Ir al contenido principal

Manual para envenenar el mundo


Sobre el declive de las abejas y otros insectos

Por Lee Fang, 18 de enero de 2020

En septiembre del año 2009 más de 3000 apicultores de todo el mundo se dieron cita en la ciudad del sur de Francia Montpellier para asistir a la asamblea general de Apimondia (Federación Internacional de Asociaciones de Apicultura), donde se dieron conferencias, se hicieron demostraciones y se vendió miel. Pero unos negros nubarrones se cernían sobre tal evento: el colapso de las colonias de abejas en todo el mundo; miles de millones de abejas estaban muriendo.

Ha habido otros momentos en los que también se ha observado una disminución del número de abejas, pero tal daño, repentino y anormalmente alto no se había visto con anterioridad, de modo que incluso el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos había encargado un estudio a dos conocidos entomólogos, Dennis vanEngelsdorp, inspector jefe de apicultura en Pensilvania, y Jeffrey Pettis, que trabajaba como científico para el gobierno. Llegaron a la conclusión de que debía haber una causa subyacente que debilitase el sistema inmunológico de las abejas.

En Le Corum, un centro de conferencias y teatro de la ópera, los dos científicos presentaron sus hallazgos: habían alimentado a las abejas con pequeñas cantidades de neonicotinoides, una clase de insecticidas muy utilizados en todo el mundo. Los neonicotinoides están destinados, claro, a acabar con los insectos, pero se comercializan como seguros para aquellos otros insectos que no están en la diana de dichos insecticidas. vanEngelsdorp y Pettis encontraron que incluso en dosis no letales las abejas se hicieron más vulnerables a las infecciones por hongos. A menudo las abejas que sufren una infección abandonan la colmena como una forma para proteger al resto del contagio.

Expusimos a varias colonias a niveles muy bajos de neonicotinoides y luego introdujimos en esas mismas colonias un patógeno intestinal, unos microorganismos del género Nosema y observamos un aumento, incluso a niveles muy bajos de insecticidas, de los niveles de nosemiasis, una respuesta directa a la ingestión de los neonicotinoides”, dijo Pettis en el documental de Mark Daniels “La extraña desaparición de las abejas”, proyectado en la conferencia de Apimondia.

Las dosis de insecticida eran tan minúsculas, dijo vanEngelsdorp, que “estaban por debajo de los límites de detección”. Sabíamos que las abejas habían estado expuestas a los neonicotinoides porque fuimos nosotros mismos los que se las proporcionamos.

La salud de las abejas depende de múltiples factores los cuales actúan de forma sinérgica, y que como científicos tuvieron en cuenta. Pero en este estudio, dice Pettis, pudimos aislar “un insecticida y un patógeno y ver claramente la interacción”.

Cada vez había más evidencias. Poco después de que vanEngelsdorp y Pettis anunciaran sus conclusiones, otros investigadores franceses realizaron un estudio idéntico, alimentando a las abejas con pequeñas cantidades del mismo insecticida, junto con un grupo de control. Este estudio llegó al mismo punto al que habían llegado los dos investigadores norteamericanos.

Las pulverizaciones de neonicotinoides en los cultivos produjeron muertes masivas de abejas en el norte de Italia y en la región Baden-Württemberg de Alemania. Los estudios han demostrado que los neonicotinoides desorientaban a las abejas y las impedín encontrar alimentos, las debilitaron y se volvieron más propensas a ser infectadas por parásitos, como los ácaros.

En 2013 la Unión Europea solicitó una moratoria de los neonicotinoides por el peligro que suponían para las abejas, aprobándose su prohibición permanente en el año 2018.

Sin embargo en los Estados Unidos la industria presentó batalla desacreditando las investigaciones y presentando a las empresas que fabrican estos insecticidas como una solución al problema. Los documentos de los grupos de presión y los correos electrónicos, muchos de los cuales se han obtenido a través de la ley de libertad de información, muestran unos complejos esfuerzos durante los últimos diez años para obstaculizar cualquier impedimento en el uso de los insecticidas neonicotinoides. Bayer y Syngenta, los mayores fabricantes de neonicotinoides, han estrechado lazos con investigadores, incluyendo a vanEngelsdorp, y otros científicos que han denunciado el peligro que representan estos insecticidas.

Las empresas también se dirigieron hacia los apicultores y las agencias de regulación, se esmeraron en dar una buena imagen ante la opinión pública. Estas empresas se lanzaron a crear nuevos lazos, erigir fundaciones, hacer donaciones, todo ello con la pretensión de desviar la atención de que el declive de los polinizadores fuese responsabilidad de sus insecticidas.

Presentar a la industria como promotora activa en favor de las abejas y avanzar en mejoras en las prácticas de gestión que destaquen la seguridad de las abejas”, se decía en un informe interno de CropLife America, el grupo de presión de las mayores empresas de plaguicidas de Estados Unidos, entre las que se encuentran Bayer y Syngenta. El objetivo de su proyecto en torno al bienestar de las abejas era el de asegurar que las empresas mantuvieran en el mercado los insecticidas neonicotinoides y otros plaguicidas sistémicos.

El informe de planificación, dirigido en parte por John Abbot, Jefe de Regulación y Administración de Syngenta, diseña una serie de estrategias para promover los intereses de la industria de los plaguicidas, como por ejemplo: “Que la EPA (Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos) explique el tamaño y la amplitud de su programa de pruebas en los insectos polinizadores”; “anticiparse a las posibles preguntas que en los medios de comunicación se hagan sobre los polinizadores”; “minimizar la asociación negativa entre los productos de protección de los cultivos y los efectos sobre los polinizadores”. Este documento, que tiene fecha de junio de 2014, realiza un llamamiento para “llegar a los investigadores que pueden actuar como validadores independientes”.

Las empresas que fabrican herbicidas, fungicidas, insecticidas… han empleado una amplia variedad de estrategias para lavar su imagen.

El corazón de América” una serie de la televisión pública de los Estados Unidos (PBS), suscrita por CropLife America, en un capítulo de 2013 presentaba la disminución de los polinizadores como un misterio, sin mencionar los insecticidas y el presentador dijo que “los expertos no están seguros de por qué” las abejas y las mariposas están desapareciendo.

En un capítulo del año 2015 ya se mencionan los insecticidas como posibles factores del colapso de las abejas. Una representante del “North American Bee Care Program”, Becky Langer, apareció en el programa para hablar de las “insólitas plagas que pueden afectar a las abejas”. En el citado programa no se menciona que Langer sea portavoz de Bayer, recalcando las consecuencias de la controversia en torno a las abejas.

Michael Sanford, que produce “El corazón de América”, dirigió un correo a The Intercept en el que decía que “de acuerdo con las estrictas normas editoriales de la PBS y con las nuestras” los patrocinadores del programa no influyen en la línea editorial del mismo.

La publicidad de Bayer, diseñada para presentar a la empresa como líder en la protección de la salud de las abejas, elaboró un espectáculo que recorrió distintos lugares del país y en el que Bayer entregaba en una ceremonia grandes cheques a apicultores y estudiantes del lugar visitado. La empresa tiene una página web de gran calidad en la que se promociona la salud de las abejas y señala que patrocina a varias asociaciones de apicultores. También ha financiado una serie de anuncios en los que presenta a personas temerosas de que los insecticidas dañen a otros insectos distintos a los que va dirigido el producto como trastornados teóricos de la conspiración.

La publicidad de Bayer está diseñada para presentar a la empresa como líder en la protección de la salud de las abejas”

Las abejas melíferas han captado casi toda la atención de los peligros de los insecticidas neonicotinoides, pero no se trata de la única especie en peligro a causa de este producto químico. Otras formas de amenaza han quedado relegadas.

El personal de relaciones públicas de CropLife America ha compilado una lista de términos para incluir en los resultados de los motores de búsqueda y en la que se incluyen palabras como “neonicotinoides”, “polinizadores” y “neónicos”. Una empresa consultora, Paradigm Communications, subsidiaria del gigante de las relaciones públicas Porter Novelli, ha ayudado también en este esfuerzo para cambiar la forma en que los pesticidas son presentados en los resultados de los motores de búsqueda.

Una diapositiva preparada por Paradigm Communications muestra los empeños para que los resultados de búsqueda de Google no relacione el colapso de las abejas con los insecticidas neonicotinoides.

Pero el mayor impacto de relaciones públicas ha consistido en la reformulación del debate sobre la disminución de las abejas para concentrar la atención únicamente en la amenaza del ácaro Varroa, un parásito nativo de Asia que empezó a propagarse por los Estados Unidos en la década de 1980. Se sabe que este ácaro infesta rápidamente las colmenas de abejas y es portador de una serie de enfermedades infecciosas.

