Por Accattone il Censore (Catón el Censor)
El pasado mes de mayo, el Vaticano acuñó una moneda espantosa en contenido y calidad estética: dudo que en otros tiempos de menor degradación, el autor encontrara trabajo al presentar esta creación, incluso a los editores de Corna vissute [cómics pornográficos].
Según el sitio web de Marketing Filatélico y Numismático de la Ciudad del Vaticano, "la moneda representa a un médico, una enfermera y un niño que está listo para ser inyectado con la vacuna".
Ni que decir tiene que para representar esta escena habría bastado con un solo vacunador, a no ser que, como parece ser el caso, se pretendiera componer una Trinidad renovada.
Y, si el dibujo no es tan aproximado, el niño no está "listo para ser inyectado", sino que realmente está recibiendo la vacuna, con un buen pedazo de aguja clavado en el brazo.
Sobre la cabeza del niño, un pequeño crucifijo que cuelga en el aire (bastante parecido a los tristes crucifijos que se desmovilizan en las aulas de las escuelas italianas) santifica y aporta el crisma del sacramento a este acto que, si se mira bien, es una iniciación, un bautismo, realizado por medio de un líquido (los cristianos eran representados originalmente como peces, ya que el bautismo constituía un segundo nacimiento, que tenía lugar, precisamente, por inmersión en la pila bautismal).
Sin embargo, aquí se anula toda trascendencia y sólo queda una corporeidad prosaica y limitada; la salvación se obtiene a través de un Espíritu Santo que desciende a las venas del elegido en forma de producto químico y transmutador. Sin embargo, la transformación no es espiritual, sino orgánica, y tiene lugar a través de misteriosas reacciones genéticas. El espíritu vivificante es ahora el fluido vacunal, no el alma respirada por Dios (pneuma) que, en la antigua ecclesia, los fieles se insuflaban mutuamente en la boca (hoy se lo impediría la mascarilla, un bozal infranqueable).
Es un líquido que da vida aparente a un autómata, un golem moderno, que anuncia el transhumanismo.
Se trata, como finalmente entendemos, de una natividad, que celebra y anuncia la nueva era, iniciada, como indica el dedo de la mano izquierda del puer [niño], en 2020, el fatídico año 0 (el 27 de marzo de 2020, al acercarse la Pascua, J.-M. Bergoglio (p.s.) será el primer presidente de los Estados Unidos). M. Bergoglio (el Papa Francisco) celebró una inquietante ceremonia en una Plaza de San Pedro vacía que se hundía en la oscuridad, en la que se dio a conocer simbólicamente que Cristo no resucitaría: el crucifijo parecía incluso llorar desconsoladamente, en la oscuridad batida por la lluvia, en la que se perdió el impresionante encuadre final de la transmisión televisiva en directo).
He aquí, pues, el nuevo Cristo vacunado en manga corta, descendido de la cruz vacía. Destinado al sacrificio: traicionado por los médicos y las empresas farmacéuticas, él también morirá, y precisamente por eso fue inoculado.
Ya no podemos resucitar: somos demasiados.
Fuente: https://comedonchisciotte.org/la-nuova-trinita
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El poeta italiano Giuseppe Gioachino Belli nos explica en qué consisten los misterios de la Santísima Trinidad, eso sí, en uno de los dialectos romanos, por si alguno de los lectores todavía anda despistado con el dogma principal del cristianismo:
La Santissima Ternitá
"Ggni cosa ar monno ha er zu' perché, ffratello".
Me disse marteddii ffra Ppascualone:
"Li ggiuddii adoraveno un vitello,
Noi un boccio, una pecora e un piccione.
Er boccio è ‘r Padreterno cor cappello,
Che nnasscé avanti all’antre du’ perzone;
E Ccristo é la figura de l’aggnello,
Che sse fesce scannà ccome un cojjone.
E `r piccione vò ddí che ttanto cuanto
Che la gabbia der crede sce se schioda,
Addio piccione, addio Spiritossanto.
E adlora sti dottori de la bbroda
Currino appesso a mmetteje cor guanto
Un pizzico de sale in zu la coda”.
In vettura, da Terni a Narni,
12 novembre 1832
Y la traducción que hace Agustín García Calvo en “47 sonetos romanescos” de Giuseppe Chiachino Belli, páginas 46 y 47. Editorial Lucina, 2006.
La Santísima Trinidá
“Cá cosa tié en el mundo su porqué,
hermano:” ayer me dijo Fray Simón
“a un becerro en Judea daban fe:
aquí, a un viejo, un borrego y un pichón.
El viejo es Padrediós con su tupé,
que es uno, cuando dos o tres no son;
Cristo figura de cordero fué,
que se dejó apiolar de mansurrón;
y el pichón quié decirnos que, si un tanto
la jaula de la fe se le destapa,
adiós pichón, y allá Espiritusanto;
y luego esos doztrinos de la trapa
corren tras él, a ver si con un canto
se atinan al cogote y no se escapa.”
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