Contra la doctrina del shock digital
Jorge Riechmann
/
Adrián Almazán y 300 firmas más
Mucha gente habla del «día después», de todo lo que hará
falta hacer y conseguir después del coronavirus. Pero, más allá de las
enfermedades y duelos personales, ¿en qué estado colectivo nos dejará
todo esto? ¿En qué estado psicológico? ¿En qué Estado político? ¿Con qué
hábitos relacionales? En este texto, iniciativa del colectivo francés
Écran total y del Grupo de Investigación Transdisciplinar sobre
Transiciones Socioecológicas (GinTRANS), se señala el riesgo de que una
parte de los buenos propósitos para el día después estén siendo ya de
facto neutralizados por la aceleración en curso de los procesos de
informatización. Por ello, propone un boicot masivo y explícito a las
diferentes aplicaciones móviles que, bajo la premisa de la lucha contra
la covid-19, van a suponer la instalación efectiva de un seguimiento
generalizado de la población. En el texto se muestra cómo este tipo de
aplicaciones son el ejemplo paradigmático de nuestra fascinación ante la
tecnología y nuestra dependencia total de ella. Fascinación y
dependencia que garantizan la perpetuación del orden político existente,
del experimento masivo con la salud de población, sin garantía
sanitaria alguna, que implica el incesante aumento de las
radiofrecuencias de microondas y de nuestra trayectoria de destrucción
ecológica.
Desde la perspectiva sanitaria todavía seguimos
sin entender muy bien qué está pasando, y resulta difícil saber con
precisión hacia dónde nos dirigimos. Es probable que haga falta bastante
tiempo para desentrañar todos los misterios de la epidemia de la
covid-19. Es más, la incertidumbre que rodea su origen, su difusión y su
letalidad seguirá siendo inescrutable hasta que deje de atacar a tantos
países de manera simultánea. Por desgracia, nadie parece saber cuándo
llegará esa anhelada paz. A partir de ahora, si queremos continuar
adelante con nuestras vidas, no debemos ni sobrestimar ni subestimar a
la epidemia en tanto tal.
En contraste con la incertidumbre anterior, lo que sí nos
parece bastante claro es que esta crisis sanitaria puede suponer un
punto de inflexión que dé lugar a la aparición y estabilización de un
nuevo régimen social: un régimen basado en todavía más miedo y
aislamiento, un régimen aún más desigual que ahogue toda libertad. Si
hacemos el esfuerzo de lanzar este llamamiento es porque creemos que lo
anterior sólo es una posibilidad y que se presentarán oportunidades de
impedirlo. Pero mientras que las simples ciudadanas y ciudadanos como
nosotros aquejamos fuertemente la fragilidad de nuestra existencia
frente a la amenaza del virus y de un confinamiento prolongado, el orden
político y económico en vigor, sin embargo, parece estremecerse y
fortalecerse al mismo tiempo en mitad de este terremoto. Es decir, se
nos presenta como frágil y, al mismo tiempo, extremadamente sólido en lo tocante a sus expresiones más «modernas», es decir, las más socialmente destructivas.
Sin duda a casi nadie se le escapa que los gobiernos de
muchos países han aprovechado la situación actual para paralizar durante
un tiempo indeterminado protestas que, en muchos casos, eran muy
fuertes y llevaban activas meses. Pero lo que no resulta menos alarmante
es cómo las medidas de distanciamiento social y el miedo al contacto
con el otro que ha generado la epidemia se hallan en poderosa sintonía
con las principales tendencias de la sociedad contemporánea. De hecho,
dos de los fenómenos que la crisis sanitaria ha acelerado hacen
plausible pensar en un posible tránsito a un nuevo régimen social sin contacto humano, o con el menor número posible de contactos y regulados por la burocracia:
el aterrador aumento del poder de las Tecnologías de la Información y
la Comunicación (TIC) sobre nuestras vidas; y su corolario, los
proyectos de seguimiento digital de la población amparados en la
necesidad de limitar el número de contagios de covid-1.
“Quédate en casa”... usando Internet y sin cuestionar los riesgos para la salud de los dispositivos inalámbricos
Desde los primeros días del confinamiento
estuvo claro que uno de los efectos sociales inmediatos de la pandemia,
en España y en Francia, sería una profundización de nuestra dependencia
de la informática y de los dispositivos inalámbricos (móvil, WiFi,
Bluetooth, etc.) Y eso que, al ritmo al que iban las cosas, ¡parecía
difícil que pudiera acelerar aún más! Sin embargo, el confinamiento
obligatorio en los hogares ha hecho que, para muchos, las pantallas se
hayan convertido en casi la única manera de mantener el contacto con el
mundo: el comercio digital ha explotado, de hecho hasta la organización
de redes locales de aprovisionamiento de verduras y productos frescos ha
dependido en muchos casos de internet; el uso de videojuegos ha
alcanzado niveles estratosféricos; las consultas de «telemedicina» han
aumentado exponencialmente (pese a que lo único que ofrecen es una
simple conversación telefónica); también la continuidad de la docencia
reglada se ha hecho pasar por el ordenador, ignorando todas las voces
médicas que recomiendan limitar la exposición de los niños a las
pantallas y a las radiofrecuencias de microondas; y, por último, muchos
miles de personas están teletrabajando –se acabó lo de
«metro-curro-catre», la cosa se ha quedado en «de la cama al ordenata»,
«en la cama con la tablet» o «en el catre con el ordenata».
Por supuesto, los grandes medios de comunicación no
encuentran nada preocupante en esta reducción masiva de todas las
actividades humanas a una sola. Todo lo contrario, cuanto más dependa
una iniciativa solidaria de una web, una plataforma virtual o un grupo
de mensajería, más la aplauden. De hecho, animan a que cada cual acepte
resignadamente que la única opción es tomar el aperitivo juntos pero solos, «por» Skype, y hasta han sido capaces de encontrar a creyentes deseosos de comulgar en Semana Santa a través de una pantalla.
Esta intensa campaña de promoción de la vida digital no
produce, sin embargo, alarma alguna en el ámbito del pensamiento: nadie
parece encontrar preocupante la informatización total del mundo y el
aumento de la exposición continuada a las radiofrecuencias. A ambos
lados de los Pirineos, periodistas, economistas y hombres de Estado nos
instan a romper nuestra dependencia de la industria china en sectores
como el médico o el textil. Pero su deseo de independencia nacional no
suele llevarles a inquietarse por el hecho de que todo el sector de las
TIC dependa de las minas y las fábricas asiáticas, muy a menudo de
instalaciones industriales gigantescas cuya «relocalización» resulta
difícil concebir. Se alzan otras voces que van más allá de la crítica a
la globalización del comercio y reivindican un cambio profundo en
«nuestro modelo de desarrollo». Sin embargo, lo más habitual es que
pasen por alto el papel central de lo digital en dicho modelo y que, por
tanto, no señalen que poco cambiará en materia de precariedad social y
ecología si continuamos haciendo todo a través de internet y expuestos a
los cada vez más insostenibles niveles de radiación de los dispositivos
inalámbricos.
En lo que respecta al presidente Macron, sus
intervenciones más recientes han hecho repetidamente referencia al
Consejo Nacional de la Resistencia y su espíritu de compromiso social.