CropLife America, entre otros grupos respaldados por las empresas fabricantes de pesticidas, ha financiado la investigación sobre el ácaro en un intento de enturbiar la discusión en torno a la peligrosidad de los pesticidas. Otras investigaciones van en otra dirección: los neonicotinoides hacen de las abejas mucho más susceptibles a las infestaciones por ácaros y a las enfermedades que conllevan.

Bayer incluso ha construido una escultura del ácaro Barroa que aparece en su “Bee Care Center” de Carolina del Norte y en su centro de investigación de Alemania, exagerando así el papel de estos parásitos en el colapso de los polinizadores.

Esta campaña ha tenido tanto éxito que ha conseguido que se mantenga el mismo nivel de ventas de estos insecticidas neonicotinoides tanto en la agricultura como en los jardines de los hogares. El resultado: un mundo inundado de insecticidas y enormes ganancias para empresas como Syngenta y Bayer, siendo ahora Monsanto una filial suya.

Son millones de litros de productos químicos los que se aplican anualmente a 140 cultivos comerciales. En los Estados Unidos, casi todos los campos de maíz y los dos tercios de los de soja utilizan semillas recubiertas de neonicotinoides. Este producto químico se encuentra en los suelos de un lado a otro del país, en las vías fluviales y en el agua potable. Los insecticidas neonicotinoides son solubles en agua y se ha detectado en el río American de California, en el río Waveney de Inglaterra, en el agua del grifo de Iowa y en cientos de otros arroyos y ríos de todo el mundo. El año pasado en Brasil, después de que el presidente Jair Bolsonaro aprobara docenas de nuevos pesticidas, el uso de los neonicotinoides provocó la muerte de más de 500 millones de abejas en todo el país.

En el estudio publicado el pasado mes de agosto en la revista revisada por pares PLOS One se decía que el medio natural de los Estados Unidos era ahora 48 veces más tóxico para los insectos que antes de 1990, un cambio que en gran medida se debe al uso de los neonicotinoides.

Las abejas melíferas han captado hasta ahora toda la atención sobre los peligros de los insecticidas neonicotinoides, pero no es la única especie en declive. Hay otras especies también en peligro, como otras abejas no melíferas, mariposas, efímeras, libélulas, anfípodos (un crustáceo) y diversos insectos acuáticos, así como las lombrices de tierra y otros invertebrados. Varias especies de abejorros se están extinguiendo, tanto en Europa como en los Estados Unidos, una desaparición que según los investigadores está relacionada con los neonicotinoides y otros insecticidas.

Otro estudio publicado en el mes de septiembre en la revista Science señalaba que los pájaros cantores que emigran habían sufrido una rápida pérdida de peso tras el consumo de sólo una o dos semillas tratadas con neonicotinoides. Estudios anteriores habían establecido una relación entre la disminución aves en los Países Bajos y el colapso de los insectos, pero este estudio de Science proporciona una relación directa entre las aves y estos productos químicos.

Otro estudio reciente publicado en Nature’s Scientific Reports mostraba que los neonicotinoides quizás estén provocando defectos de nacimiento en los ciervos de cola blanca, siendo la primera vez que una investigación conecta a este compuesto químico con el peligro que supone para los grandes mamíferos.

Los científicos están estudiando ahora más cerca el potencial impacto de los insecticidas neonicotinoides en los seres humanos y en otros mamíferos.

Las abejas son los canarios de los maizales, los insectos que nos indican que los pesticidas están provocando una extinción”, dijo Lisa Archer, directora del programa de alimentos y agricultura de Amigos de la Tierra.

Dave Goulson, profesor de biología de la Universidad de Sussex, dijo a The Intercept: “Creo que estamos llegando a un punto de inflexión en el que la gente empieza a comprender la importancia de los insectos, la magnitud de su declive, y que bombardear el medio con pesticidas no es algo ni sostenible ni deseable”.

Creo que estamos llegando a un punto de inflexión en el que la gente empieza a comprender la importancia de los insectos, la magnitud de su declive, y que bombardear el medio con pesticidas no es algo ni sostenible ni deseable”.

Mientras tanto, Bayer y Syngenta rechazan que sus insecticidas neonicotinoides estén provocando daño alguno al medio ambiente: “Los insecticidas neonicotinoides son herramientas de una importancia crítica para los agricultores y están aprobados para su uso en más de 100 países debido a su fuerte perfil de seguridad cuando se usan de acuerdo con las normas, por ello Bayer sigue apoyando su uso continuado, a pesar de que la fabricación de insecticidas neonicotinoides no es una parte importante de su negocio”, dijo Susan Luke, portavoz de Bayer Crop Science North America en una declaración a The Intercept. Y agrega: “Las afirmaciones de algunas investigaciones en las que se cuestiona la seguridad de los neonicotinoides comparten los mismos errores, tales como los niveles de exposición que exceden con mucho los niveles del mundo real, y la idea errónea de que la exposición a sustancias que se aplican en el medio ambiente son necesariamente perjudiciales, y no es así, pues de lo contrario nadie se bañaría en aguas con cloro o tomaría cafeína con el café”.

Desde que se introdujeron los neonicotinoides en la década de 1990, las colonias de las abejas melíferas han aumentado en los Estados Unidos, Europa y Canadá, y, de hecho, en todo el mundo. La mayoría de los científicos y expertos coinciden en señalar que la salud de las abejas depende de múltiples factores, tales como parásitos, enfermedades, el hábitat, la nutrición, el clima y las prácticas en el manejo de las colmenas”, afirmó Chris Tutino, portavoz de Syngenta, en declaraciones a The Intercept.

Tutino, así mismo, en su correo electrónico señaló que los insecticidas neonicotinoides como tiametoxam, utilizado en productos de Syngenta bajo el nombre comercial de Cruiser y Dividend, había sido sometido a “extensas pruebas para evaluar los efectos en los insectos polinizadores” y proporcionaba enlaces a cinco estudios, todos ellos patrocinados o realizados por empleados de Syngenta.

Ninguna de las dos empresas respondió directamente a las preguntas sobre el papel de los insecticidas neonicotinoides en la disminución de las mariposas, libélulas y otras especies de insectos más allá de las poblaciones de abejas. Ambas empresas destacaron su labor de financiación de investigaciones sobre las enfermedades de las abejas.

Estos comentarios de la industria química fueron puestos en entredicho por Willa Childres, organizadora de Pesticide Action Network North America.

Si bien es cierto que la cantidad de colmenas para las abejas melíferas está creciendo, esto se debe al interés que tienen para la polinización de una amplia variedad de cultivos de la agricultura estadounidense, dijo Childress, Los apicultores, de promedio, pierden alrededor del 40 al 50% de sus colmenas cada año, algo que está muy por encima de la media histórica, que se sitúa en el 10%. Muchos apicultores que se dedican a la comercialización de la miel se ven obligados a dividir sus colmenas y comprar reinas para mantener la población de abejas, y muchos dependen de las ayudas gubernamentales.

Así que no, a las abejas no les va mejor que nunca. Los científicos están de acuerdo en que son varios los factores que intensifican el declive de los polinizadores, incluyendo que las empresas químicas se olvidan de mencionar, el uso de pesticidas”, dijo Childress.

Quizás las abejas no se extingan en lo que duren nuestras vidas, sin embargo los datos sobre las abejas nativas y otros polinizadores silvestres son mucho más apocalípticos que los datos, ya de por sí preocupantes, sobre la pérdida de las abejas melíferas. Un número sin precedentes de polinizadores se enfrentan a una masiva extinción, y tenemos datos muy limitados sobre otros polinizadores que también están en riesgo”.

Parecía que no iba a pasar mucho tiempo antes de que fuese restringido el uso de los insecticidas neonicotinoides en los Estados Unidos.

Esa presión por reducir su uso comenzó en 2010 cuando Tom Theoblad, un apicultor de Boulder, Colorado, consiguió un estudio de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) que mostraba que los propios científicos de esta agencia criticaban duramente la investigación que se había hecho para permitir la comercialización de una de las líneas más habituales de los productos neonicotinoides.

En 2003, Bayer obtuvo el permiso temporal de la EPA para comercializar clotianidina, un neonicotinoide muy empleado en el maíz y la colza, aunque con la condición de que la empresa realizara en el plazo de un año un “estudio del ciclo de vida” que mostrara cómo el uso de este insecticida afectaba a las abejas.

Estudio financiado por Bayer estuvo dirigido por Cynthia Scott-Dupree, profesora en la Universidad de Guelph, Ontario, que colocó colmenas en cultivos de colza tratados con clotianidina y en cultivos sin tratar. Los datos encontraron poca variación entre las poblaciones de ambos conjuntos de colmenas, pero los investigadores señalaron más tarde que las colmenas del estudio estaban colocadas sólo a 300 metros una de otra. Las abejas buscan el polen hasta casi 10 kilómetros de distancia de sus colmenas.

