemas a los que nos enfrentamos:
cambio climático, uso
excesivo de agua, contaminación por pesticidas, erosión del suelo y
la desaparición de los insectos (insectagedón).
Todo
esto lo expuso en un artículo publicado en The Guardian: “Los
alimentos procesados en laboratorios pronto harán desaparecer la
agricultura – y salvarán el planeta
- “. También
se emitió un documental en el Canal 4 de la televisión del Reino
Unido con el título de “La
vaca del apocalipsis: cómo la carne destruyó al planeta”.
Respetamos
y admiramos el trabajo de George Monbiot por su incansable esfuerzo
en destacar los problemas ambientales y en mostrar la corrupción en
las estructuras de poder, incluyendo la corrupción en la ciencia.
Hemos cooperado con él en varios trabajos de investigación, en los
que hemos intentado hacer las cosas bien. Pero creemos que está
equivocado en su última propuesta, y la razones las exponemos a
continuación.
Los
argumentos de Monbiot
Los
argumentos clave de Monbiot se pueden resumir en estas palabras:
“Estamos en un momento crítico de la mayor transformación
económica de los últimos 200 años. Mientras las discusiones sobre
una alimentación a base de plantas o a base de carne son intensas,
la verdad es que las nuevas tecnologías harán que esta discusión
sea irrelevante. Dentro de poco, la mayoría de nuestros alimentos no
provendrán ni de las plantas ni de los animales, sino de la vida
unicelular. Después de alimentar durante 12.000 años a la
humanidad, es probable que la agricultura, excepto la producción de
frutas y verduras, sea reemplazada por la fermentación:
microorganismos obtenidos mediante fermentación. Esto implica
multiplicar los centros de producción de microorganismos para la
producción de determinados productos. Sé que tal perspectiva les
puede horrorizar, que sólo ven inconvenientes, pero es una
tecnología que llega en el momento oportuno”.
Esta
revolución alimentaria que propone Monbiot requerirá de la
utilización de bacterias modificadas genéticamente, que son las que
“producirán las proteínas específicas de la carne, la leche y
los huevos, todo ello procesado en un laboratorio”. Monbiot cree
que estas tecnologías no podrán sustituir a las verduras y frutas,
pero sí fabricarán la carne, los productos lácteos, aceites y
ácidos grasos de cadena larga.
En
su documental, Monbiot visita una fábrica finlandesa, Solar Foods,
en la que usando un biorreactor fabrican una sustancia parecida a la
harina, dicen que un alimento muy rico en proteínas. El biorreactor
utiliza como fuente de energía el hidrógeno obtenido del agua.
Monbiot lo utiliza para hacer un bizcocho con la harina. Se lo come y
dice que sabe “igual que un bizcocho”. La
iniciativa de Solar Food ha dado lugar a un titular en la BBC News
que afirma que
Los alimentos “hechos de aire” podrían competir con la soja.
Comparando
este proceso con el de cultivo de plantas en el campo, Monbiot dice:
“El camino iniciado por Solar Food al utilizar el hidrógeno es
aproximadamente 10 veces más eficiente que la fotosíntesis. Pero
como sólo se utiliza una parte de la planta, la harina obtenida del
proceso bacteriano multiplica en varias veces más su eficiencia, ya
que no se desperdicia nada. Y debido a que se elabora en grandes
cubas, la empresa calcula que la eficiencia es de unas 20.000 veces
mayor. De este modo,
todo la población humana podría ser alimentada, sólo utilizando
una pequeña porción de suelo. Y como el hidrógeno utilizado en el
proceso, según dice la empresa, se obtiene por electrolisis
utilizando energía solar, los mejores lugares para construir estas
plantas serían los desiertos”.
Y
Monbiot concluye: “Los
alimentos obtenidos sin el cultivo agrícola nos permitirán devolver
amplias zonas de tierra y mar, la reforestación y la reducción del
carbono… Los alimentos sin cultivo son una esperanza donde antes no
la había. Pronto podremos alimentar al mundo sin destruirlo”.
Contraargumentos
Estas
ideas expuestas por Monbiot han sido objeto de una fuerte
controversia, y expondremos a continuación algunos contraargumentos,
aunque recomendamos que se lean los artículos en su totalidad, ya
que son muy amplios y recogen multitud de cuestiones.
