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Supresión de la inmunidad innata por las vacunas de ARNm del SARS-CoV-2: El papel de los cuádruplex G, los exosomas y los microARNs

 Stephanie Seneff ; Greg Nigh; Anthony M.Kyriakopoulos, Peter A.McCullough

sciencedirect.com

https://doi.org/10.1016/j.fct.2022.113008

Lo más destacado:

  • Las vacunas de ARNm promueven la síntesis prolongada de la proteína espiga del SARS-CoV-2.

  • La proteína de espiga es neurotóxica y perjudica los mecanismos de reparación del ADN.

  • La supresión de las respuestas de interferón de tipo I da lugar a un deterioro de la inmunidad innata.

  • Las vacunas de ARNm causan potencialmente un mayor riesgo de enfermedades infecciosas y cáncer.

  • La optimización del codón da lugar a un ARNm muy rico en G que tiene efectos complejos imprevisibles.



Resumen

Las vacunas de ARNm contra el SARS-CoV-2 salieron al mercado en respuesta a la crisis de salud pública de la Covid-19. La utilización de vacunas de ARNm en el contexto de las enfermedades infecciosas no tiene precedentes. Las numerosas alteraciones en el ARNm de la vacuna lo preservan de las defensas celulares y promueven una vida media biológica más larga y una elevada producción de proteína espiga. Sin embargo, la respuesta inmunitaria a la vacuna es muy diferente a la que se produce ante una infección por SARS-CoV-2. En este trabajo, presentamos pruebas de que la vacunación induce una profunda alteración de la señalización del interferón tipo I, que tiene diversas consecuencias adversas para la salud humana. Las células inmunitarias que han absorbido las nanopartículas de la vacuna liberan en la circulación un gran número de exosomas que contienen la proteína espiga junto con microARN críticos que inducen una respuesta de señalización en las células receptoras en lugares distantes. También identificamos posibles alteraciones profundas en el control regulador de la síntesis de proteínas y la defensa contra el cáncer. Estas alteraciones tienen potencialmente una relación causal con las enfermedades neurodegenerativas, la miocarditis, la trombocitopenia inmunitaria, la parálisis de Bell, las enfermedades hepáticas, el deterioro de la inmunidad adaptativa, el deterioro de la respuesta al daño del ADN y la tumorigénesis. Mostramos pruebas de la base de datos VAERS que apoyan nuestra hipótesis. Creemos que una evaluación exhaustiva del riesgo/beneficio de las vacunas de ARNm las cuestiona como contribuyentes positivos a la salud pública.

Palabras clave:

SARS-CoV-2, vacunas de ARNm, Respuesta de interferón tipo I, Exosomas, Cuádruplex G, MicroARN, Cáncer

1. Introducción

La vacunación es un intento de utilizar material no patógeno para imitar la respuesta inmunológica de una infección natural, confiriendo así inmunidad en caso de exposición al patógeno. Este objetivo se ha perseguido principalmente mediante el uso de vacunas de organismo completo y de virus atenuados. El uso de fragmentos de virus o de sus productos proteicos, denominados "vacunas de subunidades", ha sido más difícil desde el punto de vista técnico (Bhurani et al., 2018). En cualquier caso, una suposición implícita detrás del despliegue de cualquier campaña de vacunación es que la vacuna confiere los efectos de una "infección benigna", activando el sistema inmunológico contra la futura exposición, al tiempo que evita los impactos en la salud de la infección real.

Gran parte de la literatura relacionada con COVID-19 sugiere que la respuesta inmune a la vacunación basada en ARNm es similar a la infección natural. Un estudio preliminar encontró "una alta inmunogenicidad de la vacuna BNT162b2 en comparación con la infección natural". Los autores encontraron que había muchas similitudes cualitativas aunque diferencias cuantitativas (Psichogiou et al., 2021a). Jhaveri (2021) sugiere que las vacunas de ARNm hacen lo mismo que la infección con el virus: "La proteína se produce y se presenta de la misma manera que la infección natural." Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE.UU. argumentan, basándose en los títulos de anticuerpos generados por la infección previa frente a la vacunación, además de la producción de células B de memoria, que la respuesta inmunitaria a la vacunación es análoga a la respuesta a la infección natural (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, 2021a). Esta similitud en la respuesta inmunitaria humoral a la vacunación frente a la infección natural, junto con los datos de ensayos y de observación que demuestran la reducción del riesgo de infección tras la vacunación, es lo que justifica la campaña de vacunación masiva.

Nuestro artículo resume la literatura actual sobre el ARNm y sus efectos en la biología molecular dentro de las células humanas. Reconocemos que existe una amplia gama de opiniones en esta fase naciente de la tecnología del ARNm. Dado su amplio despliegue por delante de los trabajos básicos sobre muchos de los mecanismos que discutimos aquí, creemos que nuestro trabajo es importante para proporcionar una amplia comprensión de las revisiones presentes y futuras que se relacionan con el incipiente trabajo molecular preclínico que se realiza en esta área.

En este trabajo, exploramos la literatura científica que sugiere que la vacunación con una vacuna de ARNm inicia un conjunto de eventos biológicos que no sólo son diferentes de los inducidos por la infección, sino que son en varios aspectos demostrablemente contraproducentes para la competencia inmune a corto y largo plazo y la función celular normal. Se ha demostrado que estas vacunas desregulan vías críticas relacionadas con la defensa contra el cáncer, el control de las infecciones y la homeostasis celular. Introducen en el cuerpo material genético altamente modificado. Una publicación previa ha revelado una notable diferencia entre las características de la respuesta inmunitaria a una infección con SARS-CoV-2 en comparación con la respuesta inmunitaria a una vacuna de ARNm contra COVID-19 (Ivanova et al., 2021). El análisis de la expresión génica diferencial de las células dendríticas periféricas reveló un aumento drástico de los interferones (IFN) de tipo I y de tipo II en los pacientes con COVID-19, pero no en los vacunados. Una observación notable que hicieron fue que había una expansión de las células madre y progenitoras hematopoyéticas (HSPC) circulantes en los pacientes de COVID-19, pero esta expansión estaba notablemente ausente tras la vacunación. Tampoco se observó en los vacunados una llamativa expansión de los plasmoblastos circulantes observada en los pacientes de COVID-19. Todas estas observaciones son consistentes con la idea de que las vacunas anti-COVID-19 suprimen activamente la señalización de IFN tipo I, como discutiremos más adelante. En este artículo nos centraremos ampliamente, aunque no de forma exclusiva, en la supresión del IFN de tipo I inducida por la vacunación y en los innumerables efectos secundarios que esto tiene en la cascada de señalización relacionada.

Dado que los ensayos preclínicos a largo plazo y los de fase I de seguridad se combinaron con los de fase II, y luego con los de fase II y III (Kwok, 2021); y dado que incluso estos se terminaron antes y los grupos de placebo recibieron las inyecciones, buscamos señales de seguridad en el sistema de farmacovigilancia y en los informes publicados. Al hacerlo, encontramos que esa evidencia no es alentadora. La respuesta biológica a la vacunación con ARNm, tal y como se emplea en la actualidad, no es similar a la de la infección natural. En este artículo ilustraremos esas diferencias y describiremos los procesos inmunológicos y patológicos que esperamos que se inicien con la vacunación de ARNm. Relacionaremos estos efectos fisiológicos subyacentes con las morbilidades tanto realizadas como aún no observadas. Anticipamos que la implementación de las vacunas de refuerzo a gran escala amplificará todos estos problemas.

Las vacunas de ARNm fabricadas por Pfizer/BioNTech y Moderna se han considerado un aspecto esencial de nuestros esfuerzos para controlar la propagación del COVID-19. Los países de todo el mundo han estado promoviendo agresivamente programas de vacunación masiva con la esperanza de que tales esfuerzos puedan finalmente frenar la pandemia en curso y restaurar la normalidad. Los gobiernos son reticentes a considerar la posibilidad de que estas inyecciones puedan causar daños de forma inesperada, y especialmente que dichos daños puedan incluso superar los beneficios conseguidos en cuanto a la protección contra la enfermedad grave. Ahora está claro que los anticuerpos inducidos por las vacunas se desvanecen en tan sólo 3 a 10 semanas después de la segunda dosis (Shrotri et al., 2021), de modo que se está aconsejando a la gente que busque vacunas de refuerzo a intervalos regulares (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, 2021b). También se ha hecho evidente que las variantes de rápida aparición, como la cepa Delta y ahora la Ómicron, están mostrando resistencia a los anticuerpos inducidos por las vacunas, a través de mutaciones en la proteína espiga (Yahi et al., 2021). Además, ha quedado claro que las vacunas no impiden la transmisión de la enfermedad, sino que sólo se puede afirmar que reducen la gravedad de los síntomas (Kampf, 2021a). Un estudio que compara las tasas de vacunación con las tasas de infección por COVID-19 en 68 países y 2947 condados de Estados Unidos a principios de septiembre de 2021, no encontró ninguna correlación entre ambas, lo que sugiere que estas vacunas no protegen de la propagación de la enfermedad (Subramanian y Kumar, 2947). En cuanto a la gravedad de los síntomas, incluso este aspecto empieza a ponerse en duda, como demostró un brote en un hospital israelí que provocó la muerte de cinco pacientes hospitalizados totalmente vacunados (Shitrit et al., 2021). Del mismo modo, Brosh-Nissimov et al. (2021) informaron de que 34/152 (22%) de los pacientes totalmente vacunados entre 17 hospitales israelíes murieron de COVID-19.

La creciente evidencia de que las vacunas hacen poco para controlar la propagación de la enfermedad y de que su eficacia disminuye con el tiempo hace aún más imperativo evaluar el grado en que las vacunas podrían causar daños. No cabe duda de que las vacunas de ARNm de la proteína espiga modificada del SARS-CoV-2 tienen impactos biológicos. Aquí intentamos distinguir esos impactos de la infección natural y establecer un marco mecánica que vincule esos impactos biológicos únicos con las patologías ahora asociadas a la vacunación. Reconocemos que los vínculos causales entre los efectos biológicos iniciados por la vacunación con ARNm y los resultados adversos no se han establecido en la gran mayoría de los casos.

2. Los interferones: una visión general con atención al control del cáncer

Descubierto en 1957, el interferón (IFN) se mereció su nombre al reconocer que las células afectadas por el virus atenuado de la gripe A creaban una sustancia que "interfería" en la posterior infección por un virus vivo (Lindenmann, 1982). En la actualidad se sabe que el IFN representa una familia muy amplia de proteínas inmunomoduladoras, divididas en tres tipos, designados como tipo I, II y III en función de los receptores con los que interactúa cada IFN. El IFN de tipo I incluye tanto el IFN-α como el IFN-β, y este tipo es el más diverso, ya que se divide en diecisiete subtipos. Solo el IFN-α tiene trece subtipos identificados actualmente, y cada uno de ellos se divide a su vez en múltiples categorías (Wang et al., 2017a). Los IFN de tipo I desempeñan un poderoso papel en la respuesta inmunitaria a múltiples factores de estrés. De hecho, han alcanzado un valor terapéutico clínico como opción de tratamiento para una variedad de enfermedades y trastornos, incluyendo infecciones virales, tumores sólidos, trastornos mieloproliferativos, neoplasias hematopoyéticas y enfermedades autoinmunes como la esclerosis múltiple (Passegu y Ernst, 2009).