Más tarde, Scott-Dupree fue nombrada para la “Cátedra Bayer CropScience para el Manejo Sostenible de Plagas” en la Universidad de Guelph. Las autoridades de las agencias de regulación de Canadá y de la EPA utilizaron el estudio para permitir su uso incondicional. Sin embargo, a nivel interno los científicos de la EPA mostraban su preocupación.

El informe redactado por dos científicos de la EPA señalaba que el estudio financiado por Bayer no cumplía con las directrices básicas para la investigación de los pesticidas y advirtió que la clotianidina representaba una “fuente de preocupación por el riesgo que suponía para los insectos no objetivo (es decir, las abejas melíferas)”.

Pero un conjunto de nuevos estudios empezaron a señalar problemas con los neonicotinoides. A pesar de las afirmaciones de que el producto es un ejemplo de la agricultura de precisión, un número creciente de investigadores decían que el producto químico se desviaba lejos de los insectos objetivo, a veces viajando con el viento durante las operaciones de siembra, permaneciendo en el suelo durante mucho tiempo, y filtrándose en las vías fluviales y causando serios problemas a los insectos y otros seres vivos.

En 2014, el represente demócrata por Oregón Earl Blumenauer logró que se considerase por parte de la EPA la prohibición de aplicar estos insecticidas. Ese mismo año, en respuesta a las crecientes controversias sobre el colapso de las abejas y el uso de insecticidas poco regulados, el presidente Barck Obama emitió un informe llamando la atención sobre la “significativa pérdida de polinizadores, incluyendo las abejas melíferas, abejas nativas, aves, murciélagos y mariposas”.

Grupos ecologistas se reunieron ante la Casa Blanca exigiendo la tomas de medidas. Los apicultores y estos grupos presentaron demandas en las que se cuestionaban los estudios realizados sobre los principales insecticidas neonicotinoides, alegando que la propia EPA había violado sus propios protocolos al permitir la comercialización de estos productos a Bayer y Syngenta. El Servicio de Pesca y Vida Silvestre de los Estados Unidos anunció que pensaba eliminar de manera gradual el uso de los neonicotinoides en los refugios silvestres de la región del Pacífico.

En todo el país los legisladores de los distintos estados propusieron proyectos de ley para restringir el uso de los neonicotinoides. En Minnesota se firmó un proyecto de ley para evitar que los viveros comercializaran plantas que habían sido tratadas con neonicotinoides.

Parecía que el movimiento iba ganando fuerza, y algunos esperaban que en Estados Unidos se llegara a algo parecido a lo ocurrido en la UE para regular estos insecticidas tan ampliamente utilizados.

Pero desgraciadamente poco cambió. Los acuerdos consiguieron reducir el uso de los neonicotinoides en el mercado minorista, pero se carecían de mecanismos para restringir su uso en la agricultura. El presidente Donald Trump revocó la norma del Servicio de Pesca y Vida Silvestre. Los legisladores de Minnesota también anularon los requisitos recogidos en el etiquetado para la aplicación de los neonicotinoides.

En casi todos los demás estados, con la excepción de Vermont, Connecticut y Maryland, los grupos de presión de la industria de los pesticidas y negocios agrícolas consiguieron eliminar cualquier restricción sobre el uso de estos insecticidas. La comunidad científica, que en otro tiempo se había ocupado del impacto de los pesticidas, se dividió y algunos se fueron a trabajar para la industria y otros hacia organizaciones sin ánimo de lucro respaldadas por la industria.

Los críticos con los neonicotinoides rápidamente fueron acallados. En abril de 2014 el Subcomité de Agricultura de la Cámara de Representantes sobre Horticultura, Investigación, Biotecnología y Agricultura, que por entonces estaba presidido por Austin Scott, del partido republicano de Georgia, convocó una audiencia para tratar del colapso de los polinizadores. Se contó con la partición de David Fisher, empleado de Bayer, y de Jeff Stone, del grupo de presión de los viveros comerciales. Ambos utilizaron dicha audiencia para advertir del peligro que supondría poner cualquier tipo de restricción al uso de los neonicotinoides en respuesta al colapso de las abejas. En tercero en participar, Dan Cummings, representante del Consejo de la Almendra, un grupo comercial que reúne a los cultivadores de almendras, se centró en la amenaza que suponía la presencia del ácaro Varroa.

El cuarto en participar, el investigador del Departamento de Agricultura Jeffrey Pettis, el científico que había colaborado con vanEngelsdorp, señaló que a diferencia de los insecticidas tradicionales, los neonicotinoides se encuentran en el polen, lo que aumentaría la exposición de las abejas. Ante las preguntas de Scott, presidente del comité, Pettis reiteró que incluso sin la presencia de los ácaros las abejas seguirían en declive y que el uso de estos insecticidas representa una preocupación “ a un nuevo nivel”.

Después de la audiencia, Pettis dijo en el Washington Post que en conversación privada con Scott, éste le había criticado por no haber seguido “el guion”.

CropLife America celebró que la mayor parte de las declaraciones realizadas en la audiencia se dirigiesen hacia factores no relacionados con el uso de los insecticidas en relación con el colapso de las abejas: “Una cosa que esperamos haya quedado clara durante la audiencia es el compromiso de la industria para abordar estos problemas”, dijo Jay Vroom que fuera presidente de Crop Life America en una declaración.

En los registros de financiación de la campaña aparece que CropLife America, unas pocas semanas después de la audiencia, a Scott, quien luego promovió leyes que favoreciesen la utilización de insecticidas para controlar el ácaro Varroa. Y dos meses después de la audiencia, según el Washington Post, Pettis fue degradado dejando de ser administrador del laboratorio apícola de la USDA en Beltsville, Maryland. Luego Pettis dejó su cargo en la administración y ahora es presidente de Apimondia.

El Washington Post también detalla la historia de un destacado científico de la USDA, Jonatham Lundgren, que investigó los peligros que supone la utilización de los neonicotinoides para los insectos polinizadores y habló públicamente de este tema. En 2015, de repente Lundgren se encontró con un expediente y una investigación interna del gobierno por mala conducta, una actitud que él cree se debió a la presión de la industria química por su papel en la denuncia de los peligros de los pesticidas: “Supongo que hice las preguntas equivocadas, realizando evaluaciones del riesgo de los neonicotinoides en muchas de las semillas utilizadas en los campos de cultivo, diferentes de las utilizadas en todo Estados Unidos, y cómo estos insecticidas estaban afectando a las especies no objetivo, como los polinizadores”, nos dijo Lundgren.

La USDA no ha respondido a las solicitudes de comentarios por parte este diario, aunque en declaraciones a The Washington Post dijo que el expediente nada tenía que ver con sus investigaciones, sino por “conducta impropia de un empleado del gobierno federal” y “por violar las normas establecidas sobre viajes”.

Lundgren dirige ahora Blue Dasher Farm en Dakota del Sur, una investigación que trata de desarrollar un sistema de rotación de cultivos como forma de aumentar los rendimientos y controlar las plagas de una forma natural. Hay pocos lugares en los que los investigadores puedan hacer sus estudios de forma independiente lejos de la influencia de la industria: “Las universidades se han vuelto dependientes de la financiación externa, programas enteros financiados por empresas químicas, las mismas que fabrican los pesticidas”.

En Estados Unidos estamos esperando más tiempo que la Unión Europea para tomar medidas sobre una amplia variedad de pesticidas y otros productos químicos. Esta diferencia proviene de un sistema regulatorio en los Estados Unidos que asume que los productos químicos son generalmente seguros hasta que se pruebe su peligrosidad. Por el contrario, en Europa se tiene en cuenta el “principio de precaución”, prohibiendo aquellas sustancias que puedan causar daño y exigiéndose pruebas de seguridad antes de permitir que vuelvan a comercializarse”, dijo Childress. Y continúa: “Otro factor importante es la gran influencia que las corporaciones tienen en las agencias de regulación estadounidenses. Por ejemplo, la EPA tiene a 11 miembros ocupando altos cargos que anteriormente trabajaron a favor de las empresas mineras del carbón en contra de los criterios sobre el cambio climático”.

La industria de los pesticidas también tiene una larga historia de métodos ocultos para desacreditar a sus críticos.

Monsanto desplegó amplias tácticas agresivas para castigar a los críticos del herbicida Roundup, el más utilizado en todo el mundo y el producto estrella de la empresa durante las últimas décadas. Correos electrónicos difundidos en los diversos litigios en los que la empresa está envuelta en California sacaron a la luz los tejemanejes de sus grupos de presión para lanzar una campaña en el Congreso con el objeto de criticar y dejar sin financiación a los científicos que habían intervenido en la decisión de la Organización Mundial de la Salud de considerar el glifosato, el ingrediente activo de Roundup, como probablemente carcinógeno. Muchos de esos documentos detallan el papel de Monsanto en la conformación del discurso público en torno al glifosato, documentos que fueron publicados en el curso de las demandas colectivas presentadas por las víctimas de cáncer, que culpan a la empresa de su enfermedad.