Conferencia
Real Farming de Oxford
Monbiot
participó a principios de enero en la conferencia Real Farming de
Oxford, en la que reiteró la desaparición de la agricultura. Lo
esencial del debate ha sido resumido por Food
Navigator.
Monbiot
fue abucheado por algunos asistentes, entre los que se encontraban
muchos agricultores que persiguen gestionar sus tierras y sus
explotaciones ganaderas de una forma sostenible. También se vio
cuestionado por otros miembros allí presentes, aunque expresaron su
profundo respeto hacia él como persona y como defensor del medio
ambiente. Entre ellos, Patrick Holden y Richard Young de Sustainable
Food Trust, que creen que la carne que procede de animales
alimentados con pasto constituyen la parte esencial de un sistema
alimentario sostenible, y Joanna Blythman, escritora y locutora de
radio.
Young
calificó a la carne procesado en un laboratorio como “el oro de
los tontos”, agregando que “lo último que necesitamos son más
alimentos procesados”. También discrepó de los datos aportados
por Monbiot, presentando varias diapositivas con cifras que no
coincidían con las de aquél.
Citando
ejemplos del
árbol de jaca y la flor de plátano como sustitutos vegetales
“poco convincentes” de la carne, Joanna Blytmann dijo: “Realmente
siento que estamos perdiendo el norte con importaciones exóticas y
las hamburguesas de falsa carne obtenidas mediante modificación
genética, algo soñado por los capitalistas de Silicon Valley, y que
esto se presente como más aceptable que una chuleta de cordero
procedente de las verdes colinas de Gran Bretaña”.
Sobre
las nuevas tecnologías promovidas por Monbiot, dijo: “Tienen
muchos problemas… La doctrina de la inevitabilidad de la alta
tecnología es pura propaganda. Debemos verlo como lo que es:
aquellos que predicen el futuro lo que intentan es hacerse dueños de
ese futuro”.
¿Tecnooptimismo
desbocado?
Un
artículo anónimo aparecido en el blog Regenetarianism, titulado “El
tecnooptimismo desbocado: el último delirio de George Monbiot”,
llama la atención sobre el “elefante” de esta visión sobre el
futuro de nuestra alimentación: el hecho de que los biorreactores
requieren de grandes cantidades de recursos y de energía. El
artículo comienza así: “En
el escenario tecnooptimisma de George Monbiot… las proteínas y los
carbohidratos se obtienen mediante la fermentación en tanques de
elaboración de cerveza, que requieren de una amplia infraestructura:
agua azul (agua
de ríos,
lagos y
acuíferos)
y energía. Estas proteínas y carbohidratos (además de algunos
minerales adicionales, antibióticos y factores de crecimiento) se
utilizarán en lugar de los aminoácidos y carbohidratos obtenidos de
los cultivos industriales (soja, maíz, etc) para alimentar
microorganismos que se desarrollan en biorreactores que también
requieren de mucha agua azul, energía y una amplia infraestructura,
y
los biorreactores deberán estar acondicionados en lugares estériles,
fabricados de hormigón y acero, con las consiguientes emisiones de
CO2 y sus requerimientos de energía. Toda esta infraestructura
energética también precisará de muchas materias primas y de
energía para su construcción”.
“Así
que lo primero que habría que hacer sería un análisis del ciclo de
vida de este arreglo técnico en lo que se refiere al uso de energía
y de agua, y luego comparar este ciclo de vida con otro en el que se
utilicen energías renovables en explotaciones ganaderas de animales
alimentados con pastos regados con aguas verdes, y de donde se
obtienen carne, cuero y otros subproductos. ¿Ha
realizado Monbiot tal comparación de los ciclos de vida en uno y
otro caso? Realizar tamaño arreglo técnico a escala es muy
diferente de una pequeña prueba en una placa de Petri”.
Se
necesitan grandes cantidades de energía y de nutrientes
El
artículo del blog Regenetarianism es algo agresivo en su tono, lo
cual nos disgusta, pero no podemos olvidar los hechos que se
presentan en el artículo, incluyendo ese análisis del ciclo de vida
de las sustancias procesadas en el laboratorio y las dificultades
para llevar desarrollar la tecnología necesaria.