Como grupo, los IFNs desempeñan funciones sumamente complicadas y pleiotrópicas que se coordinan y regulan a través de la actividad de la familia de factores reguladores del IFN, o IRFs (Kaur y Fang, 2020). El IRF9 es el más directamente implicado en la inmunidad antiviral y antitumoral y en la regulación genética (Alsamman y El-Masry, 2018; Huang et al., 2019; Zitvogel et al., 2015).

Estrechamente relacionadas con esto están las células dendríticas plasmocitoides (pDC), un tipo raro de célula inmune que circula en la sangre pero que migra a los órganos linfoides periféricos durante una infección viral. Estas células responden a una infección vírica mediante un fuerte aumento de la producción de IFN de tipo I. El IFN-α liberado en los ganglios linfáticos induce a las células B a diferenciarse en plasmoblastos. Posteriormente, la interleucina-6 (Il-6) induce a los plasmablastos a evolucionar hacia células plasmáticas secretoras de anticuerpos (Jego et al., 2003). Así pues, los IFN desempeñan un papel fundamental tanto en el control de la proliferación viral como en la inducción de la producción de anticuerpos. El IFN-α, que es fundamental para la inmunidad antiviral y anticancerosa, es producido por los macrófagos y los linfocitos cuando se enfrentan a una infección vírica o bacteriana o cuando encuentran células tumorales (De Andrea et al., 2002). Su papel como potente terapia antiviral ha sido reconocido en el tratamiento de las complicaciones del virus de la hepatitis C (Feng et al., 2012), la infección por citomegalovirus (Delannoy et al., 1999), la infección crónica activa por el virus del ébola (Sakai et al., 1998), la enfermedad inflamatoria intestinal asociada a la infección por el virus del herpes (Ruther et al., 1998), y otros.

El deterioro de la señalización del IFN de tipo I está relacionado con muchos riesgos de enfermedad, sobre todo con el cáncer, ya que la señalización del IFN de tipo I suprime la proliferación tanto de los virus como de las células cancerosas mediante la detención del ciclo celular, en parte a través de la regulación al alza de p53, un gen supresor de tumores, y de varios inhibidores de quinasas dependientes de ciclinas (Musella y otros, 2017; Matsuoka y otros, 1998). El IFN-α también induce la presentación de antígenos de clase 1 del CMH por parte de las células tumorales, lo que hace que sean reconocidas más fácilmente por el sistema de control del cáncer (Heise et al., 2016; Sundstedt et al., 2008). La gama de efectos anticancerígenos iniciados por la expresión de IFN-α es asombrosa y se produce a través de mecanismos directos e indirectos. Los efectos directos incluyen la detención del ciclo celular, la inducción de la diferenciación celular, el inicio de la apoptosis, la activación de las células asesinas naturales y de las células T CD8+, y otros (Schneider et al., 2014).

Los efectos anticancerígenos indirectos se llevan a cabo predominantemente a través de la activación de la transcripción de genes de la vía del transductor de señales y activador de la transcripción Janus kinase (JAK/STAT). La unión de IFN-α en la superficie celular inicia la JAK, una tirosina quinasa, para fosforilar STAT1 y STAT2 (Asmana Ningrum, 2014). Una vez fosforiladas, estas STAT forman un complejo con el IRF9, uno de la familia de los IRF que desempeñan una amplia gama de papeles en la regulación de oncogenes y otras funciones celulares (Takaoka et al., 2008). Este complejo, denominado factor génico estimulado por el IFN 3 (ISGF3), se traslada al núcleo celular para potenciar la expresión de al menos 150 genes (Schneider et al., 2014). Se ha sugerido que el IRF9 es el principal miembro de la familia de proteínas IRF responsable de la activación de los efectos antiproliferativos del IFN-α, y eso parece ser a través de su unión al ligando inductor de apoptosis relacionado con el factor de necrosis tumoral (TRAIL) receptor 1 y 2 (TRAIL-R1/2) (Tsuno et al., 2009). IRF7 es otro miembro crucial de la familia de proteínas IRF que participa en las primeras etapas de la respuesta a una infección viral. Normalmente se expresa en cantidades bajas pero está fuertemente inducido por ISGF3. El IRF7 también sufre fosforilación de serina y translocación nuclear para activar aún más la respuesta inmunitaria. El IRF7 tiene una vida media muy corta, por lo que su proceso de inducción génica es transitorio, quizás para evitar la sobreexpresión de los IFN (Honda et al., 2006).

Una vez que TRAIL se une a IRF9, es capaz de actuar como ligando para el Receptor de Muerte 4 (DR4) o DR5, iniciando una cascada de eventos que implican la producción de caspasa 8 y caspasa 3, y finalmente desencadenando la apoptosis (Sayers, 2011). La desregulación de esta vía, a través de la supresión del IFN-α o del IRF9 y la consiguiente falta de unión de TRAIL-R, se ha asociado a varias neoplasias hematológicas (Testa, 2010) y se ha demostrado que aumenta el potencial metastásico en modelos animales de melanoma, cáncer colorrectal y linfoma (Finnberg y El-Deiry, 2008).

El IFN-α inicia y orquesta una amplia gama de funciones de supresión del cáncer. Dunn et al. (2005) demostraron que el IFN-α desempeña un papel activo en la inmunoedición del cáncer, siendo su lugar de acción las células hematopoyéticas que se "programan" mediante la unión del IFN-α para la vigilancia del tumor. Es a través de las interacciones extremadamente complejas entre los IFN de tipo I y el IRF7 y el IRF9 en particular que se llevan a cabo una gran cantidad de efectos antiproliferativos. Esto se pone de manifiesto en el gran número de estudios que muestran un aumento del crecimiento tumoral y/o de las metástasis asociado a un gran número de tipos de cáncer.

Por ejemplo, Bidwell et al. (2012) descubrieron que, entre más de 800 pacientes con cáncer de mama, las que tenían una alta expresión de genes regulados por el IRF7 presentaban un número significativamente menor de metástasis óseas, y proponen la evaluación de estas señales genéticas relacionadas con el IRF7 como una forma de predecir las que tienen mayor riesgo. También se ha demostrado que el uso de microARN para dirigir la expresión de IRF7 mejora la proliferación y la invasión de las células de cáncer de mama in vitro (Li et al., 2015). Zhao et al. (2017) encontraron un papel similar para el IRF7 en relación con las metástasis óseas en un modelo de ratón de cáncer de próstata. En cuanto al mecanismo anticanceroso que subyace a la expresión del IRF7, Solís et al. (2006) descubrieron que el IRF7 induce la transcripción de múltiples genes y la traducción de sus productos proteicos descendentes, entre ellos TRAIL, IL-15, ISG-56 y CD80, con las implicaciones terapéuticas señaladas.

El IRF9 también tiene un papel central en el control y la prevención del cáncer. Erb et al. (2013) demostraron que el IRF9 es el mediador a través del cual la IL-6 aumenta los efectos antiproliferación del IFN-α contra las células del cáncer de próstata. Tian et al. (2018) descubrieron que el IRF9 es un regulador negativo clave de la proliferación celular de la leucemia mieloide aguda y de la evasión de la apoptosis. Lo hace, al menos en parte, a través de la acetilación de la proteína reguladora maestra p53.


Tanto el IFN-α como el IRF9 son aparentemente necesarios para las propiedades preventivas del cáncer de un gen BRCA2 plenamente funcional. En un estudio presentado como resumen en la Primera Conferencia Internacional de la AACR sobre Fronteras en la Investigación Básica del Cáncer, Mittal y Chaudhuri (2009) describen un conjunto de experimentos que muestran por primera vez que la expresión de BRCA2 conduce a un aumento de la producción de IFN-α y aumenta la vía de transducción de señales que da lugar a la formación de complejos de IRF9, STAT1 y STAT2 descrita anteriormente. Dos años antes, Buckley et al. (2007) habían establecido que BRCA1 en combinación con IFN-γ promueve los IFN de tipo I y la subsiguiente producción de IRF7, STAT1 y STAT2. Así, los importantísimos genes reguladores del cáncer BRCA1 y BRCA2 dependen del IRF7 y del IRF9, respectivamente, para llevar a cabo sus efectos protectores. Rasmussen et al. (2021) revisaron la evidencia concluyente de que las deficiencias de IRF7 o IRF9 conducen a un riesgo significativamente mayor de la enfermedad COVID-19 grave. Es importante señalar que la evidencia sugiere que los IFNs de tipo I juegan un papel singularmente importante en la inmunidad protectora contra la enfermedad COVID-19, un papel que es compartido por múltiples citoquinas en la mayoría de otras enfermedades virales, incluyendo la gripe.

Como se discutirá con más detalle a continuación, la glicoproteína espiga del SARS-CoV-2 modifica la producción de exosomas de las células del huésped. La transfección de células con el gen de la proteína de espiga y la posterior producción de la proteína de espiga del SARS-CoV-2 hace que esas células generen exosomas que contienen microARN que suprimen la producción de IRF9 mientras activan una serie de transcripciones de genes proinflamatorios (Mishra y Banerjea, 2021). Dado que estas vacunas están diseñadas específicamente para inducir una producción elevada y continua de glicoproteínas espiga del SARS-CoV-2, las implicaciones son preocupantes. Como se ha descrito anteriormente, la inhibición de IRF9 suprimirá TRAIL y todos sus efectos reguladores y de inducción de la apoptosis. La supresión del IRF9 a través del microARN exosomal también debería perjudicar los efectos protectores contra el cáncer de la actividad del gen BRCA2, que depende de esa molécula para su actividad, como se ha descrito anteriormente. Los cánceres asociados a BRCA2 incluyen el cáncer de mama, de trompas de Falopio y de ovarios en las mujeres, el cáncer de próstata y de mama en los hombres, la leucemia mieloide aguda en los niños y otros (National Cancer Institute, 2021).

También se ha demostrado que la vacunación suprime tanto el IRF7 como el STAT2 (Liu et al., 2021). Es de esperar que esto interfiera con los efectos protectores del cáncer del BRCA1, como se ha descrito anteriormente. Los cánceres asociados con una actividad deficiente de BRCA1 incluyen el cáncer de mama, de útero y de ovario en las mujeres; el cáncer de próstata y de mama en los hombres; y un modesto aumento del cáncer de páncreas tanto en hombres como en mujeres (Cancer risk and BRCA1 gene, 2021).