O el caso de Syngenta con el investigador Tyrone Hayes, de la Universidad de California, Berkeley, después de que este informa de las tácticas empleadas por la empresa contra él. Las investigaciones realizadas por Hayes demostraban que el herbicida más popular de la empresa, la atrazina, interfería en el desarrollo sexual de las ranas. La empresa se dedicó a seguir y grabar a Hayes durante sus conferencias, encargó un perfil psicológico del profesor y contrató a varios científicos para que dijeran que Hayes no era creíble y una carga para aquellos científicos que quisieran trabajar con él. Tales artimañas pretendían acabar con las investigaciones de Hayes, para ello se coordinaron con científicos benévolos con la industria, y acabó en un juicio en el que se alegaba que Syngenta había contaminado con atrazina las fuentes de agua del entorno.

En dos demandas contra Syngenta y Monsanto los documentos vienen a indicar que ambas empresas mantienen relaciones con terceras partes, entre las que se incluyen expertos y científicos a los que la industria recurre para obtener apoyo en relaciones públicas.

Muchos de los grupos e individuos que forman parte de esa lista de expertos y científicos juegan ahora un papel decisivo en el debate sobre los neonicotinoides. El Consejo Americano de Salud y Ciencia (ACSH), que ha dependido de la financiación de Monsanto, Bayer y Syngenta, ha publicado más de una docena de artículos en los que se pone en entredicho los peligros que representan los neonicotinoides.

En un correo electrónico al que se tuvo acceso por una demanda contra Monsanto y su herbicida Roundup, Daniel Goldstein, empleado de Monsanto, escribió a sus compañeros lo siguiente: “Puedo asegurarles que no soy todo oídos sordos a lo que viene de ACSH, aunque tiene muchos defectos, pero no se habrá empleado de mejor manera un dólar que invirtiéndolo en ACSH”. En la parte inferior del correo electrónico se incluían hipervínculos a otros en lo que se criticaban las pretensiones de regular los herbicidas a base de glifosato y los insecticidas neonicotinoides.

El Hearland Institute, uno que está en la lista de terceros a los que interesa Syngenta, ha recibido donaciones de Bayer y publicado artículos en los que se ridiculiza las investigaciones críticas con los neonicotinoides y a los que tacha de “basura”.

La industria de los pesticidas está usando tácticas de relaciones públicas similares a las utilizadas en su día por la industria tabacalera tratando así de modificar la visión del vínculo entre los productos que fabrica y el colapso de las abejas y de este modo retrasar la regulación y seguir obteniendo beneficios”, dijo Archer, de Amigos de la Tierra, un grupo que ha documentado el trapicheo de los fabricantes de pesticidas.

Cuando los insecticidas neonicotinoides llegaron al mercado, de eso hace tres décadas, se convirtió en el primer insecticida que se inventaba en los últimos 50 años, y su uso creció rápidamente.

Ya a finales del siglo XVII los agricultores habían descubierto que moliendo las plantas de tabaco y extrayendo la nicotina se podían matar los escarabajos que atacaban a los cultivos. La nicotina actúa como un insecticida orgánico que actúa sobre los receptores nerviosos y causa parálisis y muerte de los áfidos, mosca blanca y otros insectos que devoran las plantas.

Fracasaron sin embargo los intentos de usar la nicotina como un insecticida de amplia aplicación. Las primeras investigaciones descubrieron que la luz disminuía la efectividad de los productos obtenidos a partir de la nicotina. Pero eso cambió hace tres décadas cuando los científicos de Nion Bayer Agrochem, una empresa japonesa filial de Bayer, lograron sintetizar por primera vez los neonicotinoides, un compuesto que resistía el calor y la luz solar, pero que también podía aplicarse a la raíz o la semilla de las plantas y seguía siendo eficaz durante toda el período de desarrollo de esa planta.

Este nuevo producto químico llegó en el momento adecuado, cuando agricultores y agencias de regulación estaban buscando alternativas a otros insecticidas, los organofosfatos, que se había descubierto que causaban cáncer en los seres humanos. Los estudios iniciales de los neonicotinoides demostraron que el compuesto era muy tóxico para los insectos pero que era poco probable que causaran daño a los mamíferos.

Un científico de Bayer describía este insecticida en un número de la revista Science de 1993 como el “compuesto Ricitos de Oro” porque “no era ni muy duro ni muy blando, sino el insecticida perfecto”.

Y debido a que las semillas podían ser pretratadas con neonicotinoides, que eran absorbidos y permanecían en los tejidos, el néctar y el polen y se podía producir a escala industrial, proporcionaba a los cultivos agrícolas una eficiente resistencia frente al ataque de los insectos sin necesidad de constantes fumigaciones o volver a aplicar.

En otras palabras, los agricultores podían aplicar en el suelo y las semillas grandes cantidades de este compuesto como medida preventiva frente a las plagas. Esto les permitía ahorrar dinero, pero estableció las condiciones para que el uso de los pesticidas aumentase considerablemente y se hiciese persistente.

Estimación del aumento en el uso de imidacloprid, un insecticida neonicotinoide, entre 1994 y 2014.

En los estados de todo el país hubo que aprobar leyes para restringir el uso de los neonicotinoide. En Minnesota se firmó un proyecto de ley para evitar que los viveros comercializaran plantas si antes habían sido tratadas con neonicotinoides. Sin embargo, los pocos logros que se habían hecho pronto quedaron atrás y los neonicotinoides volvieron a aplicarse de forma un tanto descontrolada.

En 2003, en un foro organizado por Goldman Sachs, Bayer incluyó en su lista de productos de alto rendimiento a Confidor, Premise y Gaucho, unos tratamientos que aplicaban en las semillas a base de neonicotinoides, y que señalaban el camino emprendido por la empresa. En otra presentación para inversores realizada por directivos de Bayer en Lyon, Francia, se predijo un rápido crecimientos de los neonicotinoides y se estimó que la empresa obtendría en 1998 una facturación cercana a los 400 millones de euros, que se duplicaría hasta alcanzar los 850 millones en 2010.

El imidacloprid es nuestro producto más destacado”, dijo Friedrich Berschauer, que por entonces era el director de la sección de pesticidas de Bayer durante una teleconferencia ofrecida en 2008 a los inversores. La empresa subraya las declaraciones de Berschauer: En el ejercicio de 2008, la empresa facturó 932 millones de euros de sus dos principales insecticidas neonicotinoides.

En el año 2009, el mercado mundial de insecticidas neonicotinoides extrajo 2.100 millones de dólares en el comercio de pesticidas. Otras empresas también empezaron a invertir en este sector, caso de Monsanto, que también ofreció tratamientos para las semillas basados en los neonicotinoides, productos tales como Acceleron para el maíz, la soja y el algodón. La empresa suiza Syngenta también se adentró en este mercado con productos como Actara y Cruiser, colocándose rápidamente como una principales empresas en insecticidas junto con Bayer. Muchos de los primeros insecticidas neonicotinoides ya no están protegidos por patentes, lo que permite que otras empresas también compitan en este mercado: Valent, BASF (que adquirió parte de la cartera de neonicotinoides de Bayer como una condición para la fusión con Monsanto) y Sumitono Chemical, que se han convertido en importantes productores de neonicotinoides.

Las primeras restricciones al empleo de los neonicotinoides en la Unión Europea, que fueron anunciadas a finales de 2013, hicieron saltar todas las alarmas en la industria: “Debido a las restricciones hemos dejado de ingresar unos 75 millones de dólares en todo el año”, dijo John Mack, por entonces director ejecutivo de Syngenta en una comunicación dirigida a los inversores, refiriéndose a la disminución de los ingresos debido a esa decisión de la UE. Sin embargo, los ejecutivos enseguida se apresuraron en señalar que esas restricciones se habían visto limitadas ya que algunos estados miembros de la UE obtuvieron exenciones para no aplicar dichas restricciones.

En otro comunicado dirigido a los inversores, Mack dijo que “no hay relación entre el colapso de las abejas y el empleo de los neonicotinoides”, y recalcó estar seguro de que las agencias de regulación de los Estados Unidos no adoptarían el enfoque de Europa.

En una charla dirigida a los inversores en 2018, Lian Condon, ejecutivo de Bayer encargado de los pesticidas, advirtió que sólo la prohibición de los neonicotinoides en Francia había supuesto para la empresa una reducción en los ingresos de 80 millones de euros. Las restricciones impuestas “arrastran a la baja nuestros resultados en Europa”, dijo Condon.

