Por Claire Robinson y Jonathan Matthews, 24 de septiembre de 2021
Hace cinco años, GMWatch llamó la atención sobre los peligros de esta sustancia química
Un estudio reciente muestra que el pesticida piriproxifeno puede aumentar los efectos ya graves de por sí que el virus del Zika puede tener en el desarrollo del cerebro. Los investigadores han encontrado que el piriproxifeno altera la señalización de la hormona tiroidea en el cerebro, modificando procesos fundamentales para el desarrollo del cerebro (más detalles a continuación). Estos descubrimientos confirman la hipótesis lanzada por GMWatch hace cinco años, motivo por el cual fue atacada duramente.
En el año 2016, se atribuyó como única causa de que algunos niños naciesen con microcefalia, un defecto de nacimiento, al virus del Zika. El brote de microcefalia, bebés que nacen con cabezas y cerebros pequeños, ocurrió en el noroeste de Brasil.
EN GMWatch hicimos notar que identificar como la única causa de los casos de microcefalia al virus del Zika era poco convincente. Observamos que distintos informes procedentes de América del Sur sugerían otra posible causa del brote que hasta ahora se había pasado por alto. Según la Red de médicos de Pueblos Fumigados, de Argentina, en la zona donde vivía la mayor parte de las personas afectadas, se utilizó un larvicida químico en el suministro de agua potable destinado a erradicar los mosquitos portadores de enfermedades, el dengue y el Zika, dentro de un programa controlado por el Estado. Se sabía que este pesticida producía malformaciones en los mosquitos y la Red de Médicos de Pueblos Fumigados se preguntó si podía hacer lo mismo en humanos.
Los médicos brasileños e investigadores de la organización de salud pública ABRASCO también se fijaron en este pesticida como un posible factor (entre otros) como causa del brote de microcefalia.
Ataques desmedidos e irracionales
Comenzamos a llamar la atención sobre el piriproxifeno, publicando varios artículos sobre el tema. Estos artículos desataron una gran cantidad de ataques desmedidos e irracionales por parte de los defensores de los pesticidas, siendo uno de los ataques más radicales que hayamos sufrido.
Entre los defensores del piriproxifeno había expertos como los del grupo Science Media Center de Australia, quienes en una aparente determinación de negar la posibilidad de que interviniera el pesticida, siguieron la táctica habitual de los defensores de los pesticidas y los organismos transgénicos. No es algo que nos sorprenda, ya que entre sus patrocinadores actuales y pasados se incluyen empresas como Bayer, Monsanto, BASF y Syngenta.
Si bien la nueva investigación viene a mostrar la posibilidad de que también haya intervenido este pesticida, el piriproxifeno, llama la atención que esa “brigada vociferante” estuviera más preocupada por defender su producto químico que por investigar este escándalo de salud pública que ha provocado un daño permanente a las víctimas.
La nueva investigación
Para la realización de este estudio, los investigadores utilizaron renacuajos modificados genéticamente de modo que emitían una fluorescencia verde cuando eran expuestos a la hormona tiroidea. A mayor cantidad de hormona tiroidea mayor fluorescencia verde, lo que mostraba que la hormona tiroidea estaba activa en las células de los renacuajos.
Cuando expusieron a los renacuajos al piriproxifeno la señal verde se redujo de forma drástica. Esto quiere decir que el pesticida bloquea la acción de la hormona tiroidea. Una de las funciones de la hormona tiroidea, explican dos de los autores del estudio en un artículo para The Conversation, es producir una cantidad equilibrada de células nerviosas y sus células de soporte, conocidas como glía, que conjuntamente forman los bloques esenciales de construcción del cerebro.
Dado que el piriproxifeno bloquea la acción normal de la hormona tiroidea, los investigadores pensaron que también podría afectar a la formación de neuronas (células nerviosas) y células gliales. Para investigar esto, expusieron células madre de los cerebros de ratones a dosis crecientes de piriproxifeno. Los descubrimientos fueron claros: cuanto mayor era la dosis, menos células se formaban y más morían, produciendo una proporción desequilibrada de células nerviosas y glía.
Los cerebros de los renacuajos expuestos al piriproxifeno no se desarrollaron con normalidad, observándose en ellos un comportamiento poco natural. Detrás de estos cambios se encontraban los patrones de expresión de varios genes. Los investigadores infectaron las células madre expuestas con el virus del Zika y encontraron que la transcripción de genes clave resultaba alterada en comparación cuando sólo estaban infectadas con el virus y no expuestas al pesticida. Aunque no observaron mayores tasas de infección por Zika, los autores sugieren que la exposición a pesticidas podría agravar el desarrollo cerebral. Eso puede suponer un mayor impacto del virus en las capacidades intelectuales de un niño en su vida posterior.
Zika y Covid-19
Existe un paralelo sorprendente entre ese coro que condenaba nuestra apreciación sobre que no solamente fuera el virus del Zika el responsable del brote inesperado de defectos congénitos de microcefalia y el coro que nos recibió cuando llamamos la atención sobre la hipótesis de la filtración de laboratorio en relación con la pandemia actual. En ambos casos, estos ataques tenían detrás unos intereses creados y estaban ansiosos por invocar constantemente un supuesto consenso científico como una forma de suprimir cualquier otras hipótesis alternativas.
Un grupo de científicos escribió recientemente una carta a The Lancet titulada: “Un llamamiento a un debate científico objetivo, abierto y transparente sobre el origen del SARS-COV-2”. En ella dicen: “No creemos que los científicos deban promover la "unidad"... la ciencia abarca hipótesis alternativas, argumentos contradictorios, verificación, refutabilidad y controversia. Al apartarse de este principio se corre el riesgo de establecer dogmas, abandonar la esencia de la ciencia y, lo que es peor, allanar el camino a las teorías conspirativas”.
Esto ha demostrado ser cierto tanto para el Zika y la microcefalia como para el origen del SARS-CoV-2.
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