La expresión reducida de BRCA1 está relacionada tanto con el cáncer como con la neurodegeneración. BRCA1 es un conocido gen de susceptibilidad al cáncer de mama. BRCA1 inhibe la proliferación de las células de cáncer de mama a través de la activación de SIRT1 y la posterior supresión del receptor de andrógenos (Zhang et al., 2016). En un estudio realizado por Suberbielle et al. (2015), se encontraron niveles reducidos de BRCA1 en los cerebros de pacientes con Alzheimer. Además, los experimentos en los que se suprimió el BRCA1 neuronal en el giro dentado de los ratones mostraron que aumentaban las roturas de doble cadena del ADN, junto con la contracción neuronal y las deficiencias en la plasticidad sináptica, el aprendizaje y la memoria.

El análisis detallado en un reciente estudio de caso sobre un paciente al que se le diagnosticó una forma rara de linfoma llamada linfoma angioinmunoblástico de células T proporcionó pruebas sólidas de la inesperada y rápida progresión de las lesiones linfomatosas tras la administración de la inyección de refuerzo de ARNm BNT162b2 (Goldman et al., 2021). Las comparaciones de las métricas detalladas de las lesiones hipermetabólicas realizadas inmediatamente antes y 21 días después del refuerzo de la vacuna revelaron un aumento de cinco veces después de la vacuna, y la prueba posterior al refuerzo reveló un nivel de actividad 2 veces mayor en la axila derecha en comparación con la izquierda. La vacuna se había inyectado en el lado derecho. Cabe señalar a este respecto que las neoplasias linfoides se han asociado a la supresión de TRAIL-R1 (MacFarlane et al., 2005).

Dada la importancia universalmente reconocida del funcionamiento óptimo de BRCA1/2 para la prevención del cáncer y dado el papel central de la vía de transducción de señales TRAIL para el control adicional del cáncer, la supresión de IRF7 e IRF9 a través de la vacunación y la subsiguiente producción de glicoproteína espiga del SRAS-CoV-2 es extremadamente preocupante para el control del cáncer a largo plazo en las poblaciones inyectadas con la vacuna genética del SRAS-CoV-2.

3. Consideraciones sobre el diseño de las vacunas de ARNm

En las últimas tres décadas, la plataforma tecnológica de ARNm destinada a desarrollar herramientas terapéuticas de ácidos nucleicos eficaces y seguras se dice que ha superado serios obstáculos sobre la inestabilidad del producto codificado, la abrumadora inmunogenicidad innata y sobre las metodologías de aplicación (Pardi et al., 2018). Uno de los mayores éxitos del uso del ARNm como herramienta de vacunación genética es la introducción de una inmunidad robusta contra el cáncer (Van Lint et al., 2015). Además, el potencial de los ARNm para restaurar o reemplazar varios tipos de proteínas en casos de trastornos metabólicos genéticos raros como la enfermedad de Fabry ha ofrecido importantes alternativas terapéuticas potenciales en las que ningún otro medicamento ha demostrado tener éxito (Martini y Guey, 2019). Sin embargo, en el caso del uso de ARNm como vacunas genéticas contra enfermedades infecciosas, las investigaciones preliminares de seguridad parecían ser prematuras para un uso mundial en la población general (Pardi et al., 2018; Doulberis et al., 2021).

Aunque hay epítopos esenciales en otras proteínas del SARS-CoV-2 donde una respuesta de anticuerpos podría haber proporcionado una inmunogenicidad esencial, bien conocida del SARS-CoV-1 (Gordon et al., 2020), el objetivo principal de los desarrolladores de las vacunas de ARNm del SARS-CoV-2 era diseñar una vacuna que pudiera inducir una respuesta de anticuerpos robusta exclusivamente contra la glicoproteína espiga. Dichos anticuerpos, especialmente la IgA en la nasofaringe, deberían hacer que los virus invasores se eliminaran rápidamente antes de que pudieran invadir las células del huésped, deteniendo así el proceso de la enfermedad en una fase temprana. Tal y como afirman sucintamente Kaczmarek et al. (2021)

"La razón de ser de la vacunación es proporcionar a cada persona vacunada protección contra el virus del SRAS-CoV-2. Esta protección se consigue estimulando el sistema inmunitario para que produzca anticuerpos contra el virus y desarrolle linfocitos que conserven la memoria y la capacidad de combatir el virus durante mucho tiempo." Sin embargo, dado que la vacunación se administra por vía parenteral, la IgG es la principal clase de anticuerpos que se genera contra la glicoproteína espiga del SARS-CoV-2, no la IgA (Wisnewski et al., 2021).

Las vacunas generalmente dependen de adyuvantes como el aluminio y el escualeno para provocar que las células inmunitarias migren al lugar de la inyección inmediatamente después de la vacunación. En la historia del desarrollo de vacunas de ARNm, inicialmente se esperaba que el propio ARNm pudiera servir como su propio adyuvante. Esto se debe a que las células humanas reconocen el ARN viral como extraño, y esto conduce a la regulación de los IFN de tipo I, mediada a través de los receptores tipo Toll como TLR3, TLR7 y TLR8 (Karik ó et al., 2005).

Sin embargo, con el tiempo quedó claro que había problemas con este enfoque, tanto porque la intensa reacción podría causar síntomas similares a los de la gripe como porque el IFN-α podría lanzar una respuesta en cascada que llevaría a la ruptura del ARNm antes de que pudiera producir cantidades adecuadas de glicoproteína espiga del SARS-CoV-2 para inducir una respuesta inmunitaria (de Beuckelaer et al., 2016). Se produjo un gran avance cuando se descubrió experimentalmente que el ARNm que codifica la proteína espiga podía modificarse de forma específica para que las células humanas lo reconocieran como ARN humano inofensivo. Un artículo seminal de Karikó et al. (2005) demostró, a través de una serie de experimentos in vitro, que una simple modificación del ARNm de forma que todas las uridinas fueran sustituidas por pseudouridina podía reducir drásticamente la activación inmunitaria innata contra el ARNm exógeno. Andries et al. (2015) descubrieron posteriormente que la 1-metilpseudouridina como reemplazo de la uridina era incluso más eficaz que la pseudouridina y podía abolir esencialmente la respuesta TLR al ARNm, impidiendo la activación de las células dendríticas derivadas de la sangre. Esta modificación se aplica en las dos vacunas de ARNm comercializadas (Park et al., 2021).

De forma bastante profética, la extensa revisión de Forni y Mantovani (2021) ha planteado serias dudas sobre el desarrollo de la inmunidad innata por parte de las vacunas genéticas de ARNm contra el SARS-CoV-2. Como declararon los autores "Debido al escaso tiempo de desarrollo y a la novedad de las tecnologías adoptadas, estas vacunas se desplegarán con varias cuestiones sin resolver que sólo el paso del tiempo permitirá aclarar". Posteriormente, los autores recomendaron incluir ciertas moléculas, como la pentraxina larga PTX3, como marcadores representativos de la inmunidad humoral para evaluar la activación temprana de los mecanismos inmunitarios innatos y la reactogenicidad subyacente en el marco de los protocolos del consorcio BIOVACSAFE (Forni y Mantovani, 2021; Weiner et al., 2019). Sin embargo, hasta donde sabemos, estos protocolos de seguridad no se han incluido en la evaluación de la inmunidad innata inducida por las vacunas genéticas de ARNm del SARS-CoV-2 (Mulligan et al., 2020).

En este sentido, en el caso de la vacuna de ARNm del SARS-CoV-2 BNT162b2, a diferencia de la respuesta inmunitaria inducida por la infección natural del SARS-CoV-2, en la que se observa una potente respuesta de interferón, los vacunados con las vacunas de ARNm del BNT162b2 desarrollaron una robusta respuesta inmunitaria adaptativa que se limitó únicamente a las células de memoria, es decir, una vía alternativa de respuesta inmunitaria que eludió las vías mediadas por el IFN (Mulligan et al., 2020). Además, debido a las mutaciones posteriores en la proteína espiga del SARS-CoV-2, hay una pérdida sustancial de anticuerpos neutralizantes inducidos por la vacuna de ARNm BNT162b2 en comparación con los conferidos por los mutantes del SARS-CoV-2 solos (Collier et al., 2021). A este respecto, como admiten los desarrolladores de la vacuna: "El ARN de la vacuna puede modificarse incorporando 1-metilpseudouridina, que amortigua la detección inmunitaria innata y aumenta la traducción del ARNm in vivo". (Mulligan et al., 2020; Katalin Karikó et al., 2008). Teniendo en cuenta las múltiples mutaciones que desarrolla el SARS-CoV-2, como por ejemplo en los brotes de Brasil (Timmers et al., 2021), una respuesta inmunitaria eficaz que impida la propagación de los mutantes del SARS-CoV2 implica necesariamente el desarrollo de una respuesta robusta de IFN-I como parte del sistema inmunitario innato. Esta respuesta también requiere la participación de una respuesta NF-κB funcional. Desafortunadamente, la sobreexpresión de la glicoproteína espiga desmantela las respuestas de la vía NF-κB, y este evento molecular puede ser aumentado por los ARNm que codifican la glicoproteína espiga (Kyriakopoulos y McCullough, 2021; Jiang y Mei, 2021).

Para que el diseño de la vacuna de ARNm tenga éxito, el ARNm tiene que estar encapsulado en partículas cuidadosamente construidas que puedan proteger el ARN de la degradación por las ARN despolimerasas. Las vacunas de ARNm se formulan en forma de nanopartículas lipídicas que contienen colesterol y fosfolípidos, con el ARNm modificado complejado con una espina dorsal lipídica de polietilenglicol (PEG) altamente modificado para promover su pronta liberación del endosoma y protegerlo aún más de la degradación (Hou et al., 2021).

La maquinaria biológica existente de la célula huésped se coopta para facilitar la producción natural de proteínas a partir del ARNm mediante la captación endosomal de una partícula lipídica (Hou et al., 2021).

También se añade un lípido catiónico sintético, ya que se ha demostrado experimentalmente que funciona como adyuvante para atraer a las células inmunitarias al lugar de la inyección y facilitar el escape endosomal. De Beuckelaer et al. (2016) observaron que "condensar el ARNm en lipoplejos catiónicos aumenta la potencia de la respuesta de las células T evocada por la vacuna de ARNm en varios órdenes de magnitud". Otra modificación importante es que sustituyeron el código de dos aminoácidos adyacentes en el genoma por códigos de prolina, lo que hace que la glicoproteína espiga se mantenga en una forma estabilizada por prefusión (Wrapp et al., 2020).