Sin embargo, en la práctica su proyecto de hacer de Francia una start-up nation nunca se ha detenido. Por el contrario, ha experimentado un salto cualitativo. Algo
similar podríamos decir del gobierno de coalición PSOE-Podemos. Sus
reiteradas referencias a los Pactos de la Moncloa y al espíritu social
de la Constitución no han impedido que el proyecto de digitalización de
la sociedad, que desempeñó un papel central en el discurso de
investidura de Pedro Sánchez, se mantenga intacto. Esta nueva era de
trabajo virtual es la más propicia para rematar la ofensiva contra los y
las trabajadoras asalariadas que se puso en marcha bastante antes de la
llegada del coronavirus: destrucción masiva de puestos de trabajo por
la aparición de nuevas aplicaciones, plataformas y robots; reducción del
trabajo relacional, sustituido por respuestas automatizadas gobernadas
por algoritmos; pérdida de sentido en el trabajo según éste va siendo
progresivamente sustituido por absurdas rutinas burocráticas; aumento de
la explotación y debilitamiento de la capacidad de resistencia de las y
los trabajadores, que cada vez se encuentran más aislados.
De este modo, el confinamiento ha supuesto una oportunidad
inigualable para dirigirse todavía más rápidamente al objetivo que, en
Francia, marcaba al plan de Acción Pública 2022: sustituir todos los
servicios públicos por portales online. Como ya se ha podido
comprobar con el cierre de las ventanillas físicas en las estaciones de
tren, esta digitalización acelera la privatización de los servicios
públicos al transferir el trabajo antes presencial a plataformas
comerciales caracterizadas por sus prácticas opacas y responsables de la
creación masiva de perfiles usando los datos de los usuarios. Esta
transformación supone, además, una exclusión violenta de los usuarios
poco o nada conectados –hasta una quinta parte de la población, en la
que se incluyen las personas mayores, las más vulnerables económicamente
y las recalcitrantes. Tiende a obligar a sectores de la población en
vías de empobrecimiento masivo a comprar en ocasiones tantos equipos
informáticos «básicos» (PC, smartphone, impresora, escáner…)
como miembros de la familia. Esta transformación, en suma, nos empuja
hacia un mundo profundamente deshumanizado y kafkiano.
«La digitalización de todo lo que puede ser digitalizado
es el medio del que se ha dotado el capitalismo del siglo XXI para poder
seguir abaratando costes […]. Retrospectivamente, es posible que esta
crisis sanitaria aparezca como un momento de aceleración de la
virtualización del mundo, como el punto de inflexión de la transición
desde el capitalismo industrial al capitalismo digital. Y, por tanto, de
su corolario: el hundimiento de las promesas humanistas de la sociedad
[de servicios]». Este análisis de sentido común no proviene de un
enemigo acérrimo del neoliberalismo que expresara su rabia ante las
decisiones tomadas en los últimos cuarenta años bajo la presión de los
medios empresariales. Viene, en cambio, de un economista de
centro-izquierda que forma parte del Consejo asesor del periódico Le Monde.
Una declaración así basta para comprender que, si es cierto que se está
desarrollado una «doctrina del shock», el centro de la misma está frente a nuestras narices: la intensificación de la digitalización de la vida cotidiana y económica.
Nos parece, por tanto, que resulta más que legítimo hablar
de una doctrina del shock digital, en el sentido de que la crisis
sanitaria ha sido la oportunidad perfecta para reforzar nuestra
dependencia de las herramientas informáticas y desarrollar muchos
proyectos económicos y políticos previamente existentes: docencia
virtual, teletrabajo masivo, salud digital, Internet de las Cosas,
robotización, supresión del dinero en metálico y sustitución por el
dinero virtual, promoción del 5G, smart city… A esa lista se puede añadir los nuevos proyectos de seguimiento de los individuos haciendo uso de sus smartphones,
que vendrían a sumarse a los ya existentes en ámbitos como la
vigilancia policial, el marketing o las aplicaciones para ligar en
internet. En conclusión, el peligro mayor al que nos enfrentamos no es
que las cosas «se queden como estaban», sino que vayan a bastante peor.
¿Cuándo China despierta en nuestro interior?
Ya casi nadie duda de que la salida del confinamiento, o
la “desescalada” paulatina, en muchos Estados europeos va a suponer la
puesta en marcha de nuevos dispositivos de vigilancia a través de los smartphones.
Si tenemos en cuenta que al miedo de enfermar se le suma ya el hastío y
la imposibilidad económica de seguir confinados durante meses, lo
anterior no puede ser considerado más que un enorme chantaje de los
gobiernos al conjunto de la población.
Percibamos la dimensión del timo: en un contexto de grave
penuria de instrumentos básicos en la lucha contra el contagio (carencia
de suficientes mascarillas y batas en los hospitales, escasez de
sanitarios y de camas y, para colmo, poquísimos test de detección
disponibles), se nos ofrece en su lugar un invento de ciencia ficción:
aplicaciones para la detección digital de la transmisión del
coronavirus. Aunque sigue sin asegurarse un apoyo económico masivo y
estructural a los hospitales públicos para que puedan hacer frente a una
crisis que ha venido para quedarse, sin embargo no se duda en atravesar
un nuevo Rubicón en el rastreo sistemático de los desplazamientos y las
relaciones sociales, por ahora únicamente de aquellos que den su
consentimiento explícito. Los resultados médicos de esta estrategia son
más que dudosos, en cambio las consecuencias políticas no dejan lugar a
dudas.
El hecho de saberse continuamente vigilado es fuente
comprobada de conformismo y sumisión a la autoridad, incluso cuando no
se vive en una dictadura. Desde el gobierno nos aseguran que los datos
recogidos por las aplicaciones de seguimiento de las personas infectadas
por la covid-19 serán primero anonimizados y posteriormente destruidos.
Sin embargo, basta con leer la parte de las memorias de Edward Snowden
donde éste habla de la vigilancia virtual para darse cuenta de que nadie
puede garantizar algo así. Es más, un vistazo a la historia reciente de
la tecnología muestra que los dispositivos liberticidas que se
introducen en tiempo de crisis casi nunca desaparecen: si se extienden a
gran escala, y bajo la égida del Estado, las aplicaciones de
seguimiento se quedarán y será muy difícil impedir que se extiendan al
conjunto de la población. Basta con pensar en la identificación a través
del ADN, que en Francia se instaló a finales de los años 1990 como
reacción frente a una serie de crímenes sexuales y de la que los
ministros de la época afirmaban que siempre se mantendría limitada a
criminales de alto nivel. Hoy en Francia cuando a uno lo arrestan por
quedarse más de lo debido en una manifestación la identificación a
través del ADN es casi automática. Es más, quizá bastaría con
reflexionar sobre un punto básico: no tenemos la menor idea de cuánto
durará este episodio pandémico en el que llevamos sumidos desde
comienzos de marzo, ¿seis meses, tres años, más aún?
Sea como fuere, esta crisis ha venido atravesada por la
idea de que para encontrar modelos realmente eficaces en la lucha contra
el coronavirus es necesario dirigir la atención hacia Asia en general, y
hacia China en particular. En Francia los medios de comunicación y los
políticos hacen sobre todo referencia a Corea del Sur, Taiwán o
Singapur, donde la hipermodernidad tecnológica no se asocia (con o sin
razón) al despotismo político. En España, sin embargo, el estallido de
la crisis sanitaria fue testigo de cómo algunos de los principales
periódicos del país se preguntaban abiertamente si la «democracia» no
era un lastre que condenaba a una lucha ineficaz contra el virus. Al
mismo tiempo, algunos «camisas viejas» del liberalismo hacían expresa su
admiración por el autoritarismo chino high tech y su
efectividad: geolocalización de teléfonos móviles, sistemas de
calificación social alimentados por los datos que los ciudadanos vuelcan
constantemente en internet, reconocimiento facial, uso de drones
teledirigidos para vigilar y sancionar a la población. Este cambio de
mirada es uno de los elementos clave del cambio de rumbo que estamos
quizá viviendo: durante décadas nos hemos acostumbrado a leer nuestro
futuro con las lentes que nos ofrecían los cambios en la sociedad
norteamericana. Hoy, de manera súbita, parece que es la China
post-maoísta la que define nuestro destino, ella que ha sido capaz de
hacer un uso sin complejos de las innovaciones de Sillicon Valley.