Bayer ya no desglosa individualmente por productos sus ingresos por las ventas en sus comunicados dirigidos a los inversores. En informes anteriores se decía que los neonicotinoides suponían el 20% de su volumen de negocio. En el informe anual de 2018 el sector de los insecticidas obtuvo unos ingresos de más de 1300 millones de euros.

Werner Baumann, presidente del consejo de administración de Bayer, al anunciar la adquisición de Monsanto en 2016 declaró que el acuerdo crearía “el primer productor mundial en la industria agrícola”, suministrando insecticidas y tratamientos para las semillas.

El mercado mundial de neonicotinoides generó unos ingresos de 4.420 millones de dólares en 2018, aproximadamente el doble de la década anterior, según las cifras proporcionadas a The Intercept por Agranova, una empresa de investigación que hace un seguimiento de la industria.

Las evidencias de que los neonicotinoides estaban relacionados con la mortandad de abejas surgieron tan pronto como llegaron al mercado.

En Francia a principios de los años 90 varias colmenas cercanas a cultivos en los que se había aplicado un insecticida neonicotinoide murieron repentinamente, y los apicultores observaron una enorme mortandad de abejas en las cercanías de los cultivos de girasol tratados con un producto de Bayer, Gaucho, a base de imidacloprid.

Los apicultores franceses organizaron una campaña de protestas y manifestaciones en París y en las afueras de la fábrica de Bayer en Cormery, en el centro de Francia.

Los apicultores observaban que las abejas estaban desorientadas y eran incapaces de alimentarse, se debilitaron hasta tal punto que las enfermedades e infecciones parasitarias se propagaron rápidamente, destruyendo las colmenas. Los apicultores encontraban a las abejas con temblores y caían muertas al suelo, un síndrome que llamaron “la enfermedad de las abejas local”. Culparon de ello a los neonicotinoides, pero Bayer sostuvo que estos productos químicos no causaban ningún daño.

En 1999, ante las crecientes protestas el gobierno francés decidió prohibir temporalmente el uso del imidacloprid, aunque se siguieron usando otros neonicotinoides. Continuó la disminución en las poblaciones de abejas.

En 2008 se observó que en Italia, Alemania y Eslovenia que el empleo de semillas tratadas con neonicotinoides estaba relacionado con la gran mortandad de abejas en sus cercanías. En una región de Alemania los apicultores informaron de la pérdida de 11.500 colonias de abejas tras el cultivo de colza con semillas tratadas con neonicotinoides. Otras observaciones similares se han hecho en todo el continente, lo que ha llevado a una restricción temporal de insecticidas neonicotinoides en los tres países.

Al año siguiente un grupo de 70 científicos, entre los que se encuentran destacados biólogos, toxicólogos, entomólogos y otros especialistas de Europa, formaron un Grupo de Trabajo sobre Plaguicidas Sistémicos, un grupo destinado al estudio de los neonicotinoides y otros pesticidas sistémicos. Este grupo de trabajo realiza estudios independientemente de la industria.

Fueron pasando los años y más investigaciones parecían confirmar que los insecticidas neonicotinoides no sólo ponían en peligro a los insectos no objetivo. En la revista Science se publicó un estudio que confirmaba que las aplicaciones de neonicotinoides reducían la fertilidad de los abejorros en un 85%. Un grupo ecologista, BugLife, del Reino Unido, publicó un estudio que reunía las investigaciones que destacaban que los neonicotinoides parecían que estaban dañando las poblaciones de abejas melíferas, las abejas nativas y otros invertebrados no objetivo.

El Grupo de Trabajo sobre Pesticidas Sistémicos consiguió reunir más de 1000 estudios revisados por pares, llegando a la conclusión de que el uso en grandes cantidades de los neonicotinoides, junto con el fipronil, otro pesticida sistémico, estaba causando “un daño generalizado y crónico en la biodiversidad a nivel mundial”. El grupo indicaba además que los neonicotinoides permanecen durante mucho tiempo en el suelo, contaminando los campos y las vías fluviales, incluso lejos de los lugares donde se han aplicado, solicitando por tanto que se redujera urgentemente el uso de estos productos químicos.

Las crecientes evidencias en contra del uso de los neonicotinoides llevó a que la UE actuase: en el año 2012 la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria), la principal agencia de regulación de los pesticidas de la UE, publicó una evaluación de riesgos en la que se determinó que los tres insecticidas neonicotinoides más utilizados suponían riesgos para las abejas. Esto condujo a que la mayoría de los estados de la UE aprobasen moratorias durante dos años para el uso de estos insecticidas en los cultivos de floración al aire libre.

Esta presión creciente hizo que la industria de los pesticidas hiciera sus propias investigaciones, siendo una de sus mayores victorias que lograse captar a la mayoría de los científicos de los Estados Unidos que se dedicaban a la investigación de las abejas.

Los primeros titulares en aparecer en los Estados Unidos en relación con el rápido declive de las abejas aparecieron en 2006 cuando los apicultores de Pensilvania hablaron de la pérdida de sus colmenas. También otros apicultores informaron de enormes pérdidas durante el invierno de ese año, con un promedio en torno al 30%, acabando con más de una cuarta parte de los 2,4 millones de colonias del país.

La misteriosa crisis fue calificada por los medios de comunicación como “problema de colapso de las colonias”. Dennis vanEngelsdorp, que era inspector jefe de área de las colmenas de Pensilvania y estudiante de la Universidad Estatal de Pensilvania, se encontraba en el centro de esta crisis. “Estás muertes tan rápidas es algo sorprendente”, dijo al Philadelphia Inquirer. Se realizaron autopsias de las abejas, pero pronto entró en contacto con apicultores de Georgia, Florida y California que informaban de pérdidas similares.

Otros destacados expertos en abejas, incluyendo a vanEngelsdorp, el entomólogo de la Universidad del Estado de Eashington, Walter “Steve” Sherppard, y otros científicos trabajaron en la investigación de esta crisis. “Esto es como C.S.I. pero en el campo de la agricultura”, dijo unos de los investigadores del proyecto, W. Ian Lipkin, de la Universidad de Columbia, en una entrevista en el New York Times.

vanEngelsdorp, junto con Jerry Hayes, inspector de apicultura de Florida y presidente de los Inspectores de Apicultura de los Estados Unidos, fue pionero en realizar encuestas entre los apicultores de todo el país con la intención de descubrir el origen del colapso de las abejas. Las abejas se enviaron a laboratorios y fueron examinadas para determinar la causa de su muerte. vanEngelsdorp creó una fundación, la Bee Informed Partership, para continuar con las investigaciones sobre los posibles factores del problema.

En entrevistas realizadas para los medios de comunicación nacionales, locales y emisoras de televisión, vanEngelsdorp se convirtió de la noche a la mañana en una celebridad, apareciendo en 2008 en un premiado documental, “El silencio de las abejas”, en el que se le presentaba como líder en los esfuerzos de investigación sobre el colapso de las colonias de abejas, y también apareció en una charla que fue muy bien recibida, “A Plea for Bees”.

En esta charla, vanEngelsdorp subrayaba que se podían recuperar las colonias de abejas dividiendo las colmenas en dos o más o comprando reinas por correo. Pero no solamente desaparecían las abejas melíferas, sino que el colapso también afectaba a las abejas nativas, que desaparecían a un ritmo alarmante, sin que ningún esfuerzo comercial pudiera salvarlas. También desaparecían los murciélagos y se lamentaba de que “no hubiese dinero para investigar eso”.

Al año siguiente, en la cita de septiembre de 2009, apareció vanEngelsdorp junto a Pettis en la reunión de Apimondia. Durante este período vanEngelsdorp decía en las entrevistas que podían ser varios los factores los responsables del colapso de las abejas. Por ejemplo, en un periódico local de Missouri dijo en 2007 que podía atribuirse a “ácaros y enfermedades asociadas, alguna enfermedad patógena desconocida y por envenenamiento producido por pesticidas”. La investigación que presentó en Apimondia concluyó que “las interacciones entre los pesticidas y los patógenos podrían ser un importante factor en el aumento de la mortalidad en las colonias de abejas melíferas”.

En los años posteriores, sin embargo, vanEngelsdorp difundió la idea de que los neonicotinoides no eran los responsables, un cambio en su retórica que coincidió con las campañas más agresivas de la industria en respuesta a las demandas para restringir su uso y así evitar la mortandad de las abejas. En 2013 dijo: “Hombre, los neonicotinoides pueden convertirse en un problema algunas veces, pero no siempre, o en mi humilde opinión casi nunca”. Y en el Raleigh News & Observer: “El debate aún no ha terminado”. A la Associated Press dijo: “No estoy convencido de que los neonicotinoides sean los responsables de las pérdidas en las colonias. En muchos casos (los neonicotinoides) son la alternativa más segura”, y mostrando su escepticismo respecto a los intentos de prohibir estos compuestos.