El ARNm de la glicoproteína espiga del SARS-CoV-2 se "humaniza" aún más con la adición de una tapa metilada con guanina, regiones no traducidas (UTR) 3′ y 5′ copiadas de las de las proteínas humanas y, finalmente, una larga cola de poli(A) para estabilizar aún más el ARN (Kyriakopoulos y McCullough, 2021). En particular, los investigadores han seleccionado inteligentemente la 3′UTR tomada de las globinas que son producidas en grandes cantidades por los eritrocitos, porque es muy eficaz para proteger el ARNm de la degradación y mantener la producción sostenida de proteínas (Orlandini von Niessen et al., 2019). Esto es de esperar, ya que los eritrocitos no tienen núcleo, por lo que son incapaces de reemplazar los ARNm una vez que se destruyen. Tanto la vacuna de Moderna como la de Pfizer adoptaron un 3′UTR de las globinas, y la vacuna de Pfizer también utiliza un 5′UTR de globina ligeramente modificado (Xia, 2021). De Beuckelaer et al. (2016) resumieron acertadamente las consecuencias de tales modificaciones de la siguiente manera: "En los últimos años, las mejoras técnicas en la forma de preparar los ARNm IVT [transcritos in vitro] (modificaciones de la tapa 5′, contenido de GC optimizado, colas de poliA mejoradas, UTR estabilizadoras) han aumentado la estabilidad de los ARNm IVT hasta tal punto que ahora se puede lograr la expresión de proteínas durante días después de la administración directa in vivo del ARNm."

Sin embargo, la formación optimizada de la tapa análoga de los ARNm sintéticos obliga inevitablemente a las células receptoras a someterse a una traducción prolongada dependiente de la tapa, ignorando las demandas homeostáticas de la fisiología celular (Kyriakopoulos y McCullough, 2021). La metilación del cap 2'-O llevada a cabo por la cap 2′-O metiltransferasa (CMTR1) sirve como motivo que marca el ARNm como "propio", para evitar el reconocimiento por parte de las proteínas de unión al ARN inducidas por el IFN (Williams et al., 2020). Así, el ARNm de las vacunas, equipado con el motivo de metilación cap 2'-O, evade la detección como invasión viral. Además, el impulso desmesurado para que las células lleven a cabo un enfoque único y artificial de la traducción de acuerdo con el recubrimiento resistente y las metilaciones sintéticas de los ARNm en las vacunas se asocia fundamentalmente con la progresión de la enfermedad debido a la señalización diferencial en lugar de la normal de los receptores de reconocimiento de patrones (PRR) (Leung y Amarasinghe, 2016).

El proceso de regulación que controla la traducción del ARNm es extremadamente complejo, y está muy perturbado en el contexto de las vacunas de ARNm (Kyriakopoulos y McCullough, 2021; Leung y Amarasinghe, 2016). Brevemente, la idea es que las vacunas de ARNm logren el objetivo previsto (es decir, la producción de la proteína espiga modificada) a través de una estrategia sigilosa que evite la respuesta inmunológica natural a la infección viral de tipo ARN. Las nanopartículas lipídicas inyectadas que contienen ARNm son llevadas al interior de la célula mediante endocitosis. El ARNm escapa de su portador lipídico y migra hacia el ribosoma, donde se traduce abundantemente en su producto proteico final, siguiendo un programa optimizado para producir grandes cantidades de una proteína específica durante un periodo de tiempo prolongado. Estas glicoproteínas espiga modificadas del SARS-CoV-2 siguen entonces una de las tres vías principales. Algunas se degradan proteolíticamente y los fragmentos se unen a las moléculas MHC de clase I para su presentación en la superficie a las células T citotóxicas. Una segunda vía hace que esos mismos fragmentos de glicoproteína espiga se unan a moléculas del CMH de clase II, se trasladen a la superficie celular y activen las células T auxiliares. Una última vía hace que las glicoproteínas espiga solubles sean extruidas de la célula en exosomas, donde pueden ser reconocidas por anticuerpos específicos de glicoproteínas espiga activados por células B (Chaudhary et al., 2021).

Un estudio reciente de liberación temprana ha descubierto que el ARNm de las vacunas COVID-19 está presente en los centros germinales del tejido linfoide secundario mucho después de la administración de la vacuna, y que sigue sintetizando glicoproteína espiga hasta al menos sesenta días después de la vacunación (Röltgen et al., 2022). Esto sugiere que las células inmunitarias que captan el ARNm en el músculo del brazo migran al sistema linfático hasta los ganglios linfáticos, presumiblemente para exponer a las células B y T al antígeno tóxico. La persistencia del ARNm en los ganglios linfáticos y su síntesis sostenida de la glicoproteína espiga del SARS-CoV-2 reflejan la ingeniosa ingeniería implicada en la tecnología del ARNm, como se ha descrito anteriormente.

En definitiva, es a través de la utilización de nanolípidos y de una sofisticada tecnología de ARNm que se evade la respuesta inmune normal al ARN exógeno para producir una fuerte respuesta de anticuerpos contra un virus de ARN exógeno.

4. Aumento de GC [guanina y citosina] y potenciales estructuras G4 (pG4) [estructura de 4 hebras ricas en guanina] en los ARNm de las vacunas

Recientemente, miembros de nuestro equipo investigaron las posibles alteraciones de la estructura secundaria de los ARNm en las vacunas contra el SARS-CoV-2 debido a la optimización de los codones de los transcritos sintéticos de ARNm (McKernan et al., 2021). Este estudio ha demostrado que hay un aumento significativo del contenido de GC en los ARNm de las vacunas (53% en BNT162b2 y 61% en Moderna mRNA-1273) en comparación con el ARNm nativo del SARS-CoV-2 (36%). El contenido incrementado de GC en los ARNm es el resultado de la optimización de codones realizada durante el desarrollo de los ARNm utilizados en las vacunas contra el SARS-CoV-2, aparentemente sin determinar el efecto sobre las estructuras secundarias, en particular la formación de cuádruplex de guanina (cuádruplex G) (McKernan et al., 2021).

La optimización de codones describe la producción de polipéptidos y proteínas sintéticos, optimizados en cuanto a codones, utilizados en la terapéutica biotecnológica (como los ARNm sintéticos utilizados para la vacunación contra el SARS-CoV-2). Las asignaciones de codones alteradas dentro de la plantilla de ARNm aumentan drásticamente la cantidad de polipéptidos y/o proteínas producidas (Mauro y Chappell, 2014). La sustitución de codones sinónimos también da lugar a un cambio en los papeles reguladores y estructurales multifuncionales de las proteínas resultantes (Shabalina et al., 2013). Por esta razón, se ha prevenido contra la optimización de codones debido a que sus cambios consecuentes causan perturbaciones en la conformación secundaria de los productos proteicos con efectos potencialmente devastadores en su inmunogenicidad, eficacia y función resultantes (Zhou et al., 2013; Agashe et al., 2013). En particular, varias enfermedades humanas son el resultado de polimorfismos de nucleótidos sinónimos (McCarthy et al., 2017).

En un experimento en el que se configuraron versiones con alto y bajo contenido de GC de transcritos de ARNm para la proteína de choque térmico 70 en el contexto de promotores y secuencias UTR idénticas, se descubrió que los genes con alto contenido de GC se expresaban de forma entre varias y más de cien veces más eficiente que sus homólogos con bajo contenido de GC (Kudla et al., 2006). Esto se debe en parte a que todos los codones preferidos de los mamíferos tienen nucleótidos G o C en la tercera posición. También está bien documentado que los elementos ricos en AU en las UTRs 3' pueden desestabilizar el ARNm (Otsuka et al., 2019). Lo que puede ser especialmente preocupante es el hecho de que el alto contenido de GC en los ARNm de las vacunas da lugar a una mayor capacidad de formación de cuádruplex G (pG4) en estas estructuras, lo que podría provocar la aparición de enfermedades neurológicas (Wang et al., 2021). Sorprendentemente, la secuencia genética de la proteína priónica humana (PrP) contiene múltiples motivos de formación de G4, y su presencia puede constituir el eslabón perdido en la conversión inicial de la PrP a la forma mal plegada, PrPsc (Olsthoorn, 2014). La unión de la PrP a su propio ARNm puede ser la semilla que hace que la proteína se pliegue mal. Esta observación es particularmente preocupante a la luz del hecho de que la glicoproteína espiga del SARS-CoV-2 tiene características similares a las del prión (Tetz y Tetz, 2022).

Por un lado, el contenido de GC tiene un papel clave en la modulación de la eficiencia de la traducción y el control de la expresión del ARNm en los mamíferos (Babendure et al., 2006). Especialmente durante la iniciación de la traducción, el contenido de GC que opera como un elemento de ARNm que actúa como reguladores en cis [regiones no codificantes del ADN que regulan la transcripción de los genes cercanos], orquesta la unión del complejo de preiniciación ribosomal 43S y posteriormente el ensamblaje del complejo del factor de iniciación de la traducción eucariótica 4F (eIF4F). Un ejemplo representativo de este sistema en acción es la regulación de la expresión del ARNm de las globinas α y β a través de sus regiones no traducidas 5′ (5′UTRs) (Babendure et al., 2006).

Por otro lado, la presencia de pG4s en los ARN está implicada en la biología del cáncer como determinantes clave de la regulación de las proteínas de unión a ARN G4, como la helicasa (Herdy et al., 2018). En general, los cuádruplex G en los ARNs tienen papeles esenciales en a) la regulación de la expresión génica, b) la localización de las proteínas ribonucleares, c) la localización del ARNm y d) la regulación de la expresión de los protooncogenes (Fay et al., 2017).

En lo que respecta al SARS-CoV-2, los estudios pertinentes revelan abrumadoras similitudes entre los pG4 del SARS-CoV-2, incluso en el ARN que codifica la glicoproteína espiga del SARS-CoV-2, y los secuenciados en el transcriptoma humano (Zhang et al., 2020). Por lo tanto, puede deducirse que los ARNm sintéticos de las vacunas que llevan más estructuras pG4 en su secuencia de codificación de la glicoproteína espiga del SRAS-CoV-2 amplificarán y agravarán la posible desorganización postranscripcional debida al ARN enriquecido en G4 durante la infección natural por el SRAS-CoV-2. Además, la proteína de unión al ácido nucleico celular (CNBP), que es la principal proteína celular que se une al genoma del ARN del SARS-CoV-2 en las células infectadas por el ser humano (Schmidt et al., 2021), se une a los G4 del SARS-CoV-2 formados por las cadenas molde de sentido positivo y negativo del genoma del SARS-CoV-2 y promueve su despliegue. Una modulación similar de CNBP en los G4 del ARNm de la vacuna y la promoción del equilibrio de los G4 hacia conformaciones desplegadas crean condiciones favorables para la unión de miARN, y esto tendrá un impacto directo en la regulación dependiente de miARN de la expresión génica (Rouleau et al., 2017).

Los ARN de sentido negativo son moléculas intermedias producidas por el complejo de la transcriptasa-replicasa (RTC) formado por las proteínas no estructurales de los coronavirus (incluido el SARS-CoV-2) para proporcionar eficiencia en la replicación y la transcripción (Bezzi et al., 2021; Sola et al., 2015). Sin embargo, esto introduce otra complicación potencialmente grave asociada a la vacunación. La coinfección con otros virus de ARN de sentido negativo, como el de la hepatitis C (Jaubert et al., 2018), o la infección por otros coronavirus coetánea a los periodos de vacunación, proporcionaría la maquinaria necesaria de RTC para reproducir intermedios de sentido negativo a partir de ARNm sintéticos y, por tanto, amplificar la presencia de pG4s por plantillas de sentido negativo. Esto daría lugar a una mayor desregulación epitranscriptómica (Spiegel et al., 2020).