El crecimiento de la tecnología únicamente puede ser fuente de colapsos ecológicos y sanitarios
Por lo pronto la decisión de las
autoridades políticas europeas de hacer un uso masivo de aplicaciones de
seguimiento a través de smartphone como medida de control de
la covid-19 no es más que una forma de bluff. Una suerte de medida de
acompañamiento psicológico que tiene sobre todo como fin el dar la
impresión de que se toman medidas, que los gobiernos son capaces de
hacer algo, que tienen ideas para poner la situación bajo control. Sin
embargo, en países como los nuestros o como Italia, es evidente que no
controlan nada. Por el contrario, lo que vemos es que gobiernos de toda
Europa se doblegan a las exigencias patronales de vuelta al trabajo y
reactivación de la economía, lo que hace todavía más urgente sacarse de
la chistera alguna aplicación mágica, la única medida con la que parecen
contar para proteger a la gente.
De hecho, para lo que sirven dispositivos como la
geolocalización digital es para garantizar el mantenimiento de una
organización social patológica, pretendiendo al mismo tiempo limitar el
impacto de la epidemia que actualmente sufrimos. El seguimiento del
coronavirus tiene como objetivo preservar (por ahora) un tipo de mundo
donde nos desplazamos demasiado, para nuestra salud y para la de la
Tierra; donde trabajamos cada vez más lejos de casa, cruzándonos en el
camino con miles de personas que no conocemos; donde consumimos los
productos de un comercio mundial cuya escala excluye cualquier
posibilidad de regulación moral. Lo que los promotores de la
geolocalización buscan preservar no es, prioritariamente, ni nuestra
salud ni nuestro «sistema de salud», sino la sociedad de masas. De
hecho, una sociedad de masas aún más profunda, en el sentido en
el que los individuos que la componen estarán todavía más aislados y
encerrados sobre sí mismos por culpa del miedo y la tecnología.
Ahí donde la pandemia actual debería incitarnos a
transformar radicalmente una sociedad en la que la urbanización
desbocada, la contaminación del aire, la contaminación electromagnética y
el exceso de movilidad pueden tener consecuencias incontrolables, sin
embargo el desconfinamiento gestionado a través del big data amenaza
con hacernos profundizar todavía más en ella. La emergencia de la
covid-19, como las de otros virus desde el año 2000, está estrechamente
vinculada para muchos investigadores con la desforestación. Ésta genera
contactos imprevistos entre diversas especies animales y seres humanos.
Otras investigaciones apuntan a la ganadería intensiva de concentración,
saturada de antibióticos mutágenos. Decir que la respuesta a la
covid-19 tiene que ser tecnológica, como leemos en muchísimos medios, es
continuar con la huida hacia adelante de una lógica de dominio y
control de la naturaleza ilusoria y, como muestra cada día la crisis
ecológica, condenada al fracaso. El impacto de la industria de las TIC
sobre los ecosistemas es ya insostenible: además de los riesgos para la
salud de la población y los demás seres vivos, la industria de las TIC
ha ha creado una auténtica fiebre de los metales que devasta algunas de
las zonas mejor conservadas del planeta, se apoya sobre una industria
química especialmente contaminante, engendra montañas de residuos y,
debido a la multiplicación de los data center y al aumento
permanente del tráfico en internet, obliga a las centrales eléctricas a
funcionar a toda máquina. Éstas emiten ya una cantidad de gases de
efecto invernadero equiparable a la asociada al tráfico aéreo.
Más aún, el modo de vida conectado, sobre todo en su
aspecto inalámbrico, es globalmente nocivo para nuestra salud.
Adicciones, dificultades relacionales y de aprendizaje entre los más
pequeños, pero también electrosensibilidad: se estima que 1.500.000
personas (3% de la población), el 90% mujeres, padecen en España
enfermedades de sensibilización central (fibromialgia, síndrome de
fatiga crónica, sensibilidad química múltiple y sensibilidad
electromagnética). Además, cada vez más investigaciones identifican
estas enfermedades emergentes como enfermedades neurológicas producidas
por estrés oxidativo celular relacionado con factores ambientales
(productos químicos y ondas electromagnéticas). Unas cifras que invitan a
poner en marcha investigaciones profundas para comprender cómo aparecen
y actúan. A lo anterior hay que sumarle la posibilidad, contemplada por
la OMS, de que las ondas electromagnéticas artificiales sean
cancerígenas. Ante las evidencias de los vínculos establecidos entre
tumores de corazón en ratas y ondas 2G/3G por el National Toxicology Program de los EEUU en 2018,
la ausencia de un consenso científico total, sólo ha servido para
liberar de su responsabilidad a la industria de la telefonía móvil que,
acogiéndose a la incertidumbre, justifica una huida hacia adelante sin
aplicar nunca el principio de precaución.
Por último, en la primera línea de la doctrina del shock
desplegada por los gobiernos, se encuentra la simplificación de la
instalación de antenas de retransmisión, contra las que muchos vecinos y
asociaciones vienen luchando (alegando sus posibles efectos sobre la
salud). En Francia, la Ley de urgencia del 25 de marzo de 2020 permite
la instalación de antenas sin aprobación de la Agencia Nacional de
Radiofrecuencias. Al mismo tiempo, la explosión del uso de internet
ligada al confinamiento justifica en muchos lugares, sobre todo en
Italia, continuar el desarrollo de la red 5G. En España, aunque vivimos
un parón momentáneo, todo apunta a que el proyecto se retomará con nuevo
ímpetu al final de este mismo año. Mientras que investigadoras,
científicos, ciudadanas y ciudadanos del mundo entero llevan años
oponiéndose a esta innovación, la prensa corre un velo sobre esta
inquietud recubriéndola de noticias sobre una cuestionable vinculación
entre la extensión de la covid-19 y las ondas del 5G. Las GAFAM (Google,
Amazon, Facebook, Apple y Microsoft) han llegado incluso a eliminar
gran cantidad de publicaciones virtuales que llamaban la atención sobre
los efectos de esta nueva etapa de intensificación de los campos
electromagnéticos artificiales. Sin embargo, esas inquietudes son
perfectamente legítimas: por un lado, porque desplegar una fuente de
contaminación electromagnética que va a multiplicar por dos todas las
fuentes ya existentes sin conocer a ciencia cierta sus efectos es una
aberración desde el punto de vista del principio de precaución. Por
otro, porque un peligro absolutamente comprobado del 5G es que está
destinado a servir de base para la extensión de los objetos
interconectados, los coches automáticos y, en general, una sociedad
hiperconsumista cuyos efectos sociales, sanitarios y ecológicos son
insostenibles.
Frenar la escalada
Si quisiéramos resumir la situación
podríamos decir que los tecnócratas de todo el mundo pretenden
protegernos del coronavirus hoy acelerando un sistema de producción que
ya compromete nuestra supervivencia en el futuro presente. Es absurdo,
además de estar destinado al fracaso.