Cuando se le preguntó por este cambio dijo en un correo electrónico que su trabajo se ocupaba de las abejas, pero que también le preocupaba las amenazas que también habían aparecido para otros polinizadores e insectos. En Maryland escribió: “Las elevadas infestaciones de ácaros explicarían gran parte de la mortandad (de las abejas de la miel)”.

Debo recalcar que estoy hablando de las abejas melíferas, no de las nativas, y el objetivo de los insecticidas neonicotinoides en las abejas no melíferas (las abejas melíferas disponen siempre de un fuerza de trabajo de reserva, de modo que si se pierde una parte de ellas no tiene consecuencias, ya que son insectos sociales, algo que no hacen otras abejas no melíferas) es mucho más pronunciado, y por tanto, preocupante”, dijo vanEngelsdorp.

En ese momento vanEngelsdorp se incorporó al Consejo Asesor de las Abejas Melíferas de Monsanto, una entidad respaldada por la empresa, y apareció como representante de la empresa en 2013 durante la Cumbre de la Salud de las Abejas Melíferas. Ese mismo año, el Proyecto Apis mellifera, una fundación financiada en parte por Bayer, donó a la organización de vanEngelsdorp al menos la cantidad de 700.000 dólares, de acuerdo con las declaraciones públicas de impuestos.

En un correo electrónico, vanEngelsdorp dijo que aunque había recibido financiación de Bayer “sería difícil argumentar que eso había influido en su trabajo anterior”. Otras fuentes de financiación han venido de Costco, que no tiene relación con la industria agrícola, del Consejo de la Almendra de California y la Fundación General Mills. También dijo que nunca había recibido financiación directa de las empresas fabricantes de pesticidas.

En el marco de su iniciativa Colmenas Saludables de 2020, Bayer ha financiado con al menos 1,3 millones de dólares al Proyecto Apis mellifera, siendo Bayer uno de sus principales respaldos económicos, aunque la empresa no realiza un desglose de las aportaciones individuales.

El profesor de la Universidad de Maryland también explicó que se sintió incómodo al incorporarse al consejo asesor de Monsanto, dejándolo en 2019.

El propósito de este consejo es el de ayudar al desarrollo de nuevas herramientas para el control de la Varroa, que creo es ella principal responsable de la pérdida de las colonias de abejas. Así que por mi parte supuso un dilema cuando me pidieron que me uniera al consejo asesor (entre los que hay varios apicultores), porque ¿quién quiere mantener una relación con las grandes corporaciones de los negocios agrícolas? ¿Me siento en conflicto? Creo por una parte que mi participación en el desarrollo de mecanismos de control de los ácaros puede interferir en mi trabajo sobre los factores que influyen en la salud de las abejas. Pero, no, creo que los datos están claros”. “El mundo es un lugar enrevesado, lleno de matices, de modo que pienso que la ciencia al final determinará la verdad. Espero que la relación siga siendo cordial y respetar que la gente puede tomar diferentes caminos para llegar a un mismo fin (salvar a las abejas), que no es algo negativo”. “Soy un ecologista, que he estado y sigo estando preocupado por la protección de la tierra y sus biomas. Creo que en todas las entrevistas que me hacen lo digo claramente, el uso generalizado de las semillas recubiertas de insecticidas neonicotinoides es una forma miope, de despilfarro y ambientalmente insostenible. Abogo por su uso prudente, es decir, cuando sea estrictamente necesario y no en los casos en los que se considere que no puede serlo. Esto es algo que siempre digo pero que no se recoge. Es lo que pienso y lo que he pensado durante mucho tiempo”.

Danielle Downey, de la ejecutiva del Proyecto Apis mellifera, dijo que el grupo es “transparente en cuanto a la procedencia de la financiación y para qué se utilizan los fondos, eso sí, manteniendo la privacidad de los donantes. El Proyecto Apis mellifera se mantiene al tanto de los descubrimientos científicos sobre las enfermedades de las abejas, lo que nos permite apoyar proyectos relevantes para la industria”, dijo a The Intercept.

Downey no quiso dar su opinión sobre la regulación de los insecticidas neonicotinoides, y señaló que “en lo que respecta a las prohibiciones y regulaciones de los pesticidas, los países toman diferentes medidas de precaución y evaluación de riesgos, pudiendo llegar a resultados diferentes”.

En 2013 vanEngelsdorp participó en la redacción de un documento que resultó muy polémico, ya que en él se afirmaba que el tiametoxam, un neonicotinoide fabricado por Syengenta, suponía “bajo riesgo para las abejas melíferas” cuando se aplicaba a los cultivos de colza o de maíz. En una sección de su sitio web “El declive de las abejas” (Bee Decline), Syngenta cita dicho estudio para afirmar que “no hay correlación directa entre el uso de los neonicotinoides y las enfermedades de las abejas”.

Este documento también fue aprovechado por Syngenta para solicitar una exención de la moratoria en el Reino Unido, moratoria que fue impuesta por la Unión Europea a los neonicotinoides, algo que posteriormente fue muy criticado. En un mordaz artículo publicado en Environmental Sciences Europe, un grupo de entomólogos afirmaba que el estudio en el que participó vanEngelsdorp no se basaba en datos y metodologías veraces, argumentando que habían utilizado semillas tratadas pero con cantidades inferiores a las recomendadas, y que el estudio estuvo mal diseñado.

Otro grupo de científicos de la Universidad de St. Andrews, Escocia, también criticó el estudio en el que participó vanEngelsdorp, señalando que no se había utilizado un análisis estadístico normalizado y que las conclusiones se basan en una consideración muy vaga de los datos. Se burlaban del método utilizado como si éste ya reflejara “las ideas previas de los involucrados en el estudio”. La Biblioteca de la Cámara de los Comunes, en un documento en el que informaba sobre los neonicotinoides, señalaba que el estudio sobre el tiametoxam tenía falta de rigor y que los cinco autores “eran empleados o habían sido empleados de Syngenta o que bien habían sido pagados por esta empresa para realizar este trabajo”.

Van Engelsdorp también permitió que su nombre fuera utilizado en defensa de la industria de los pesticidas: CropLife America, Bayer y Syngenta crearon la Honey Bee Health Coalition, un grupo cuyo objetivo era el estudio del ácaro Varroa y otras causas no relacionadas con los pesticidas y el declive de las abejas. El grupo estaba coordinado oficialmente por el Keystone Policy Center, supuestamente una entidad independiente, junto con asociaciones de apicultores y ecologistas. Los registros sin embargo dicen otra cosa: el Keystone Policy Center estaba financiado en gran medida por las grandes corporaciones, entre ellas Bayer y Syngenta. Documentos internos de la Honey Bee Health Coalition muestran que las comunicaciones dirigidas a los apicultores fueron revisadas por miembros de las empresas de pesticidas, tales como DuPont, CropLife America, Syngenta, y la Asociación de Minoristas Agrícolas. Los agricultores y apicultores pagaban sólo 500 dólares por afiliarse, mientras que las corporaciones pagaban hasta 100.000 dólares en concepto de cuotas.

Marques Chávez, portavoz de Keystone Policy Center, que organiza la Honey Bee Health Coalition, en declaraciones a The Intercept dijo que el grupo “estudia las enfermedades de las abejas melíferas y aborda complejos problemas agrícolas desde diferentes perspectivas”. En esta declaración no se abordó hasta qué punto tiene influencia la industria, pero en otro lugar se dice que el grupo “esboza la estructura y el proceso de adopción de decisiones utilizado para identificar, perfeccionar y dan conclusión a las ideas y los productos finales que reflejan las diversas aportaciones y el esfuerzo de colaboración de nuestros miembros”.

Jerry Hayes, ex inspector de colmenas de Florida, fue contratado por Monsanto y se convirtió en representante de la empresa en las conferencias de apicultores de todo el país y colaboró en la presentación de la investigación de Monsanto sobre las soluciones genéticas para las abejas dirigidas a los apicultores escépticos. Hayes también colaboró en el lanzamiento de la Coalición por la Salud de las Abejas Melíferas. También consiguió que se incorporara vanEngelsdorp como uno de los más destacados científicos en el comité de dirección de la coalición.

No fueron los únicos: la industria integró a voces de la industria apícola para convertirse en la cara del nuevo cambio de marca. Richard Rogers, asesor científico y ex profesor adjunto de la Universidad de Acadia en Nueva Escocia, realizó una investigación respaldada por Bayer en Canadá a principios de la década de 2000 en la que desechaba los peligros que para las abejas suponían los neonicotinoides aplicados a los cultivos de patatas en la Isla del Príncipe Eduardo. Roger fue contratado para dirigir la Bayer Bee Care cuando se inauguró el centro en 2012. La Dra. Helen Thompson, una destacada agente oficial del medio ambiente del Reino Unido que se había opuesto a la directiva de la UE para restringir el uso de los neonicotinoides, también se unió a Syngenta.

