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El multimillonario acuerdo que convirtió a Google y Amazon en socios de la ocupación israelí de Palestina

 

por Ramzy Baroud, 26 de marzo de 2022

Dissident Voice

" Nos mantenemos en el anonimato porque tememos las represalias". Este texto formaba parte de una carta firmada por 500 empleados de Google el pasado octubre, en la que denunciaban el apoyo directo de su empresa al gobierno y al ejército israelíes.

En su carta, los firmantes protestaban por un contrato de 1.200 millones de dólares entre Google, Amazon Web Services (AWS) y el gobierno israelí que proporciona servicios en la nube para el ejército y el gobierno israelí que "permite una mayor vigilancia y recopilación ilegal de datos sobre los palestinos, y facilita la expansión de los asentamientos ilegales de Israel en tierras palestinas".

Se trata del llamado Proyecto Nimbus. El proyecto fue anunciado en 2018 y entró en vigor en mayo de 2021, en la primera semana de la guerra israelí contra la Gaza asediada, que mató a más de 250 palestinos e hirió a muchos más.

Los empleados de Google no solo se mostraron molestos por el hecho de que, al firmar este acuerdo con Israel, su empresa se implicara directamente en la ocupación israelí de Palestina, sino que se mostraron igualmente indignados por el "inquietante patrón de militarización" que supuso la firma de contratos similares entre Google -Amazon, Microsoft y otros gigantes tecnológicos- con el ejército estadounidense, el Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) y otras agencias policiales.

En un artículo publicado en el periódico The Nation en junio, tres respetados profesores estadounidenses revelaron el componente comercial de la decisión de Amazon de involucrarse en un negocio tan inmoral, argumentando que esos contratos vinculados al ejército "se han convertido en una importante fuente de beneficios para Amazon". Se estima, según el artículo, que sólo AWS fue responsable del 63% de los beneficios de Amazon en 2020.

La premisa "las personas antes que los beneficios" no puede ser más apropiada que en el contexto palestino, y ni Google ni Amazon pueden alegar ignorancia. La ocupación israelí de Palestina lleva décadas, y numerosas resoluciones de las Naciones Unidas han condenado a Israel por su ocupación, expansión colonial y violencia contra los palestinos. Si todo esto no fuera suficiente para disminuir el entusiasmo de Google y Amazon por participar en proyectos que tienen como objetivo específico la protección de la "seguridad nacional" de Israel -léase: la continuación de la ocupación de Palestina-, un informe condenatorio del mayor grupo de derechos humanos de Israel, B'tselem, debería haber servido como llamada de atención.

B'tselem declaró a Israel Estado de apartheid en enero de 2021. El grupo internacional de derechos, Human Rights Watch (HRW) siguió su ejemplo en abril, denunciando también el estado de apartheid israelí. Eso fue sólo unas semanas antes de que se anunciara el Proyecto Nimbus. Fue como si Google y Amazon manifestaran a propósito su apoyo al apartheid. El hecho de que el proyecto se firmara durante la guerra israelí contra Gaza dice mucho sobre el completo desprecio de los dos gigantes tecnológicos por el derecho internacional, los derechos humanos y la propia libertad del pueblo palestino.

La cosa se pone peor. El 15 de marzo, cientos de trabajadores de Google firmaron una petición para protestar por el despido de una de sus empleadas, Ariel Koren, que participó activamente en la elaboración de la carta de octubre en protesta por el Proyecto Nimbus. Koren era el director de marketing de productos de Google for Education, y llevaba seis años trabajando para la empresa. Sin embargo, era el tipo de empleado que no era bien recibido por Google, ya que la empresa está ahora directamente implicada en varios proyectos militares y de seguridad.

"Para mí, como empleada judía de Google, tengo un profundo sentido de intensa responsabilidad moral", dijo en un comunicado el pasado octubre. "Cuando trabajas en una empresa, tienes derecho a rendir cuentas y ser responsable de la forma en que se utiliza tu trabajo", añadió.