Lo que hace falta no son tecnologías que nos hagan más
irresponsables, decidiendo por nosotros dónde podemos ir y qué podemos
hacer. Lo que necesitamos es ejercer nuestra responsabilidad personal y
colectiva para luchar contra las flaquezas y el cinismo de los
dirigentes. Necesitamos construir desde la base, y con ayuda de
epidemiólogos, médicos y sanitarios, reglas de prudencia colectiva
razonables y sostenibles a largo plazo. Y para que estas inevitables
restricciones tengan sentido, no sólo necesitamos saber en tiempo real
el estado de las urgencias. Necesitamos una reflexión colectiva
y consecuente sobre nuestra salud, sobre los medios necesarios para
protegernos de las muchas patologías ligadas a nuestra forma de vivir:
los futuros virus, pero también los factores de «co-morbilidad» como el
asma, la obesidad, las enfermedades cardiovasculares, la diabetes y, por
supuesto, el cáncer.
Lo que esta crisis saca de nuevo a la luz es el problema
de la dependencia de un sistema de aprovisionamiento industrial que
saquea el mundo y debilita nuestra capacidad de oponernos de manera
material y concreta a las injusticias sociales. Desde nuestro punto de
vista, el único modo de garantizar nuestra capacidad de alimentarnos,
cuidarnos y cubrir nuestras necesidades básicas en las crisis que están
por venir es hacemos colectivamente cargo de nuestras necesidades
materiales, desde la base y en alianza con muchos de los y las
profesionales hoy responsables de dichas tareas. Y para ello resulta
imprescindible comprender que la informatización se opone frontalmente a
esa necesaria construcción de autonomía: la digitalización se ha
convertido en la piedra angular de las grandes industrias, de las
burocracias estatales, y en general de todos los procesos de
administración de nuestras vidas que se rigen por las leyes del
beneficio y el poder.
Se ha vuelto habitual escuchar que en algún punto de esta
crisis será necesario pedir cuentas a los dirigentes. Y, como es
habitual, no faltarán las reclamaciones en materia de dotación
presupuestaria, de abuso patronal y bancario o de redistribución
económica. Sin embargo, junto a estas indispensables reivindicaciones,
tienen que venir otras que o partan de nosotros mismos o se obtengan
mediante la lucha contra quienes hoy están tomando las decisiones. Al
menos si queremos poder conservar nuestra libertad, es decir, si
queremos conservar la posibilidad de combatir contra las lógicas de la
competencia y la rentabilidad, y construir un mundo donde el miedo al
otro y la atomización de la población no se instalen de manera
indefinida.
1. Durante las últimas semanas se ha hecho habitual que muchas personas dejen sus smartphones
en casa cuando salen. Llamamos a la generalización de este tipo de
gestos y al boicot de las aplicaciones públicas y privadas de
seguimiento digital. Más allá de lo anterior, invitamos a todas y todos a
reflexionar profundamente sobre la posibilidad de abandonar su teléfono
inteligente y reducir en gran medida su uso de la tecnología
inalámbrica. Volvamos, por fin a la realidad.
2. Llamamos a la población a informarse sobre las
consecuencias económicas, ecológicas y sanitarias del despliegue de la
red 5G y a oponerse activamente al mismo. Más aún, invitamos a todas y
todos a informarse sobre las antenas de telefonía móvil que ya existen
cerca de su casa y a oponerse a la instalación de nuevas antenas
transmisoras.
3. Llamamos a una toma de conciencia de los problemas
asociado a la digitalización en curso de todos los servicios públicos.
Uno de los desafíos en el periodo post-confinamiento (¿o en los periodos
entre confinamientos?) será lograr que la atención presencial siga
disponible, o vuelva a estarlo, en ciudades y pueblos, en estaciones de
tren, en la Seguridad social, en las administraciones locales, etc.
Merecería la pena luchar por la defensa del servicio postal (esencial,
por ejemplo, para la circulación de ideas más allá del mundo virtual) y
la conservación de un servicio de teléfono fijo que funcione bien y sea
independiente de la contratación de internet.
4. Otra batalla crucial para el futuro de la sociedad es
el rechazo de la escuela digital e inalámbrica. La crisis que estamos
atravesando se ha aprovechado para normalizar la educación a distancia a
través de internet, y sólo una reacción contundente de profesores y
familias podrá impedir que se instale definitivamente. Pese a que la
escuela es susceptible de críticas desde muchos puntos de vista
diferentes, estamos convencidos de que estas últimas semanas se habrá
hecho evidente para muchos que sigue teniendo sentido aprender juntas y
que es muy valioso para los más pequeños estar en contacto con maestros y
maestras de carne y hueso.
5. La economía no está ni ha estado nunca paralizada, por
lo que tampoco deberían estarlo los conflictos sociales. Apoyamos a
todas las personas que han sentido su integridad en riesgo, desde un
punto de vista sanitario, en su puesto de trabajo habitual o durante sus
desplazamientos. Sin embargo, queremos también llamar la atención sobre
los abusos y el sufrimiento que acompañan al marco del teletrabajo a
domicilio. Algunos llevamos años denunciando la informatización del
trabajo, y nos parece evidente que la extensión del teletrabajo forzado
es un proceso al que tenemos que oponernos a través de nuevas formas de
lucha y boicot.
6. Es muy probable que, desde el punto de vista económico,
los meses siguientes puedan ser terribles. Es posible que vivamos un
empobrecimiento masivo de la ciudadanía, al igual que no deberíamos
descartar colapsos bancarios y monetarios. Frente a estos peligros, es
necesario que pensemos en cómo vamos a comer y cómo vamos a cultivar las
tierras que nos rodean, cómo nos vamos a integrar en las redes de
aprovisionamiento de proximidad y, sobre todo, en cómo extender lo
anterior para que esté al alcance de la mayoría de la población. De
igual modo deben ser cuestiones prioritarias el garantizar la
supervivencia de las y los agricultores que producen comida sana cerca
de donde vivimos y el apoyo a todos los nuevos que decidan instalarse.
Lo que hemos dicho anteriormente explica por qué creemos que recurrir a
la alta tecnología no puede en ningún caso ser una solución humana y
perenne.
7. Por último, todo apunta a que en los próximos meses nos
va a tocar defender maneras de poder encontrarnos físicamente, inventar
o retomar espacios de discusión pública en estos tiempos difíciles en
los que se darán muchas batallas decisivas. Sin duda, todo lo anterior
tendrá que hacerse con la idea en mente de minimizar los riesgos de
contagio. Pero la vida digital no puede ser un sustituto permanente de
la vida real, y los sucedáneos de debate que hoy se realizan por
internet no podrán nunca reemplazar la presencia en carne y hueso y el
diálogo de viva voz. Cada cual debe reflexionar desde este momento sobre
el modo de defender el derecho de reunión (reuniones de vecinos,
asambleas populares, manifestaciones), sin el cual los derechos
políticos son imposibles y sin el cual es imposible construir una
posición de fuerza, imprescindible para dar existencia a cualquier tipo
de lucha.
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Notas
1. Extracto de la entrevista a Daniel Cohen en Le Monde
del 3 de abril de 2020. Que lo citemos aquí no implica en ningún caso
que estemos en sintonía con el tipo de categorías que Cohen utiliza: en
realidad lo digital no es más que una profundización del carácter
industrial del capitalismo, y la sociedad post-industrial de la que él
habla simplemente no existe.