Resumiendo el tema hasta este punto, el enriquecimiento del contenido de GC en el ARNm de las vacunas conducirá inevitablemente a un aumento del contenido de pG4 en las mismas. Esto, a su vez, conducirá a la desregulación del sistema de unión G4-ARN-proteína y a una amplia gama de potenciales patologías celulares asociadas a la enfermedad, incluyendo la supresión de la inmunidad innata, la neurodegeneración y la transformación maligna (Herdy et al., 2018).

En cuanto a la desregulación postraduccional debida a la aparición de nuevas estructuras G4 introducidas por la vacunación, surge otra cuestión importante relacionada con la regulación de los miARN y los pG4. En las estructuras de miARN, se identifican cientos de secuencias pG4 (Rouleau et al., 2018). En su conformación desplegada, como durante la unión a sus respectivas dianas en las secuencias 3′ a 5′ de los ARNm, los miRNAs desactivan la traducción de su respectivo ARNm diana. Alternativamente, cuando en presencia de un ligando G4, se promueve la traducción de sus ARNm diana (Chan et al., 2018). Además, un vasto número de sitios de unión de miRNAs de carácter putativo se solapan con los G4s en las UTRs 3' de los ARNm, ya que hay al menos 521 microARNs específicos que se prevee se unan a al menos uno de estos G4s. En general, se han rastreado 44.294 sitios potenciales de unión G4-miRNA que poseen G4s putativos superpuestos en humanos (Rouleau et al., 2017).

Como se describe en otro lugar, durante la traducción celular de ARNm de vacunas, se producirá un aumento del ensamblaje de una serie de proteínas helicasas de unión a ARN, como eIF4A unido a eIF4G (Kyriakopoulos y McCullough, 2021). La presencia de un mayor número de pG4s en los ARNm sintéticos puede potencialmente amplificar la unión de las proteínas de unión al ARN y los miARN. Esta forma de aglomeración molecular de componentes proteicos (helicasas) con gran afinidad por la unión de G4 (Rouleau et al., 2017) disminuirá el número de proteínas de unión de ARN que unen G4s normalmente disponibles para la regulación de miARN. Esta pérdida de proteínas de unión a ARN, así como de disponibilidad de miARN para su regulación mediante la unión a G4s, puede alterar drásticamente la regulación traslacional de los miARNs presentes en las células y, por tanto, interrumpir la regulación esencial de la expresión de oncogenes. Un ejemplo es la regulación dependiente de p16 de la proteína supresora de tumores p53 (Rouleau et al., 2017; Al-Khalaf y Aboussekhra, 2018).

Este proceso es excesivamente complicado pero equivale a la homeostasis celular. Así que, de nuevo, merece ser resumido. Si los pG4 se acumulan, como se esperaría con una mayor cantidad de contenido de GC en el ARNm de la vacuna, esto tendría el efecto de aumentar las estructuras potenciales de G4 disponibles durante los eventos de traducción y esto puede afectar a la regulación post-transcripcional del miARN. Esto, a su vez, favorecería una mayor expresión de los oncogenes relacionados con una serie de cánceres, o conduciría a las células hacia la apoptosis y la muerte celular (Weldon et al., 2018). El estudio de caso descrito anteriormente en este documento apoya firmemente la hipótesis de que estas inyecciones inducen una progresión acelerada del linfoma en las células B foliculares (Goldman et al., 2021).

Los patrones de reconocimiento de la unión de los miARNs son imperfectamente complementarios a sus regiones objetivo, y por esta razón se les denomina "reguladores maestros", ya que un miARN afecta a una plétora de objetivos diferentes (Rouleau et al., 2018). La multitud de pG4 en el ARNm de la vacuna actuarían previsiblemente como señuelos, distrayendo a los miARN de su función normal de regulación de la expresión de las proteínas humanas. El aumento de las dianas G4 debido a la vacuna disminuiría la disponibilidad de miRNAs para dirigirse a los G4s expresados en humanos para la regulación de la expresión génica. Esto puede dar lugar a una regulación a la baja de la expresión de miRNAs que está implicada en la patología cardiovascular (Small y Olson, 2011), en la aparición de la neurodegeneración (Abe y Bonini, 2013), y/o en la progresión del cáncer (Farazi et al., 2013).

En la mayoría de los aspectos dentro de la maquinaria epitranscriptómica, los miRNAs están involucrados en la represión de la traducción. Un ejemplo, vital para el mantenimiento normal de las células, es el del ratón homólogo doble-minuto-2 (MDM2), una proteína física reguladora negativa de p53 [también llamado el guardián del genoma]. El propio P53 se considera el regulador maestro de la red celular de supresión de tumores. P16 controla la expresión de muchos miRNAs, y, a través de la unión de miR-141 y mIR-146b-5p al mRNA de MDM2, induce la regulación negativa de MDM2, permitiendo así la ubiquitinación de p53 y la promoción de la supervivencia celular ante eventos de daño al ADN (Al-Khalaf y Aboussekhra, 2018). La desregulación de los miRNAs que controlan la supresión de MDM2 de p53 conduciría previsiblemente a un mayor riesgo de una serie de cánceres (Ozaki y Nakagawara, 2011).

5. IFN de tipo I [interferón de tipo I] y COVID-19

Los IFN de tipo I desempeñan un papel esencial en la lucha contra las infecciones víricas, y las deficiencias en la señalización de los IFN de tipo I se han asociado a malos resultados de la COVID-19 en múltiples estudios. Estos casos se asocian a menudo con autoanticuerpos contra los IFN de tipo I. Como se revisa más adelante, los IFN de tipo I se han utilizado con cierto éxito en el tratamiento de la COVID-19 grave, especialmente si se administran en una fase muy temprana del proceso de la enfermedad. Si, como se ha argumentado anteriormente, las vacunas de ARNm interfieren con la señalización del IFN tipo I, esto podría conducir a una mayor susceptibilidad a la COVID-19 en las dos semanas siguientes a la primera vacuna, antes de que se haya iniciado una respuesta de anticuerpos.

Las células infectadas con un virus detectan la presencia de la replicación del virus a través de una serie de receptores de reconocimiento de patrones (PRR), que sirven como centinelas que detectan las estructuras de ARN aberrantes que a menudo se forman durante la replicación viral. Estos receptores responden oligomerizándose y, posteriormente, induciendo IFN de tipo I, lo que en última instancia regula un gran número de proteínas implicadas en la supresión de la proliferación viral (Janeway y Medzhitov, 2002).

Un estudio de varios autores realizado por investigadores de París (Francia), en el que participó una cohorte de 50 pacientes con COVID-19 con distintos grados de gravedad de la enfermedad, reveló que los pacientes con enfermedad grave se caracterizaban por una respuesta de IFN de tipo I muy deteriorada (Hadjadj et al., 2020). Estos pacientes no tenían esencialmente IFN-β y tenían una baja producción y actividad de IFN-α. Esto se asoció con una carga viral persistente en la sangre y una respuesta inflamatoria exacerbada, caracterizada por altos niveles de factor de necrosis tumoral α (TNF-α) e Il-6. Los autores propusieron una terapia con IFN de tipo I como posible opción de tratamiento. Un trabajo realizado por varios investigadores en Estados Unidos también identificó una respuesta inflamatoria única e inapropiada en pacientes con COVID-19 grave, caracterizada por niveles bajos de IFN de tipo I y de tipo III junto con quimiocinas elevadas y una expresión elevada de Il-6 (Blanco-Melo et al., 2020).

Los IFN de tipo I se han propuesto incluso como una opción de tratamiento para la COVID-19 grave. En un modelo de hámster, los investigadores expusieron a hámsters al SARS-CoV-2 e indujeron una respuesta inflamatoria en los pulmones y una inflamación sistémica en los tejidos distales. Descubrieron que la administración intranasal de IFN-α recombinante provocaba una reducción de la carga viral y un alivio de los síntomas (Hoagland et al., 2021). Un estudio de cohorte retrospectivo de 446 pacientes con COVID-19 determinó que la administración temprana de IFN-α2b se asoció con una reducción de la mortalidad intrahospitalaria. Sin embargo, la terapia de IFN tardía aumentó la mortalidad y retrasó la recuperación, lo que revela que la administración temprana de la terapia de interferón es esencial para una respuesta favorable (Wang et al., 2020a).

Un número sorprendente de personas tiene autoanticuerpos neutralizantes contra los IFN de tipo I, aunque no se comprende la etiología subyacente de este fenómeno. Un estudio que utilizó un perfil longitudinal de más de 600.000 células mononucleares de sangre periférica y la secuenciación del transcriptoma de 54 pacientes con COVID-19 y 26 controles, encontró una notable falta de respuestas génicas estimuladas por el IFN tipo I en las células mieloides de pacientes con enfermedad crítica (van der Wijst et al., 2021). Se encontraron autoanticuerpos neutralizantes contra los IFN de tipo I en el 19% de los pacientes con enfermedad crítica, el 6% de los pacientes con enfermedad grave y el 0% de los pacientes con enfermedad moderada. Otro estudio realizado en Madrid, España, reveló que el 10% de los pacientes con enfermedad COVID-19 grave tenían anticuerpos autoinmunes contra los IFN de tipo I (Troya et al., 2021). Un estudio de varios autores realizado en Francia descubrió que la mortalidad por COVID-19 era significativamente más frecuente en pacientes con autoanticuerpos neutralizantes contra el interferón de tipo I que en aquellos sin anticuerpos neutralizantes (55% frente a 23%) (Chauvineau - Grenier et al., 2022). Por último, Stertz y Hale (2021) señalan que, ya sea debido a autoanticuerpos o quizás a polimorfismos de pérdida de función asociados a los genes del sistema de interferón, las deficiencias en la producción de interferón se asocian hasta con el 15% de todos los casos de COVID-19 que ponen en peligro la vida.

6. ¿Las estrategias de metilación para el correcto funcionamiento de la célula son generalmente omitidas por los ARNm de las vacunas?

La metilación [adición de un grupo metilo (-CH3) a una molécula] de los ARNm se ha ideado evolutivamente para controlar la traducción de los transcritos y, por tanto, la expresión de los genes mediante una compleja cascada de proteínas metiladoras (escritoras), desmetiladoras (borradoras) y lectoras. La metilación de la adenosina es la modificación epitranscriptómica más abundante del ARNm, y ocurre en múltiples sitios a lo largo de la molécula de ARNm (Zaccara et al., 2019). Una metilación clave de la adenosina "N6-metiladenosina (m6A)" específicamente en la 5′ UTR de los ARNm regula la fisiología celular normal, la respuesta inflamatoria y la progresión del cáncer. El papel y los mecanismos de la m6A en las enfermedades humanas son extensos, y están excelentemente tratados en otras revisiones exhaustivas (Yang et al., 2020; Knuckles y Bühler, 2018). El más importante de ellos es que la vacunación molecular contra el SARS-CoV-2 induce condiciones de estrés celular, como se describe por la elevada señalización de NF-κB después de la vacunación (Liu et al., 2021; Koo et al., 2010).