Estos
puntos de vista están en sintonía con los comentarios del genetista
molecular el Dr. Michael Antoniou, y que han aparecido en GMWatch. El
Dr. Antoniou está familiarizado con la tecnología de los
biorreactores debido a su trabajo como investigador médico en la
obtención de proteínas terapéuticas en grandes cubas de
fermentación.
El
Dr. Antoniou dice que los biorreactores que necesitaríamos, del
orden de unos 20.000 litros o más, requeriría de grandes cantidades
de materiales y de energía para hacerlos funcionar, en contra de esa
afirmación de Solar Foods de que surge el “alimento de la nada”,
y la electrólisis
del agua para la obtención de hidrógeno también requiere
de mucha energía.
Los
grandes biorreactores requerirían de grandes cantidades de
nutrientes y otras sustancias para que sirviesen como caldo de
cultivo para los microorganismos que producirían las proteínas
deseadas. El cultivo de células musculares para la producción de
carne sintética requiere también de grandes cantidades de energía
y otros productos: minerales, vitaminas, aminoácidos, glucosa y
factores de crecimiento, como se enumera en el informe de Good Food
Institute, una organización
sin ánimo de lucro, que
promueve la obtención de carne a partir de células [1]. Muchos
de estos ingredientes, especialmente los factores de crecimiento,
necesitan a su vez ser obtenidos a partir de bacterias o células
modificadas genéticamente en otros biorreactores. Se necesita una
amplia infraestructura para implantar la cadena de suministro, de tal
modo que permita que un biorreactor sea alimentado por otros, así
como transportar las materias primas y eliminar los residuos.
Mientras
que algunos de los componentes del medio de cultivo son baratos de
adquirir o de fabricar, otros son extremadamente caros, como los
factores de crecimiento, necesarios para que las
células se multipliquen. Por ejemplo, Good Food Institute ha
estimado que el coste de los factores de crecimiento, tales como la
insulina y la transferrina, costarían del orden de 131.920 dólares
y 85.600 dólares respectivamente, para la producción de un solo
lote en un biorreactor de 20.000 litros [1]. Los costes de los
factores de crecimiento FGF-2 y TGF-β
son
incluso más altos: 4 millones de dólares y 3,2 millones de dólares.
Y recuerde, eso sólo para la producción de un lote.
Los
biorreactores son estructuras muy complejas con varios kilómetros de
tuberías. Los materiales para fabricar estos biorreactores para
“alimentar al mundo” tendrían que ser extraídos del suelo, con
el consiguiente impacto en los suelos de donde se obtienen.
Cuando
los biorreactores estén en funcionamiento necesitarían de un
mantenimiento y un suministro constante de energía. También surge
el problema de los residuos una vez que ha sido producido un lote,
siendo necesarios desinfectantes tóxicos antes de su eliminación.
Además, entre la producción de un lote y el siguiente, todo el
sistema debe ser desinfectado y los residuos resultantes también
deben ser eliminados. Por lo tanto, los biorreactores tienen un
potencial alto de contaminación. Además los propios biorreactores
no son inmunes a la contaminación, y aunque sea algo relativamente
raro, de ocurrir provocaría el cierre de las instalaciones durante
meses.
Se
necesitarían líneas celulares inmortalizadas
El
Dr. Antoniou añade que los postulantes de la obtención de carne
sintética mediante el cultivo de células musculares también se
enfrentan a una importante limitación biológica: las células
musculares, por ejemplo del ganado vacuno, tienen una capacidad
limitada de crecimiento en los cultivos, es decir, crecen durante un
tiempo pero luego envejecen y mueren, tal y como lo harían los
animales de los cuales se han obtenido las células. Así que parece
improbable que las células musculares normales aisladas del animal
tengan la capacidad tal de crecimiento que puedan llenar un
biorreactor de 20.000 libros, a menos que se hayan obtenido grandes
cantidades de células de un gran número de animales, lo cual es
poco práctico.
Por
lo tanto, la
afirmación de la Universidad de Maastricht, Holanda, de que las
células de una sola vaca podrían llegar a producir 175 millones de
hamburguesas de carne de 110 gramos, mientras que se necesitarían
440.000 vacas para obtener la misma cantidad de carne, creemos que es
algo ingenua.