2. Referencia a la fórmula y la obra de Naomi Klein, La
doctrina del shock, que se tradujo en España en el año 2007 y fue
publicada por la editorial Paidós. En el libro este término se
ejemplificaba con las oportunidades que el huracán Katrina, que impactó
Luisiana en 2005, ofreció a las clases empresariales norteamericanas.
3. Para profundizar en esta cuestión, acúdase al capítulo 2
de la traducción del libro del Grupo MARCUSE La libertad en coma:
contra la informatización del mundo, Madrid 2019, Ediciones El Salmón.
4. Edward Snowden, Vigilancia permanente, Madrid 2019,
Planeta. Siendo más precisos, en lo que Snowden insiste es en la
imposibilidad de hacer desaparecer por completo los datos que se
registran. En lo relativo a la imposibilidad de anonimizar,
recoomendamos el análisis de Luc Rocher que se reseña en el artículo «No
existe el anonimato, gracias a tus datos pueden rastrearte y
encontrarte», publicado el 31 de julio de 2019 en el periódico ABC.
5. Recomendamos revisar el análisis a ese respecto que ha realizado la asociación La Quadrature du Net,
publicado en su página web el 14 de abril, que entre otras cosas llama
la atención sobre la poca fiabilidad de la tecnología Bluetooth, su
escasa precisión a la hora de indicar contactos entre personas
diagnosticadas como «positivas», en particular en zonas muy pobladas, y
la dificultad de activarla o utilizarla para mucha gente.
6. Ver los estudios de Alfonso Balmori.
7. Se puede revisar, entre otros materiales, la síntesis de
Cécile Diguet y Fanny Lopez, L’impact spatial et énergétique des data
centers sur les territoires, disponible en www.ademe.fr
Firmado por los siguientes colectivos y personas:
Anticapitalistas (confederal)
Redacción de la revista L’Âge de faire (Alpes de Haute-Provence)
Association Résistance 5G Nantes
Blog "El Rumor de las Multitudes", periódico El Salto
Calumnia, espai cultural
Centro de Documentación Crítica
Colectivos de Vallon, de Saint-Affrique, del Sur-Oeste y
de Millau (colectivos de difusión sobre los objetos conectados y los
campos electromagnéticos artificiales)
Disciplina Social
Fabricants de Futur - sin bandera sin frontera
Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM)
Grupo de Decrecimiento «hasta aquí hemos llegado»
Grupo de Investigación Transdisciplinar sobre Transiciones Socioecológicas (GinTRANS2)
Grupo Surrealista de Madrid (Andrés Devesa, Eugenio
Castro, Javier Gálvez, Jesús García Rodríguez, Vicente Gutiérrez
Escudero, Lurdes Martínez, Noé Ortega Quijano, Antonio Ramírez, Jose
Manuel Rojo, María Santana, Ángel Zapata)
Halte au contrôle numérique
Instituto Resiliencia, entidad integrante del Centro de Saberes para a Sustentabilidade, Ames (Galicia)
La Ortiga Colectiva
Les Décâblés
Redacción de la revista CTXT
Redacción de la revista Viento Sur
Robin des toits, asociación nacional por la seguridad sanitaria en las tecnologías inalámbricas.
Solidaritat i Comunicació, SICOM
Walter ACTIS, sociólogo, miembro de Ecologistas en Acción (Madrid)
José ALBELDA, doctor en Bellas Artes, Profesor de Universidad, (Valencia)
Adrian ALMAZÁN-GÓMEZ, doctor en Filosofía, coordinador del
grupo de trabajo sobre digitalización, informatización, TIC, CEM y 5G
de Ecologistas en Acción y miembro del Grupo de Investigación
Transdisciplinar sobre Transiciones Socioecológicas (GinTRANS2)
Mònica ALCALÁ-LORENTE: doctoranda en historia de la
ciencia en CEHIC-UAB y docente de la Facultat de Medicina de la UAB.
Activista en Ecologistes en Acció
Juanjo ÁLVAREZ, militante ecosocialista
Santiago ÁLVAREZ CANTALAPIEDRA, director de la revista Papeles de relaciones ecosociales y cambio global, miembro de GinTRANS2
Matthieu AMIECH, Écran total (Tarn), co-autor de La libertad en coma, miembro del grupo Marcuse
Artur APARICI CASTILLO, profesor jubilado, miembro del Fòrum de la Nova Ruralitat
Camille APRUZZESE, ortofonista (Loire)
Carlos FERNÁNDEZ LIRIA, profesor universitario
Santiago ALBA RICO, escritor, ensayista y filósofo
Gabriel ARANZUEQUE, profesor de Filosofía (UAM), editor de Ontología de la distancia. Filosofías de la comunicación en la era telemática, coordinador del grupo de investigación "Genealogías del pensamiento contemporáneo"
Antonio ARETXABALA, investigador en la Universidad de Zaragoza, divulgador científico
Asier ARIAS, doctor en Filosofía y miembro de Ecologistas en Acción
Nazanin ARMANIAN, ensayista, traductora y periodista
Fernando ARRIBAS HERGUEDAS, doctor en Filosofía y profesor universitario (URJC, Madrid)
Maurice AUBRY, jubilado, Écran total (Manche)
Martine AUZOU, profesor jubilado, Écran Total (Rhône)
Joseba AZKARRAGA, profesor e investigador en la Universidad del País Vasco
Paco BAILO LAMPÉREZ, profesor jubilado (Zaragoza)
Iñaki BÁRCENA-HINOJAL, profesor de Ciencia Política (UPV-EHU) y miembro de Ekologistak Martxan
Michèle BECKER, jubilado (Pyrénées-Atlantiques)
Maryse BELICARD, Saint-Jean-de-Luz (Pays basque)
Julien BELLANGER, association Ping (Nantes)
Fernando BELTRÁN, poeta
Joan BENACH, profesor universitario e investigador
(Departamento Ciencias Políticas y Sociales UPF; JHU-UPF Public Policy
Center)
Nicolas BERARD, periodista, autor de Sexy, Linky? y 5G mon amour
Rodrigo BERCOVITZ RODRÍGUEZ-CANO, profesor de Derecho civil (jubilado) y abogado en activo
Aurélien BERLAN, Écran total (Tarn), co-autor de La libertad en coma, miembro del grupo Marcuse
Esteban BERNATAS CHASSAIGNE, productor audiovisual (en reconversión post-petróleo)
Clémentine BERMOND, fabricante de muebles (Paris 11è)