En condiciones de estrés celular, que pueden ser inducidas por una infección viral o por estados de enfermedad como el cáncer, m6A hace que los ARNm se traduzcan preferentemente de forma independiente de la cubierta (Meyer et al., 2015). Como se discutió anteriormente, esto es lo opuesto al impacto de la vacunación de ARNm SARS-CoV-2, que impulsa a las células hacia una traducción dependiente de la tapa. Además, bajo condiciones diversificadas de estrés celular, hay una inducción abrumadora de adición de m6A en todo el transcriptoma que hace que un mayor número de mRNAs posean 5′UTRs enriquecidos con m6A (Meyer et al., 2015).

El factor de iniciación de la traducción eucariota 4E (eIF4E) es la proteína de unión a la caperuza del ARNm que dirige a los ribosomas hacia la estructura de la tapa de los ARNm, con el fin de iniciar la traducción a proteína. La dependencia de la traducción dependiente de la tapa de los ARNm de las vacunas consumirá un excedente de disponibilidad de eIF4E necesario para traducir un número anormalmente alto de ARNm sintéticos. Sin embargo, la traducción independiente de la tapa tiene lugar sin requerir que eIF4E se una a eIF4F. La competencia por los ribosomas se desplazará hacia la traducción independiente de la tapa de los transcritos, ya que los ARNm que se someten a la traducción independiente de la tapa están equipados, aparte de los sitios de entrada interna del ribosoma (IRES), con motivos de unión especiales que se unen a factores que reclutan activamente a los ARNm a los potenciadores de la traducción independiente de la tapa del ribosoma (CITEs) (Shatsky et al., 2018).

Además, esto también significa que eIF4E, que es un poderoso regulador de oncogenes y modulador de la proliferación celular, mantendrá sus actividades por esta competencia durante un período de tiempo anormalmente prolongado, tratando de contrarrestar la competencia entre los ARNm con tapa estable en las vacunas y los ARNm que contienen IRES (Kyriakopoulos y McCullough, 2021; Svitkin et al., 2005). Este tipo de condición da lugar a una desregulación de las modificaciones co-transcripcionales del ARNm6A y se vincula seriamente con la progresión molecular de varios cánceres (Han y Choe, 2020), además de crear condiciones predisponentes para posteriores infecciones virales (Svitkin et al., 2005).

A continuación, consideramos el impacto de la glicoproteína espiga del SARS-CoV-2 derivada del ARNm en el sistema celular de IFN a través de la producción masiva de exosomas.

7. Exosomas y microARN

Una importante red de comunicación entre las células consiste en vesículas extracelulares (EVs) que son constantemente liberadas por una célula y posteriormente captadas por otra, que podría estar en un órgano distante. Las pequeñas vesículas conocidas como exosomas, formadas en el interior de los endosomas, tienen un tamaño similar al de los virus, y se liberan mediante exocitosis en el espacio extracelular para circular posteriormente por todo el organismo (Yoshikawa et al., 2019). Los exosomas pueden entregar una gama diversa de moléculas biológicamente activas, incluyendo ARNm, microARN (miARN), proteínas y lípidos (Ratajczak y Ratajczak, 2016). Durante una infección viral, las células infectadas secretan grandes cantidades de exosomas que actúan como una red de comunicación entre las células para orquestar la respuesta a la infección (Chahar et al., 2015).

En un esfuerzo de colaboración por parte de un equipo de investigadores de Arizona y Connecticut, se descubrió que las personas vacunadas con las vacunas de ARNm desarrollaron exosomas circulantes que contenían la glicoproteína espiga del SARS-CoV-2 el día 14 después de la vacunación (Bansal et al., 2021). También descubrieron que no había anticuerpos circulantes contra la glicoproteína espiga catorce días después de la primera vacuna. Sin embargo, después de la segunda vacuna, el número de exosomas circulantes que contenían glicoproteína espiga aumentó hasta un factor de 12. Además, los anticuerpos aparecieron por primera vez el día 14. Los exosomas presentaban glicoproteína espiga en su superficie, lo que, según los autores, facilitaba la producción de anticuerpos. Cuando los ratones fueron expuestos a exosomas derivados de personas vacunadas, desarrollaron anticuerpos contra la glicoproteína espiga. Curiosamente, tras el pico de expresión, el número de exosomas circulantes que contenían glicoproteína espiga disminuyó con el tiempo, al mismo tiempo que el nivel de anticuerpos contra la glicoproteína espiga.

Los exosomas existen como parte del mecanismo de descomposición del ARNm en estrecha asociación bajo condiciones de estrés con los gránulos de estrés (SG) y los cuerpos P (PB) (Decker y Parker, 2012; Kothandan et al., 2020). En condiciones de traducción inducida por ARNm, lo que podría denominarse "excesiva dependencia de la tapa", existe una evidente resistencia a la formación y ensamblaje del gran complejo de descifrado (Kyriakopoulos y McCullough, 2021) y, por tanto, resistencia a los procesos fisiológicos de decaimiento del ARNm (Decker y Parker, 2012). Esto significaría que se está omitiendo el destino de determinados ARNm sintéticos que, de otro modo, estaría determinado por la estrategia celular común para el recambio de ARNm que implica a las ribonucleinproteínas mensajeras (mRNPs) (Borbolis y Syntichaki, 2015).

Además, en condiciones de excesiva dependencia de la traducción dependiente de la tapa por parte de los ARNm sintéticos en las vacunas contra el SARS-CoV-2 (Kyriakopoulos y McCullough, 2021), muchos ARNm nativos que poseen considerables IRES y metilaciones específicas (m6A) en su estructura elegirán favorablemente la traducción dependiente de la tapa, que está fuertemente vinculada a los mecanismos de control de calidad de la descomposición del ARNm (Han y Choe, 2020). En este sentido, los productos considerables de ARNm deadenilado, así como los productos derivados del metabolismo del ARNm (decaimiento) están directamente vinculados a las cargas de los exosomas (Borbolis y Syntichaki, 2015).

Un ejemplo de la traducción dependiente de la tapa se describe en la leucemia linfoblástica aguda de células T (T-ALL). Debido al sobrefuncionamiento de la diana mecánica de la rapamicina C (mTORC)-1 en la T-ALL, las células son conducidas completamente hacia la traducción dependiente de la tapa (Girardi y De Keersmaecker, 2015). Una condición análoga es descrita por Kyriakopoulos y McCullough (2021). Incluso en este estado canceroso altamente agresivo, durante la inhibición de la traducción dependiente de la tapa en las células T-ALL, hay una rápida reversión a la traducción independiente de la tapa (Girardi y De Keersmaecker, 2015). Del mismo modo, una infección por picornavirus (Jang et al., 1990) conduce a las células hacia la traducción independiente de la tapa debido a la inhibición de los componentes del complejo eIF4F y al pluralismo de IRES en el ARN viral.

En los seres humanos, abundan las infecciones por picornavirus, en su mayoría asintomáticas, como el virus de Safford, con una seroprevalencia superior al 90% en niños pequeños y adultos (Zoll et al., 2009). En cualquiera de los casos, ya sea un evento apoptótico debido a una condición similar al estrés (Rusk, 2008) o un efecto carcinomatoso similar a la tapa de ARNm (De Paolis et al., 2021), los niveles de miARN se incrementarán debido al aumento del funcionamiento epitranscriptómico y a la mejora de la decadencia del ARNm. Debido a la alta demanda de expresión génica, se espera que los exosomas contengan altos niveles de ciertos miARN a través de los cuerpos P (Yu et al., 2016).

Además, en condiciones de producción abrumadora de glicoproteína espiga del SARS-CoV-2 debido a la vacunación molecular del SARS-CoV-2, se esperaría, por supuesto, que una proporción significativa de glicoproteínas espiga intracelulares sobreabundantes también se exportara a través de cargas exosomales (Wei et al., 2021).

Mishra y Banerjea (2021) investigaron el papel de los exosomas en la respuesta celular de las células transfectadas con espigas de SARS-CoV-2. Escribieron en el resumen:

"Proponemos que el producto génico del SARS-CoV-2, Espiga, es capaz de modificar la carga exosomal del huésped, que se transporta a tejidos y órganos distantes no infectados y puede iniciar una cascada inmune catastrófica dentro del Sistema Nervioso Central (SNC)".

Sus experimentos consistieron en cultivar células humanas HEK293T y exponerlas a plásmidos del gen del SARS-CoV-2, que indujeron la síntesis de la glicoproteína espiga dentro de las células. Comprobaron experimentalmente que estas células liberaban abundantes exosomas que albergaban la glicoproteína espiga junto con microARN específicos. A continuación, recogieron los exosomas y los transfirieron a un cultivo celular de microglía humana (las células inmunitarias que residen en el cerebro). Demostraron que la microglía captaba fácilmente los exosomas y respondía a los microARN iniciando una respuesta inflamatoria aguda. El papel de la microglía como causante de la neuroinflamación en varias enfermedades víricas, como el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), el virus de la encefalitis japonesa (JEV) y el dengue, está bien establecido. Propusieron que la comunicación célula-célula a larga distancia a través de los exosomas podría ser el mecanismo por el que los síntomas neurológicos se manifiestan en los casos graves de COVID-19.

En una exploración más profunda, los autores identificaron dos microARN que estaban presentes en altas concentraciones en los exosomas: miR-148a y miR-590. Propusieron un mecanismo específico por el que estos dos microARNs interrumpirían específicamente la señalización del interferón de tipo I, a través de la supresión de dos proteínas críticas que controlan la vía: la ubiquitina peptidasa específica 33 (USP33) y el IRF9. Los heterodímeros STAT1 y STAT2 fosforilados requieren de IRF9 para unirse a los elementos de respuesta estimulados por el IFN, y por tanto IRF9 desempeña un papel esencial en la respuesta de señalización. Los autores demostraron experimentalmente que la microglía expuesta a los exosomas extraídos del cultivo HEK293 presentaba una disminución del 50% de la expresión celular de USP33 y del 60% de IRF9. Además, descubrieron que miR-148a bloquea específicamente la USP33 y miR-590 bloquea específicamente el IRF9. La USP33 elimina la ubiquitina del IRF9 y, al hacerlo, lo protege de la degradación. Así, los dos microARNs contribuyen conjuntamente a interferir con el IRF9, bloqueando así la respuesta del receptor a los interferones de tipo I.

Un estudio de Gonzalo-Calvo et al. (2021) examinó el perfil de microARN en la sangre de los pacientes con COVID-19 y su variación cuantitativa en función de la gravedad de la enfermedad. Se encontró que múltiples miRNAs estaban regulados al alza y a la baja. Entre ellos estaba miR-148a-3p, el precursor de la cadena guía de miR-148a. Sin embargo, el propio miR-148a no se encontraba entre los microARN catalogados como excesivos o deficientes en su estudio, como tampoco lo estaba el miR-590. De estos resultados se desprende que miR148a y miR-590 y sus efectos inflamatorios son exclusivos de la producción de glicoproteína espiga del SARS-CoV-2 inducida por la vacunación.