Google no tardó en tomar represalias ante esta declaración aparentemente escandalosa. Al mes siguiente, su jefe "le presentó un ultimátum: trasladarse a Brasil o perder su puesto". Finalmente, fue despedida de la empresa.

Koren no fue la primera empleada de Google -o de Amazon- en ser despedida por defender una buena causa, ni será, lamentablemente, la última. En esta época de militarismo, vigilancia, reconocimiento facial injustificado y censura, decir lo que se piensa y atreverse a luchar por los derechos humanos y otras libertades básicas ya no es una opción.

Los almacenes de Amazon pueden ser tan malos, o incluso peores, que un típico taller de explotación. El pasado mes de marzo, y tras un breve desmentido, Amazon se disculpó por obligar a sus trabajadores a orinar en botellas de agua -y algunas cosas mucho peores- para que sus directivos pudieran cumplir con las cuotas exigidas. La disculpa se produjo tras las evidencias directas aportadas por el sitio web de periodismo de investigación The Intercept. Sin embargo, no se espera que la empresa, acusada de numerosas violaciones de los derechos de los trabajadores -incluida su participación en el "desmantelamiento de sindicatos"-, dé marcha atrás a corto plazo, especialmente cuando hay tantos beneficios en juego.

Pero los beneficios generados por el monopolio del mercado, el maltrato a los trabajadores u otras faltas son diferentes de los beneficios generados por contribuir directamente a los crímenes de guerra y a los crímenes contra la humanidad. Aunque las violaciones de los derechos humanos deberían rechazarse en todas partes, independientemente de sus contextos, la guerra de Israel contra el pueblo palestino, ahora con la ayuda directa de dichas empresas, sigue siendo una de las injusticias más graves que sigue marcando la conciencia de la humanidad. Ninguna justificación de Google o racionalización de Amazon puede cambiar el hecho de que están facilitando los crímenes de guerra israelíes en Palestina.

Para ser más precisos, según The Nation, los servicios en la nube de Google-Amazon ayudarán a Israel a ampliar sus asentamientos judíos ilegales " sirviendo de apoyo a los datos de la Autoridad de Tierras de Israel (ILA), la agencia gubernamental que gestiona y asigna las tierras del Estado". Estos asentamientos, condenados reiteradamente por la comunidad internacional, se construyen en tierras palestinas y están directamente relacionados con la actual limpieza étnica del pueblo palestino.

Según el periódico israelí Haaretz, el Proyecto Nimbus es la "licitación más lucrativa publicada por Israel en los últimos años". El Proyecto, que ha desencadenado una "guerra secreta" en la que participan altos generales del ejército israelí -todos compitiendo por una parte de los beneficios- también ha despertado el apetito de muchas otras empresas tecnológicas internacionales, todas ellas deseosas de formar parte del impulso tecnológico de Israel, con el objetivo último de mantener a los palestinos atrapados, ocupados y oprimidos.

Precisamente por ello, el movimiento de boicot palestino es absolutamente crítico, ya que se dirige a estas empresas internacionales, que emigran a Israel en busca de beneficios. Por el contrario, hay que boicotear a Israel, no permitirlo, sancionarlo y no premiarlo. Si bien es comprensible que la generación de beneficios sea el principal objetivo de empresas como Google y Amazon, este objetivo puede alcanzarse sin que sea necesario someter a todo un pueblo, que actualmente es víctima del último régimen de apartheid que queda en el mundo.


 

Ramzy Baroud es periodista y director de The Palestine Chronicle. Es autor de cinco libros. Su último es These Chains Will Be Broken: Palestinian Stories of Struggle and Defiance in Israeli Prisons (Clarity Press) [Estas cadenas se romperán: historias palestinas de lucha y desafío en las prisiones israelíes]. Baroud es investigador senior no residente en el Centro para el Islam y Asuntos Globales de la Universidad Zaim de Estambul (IZU)

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