Jean-Claude BESSON-GIRARD, pintor (Rhône)
Cédric BIAGINI, editor (L’Echappée, Paris), autor de L’Emprise numérique
Paca BLANCO, activista de Ecologistas en Acción y de
Anticapitalistas, miembro de la Red de mujeres por un nuevo modelo
energético
Encarna BODELÓN, profesora Titular de Filosofía del derecho (Universitat Autònoma de Barcelona)
Christophe BONNEUIL, historiador (Drôme)
Frédéric BOONE, astrofísico (Toulouse), Atelier d’écologie politique (Atecopol)
Eva BOTELLA ORDINAS, profesora de historia moderna (UAM), coordinadora del proyecto de investigación POSTORY
Amelia BURKE, directora Fabricants de Futur - sin bandera sin frontera
Josep CABAYOL, periodista y presidente de la ONG Solidaritat i Comunicació, SICOM
Beatriz CALVO, periodista, directora de Ariadna TV, coautora de Contemplación de la naturaleza. Implicaciones éticas
Antonio CAMACHO PALENCIA, físico y profesor jubilado, activista en el movimiento ecologista
Antonio CAMPILLO, profesor de filosofía (Universidad de Murcia), sociólogo y escritor, miembro de Ecologistas en Acción
Gonzalo del CAMPO ANTOLÍN, profesor de Historia jubilado (Aínsa, Huesca)
Guillaume CARBOU, investigador en ciencias de la información y de la comunicación en Bordeaux
Óscar CARPINTERO, profesor de Economía aplicada (Universidad de Valladolid), miembro del grupo de investigación GEEDS
Joan CARRERA; médico, profesor de ética en la Facultat de Teologia de Catalunya, colaborador del Institut Borja de Bioética
Claude CARREY, trabajador social jubilado, Écran total (Manche)
Jesús CARRILLO, profesor de Historia del Arte en la UAM, miembro del Institute of Radical Imagination y del proyecto POSTORY
Miguel CASADO, poeta, crítico y traductor
Ignacio CASADO CASCO, Profesor de Geografía e Historia (Las Palmas de Gran Canaria)
Manuel CASAL LODEIRO, informático, consultor de proyectos en internet, activista y coordinador de la revista 15/15\15
Xavi CASANOVAS, matemático, director del Centre d'Estudis Cristianisme i Justícia
Carlos de CASTRO, profesor de Física y de Historia de la tecnología y de la ciencia (Universidad de Valladolid)
Eugenio CASTRO, miembro del Grupo Surrealista de Madrid
Roger CHAMBARD, sindicalista CNT 71 (Saône-et-Loire)
Antonia CILLA, traductora de italiano y portugués
Fabrice CLERC, co-gestor y co-fundador de la cooperativa L’Atelier paysan
Salvador COBO MARCOS, editor de Ed. El Salmón y la revista Cul de Sac
Jean-Luc COEDIC, jubilado, Écran total (Saône-et-Loire)
Mickaël CORIAT, astrofísico (Toulouse), Atecopol
Pablo CORRAL, investigador-docente en Historia hispánica y ambiental en La Réunion, autor de Protesta y ciudadanía, miembro del grupo STAND (Universidad de Granada)
Inés M. CORRALIZA, profesora de Bioquímica (Universidad de Extremadura)
Antoine COSTA, documentarista (Grenoble), co-producto del documental Mouton 2.0, la puce à l’oreille
Brigitte COSTY, pintora, simpatizante de Écran total en Lyon
Fabrice COULOMB, investigador-docente de sociología en la Universidad de Evry
Manuel CRESPO
Maguelone CROS, enfermero psiquiátrico, Écran total (Hérault)
Bernard DAUVERGNE, jubilado, Écran total (Saône-et-Loire)
Paula DAZA NAVARRO, profesora e investigadora (Departamento de biología celular de la Universidad de Sevilla)
Carmen DELGADO ÁLVAREZ, psicóloga, profesora investigadora de la UPSA (Salamanca), miembro del Foro de Política Feminista
Federico DEMARIA, profesor de Economía ecológica y ecología politica, co-autor de Decrecimiento y Pluriverso, miembro de Research & Degrowth
Raphaël DESCHAMPS, Écran total (Jura), revista L'Inventaire
Andrés DEVESA, miembro del Grupo Surrealista de Madrid
Rafael DÍAZ-SALAZAR, profesor de Sociología y Relaciones
internacionales en la Universidad Complutense de Madrid, miembro de
Amnistía Internacional
Ángeles DÍEZ RODRÍGUEZ, doctora en CC. Políticas y
sociología, profesora universitaria (UCM), miembro del Frente
Antiimperialista Internacionalista
Daniel DÍAZ RODRÍGUEZ, profesor de Secundaria en Las Palmas de Gran Canaria
Jordi DOCE, poeta, crítico y traductor, coordinador de la colección de poesía de la editorial Galaxia Gutenberg
Gustavo DUCH GUILLOT, escritor, miembro de la cooperativa El Pa Sencer, redactor de la revista Soberanía alimentaria
Josu EGIREUN, miembro de la redacción de Viento Sur
Ángeles ESPADAS, socióloga, profesora de la Universidad de Jaén y miembro de la Red CIMAS
Michela DI CARLO, grupo Faut pas pucer (Tarn)
Concepcion ELEJABEITIA, una más
Odei ETXEBERRI BIMBOIRE
Enrique FALCÓN, poeta
Régis FAUCHEUR, profesor en la Drôme, Appel de Beauchastel y Écran Total
Nathalie FERNANDEZ, ganadera en el Tarn, grupo Faut pas pucer
Jose Luis FERNÁNDEZ CASADEVANTE, sociólogo, miembro del
Foro Transiciones y de la Federación Regional de Asociaciones Vecinales
de Madrid (FRAVM)
Gaëtan FLOCCO, investigador-docente de sociología en la Universidad de Evry
Sabela FONDEVILA, investigadora-docente en Psicología (UCM)
Juanjo FRAILE CONDE, de San Esteban de la Sierra, Salamanca
Heike FREIRE, pedagoga y escritora
José Luis GALLERO, poeta y documentalista, miembro de Árdora Ediciones
Javier GÁLVEZ, miembro del Grupo Surrealista de Madrid
Ariadna G. GARCÍA, profesora de Enseñanza secundaria y escritora
Ernest GARCIA, sociólogo, profesor emérito de la Universitat de València
Renaud GARCIA, profesor de filosofía de Bachillerato en
Marseille, Appel de Beauchastel (profesores contra la digitalización de
la escuela) y Écran total
Miguel Ángel GARCÍA CALAVIA, profesor universitario (Universitat de València).