Los estudios de rastreo han demostrado que, tras la inyección en el músculo del brazo, el ARNm de las vacunas de ARNm es transportado al sistema linfático por las células inmunitarias y finalmente se acumula en el bazo en altas concentraciones (Bahl et al., 2017). Otros estudios han demostrado que las células inmunitarias estresadas en los centros germinales del bazo liberan grandes cantidades de exosomas que viajan a los núcleos del tronco cerebral a lo largo del nervio vago (como se revisa en Seneff y Nigh (2021)). El nervio vago es el décimo nervio craneal y entra en el tronco cerebral cerca de la laringe. Los nervios laríngeos superior y recurrente son ramas del vago que inervan estructuras implicadas en la deglución y el habla. Las lesiones en estos nervios causan parálisis de las cuerdas vocales asociadas a la dificultad para tragar (disfagia) dificultad para hablar (disfonía) y/o falta de aire (disnea) (Gould et al., 2019; Erman et al., 2009). Volveremos a hablar de estas patologías específicas en nuestra revisión de los datos del VAERS más adelante.

Las células HEK293 se derivaron originalmente de cultivos extraídos del riñón de un feto humano hace varias décadas y se inmortalizaron mediante la infección con ADN de adenovirus. Aunque fueron extraídas del riñón, las células muestran, a través de su perfil de expresión de proteínas, que probablemente sean de origen neuronal (Shaw et al., 2002). Esto sugiere que las neuronas del nervio vago responderían de forma similar a la glicoproteína espiga del SARS-CoV-2. Por lo tanto, la evidencia disponible sugiere fuertemente que la glicoproteína espiga del SARS-CoV-2 producida endógenamente crea un perfil de microARN diferente al de la infección natural con el SARS-CoV-2, y esas diferencias implican una gama potencialmente amplia de efectos nocivos.

Un punto central de nuestro análisis a continuación es la importante distinción entre el impacto de la vacunación frente a la infección natural en el IFN tipo I. Mientras que la vacunación suprime activamente su producción, la infección natural promueve la producción de IFN de tipo I en una fase muy temprana del ciclo de la enfermedad. Las personas con afecciones preexistentes suelen presentar una alteración de la señalización del IFN tipo I, lo que conduce a una COVID-19 más grave, crítica e incluso mortal. Si la alteración inducida por la vacuna se mantiene a medida que los niveles de anticuerpos disminuyen con el tiempo, esto podría llevar a una situación en la que la vacuna cause una expresión de la enfermedad más grave de lo que habría sido en ausencia de la vacuna.

Otra consecuencia esperada de la supresión del IFN de tipo I sería la reactivación de infecciones víricas crónicas preexistentes, como se describe en la sección 9.

8. Deterioro de la reparación del ADN y de la inmunidad adaptativa

El sistema inmunitario y el sistema de reparación del ADN son los dos sistemas principales de los que dependen los organismos superiores para defenderse de diversas amenazas, y comparten elementos comunes. La pérdida de la función de las proteínas clave de la reparación del ADN conduce a defectos en la reparación que inhiben la producción de células B y T funcionales, lo que da lugar a inmunodeficiencia. La reparación de la unión de extremos no homólogos (NHEJ) desempeña un papel fundamental en la recombinación V(D)J específica de los linfocitos, que es esencial para producir el repertorio sumamente diverso de anticuerpos de las células B en respuesta a la exposición a los antígenos (Jiang y Mei, 2021). El deterioro de la reparación del ADN es también una vía directa hacia el cáncer.

En un artículo publicado por Liu et al. en 2021, se controlaron varios parámetros asociados a la función inmunitaria en una cohorte de pacientes mediante la secuenciación del ARNm unicelular de las células mononucleares de sangre periférica (PBMC) recogidas de los pacientes antes y 28 días después de la primera inyección de una vacuna COVID-19 basada en una versión debilitada del virus (Liu et al., 2021). Aunque estas vacunas son diferentes de las de ARNm, también funcionan inyectando el contenido de la vacuna en el músculo deltoides, evitando las barreras mucosas y vasculares. Los autores encontraron una alteración consistente de la expresión genética tras la vacunación en muchos tipos de células inmunitarias diferentes. Los aumentos observados en la señalización NF-κB y la reducción de las respuestas de IFN de tipo I se confirmaron además mediante ensayos biológicos. En consonancia con otros estudios, descubrieron que STAT2 e IRF7 estaban significativamente regulados a la baja 28 días después de la vacunación, lo que indica que las respuestas de IFN de tipo I están deterioradas. Escribieron: "En conjunto, estos datos sugieren que después de la vacunación, al menos en el día 28, aparte de la generación de anticuerpos neutralizantes, los sistemas inmunitarios de las personas, incluidos los de los linfocitos y los monocitos, estaban quizás en un estado más vulnerable." (Liu et al., 2021).

Estos autores también identificaron cambios perturbadores en la expresión de los genes que implicarían un deterioro de la capacidad de reparación del ADN. Hasta el 60% de la actividad transcripcional total en las células en crecimiento implica la transcripción del ADN ribosomal (ADNr) para producir ARN ribosomal (ARNr). La enzima que transcribe el ADN ribosómico en ARN es la ARN polimerasa I (Pol I). La Pol I también controla la integridad del ADNr e influye en la supervivencia de las células (Kakarougkas et al., 2013). Durante la transcripción, las ARN polimerasas (RNAP) exploran activamente el ADN para encontrar lesiones voluminosas (roturas de doble cadena) y activar su reparación. En las células eucariotas en crecimiento, la mayor parte de la transcripción implica la síntesis de ARN ribosómico por parte de la Pol I. De este modo, la Pol I promueve la supervivencia tras un daño en el ADN (Kakarougkas et al., 2013). Muchos de los genes suprimidos identificados por Liu et al. (2021) estaban relacionados con el ciclo celular, el mantenimiento de los telómeros y tanto la apertura del promotor como la transcripción de la Pol I, lo que indica que los procesos de reparación del ADN están deteriorados.

Uno de los conjuntos de genes que se suprimieron se debió a la "deposición de nuevos CENPA [proteína A del centrómero] que contienen nucleosomas en el centrómero". La CENPA recién sintetizada se deposita en nucleosomas en el centrómero durante la fase de telofase tardía/principio de G1 del ciclo celular. Esto apunta a la detención del ciclo celular en la fase G1 como un rasgo característico de la respuesta a la vacuna inactivada contra el SARS-CoV-2. La detención de las células madre embrionarias pluripotentes en la fase G1 (antes de la iniciación de la replicación) daría lugar a un deterioro de la autorrenovación y el mantenimiento de la pluripotencia (Choi et al., 2013).

Dos proteínas de punto de control crucialmente implicadas en la reparación del ADN y la inmunidad adaptativa son BRCA1 y 53BP1, que facilitan tanto la recombinación homóloga (HR) como la NHEJ, los dos procesos de reparación primarios (Zhang y Powell, 2005; Panier y Boulton, 2014). En un experimento in vitro con células humanas, se demostró que la glicoproteína espiga de longitud completa del SARS-CoV-2 entraba específicamente en el núcleo y dificultaba el reclutamiento de estas dos proteínas de reparación en el lugar de una rotura de doble cadena (Jiang y Mei, 2021). Los autores resumieron sus hallazgos diciendo: "Mecánicamente, encontramos que la proteína espiga se localiza en el núcleo e inhibe la reparación del daño en el ADN al impedir el despliegue de la proteína clave de reparación del ADN BRCA1 y 53BP1 en el lugar del daño".

Otro mecanismo por el que las vacunas de ARNm podrían interferir en la reparación del ADN es a través de miR-148. Se ha demostrado que este microARN regula a la baja la RH en la fase G1 del ciclo celular (Choi et al., 2014). Como se mencionó anteriormente en este documento, este fue uno de los dos microARNs encontrados en los exosomas liberados por las células humanas tras la síntesis de la glicoproteína espiga del SARS-CoV-2 en los experimentos de Mishra y Banerjea (2021).

9. Reactivación de la varicela-zóster

La señalización del receptor IFN tipo I en las células T CD8+ es fundamental para la generación de células efectoras y de memoria en respuesta a una infección viral (Kolumam et al., 2005). Las células T CD8+ pueden bloquear la reactivación de la infección por herpes latente en las neuronas sensoriales (Liu et al., 2000). Si la señalización del IFN de tipo I está deteriorada, como ocurre tras la vacunación pero no tras la infección natural por el SARS-CoV-2, la capacidad de las células T CD8+ para mantener el herpes bajo control también estaría deteriorada. ¿Podría ser este el mecanismo en funcionamiento en respuesta a las vacunas?

El herpes zóster es una enfermedad cada vez más frecuente causada por la reactivación de los virus latentes del herpes zóster (HZV), que también causa la varicela en la infancia. En una revisión sistemática, Katsikas Triantafyllidis et al. (2021) identificaron 91 casos de herpes zóster que se produjeron una media de 5,8 días después de la vacunación con ARNm. Aunque reconocen que la causalidad aún no está confirmada, "el herpes zóster es posiblemente una condición que los médicos y otros profesionales de la salud pueden esperar ver en los pacientes que reciben las vacunas COVID-19" (Katsikas Triantafyllidis et al., 2021). En una carta al editor publicada el 2 de septiembre de 2021, Fathy et al. (2022) informaron sobre 672 casos de reacciones cutáneas presuntamente relacionadas con la vacuna, incluidos 40 casos de herpes zoster y/o reactivación del herpes simple. Estos casos se habían notificado a la Academia Americana de Dermatología y al Registro Dermatológico COVID-19 de la Liga Internacional de Sociedades Dermatológicas, establecido específicamente para hacer un seguimiento de las secuelas dermatológicas de las vacunas. En la literatura hay múltiples informes de casos adicionales de reactivación del herpes zoster tras la vacunación con COVID-19 (Psichogiou et al., 2021b; Iwanaga et al., 2021). Lladó et al. (2021) señalaron que 51 de los 52 informes de infecciones de herpes zoster reactivadas se produjeron tras la vacunación con ARNm. El propio herpes zóster también interfiere con la señalización de IFN-α en las células infectadas, tanto al interferir con la fosforilación de STAT2 como al facilitar la degradación de IRF9 (Verweij et al., 2015).

También cabe destacar un caso adicional de reactivación viral. Se trataba de una mujer de 82 años que había adquirido una infección por el virus de la hepatitis C (VHC) en 2007. Unos días después de la vacunación con una vacuna de ARNm de Pfizer/BioNTech se produjo un fuerte aumento de la carga del VHC, junto con la aparición de ictericia. Murió tres semanas después de la vacunación por un fallo hepático (Lensen et al., 2021).