El entomólogo de la Universidad del Estado de Washington, Sheppard, fue también uno de los destacados científicos del estudio de las abejas que se sumió en las redes de la industria de los pesticidas. El mismo año en el que aparece la Coalición por la Salud de la Abejas Melíferas, Sheppard entró en Bayer para formar parte de un espectáculo itinerante que la empresa patrocinó, Bee Care Tour. Algo más tarde ya formaba parte del comité directivo de la iniciativa de la empresa denominada “Colmenas Saludables 2020”.

Los correos electrónicos a los que ha tenido acceso The Intercept muestran una relación amistosa entre los científicos contratados y las empresas de pesticidas.

En un intercambio de mensajes con David Fischer, gerente del Centro del Cuidado de las Abejas de Bayer, se le preguntaba a vanEngelsdorp cómo responder a los periodistas por sus preguntas relacionadas con la forma de calcular la pérdida anual de colmenas. El profesor de Maryland sugiere un método que minimice la pérdida de colmenas en invierno, teniendo en cuenta las nuevas colmenas que se han separado de colmenas mayores, aunque tal método que “rebaja la tasa de pérdidas” ha sido rechazado por los apicultores europeos.

Daniel Schmehl, empleado de Bayer, solicitó a Sheppard que le proporcionara información explicando por qué “la asociación con el Centro de Cuidado de las Abejas de Bayer era importante para su investigación relacionada con las abejas”, así como otras informaciones que la empresa pudiera utilizar. Sheppard aparece de manera regular en los comunicados de prensa y publicaciones de Bayer como parte del compromiso de la empresa con el bienestar de las abejas.

En otro intercambios de mensajes, el exprofesor adjunto de la Universidad de Acadia, Rogers, y ahora empleado del Centro de Cuidado de las Abejas de Bayer, escribió en 2015 a Sheppard y Jamie Elli, profesor adjunto de la Universidad de Florida, para publicar un “documento sobre qué se entendía por una colonia saludable de abejas”. Rogers dijo que había trabajado en un borrador, pero sugirió que “para una visión más ecuánime, tal vez usted o Steve, o alguien que no forme parte del personal de Bayer, debería ser el autor más destacado”. Ellis estuvo de acuerdo y respondió que “entendía su preocupación ante la posibilidad de que los empleados de Bayer tomarán la delantera”.

El distanciamiento de vanEngelsdorp de la preocupación del papel de los neonicotinoides se ve bien reflejado en otro documental sobre la difícil situación de las abejas: en 2015 el sitio web FiveThintyEight produjo una serie de minidocumentales, incluyendo uno sobre la “Lucha para salvar a la poderosa abeja”. El documental se presentó en el Festival de Sundance, y sigue la trayectoria de vanEngelsdorp en su laboratorio de campo, hablando exclusivamente del ácaro Varroa. A diferencia de sus anteriores apariciones en documentales sobre el colapso de las abejas, en el documental no se hace mención de los neonicotinoides ni de ningún otro tipo de problemas creados por los pesticidas en relación con las enfermedades de las abejas.

Bayer se mostró encantada con el documental. Sarah Myers, organizadora de eventos de la empresa química, pidió permiso a vanEngelsdorp para que apareciese este documental en su sitio web. VanEngelsdorp le hizo saber que no era el propietario de los derechos de autor y le dijo que se pusiera en contacto con FiveThirtyEight. El Centro de Cuidado de las Abejas de Bayer mostró este documental.

En otro intercambio de correos con Paul Hoekstra, un empleado de Syngenta, agradecía a vanEngelsdorp por haber aceptado hablar con John Brown, un abogado canadiense que estaba interviniendo en una polémica demanda sobre el registro de los neonicotinoides.

Esta relación ha continuado. A principios de este mes la Federación Americana de Apicultura organizó su convención de 2020.El mayor patrocinador de este evento fue Bayer, en el que la empresa ofreció una serie de charlas para promocionar su compromiso con el bienestar de las abejas. Sheppard apareció en un vídeo promocional de Bayer y entre las presentaciones vanEngelsdorp dio una charla sobre ácaros.

Mi relación con Bayer no ha influido en el enfoque de mis investigaciones”, dijo Sheppard en una declaración a The Intercept, detallando su trabajo en el Proyecto Apis mellifera para identificar propuestas de investigación relacionadas con la salud de las abejas melíferas, contando con la financiación de un millón de dólares de Bayer.

No puedo hablar en nombre de Bayer, pero los proyectos financiados con sus aportaciones económicas y administrados a través del Proyecto Apis mellifera parecen no estar relacionados con los intentos de restringir el uso de los neonicotinoides. No soy tan ingenuo como para pensar que una empresa tan importante no tiene su agenda de promoción de sus productos para el control de los insectos. Sin embargo, y de manera enfática, en el caso de los fondos distribuidos por el Proyecto Apis mellifera, ni este proyecto ni yo mismo teníamos esa conexión”.

Jerry Haye dejó Monsanto hace dos años después de que el proyecto pareció no funcionar. Ahora trabaja como editor en la revista Bee Culture.

En una entrevista, Hayes dijo que se mostraba satisfecho con su trabajo en la Coalición por la Salud de la Abeja Melífera, incluyendo la redacción de guías para que los apicultores manejasen las infestaciones del ácaro Varroa. Y considera además que el esfuerzo de reunir a diversas partes interesadas en una coalición es un logro a tener en cuenta. Sin embargo, dijo que las empresas de pesticidas son las que están en el asiento del conductor: “Creo que estaban utilizando a este grupo para favorecer sus relaciones públicas, y ésta es la razón por la que no contamos con dinero de la industria apícola”. “La industria financia la organización, financia las reuniones, y todos sabíamos que detrás debía haber motivos ocultos. Pero sin esos recursos no dispondríamos de medios para conseguir descubrir las amenazas de las abejas”.

Hayes dice que ha estado siguiendo los debates en torno a los neonicotinoides y que le preocupaba el creciente número de estudios en los que se mostraban las amenazas a los insectos no objetivo, aunque también le preocupa que las restricciones en el uso de los neonicotinoides hagan que se reintroduzcan otros pesticidas antiguos con mayor toxicidad para los mamíferos, y añadió que el excesivo afán por las ganancias está haciendo que aumente considerablemente el uso de los neonicotinoides. “Todo se reduce al dinero. Bayer quiere contentar a sus accionistas”, dijo Hayes.

También señala que no cree que las opiniones de vanEngelsdorp estén influenciadas por sus vínculos con la industria: “Es un buen científico. Los conocimientos científicos cambian con el tiempo, la ciencia progresa y los datos van mostrando cosas diferentes, pero no creo que Dennis esté influenciado por el dinero de esa corporación”. “Pero cuando las empresas químicas apoyan a Dennis porque puede encontrar soluciones a los problemas de las abejas, eso será porque les quita presión, ¿no?”.

Después de un campaña en contra de las restricciones en el uso de los insecticidas neonicotinoides, Maryland fue de los pocos estados que aprobó una ley que prohibía los compuestos basados en los insecticidas neonicotinoides en los productos del hogar. La industria se opuso incluso a esta ley, aunque no restringía su uso en la agricultura y extensas áreas. Pues bien, vanEngelsdorp jugó un papel destacado en el intento de derogar esa legislación.

En enero de 2016, la Universidad de Maryland celebró una conferencia que reunió a representantes de empresas e investigadores para hablar de las soluciones a las crisis de las abejas. Maryland, California, Massachusetts y otros estados estaban considerando la posibilidad de restringir el uso de los neonicotinoides. La administración Obama pensaba reunir a todas las partes interesadas, lo que se conoció como el Plan de Protección de los Polinizadores, para intentar resolver el problema.

Los empleados estatales recurrieron al Keystone Policy Center, la misma organización financiada por la industria que estaba al frente de la Coalición por la Salud de las Abejas Melíferas de CropLife, para gestionar el proceso. VanEngelsdorp hizo una presentación en la que se podía ver en la parte inferior el logotipo de Monsanto, según Luke Goembel, un empleado de la Asociación de Apicultores de Maryland Central. La presentación planteaba que “los ácaros de la Varroa eran la principal causa del colapso de las colmenas, no los pesticidas”. Hizo una comparación en tono burlón cuando mostró un gráfico en el que se mostraba el aumento del número de piratas con la creciente disminución de las poblaciones de abejas a lo largo del tiempo, un “intento de presentar que la correlación no prueba la causalidad y de ridiculizar la preocupación por el creciente uso de pesticidas”. Dijo Goembel: “Me sorprendió, porque las revistas publican gran cantidad de investigaciones que describen muchas vías por las cuales el uso de los pesticidas, especialmente los neonicotinoides, son responsables de la pérdida de colmenas”.