Para
tratar de salvar estas limitaciones, los valedores de la carne
cultivada en un laboratorio se ven obligados a considerar el uso de
líneas celulares inmortalizadas mediante ingeniería genética, lo
cual conlleva un problema de seguridad al haberse introducido en
estas células genes reguladores del crecimiento, algo que puede ser
cancerígeno. Esto supone un riesgo para su consumo, ya que la
ingestión de carne sintética que contiene grandes cantidades de
oncogenes cancerígenos genera reticencia en cuanto a su posible
seguridad. Será interesante ver cómo responden las agencias de
regulación ante las solicitudes de la industria para que se apruebe
el uso de líneas celulares inmortalizadas para la producción de
alimentos. De aplicarse las normas de seguridad que actualmente están
en vigor, dichas solicitudes debieran ser rechazadas.
Los
biorreactores también necesitan de un personal muy cualificado para
su funcionamiento. Y en cuanto a la cuestión de que se preserva la
tierra, lo cierto es que un gran número de biorreactores
necesitarían grandes extensión de suelo. Y si por algún milagro en
este mundo distópico algunas tierras “se salvasen”, entonces
¿qué pasaría con ellas? ¿Se ajustará a los deseos de Monbiot?
¿Quién compensará a los propietarios de las tierras por los
ingresos que dejen de percibir al no cultivarlas? ¿O los
propietarios conservarán su derecho a decidir sobre el uso que se
dará a sus tierras? Quizás decidan venderlas para su uso como suelo
urbano y otro tipo de desarrollo, lo que les reportaría mayores
beneficios que los deseos de Monbiot.
Los
costes reales no han sido evaluados
El
informe de Good Food Institute acaba diciendo con notable optimismo
que “es probable que la carne obtenida a partir de cultivos
celulares sea, en última instancia, competitiva en cuanto a coste en
comparación con la carne convencional”. Pero en el informe, ya se
dice, no se tiene en cuenta el coste de la mano de obra, de la
energía y de los costes necesarios para la construcción de las
instalaciones. En otras palabras, no se han evaluado los costes
reales y probablemente fuesen tales que resultarían prohibitivos a
gran escala.
Consolidación
de las corporaciones
La
experta en permacultura y una crítica del capitalismo, Rebecca
Ellis, también cree que Monbiot echa a andar por un camino
equivocado, desde el punto de vista de lo que supondría de control
por parte de las corporaciones del suministro de alimentos. Dice:
“Los alimentos procesados en un laboratorio de alta tecnología y
respaldados por un capital representaría una consolidación del
sistema alimentario capitalista industrial y un movimiento que
favorecería una mayor consolidación del poder en manos de las
corporaciones. Monbiot dice que se trata de un riesgo y por ello
aboga por una descentralización de este nuevo sistema de obtención
de alimentos. Sin embargo, en el mundo en el que vivimos no es esto
lo que estamos viendo, y tampoco parece muy factible dado que la
obtención de alimentos en laboratorios requiere de grandes
inversiones de capital. Los alimentos serían producidos en una
especie de híbridos entre fábricas y laboratorios, de grandes
dimensiones para poder alimentar entre 7 y 9 mil millones de
personas, y necesitando amplios recursos.
Esta
industria en ciernes estaría apoyada por capitalistas y por otros
tecnooptimistas, que creen que el capitalismo y la alta tecnología
salvará a la humanidad y a la tierra. Sin embargo, nosotros, que
criticamos el capitalismo, sabemos que el sistema se basa en la
acumulación de riqueza en beneficio de unos pocos, no en la
alimentación de la gente y la regeneración del suelo. De hecho,
actualmente se producen alimentos más que suficiente para toda la
población mundial. La gente pasa hambre y se enfrenta a la
desnutrición, no por la falta de alimentos, sino por la crueldad del
sistema capitalista (para una crítica del sistema alimentario
capitalista industrial, véase el trabajo del Dr. Tony Weis)”.
La
ilusión ecomodernista
Una
crítica a la posición de Monbiot la ofrece Chris Smaje, científico
social y pequeño agricultor, que dice: “Invocar por abandonar la
agricultura es algo que históricamente no ha terminado bien para los
que han dejado de ser agricultores, y lo cierto es que hay más
agricultores que cualquier otra ocupación en el mundo. Y por otro
lado, hacer de la gente meros espectadores del mundo natural es poco
probable que esto sea un favor que se haga tanto a la gente como al
mundo natural. El plan de Monbiot es contraproducente”.