Alicia GARCÍA RUIZ, filósofa, profesora de Filosofía y Teoría política (UC3M)
Jesús GARCÍA RODRIGUEZ, miembro del Grupo Surrealista de Madrid
Olvido GARCÍA-VALDÉS, poeta
Manuel GARI RAMOS, economista ecosocialista, militante de Anticapitalistas, miembro del Consejo de la revista Viento Sur y del Foro de Transiciones
Diego S. GARROCHO, profesor universitario de Ética y Filosofía política (UAM)
Marie GHIS MALFILATRE, investigadora en sociología en torno a los desafíos de la salud en el trabajo (Grenoble)
Toni GINER GOMIS, profesor universitario (Facultad de Educación de la Universidad de Alicante)
María GÓMEZ GARRIDO, profesora de la Universitat de les Illes Balears
María Teresa GONZÁLEZ, jubilada (Profesora de Educación Secundaria )
Gustavo GONZÁLEZ CALVO, profesor e investigador de la Universidad de Valladolid
Luis GONZÁLEZ REYES, doctor en Ciencias químicas, miembro de Ecologistas en Acción
Florent GOUGET, Appel de Beauchastel y Écran total (Loire), revista L’Inventaire
Patrice GOYAUD, miembro del CA de Robin des toits (Tarn)
Juan Carlos GRACIA, actor, miembro de Ecologistas en Acción/ Ecofontaner@s de Zaragoza y del Colectivo Patatús
Adeline GRAND-CLEMENT, investigadora-docente en historia antigua (Toulouse 2)
Marielle GRISARD, movimiento de los chalecos amarillos, Val de Saône
Ruth GUAJARDO, profesora de Enseñanza secundaria y traductora
Sarah GUILLET, Écran total (Loire), revista L'Inventaire
Vicente GUTIÉRREZ ESCUDERO, miembro del Grupo Surrealista de Madrid
Mélanie GUYONVARCH, investigadora-docente en socilogía en la Universidad de Evry
Júlio HENRIQUES, traductor, editor de la revista Flauta de Luz
Sonia HERRERA SANCHEZ, doctora en Comunicación audiovisual
y publicidad, investigadora independiente, activista feminista y
responsable del área social de Cristianisme i Justícia
Marta HERRERO, miembro del grupo de trabajo sobre digitalización, informatización, TIC, CEM y 5G de Ecologistas en Acción
Yayo HERRERO, antropóloga, educadora social,
investigadora y activista ecofeminista, miembro de Ecologistas en Acción
y del Foro Transiciones
Philippe HERVE, investigador del CNRS en ecología teórica y experimental (Ariège), Atecopol
Jean-Michel HUPE, investigador del CNRS en neurociencia y ecología política en Toulouse, Atecopol
Jesús HIDALGO ÁLVAREZ, investigador, periodista y escritor, portavoz/vocero de la Asamblea Mundial del Pueblo Libre
Pascale HUSTACHE, consejero principal de educación en el Loire
Célia IZOARD, periodista (Tarn), co-autor de La libertad en coma, miembro del grupo Marcuse
Antonio IZQUIERDO ESCRIBANO, profesor de sociología (Universidad de Coruña)
María C. JAIZME-VEGA, investigadora en microbiología del
suelo. (Tenerife), miembro de la Cátedra de Agroecología (ULL) y de la
Multiversidad de Agroecologia, Biodiversidad y Culturas
Miguel JARA, periodista especializado en salud y ecología
François JARRIGE, historiador en la Universidad de Bourgogne
José JIMÉNEZ, filósofo, profesor de Estética y Teoría de las artes (UAM), autor de Crítica del mundo imagen
María LAÍN, investigadora sobre movimientos ecologistas
juveniles y desarrollo (Universidad Comillas), miembro de Fridays for
Future y Extinction Rebellion
Julia LAINAE, estudiante en Lyon, co-autora de Contre l’alternumérisme
Eva LAINSA, profesora universitaria (Departamento de Educación Artística de la Universidad de Sevilla)
Sandrine LARIZZA, técnico de la seguridad social, colectivo Info Linky 5G Sud Ouest lyonnais
Laurent LARMET, agricultor en Ariège, grupo Faut pas pucer
Maxime LEBEQUE, Écran total (Loire), revista L'Inventaire
Mathias LEFEVRE, revista Ecologie & politique
Jorge LEÓN CASERO, Profesor Asociado de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza
Julien LEPY, técnico de mantenimiento en la Saône-et-Loire, Écran total
Stéphane LHOMME, consejero municipal en Gironde, animador de la web refus.linky.gazpar
Pilar Lucia LÓPEZ, pedagoga
Salvador LÓPEZ ARNAL, profesor jubilado, coautor de Contra la (sin)razón nuclear, colaborador de la revista El Viejo Topo
Pedro LÓPEZ LÓPEZ, profesor universitario (Universidad
Complutense de Madrid), miembro de la Asociación Pro Derechos Humanos de
España
Aurora LUQUE, poeta, traductora, profesora de griego clásico
Jacques LUZI, investigador-docente en economía (Bretagne), revista Écologie & politique
Maria Grazai MACCHIA, Librero en Madrid Enclave de libros
Carmen MADORRÁN AYERRA, profesora e investigadora (Departamento de Filosofía de la UAM), miembro de Foro Transiciones
Chantal MAILLARD, profesora titular de Filosofía jubilada (Universidad de Málaga), escritora
Juan MAINER BAQUÉ, historiador y miembro de la Federación Icaria (Fedicaria)
Pino MAIO, Librero en Madrid Enclave de libros
Jordi MAÍZ, profesor y editor
Nicolas MANES, responsable de la oficina de estudios de l’Ain
Vicente MANZANO-ARRONDO, profesor universitario de
Psicología (Universidad de Sevilla) y miembro del colectivo Universidad y
Compromiso Social
Carolina MÁRQUEZ GUERRERO, profesora universitaria (Universidad de Sevilla)
José Luis MARTIN, miembro de SOS EHS-EASC (ElectroHiperSensibilidad-Enfermedades Ambientales de Sensibilización Central)
Manuel MARTÍN HERRERO, ecologista
M. Engracia MARTÍN VALDUNCIEL, profesora universitaria (Universidad de Zaragoza), miembro del Colectivo Fedicaria
Lurdes MARTÍNEZ, miembro del Grupo Surrealista de Madrid
Angel MARTÍNEZ GLZ.-TABLAS, profesor jubilado de Economía
(UCM), miembro de la Asociación de Economía Crítica y del Foro de
Transiciones, autor de Economía política mundial
Alberto MATARÁN RUIZ, profesor de Urbanismo y ordenación
del territorio (Universidad de Granada), miembro del grupo de
investigación STAND-UGR
Julien MATTERN, investigador-docente en sociología en Pau, co-autor de La libertad en coma, miembro del grupo Marcuse
Karine MAUVILLY, periodista (Savoie), co-autora de Désastre de l’école numérique
Margarita MEDIAVILLA, profesora de la Universidad de
Valladolid, miembro del grupo de investigación en Energía, Economía y
Dinámica de Sistemas (GEEDS-UVA)
Pepe MEJÍA, periodista, activista social, miembro de
Anticapitalistas, miembro del Consejo de Redacción de Lucha Indígena y
corresponsal en Europa
Juan Carlos MESTRE, poeta
Pierre MESTRE, ganadero en el Tarn, grupo Faut pas pucer
Renaud MIAILHE, ciudadano
Annette MILLET, profesora (Loire)
Jordi MIR GARCIA, profesor universitario de Filosofía moral y política (UPF y UAB)
Natalia MOLINA, artista y docente en educación artística (Madrid)
María MONTESINO, socióloga y productora agroecológica. Forma parte de La Ortiga Colectiva
Julio MONTEVERDE
Charo MORÁN, bióloga y educadora ambiental, socia trabajadora de la cooperativa Garúa y activista en Ecologistas en Acción
Agustín MORENO, profesor de instituto y militante de Ecologistas en Acción
David MORIENTE, profesor de Historia y Teoría del arte (UAM), responsable de Comunicación y Promoción del Grado
Carmen MOZO GONZÁLEZ, profesora de Antropología social (Universidad de Sevilla)
Angel MTZ GLZ-TABLAS, catedrático de Economía en la UCM