A la cumbre asistieron una amplia gama de conferenciantes, pero los apicultores se quejaron de que el debate estaba dominado por los fabricantes de pesticidas. Un conferenciante tras otros iba afirmando que la disminución de las poblaciones de abejas se debía únicamente “a los ácaros de la Varroa, no a los pesticidas”, según Bonnie Raindrop, una afiliada de la Asociación de Apicultores de Maryland Central, que asistió a la conferencia. Según Raindrop, sólo una pequeña parte de los asistentes eran apicultores, y a los que fueron se les mantuvo separados. Del resto dijo: “Eran personas que no sabían nada sobre las abejas”, incluyendo los grupos de presión, los profesionales de la jardinería y los representantes de la agroindustria. “Lo tenían todo muy controlado, un apicultor en cada mesa, el resto gente de la industria, y se nos pidió que hiciéramos recomendaciones sobre cuál debería la política del Plan de Protección de Polinizadores.

Tanto Raindrop como Goembel sí citaron a los neonicotinoides y otros pesticidas sistémicos como responsables de la muerte de las abejas, pero otros participantes en la conferencia les desautorizaron.

Los moderadores del Keystone Policy Center intentaron por todos los medios que las discusiones se fijasen en torno a los ácaros “llegando a decir que los apicultores no eran suficientemente diligentes como para controlar a los ácaros mediante el uso de productos químicos”.

Al preguntarle al portavoz del Keystone Policy Center, Chávez, sobre las críticas de los apicultores a la conferencia de Maryland, dijo que la conferencia “había supuesto la divulgación a una amplia variedad de interesados” y animó a que se leyese el informe final de las conclusiones de la citada conferencia.

Un mes después de la conferencia, los legisladores de Annapolis, Maryland, presentaron un proyecto de ley para prohibir los insecticidas neonicotinoides. Durante la audiencia en la Cámara de Delegados, un grupo de opositores, incluidos representantes de la administración del gobernador republicano Larry Hogan, representantes de la industria y el propietario de un vivero comercial, citaron repetidamente la encuesta realizada por el Keystone Policy Center como prueba de que los investigadores no creían que los plaguicidas fueran el problema.

Se citó a vanEngelsdorp por su nombre, afirmando que el profesor de la Universidad de Maryland había realizado investigaciones que demostraban que los insecticidas neonicotinoides no suponen una amenaza para las colmenas de Maryland. En la audiencia, el delegado estatal Clarence Lam, del partido demócrata, indicó que cientos de artículos científicos revisados por pares señalaban directamente a los neonicotinoides como uno de los principales culpables del declive de las abejas y se burló del intento de la industria de utilizar la cumbre del Plan de Protección de los Polinizadores como lo que no se debiera hacer: “Presentar los datos como se ha hecho es un fraude. Sólo sería algo mejor que presentar los datos de una encuesta de Facebook y decir que esto es lo que muestran los datos y lo que la ciencia dice”.

Al final toda la parafernalia de la industria fracasó y en 2016 Maryland aprobó la Ley de Protección de los Polinizadores. Una medida similar fue aprobada ese año en Connecticut para restringir el uso de los neonicotinoides en las plantas con flores, y el año pasado Vermont también aprobó restricciones en el uso de estos insecticidas por parte de los consumidores.

Los organismos reguladores de Oregón, tras las protestas que hubo debido a un incidente en el que murieron repentinamente 50.000 abejas en un aparcamiento de Target como resultado de la aplicación de un insecticida con base en los neonicotinoides, se han movilizado para impedir que se usasen en los tilos. Pero en la mayor parte del país no hay limitaciones al uso de este producto químico. Los organismos reguladores de California también anunciaron que limitarían el uso que las empresas de pesticidas quisieran hacer de los neonicotinoides.

Gary Ruskin, codirector de U.S. Right to Know, un grupo que controla la influencia de la industria de los pesticidas, que nos proporcionó algunos correos electrónicos intercambiados entre la industria y los investigadores, dijo: “Los estrechos vínculos de vanEngelsdorp con la industria de los pesticidas plantean serias dudas sobre el valor y la fiabilidad de sus investigaciones”. “A medida que las empresas se consideran amenazadas por las crecientes evidencias científicas, buscan nuevas formas de restar credibilidad a cualquier investigación científica independiente que pueda restarles parte de sus beneficios. Una manera de hacerlo es cooptar a los científicos de universidades públicas, aquellos que suelen gozar de cierta credibilidad entre la gente”.

En uno de esos correos electrónicos desvelados por el grupo de Ruskin, vanEngelsdorp escribió a Fischer, el gerente del Centro para el Cuidado de las Abejas de Bayer, aparentemente irritado porque Bayer había publicado investigaciones confidenciales de su laboratorio, alegando que los datos habían sido mal utilizados y publicados sin permiso: “Los datos del equipo técnico son confidenciales, por lo que no pueden ser publicados, ¡sobre todo por una empresa química!”.

En respuesta, Fischer eliminó esa información del blog de Bayer. También recordó al profesor de la Universidad de Maryland que Bayer había invertido importantes recursos financieros en la operación y que se había convertido en una prioridad para la empresa: “Valoramos el trabajo que realizamos con usted y con otros investigadores y partes interesadas que se han comprometido a abordar este importante problema”.

Como usted sabe, la impresión que se da lo es todo”, respondió vanEngelsdorp.

Nick Surgey contribuyó con su investigación en la redacción de este artículo.

Artículos relacionados:
 Crisis apícola en España: el rescate de la abeja

------------------------------------


Entradas populares de este blog

Científicos estadounidenses propusieron la obtención de virus con características únicas del SARS-CoV-2 en Wuhan

 por Emily Kopp, 18 de enero de 2024 usrtk.org  Científicos estadounidenses planearon trabajar con el Instituto de Virología de Wuhan para diseñar nuevos coronavirus con las características del SARS-CoV-2 un año antes de que el virus apareciera en esa ciudad, según documentos obtenidos por U.S. Right to Know. Aunque raras por naturaleza, estas características eran fundamentales para los intereses de investigación esotérica de los científicos que trabajaban con el laboratorio de Wuhan, muestran esos documentos. Los científicos, divididos entre la denominada "fuga de laboratorio" y las hipótesis del origen natural, han estudiado durante años el lenguaje arcano de una propuesta de investigación entre EE.UU. y China denominada " DEFUSE ", en la que se describían experimentos de ingeniería con coronavirus. La propuesta de subvención DEFUSE fue dirigida por el presidente de la Alianza EcoHealth, Peter Daszak. Ahora, los borradores y notas descubiertos a través ...

Covid-19: El Futuro de la Teoría de las Filtraciones de Laboratorio

  Por el Dr. Jonathan Latham, y la Dra. Allison Wilson, 17 de marzo de 2024 independentsciencenews.org Este texto se publicó originalmente como un hilo en Twitter/X . Lo volvemos a publicar (salvo algunos errores tipográficos) como un breve ensayo. 1/ Mucha gente en Twitter se pregunta , como Nicholas Wade , si las últimas informaciones sobre la subvención DEFUSE de @emilyakopp y @USRTK son quizás la última palabra en el gran debate sobre el origen del #covid #lableak. No lo son. 2/ ¿Por qué? Porque no hacen más que ahondar en el misterio . La respuesta corta es que seis sitios distintivos de ingeniería inversa identificados por Bruttel et al: ( https://www.biorxiv.org/content/10.1101/2022.10.18.512756v1 ) sólo explican el 0,1% o menos del genoma del #SARS-CoV-2. 3/ Si aceptamos provisionalmente que demuestran un #lableak , y la evidencia indica que deberíamos hacerlo, ¿de dónde, sin embargo, procede el resto del genoma? ¿No sería interesante saberlo? 4/ Podría serlo...

PROFESOR STEFANO ISOLA: DEL HOMO SAPIENS AL HOMO DIGITALIS EN LA SOCIEDAD DE LA INSIGNIFICANCIA

  Cómo el progreso tecnológico está cambiando radicalmente las connotaciones del ser humano. Entrevista de Massimo A. Cascone al Prof. Stefano Isola, 14 de febrero de 2024 comedonchisciotte.org Entrevista de Massimo A. Cascone con el catedrático de Física Matemática Stefano Isola, profesor de la Universidad de Camerino. Experto en sistemas dinámicos, epistemología e historia de la ciencia. En esta entrevista hemos tenido el placer de conocer su punto de vista sobre las transformaciones que se están produciendo en nuestro mundo contemporáneo, todas las cuales tienen como leitmotiv las tecnologías digitales actuales, que están cambiando tanto la sociedad en la que vivimos como la psicología de los propios ciudadanos en su forma de abordar la vida cotidiana. En su análisis, se hace especial hincapié en la relación entre el ser humano y la tecnología, el nacimiento del homo digitalis y su reducción a la insignificancia con la llegada de la Inteligencia Artificial. S...