El
punto principal de la crítica de Smaje es el saber “por qué
Monbiot ha llegado donde ha llegado”. Con este objetivo en mente
ofrece una “guía de observadores de la naturaleza para
ecomodernistas”, un grupo de tecnófilos a los que parece que
Monbiot se ha unido en su última deriva hacia la producción de
alimentos sin suelo. Smaje califica a Monbiot de ecomodernista que ha
“mirado al futuro y ha entrado en pánico”. “Ha pasado mucho
tiempo advirtiéndonos de que el lobo está al otro lado de la
puerta, pero sólo para descubrir que no hacemos caso de sus
profecías sino que encima damos la bienvenida al lobo y lo
instalamos en la Casa Blanca o en el número 10 de Downing Street”.
Ahora parece haber renunciado a las profecías y a la política y se
aferra desesperadamente a cualquier cosa que piensa pueda salvarnos
de la hecatombe: energía nuclear, alimentos procesados en
laboratorio o lo que sea.
Smaje
no cree que este cambio funcione porque después de la “salvación
ecomodernista” no hay un plan de cómo construir una economía
resistente y ecológica. Por el contrario, Smaje cree que sólo hay
dos cosas que podrían salvarnos, dos de los oficios más antiguos de
la humanidad: la agricultura y la política.
¿Reconectarse
con la naturaleza rompiendo la conexión con ella?
GMWatch
comparte muchas de las críticas expresadas hasta ahora, pero nos
gustaría también añadir las nuestras propias.
Chris
Smaje acierta en algo de lo que deberíamos ser conscientes: a medida
que la crisis climática y ecológica empeoran y los gobiernos siguen
sin tomar medidas contundentes, el atractivo de soluciones simplistas
va a ser cada vez mayor en medio de la creciente sensación de
desesperación. Y pueden estar seguros de que muchas
corporaciones, capitalistas y científicos emprendedores estarán
listos para explotar la situación.
Los
arreglos tecnológicos que propone Monbiot se caracterizan por una
visión salvajemente romántica de la tecnología, como algo mágico
que es capaz de resolver los complejos y difíciles problemas a los
que nos enfrentamos. Y lo que es peor, sirven como una
distracción del duro trabajo que hay que hacer para sanar nuestra
relación con la tierra en la que vivimos.
Esta
relación viene marcada en gran medida por el abuso y la violencia, y
la única forma de sanar esta dañada relación es considerar de
forma colectiva lo que hemos hecho y volver sobre nuestros pasos
hacia algo mucho más simple, más honesto y más responsable con la
tierra. Pero esto es algo que es difícil que ocurra mientras nos
distraigamos con arreglos técnicos supuestamente mágicos.
Esto
de salvar la tierra por medio de alimentos producidos sin suelo no es
mejor que esas ideas (en las que incluso cayó el propio Stephen
Hawking) de colonizar otros planetas para salvarnos de la destrucción
a la que estamos avocando nuestro hogar.
Sacarnos
de este lío al que hemos llegado no se hace enfocando nuestra
atención en un mundo con biorreactores, lo cual sólo nos llevaría
a recrear los viejos problemas relacionados con la producción de
alimentos: grandes cantidades de recursos y materiales, contaminación
y la consolidación de las corporaciones, y la corrupción en busca
de cada vez mayores beneficios.
Pero
además hay otro serio problema. Debido a la nueva dieta compuesta
por sustancias similares a los alimentos procesados, gran parte de la
población alimentada con lo obtenido en los biorreactores, podría
enfermar, y se tardaría años en desentrañar las causas de esas
enfermedades. Pero puede que fuera casi imposible salir de esa
construcción distópica que hubiéramos construido.
Todos
sabemos lo que hay que hacer para reparar el daño que hemos hecho,
lo cual no puede implicar darle la espalda a la tierra que nos
alimenta. Tenemos que mirar a nuestra víctima a los ojos, dejar de
infligirle daño y empezar a hacer cosas que la regeneren. Es algo
simple, aunque ahora mismo estemos muy lejos de ello.
Notas:
[1]
Liz Spetcht, “Un análisis de los costes de los medios de cultivo y
los volúmenes de producción de carne a partir de células”. The
Good Food Institute, 13 de febrero de 2019. Table
1. https://www.gfi.org/files/sci-tech/clean-meat-production-volume-and-medium-cost.pdf
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