(jubilado), miembro de la Asociación de Economía Crítica y del Foro de
Transiciones, autor de Economía Política Mundial (2 tomos)
F. Javier MURILLO, director de la Cátedra UNESCO en Educación para la Justicia Social de la UAM
Iván MURRAY, profesor de geografía en la Universitat de les Illes Balears (Mallorca)
Luis NAVARRO, promotor de Industrias Mikuerpo, editor de Literatura Gris
Javier NAVASCUÉS, ingeniero de Telecomunicaciones jubilado, portavoz del colectivo ecologista Rivas Aire Limpio
Sarah NECHTSCHEIN, investigadora en sociología en Pau
Jaime NIETO, investigador en Economía (Universidad de Valladolid), miembro del grupo de investigación GEEDS
Antonio ORIHUELA, profesor, poeta
Noé ORTEGA QUIJANO, miembro del Grupo Surrealista de Madrid
Jaime PASTOR, politólogo, editor de la revista Viento Sur
María PAZOS MORÁN, investigadora sobre economía feminista
Pedro PAZOS MORÁN, Ingeniero Industrial y campesino
Samuel PELRAS, profesor de filosofía (Lyon)
Carlos PEREDA, sociólogo, Invisibles de Tetuán
Quentin PEREZ, resistente al totalitarismo tecnológico en l’Ain
María Isabel PÉREZ MIRÓN
Marielle PERRY, médico, Écran total (Lyon)
Céline PESSIS, historiadora (Drôme)
Jordi PIGEM, filósofo, escritor y objetor de móvil, autor de Ángeles o robots: la interioridad humana en la sociedad hipertecnológica
Virginia PINEDA OGALLA, ilustradora, diseñadora gráfica y arteterapeuta
Jesús PINTO FREYRE, doctorando del Departamento de Filosofía de la UAM y miembro del colectivo Lapicero Blanco
Sara PLAZA escritora y traductora
José Luis PORCUNA, agroecólogo en Tenerife, miembro de la
Cátedra de Agroecología (ULL) y de la Multiversidad de Agroecología,
Biodiversidad y Culturas
Pedro PRIETO, jubilado y granjero aficionado, miembro del
colectivo Crisis Energética, ex vicepresidente de la División de
Radiocomunicaciones de Alcatel
Paco PUCHE, librero jubilado, autor de varios libros sobre la cosmovisión de Lynn Margulis
Ferran PUIG VILAR, ingeniero y divulgador científico
Antonio RAMÍREZ, miembro del Grupo Surrealista de Madrid
Alexis REMINI, enfermero psiquiátrico, Écran total (Paris)
Marie-Laure REBREYEND, jubilado, Écran total (Saône-et-Loire)
Rosa REGÀS, escritora
Rocio DEL REY, profesora (Mallorca)
Jorge RIECHMANN, profesor universitario (Departamento de Filosofía de la UAM) y escritor, miembro de Ecologistas en Acción
Iván de los RÍOS GUTIÉRREZ, profesor de Filosofía (UAM)
Marcos RIVERO CUADRADO, miembro de La Transicionera
David Eloy RODRÍGUEZ, poeta
Virginia RODRÍGUEZ, editora literaria, profesora de edición en la UAM (Universidad Autónoma de Madrid)
María Eugenia RODRÍGUEZ PALOP, profesora de filosofía del derecho (Universidad
Carlos III de Madrid), eurodiputada por Unidas Podemos
Carlos III de Madrid), eurodiputada por Unidas Podemos
José Manuel RODRÍGUEZ VICTORIANO, investigador-docente en
sociología de la Universitat de València y director de la Estructura de
Investigación Interdisciplinar (ERI) de Sostenibilidad
Tomás RODRÍGUEZ VILLASANTE, activista de Comunidades en Transición y profesor honorífico (UCM)
José Manuel ROJO, miembro del Grupo Surrealista de Madrid
Ana ROMERO, profesora, investigadora, editora y periodista
especializa en nuevas tecnologías, transformación digital y cultura
asiática
Mª del Mar ROSA, investigadora predoctoral en Filosofía (UM), miembro de EQSDS, Ecologistas en Acción Región de Murcia, AMUCCEM
Federico RUIZ, miembro de Ecologistas en Acción
Irune RUIZ, socióloga, psicóloga, miembro de SOS EHS-EASC
(Electrohipersensibilidad - Enfermedades Ambientales de Sensibilización
Central) y de Sagarrak - Ekologistak Martxan
Carlos RUIZ ESCUDERO, jubilado, militante de Attac Madrid
María RUIZ LUQUE, doctoranda del Departamento de Filosofía de la UAM, miembro del colectivo GASP
Jorge RUIZ MORALES, Profesor de Didáctica de las Ciencias Sociales (Universidad de Sevilla)
Waleed SALEH, profesor (Universidad Autónoma de Madrid)
Blanca SALINAS, profesora de instituto (jubilada), miembro
de STOP 5G Segovia y del grupo de trabajo sobre digitalización,
informatización, TIC, CEM y 5G de Ecologistas en Acción.
Santiago SALVADOR DE LEÓN, miembro de la FRAVM
Víctor SAMPEDRO, profesor universitario de Opinión pública y comunicación política (URJC, Madrid)
Juan SÁNCHEZ, investigador-docente en economía (jubilado) en la Universidad de La Laguna
Julián SÁNCHEZ GONZÁLEZ, profesor de Economía (Universidad Autónoma de Madrid)
Jesus Angel SÁNCHEZ MORENO
Adrián SANTAMARÍA, doctorando del Departamento de Filosofía (UAM), miembro del colectivo Lapicero Blanco
María SANTANA, miembro del Grupo Surrealista de Madrid
Emilio SANTIAGO MUIÑO, doctor en Antropología, profesor de
la Universidad de Zaragoza, miembro del Instituto de Transición Rompe
el Círculo
Franck SARDA, ganadero en la Loire
Ángeles SAURA
Joaquim SEMPERE, sociólogo, profesor emérito de la Universidad de Barcelona, redactor de la revista mientras tanto
Antonio SERRANO, miembro del Foro Transiciones
Héctor SILVEIRA, profesor de Filosofía del derecho (Universidad de Barcelona)
Floran SIMATOS, investigador en matemáticas en l’Isae-Supaéro (Toulouse), Atecopol
Xavier SIMÓN, economista ecológico (Departamento de Economía aplicada de la Universidad de Vigo)
Anne STEINER, investigadora-docente en sociología en Paris X-Nanterre
Laure TEULIERES, investigadora-docente en historia contemporánea (Toulouse 2), Atecopol
Clarie THERON, Appel de Beauchastel y Écran total (Loire), revista L'Inventaire
Isabella TOMASSI, precaria de la enseñanza superior, Écran total (Lyon)
Gorka TORRE ROCA
Esther TORRADO, socióloga, profesora-investigadora (Departamento de Sociología y Antropología de la Universidad de la Laguna)
José Anastasio URRA-URBIETA, investigador-docente Universitat de València (UV), autor de
Dirección Estratégica para el siglo XXI. La gestión ante los límites del crecimiento, miembro de CGT y ATTAC
Dirección Estratégica para el siglo XXI. La gestión ante los límites del crecimiento, miembro de CGT y ATTAC
Carlos USÓN VILLALBA
Gabriel VALIN
Alba VALVERDE, profesora del Dpto. Análisis Económico: Economía Cuantitativa de la UAM.
Pascale VALOTEAU, traductora
Pilar VEGA, consultora de gea21, S.L. y Doctora en Geografía
José Luis VELÁZQUEZ, profesor de Filosofía moral (UAM) y miembro de Ecologistas en Acción
Ignacio VENTO VILLATE, profesor-investigador de Filosofía y condición humana (UAM)
César de VICENTE HERNANDO, director de escena, profesor de la Universidad de Almería
Núria VIDAL DE LLOBATERA, bióloga jubilada de la Administración pública, miembro de Ecologistes en Acció de Catalunya
Rocío de la VILLA, investigadora y docente, Departamento de Filosofía de la UAM
Sergio VILLALBA JIMENEZ, profesor universitario (Departamento de Educación Artística de la Universidad de Sevilla)
Inés VILLANUEVA PÉREZ, estudiante de Filosofía, Política y Economía
Jaime VINDEL, investigador Ramón y Cajal del Instituto de Historia del CSIC
Rachel VORON, Écran Total (Loire)
Rafael XAMBÓ, profesor de Sociología (Universidad de Valencia)
Ángel ZAPATA, miembro del Grupo Surrealista de Madrid