10. Trombocitopenia inmunitaria

La trombocitopenia inmunitaria es un trastorno autoinmunitario en el que el sistema inmunitario ataca las plaquetas circulantes. La púrpura trombocitopénica inmunitaria (PTI) se ha asociado a varias vacunas, como la del sarampión, las paperas y la rubéola (SPR), la de la hepatitis A, la de la varicela, la de la difteria, el tétanos y la tos ferina (DPT), la de la polio oral y la de la gripe (Perricone et al., 2014). Mientras que se conoce ampliamente que las vacunas basadas en el ADN de los adenovirus pueden causar trombocitopenia inmunotrombótica inducida por la vacuna (VITT) (Kelton et al, 2021), las vacunas de ARNm no están exentas de riesgo de TTIV, ya que se han publicado estudios de casos que documentan este tipo de incidencias, incluida la trombosis del seno venoso cerebral, que puede ser mortal (Lee et al., 2021; Akiyama et al., 2021; Atoui et al., 2022; Zakaria et al., 2021). Se cree que el mecanismo implica que los anticuerpos VITT se unen al factor 4 de las plaquetas (PF4) y forman complejos inmunes que inducen la activación de las plaquetas. Las cascadas de coagulación subsiguientes provocan la formación de microcoágulos difusos en el cerebro, los pulmones, el hígado, las piernas y otros lugares, lo que se asocia a un descenso drástico del recuento de plaquetas (Kelton et al., 2021). Se ha descrito que la reacción a la vacuna es muy similar a la trombocitopenia inducida por heparina (TIH), excepto que la administración de heparina no está notablemente implicada (Cines y Bussel, 2021).

Se ha demostrado que las vacunas de ARNm provocan principalmente una respuesta inmunitaria de inmunoglobulina G (IgG), con una cantidad menor de IgA inducida (Wisnewski et al., 2021), e incluso menos producción de IgM (Danese et al., 2021). La cantidad de anticuerpos IgG producidos es comparable a la respuesta observada en los casos graves de COVID-19. Son los anticuerpos IgG en combinación con la heparina los que inducen la TIH. Se puede plantear la hipótesis de que la IgG en combinación con la glicoproteína espiga del SARS-CoV-2 y el PF4 es el complejo que induce la TIV en respuesta a las vacunas de ARNm. De hecho, se ha demostrado experimentalmente que el dominio de unión al receptor (RBD) de la proteína espiga se une a PF4 (Passariello et al., 2021).

El mecanismo subyacente de la TIH ha sido bien estudiado, incluso mediante el uso de modelos de ratón humanizados. Curiosamente, las plaquetas humanas, pero no las de ratón, expresan el receptor FcγRIIA, que responde a los complejos PF4/heparina/IgG a través de una cascada de fosforilación de tirosina para inducir la activación de las plaquetas. Tras la activación, las plaquetas liberan gránulos y generan micropartículas procoagulantes. También captan calcio, activan la proteína quinasa C, se agrupan en microtrombos y ponen en marcha una cascada de muerte celular mediante la activación de la calpaína. Estas plaquetas activadas liberan PF4 en el espacio extracelular, favoreciendo un círculo vicioso, ya que este PF4 adicional también se une a la heparina y al anticuerpo IgG para promover aún más la activación plaquetaria. Así, el FcγRIIA es fundamental en el proceso de la enfermedad (Nevzorova et al., 2019).

Los estudios sobre ratones diseñados para expresar el receptor FcγRIIA humano han demostrado que estos ratones transgénicos son mucho más susceptibles a la trombocitopenia que sus homólogos de tipo salvaje (McKenzie et al., 1999). Se ha propuesto que las plaquetas pueden desempeñar un papel importante en la eliminación de los complejos anticuerpo-antígeno, atrapando el antígeno en los trombos y/o llevándolos al bazo para su eliminación por las células inmunitarias. Obviamente, las plaquetas se consumen rápidamente en el proceso, lo que da lugar a un recuento bajo de plaquetas (trombocitopenia).

Las plaquetas circulan normalmente con una vida media de sólo cinco a nueve días, por lo que se sintetizan constantemente en la médula ósea y se eliminan en el bazo. Las plaquetas unidas a anticuerpos, tras la activación de las plaquetas a través de los receptores Fcγ, migran al bazo, donde son atrapadas y eliminadas mediante fagocitosis por los macrófagos (Crow y Lazarus, 2003). En el bazo se encuentra un tercio del total de las plaquetas del organismo. Dado que las vacunas de ARNm son transportadas al bazo por células inmunitarias atraídas inicialmente al lugar de la inyección en el músculo del brazo, existe la posibilidad de que las células dendríticas del bazo liberen exosomas que contienen glicoproteína espiga que sintetizan la proteína espiga. Se puede especular que la activación de las plaquetas tras la formación de un complejo P4F/IgG/proteína espiga en el bazo es parte del mecanismo que intenta eliminar la glicoproteína espiga tóxica.

Anteriormente mencionamos que uno de los dos microARNs altamente expresados en los exosomas liberados por las células humanas expuestas a la glicoproteína espiga del SARS-CoV-2 era miR-148a. Se ha demostrado experimentalmente que miR-148a suprime la expresión de una proteína que desempeña un papel central en la regulación de la expresión de FcγRIIA en las plaquetas. Esta proteína, denominada ligando de ubiquitina de células T-2 (TULA-2), inhibe específicamente la actividad del receptor Fcγ de las plaquetas. miR-148a se dirige al ARNm de TULA-2 y regula a la baja su expresión. Así pues, miR-148a, presente en los exosomas liberados por los macrófagos obligados por la vacuna a sintetizar la glicoproteína espiga del SRAS-CoV-2, actúa aumentando el riesgo de trombocitopenia en respuesta a los complejos inmunitarios formados por el antígeno de la glicoproteína espiga y los anticuerpos IgG producidos contra la glicoproteína espiga.

11. PPAR-α [receptor activado por proliferadores peroxisómicos tipo alfa], sulfátidos y enfermedad hepática

Como ya hemos dicho, un experimento de Mishra y Banerjea (2021) demostró que la glicoproteína espiga del SARS-CoV-2 induce la liberación de exosomas que contienen microARNs que interfieren específicamente en la síntesis de IRF9. En esta sección mostraremos que una de las consecuencias de la supresión de IRF9 sería la reducción de la síntesis de sulfátidos en el hígado, mediada por el receptor nuclear activado por el proliferador de peroxisomas α (PPAR-α).

Los sulfátidos son los principales esfingoglicolípidos séricos de los mamíferos que se sintetizan y secretan principalmente en el hígado (Lu et al., 2019). Son los únicos esfingolípidos sulfonados del organismo. Los sulfátidos se forman mediante un proceso de dos pasos que implica la conversión de la ceramida en galactocerebrósido y su posterior sulfatación. Los sulfátidos se expresan en la superficie de las plaquetas, los eritrocitos y los linfocitos. Los sulfátidos séricos ejercen funciones tanto anticoagulantes como de activación plaquetaria. Se ha descubierto que la enzima del hígado que sintetiza sulfátidos, la cerebrósido sulfotransferasa, es inducida específicamente por la activación de PPAR-α en ratones (Kimura et al., 2012). Por lo tanto, una expresión reducida de PPAR-α conduce a la deficiencia de sulfátidos.

Los ligandos PPAR-α exhiben efectos antiinflamatorios y antifibróticos, mientras que la deficiencia de PPAR-α conduce a la esteatosis hepática, la esteatohepatitis, la esteatofibrosis y el cáncer de hígado (Wang et al., 2020b). En 2019, un equipo de investigadores de Japón realizó un experimento con ratones con un gen defectuoso de PPAR-α (Lu et al., 2019). Estos ratones, al ser alimentados con una dieta alta en colesterol, eran susceptibles de acumular un exceso de triglicéridos y de exacerbar la inflamación y el estrés oxidativo en el hígado, junto con un aumento de los niveles de factores de coagulación. Los ratones también manifestaron una disminución de los niveles de sulfátidos tanto en el hígado como en el suero. Los autores plantearon la hipótesis de que la sobrecarga de colesterol ejerce sus efectos tóxicos en parte potenciando la trombosis, tras un metabolismo lipídico hepático anormal y un estrés oxidativo. Demostraron que PPAR-α puede atenuar estos efectos tóxicos a través de la regulación transcripcional de los factores de coagulación y la regulación al alza de la síntesis de sulfátidos, además de sus efectos en la mejora de la enfermedad hepática. Propusieron que terapias como los fibratos, destinadas a activar el PPAR-α, podrían prevenir las enfermedades cardiovasculares inducidas por una dieta alta en colesterol.

Los estudios de rastreo han demostrado que el ARNm de las vacunas de ARNm migra preferentemente al hígado y al bazo, alcanzando allí una mayor concentración que en cualquier otro órgano (Bahl et al., 2017). Por lo tanto, existe un potencial de supresión de IRF9 en el hígado por la vacuna. El IRF9 está altamente expresado en los hepatocitos, donde interactúa con el PPAR-α, activando los genes diana del PPAR-α. Un estudio sobre ratones con genes desactivados del IRF9 demostró que estos ratones desarrollaban esteatosis y resistencia hepática a la insulina cuando eran expuestos a una dieta alta en grasas. Por el contrario, la sobreexpresión del IRF9 hepático mediada por adenovirus en ratones obesos mejoró la sensibilidad a la insulina y mejoró la esteatosis y la inflamación (Wang et al., 2013).

Múltiples informes de casos en la literatura de investigación describen el daño hepático después de las vacunas de ARNm (Zin Tun et al., 2021; Dumortiera, 2022; Mann et al., 2021). Un factor plausible que conduce a estos resultados es la supresión de PPAR-α a través de la regulación a la baja de IRF9, y posteriormente la disminución de la síntesis de sulfátidos en el hígado.

12. Síndrome de Guillain Barré (SGB) y síndromes de lesiones neurológicas

El SGB es una neuropatía inflamatoria aguda desmielinizante asociada a una morbilidad duradera y a un riesgo significativo de mortalidad (Cr é ange, 2000). La enfermedad implica un ataque autoinmune a los nervios asociado a la liberación de citoquinas proinflamatorias.

El SGB se asocia a menudo con autoanticuerpos contra la sulfatida y otros esfingolípidos (Ilyas et al., 1991). Las células T activadas producen citoquinas ( o citocinas) en respuesta a la presentación de antígenos por parte de los macrófagos, y estas citoquinas pueden inducir la producción de autoanticuerpos a través de la propagación de epítopos (Vanderlugt y Miller, 2002). Los anticuerpos, a su vez, inducen la activación del complemento, lo que provoca desmielinización y daño axonal, lo que lleva a una lesión grave de las neuronas periféricas (Kuwahara y Kusunoki, 2018). Se ha demostrado que la glicoproteína espiga del SARS-CoV-2 se une al heparán sulfato, que es un complejo amino-azúcar sulfatado que se asemeja a la galactosa sulfatada de la sulfatida (Kalra y Kandimalla, 2021). Por lo tanto, es concebible que la glicoproteína espiga también se una a la sulfatida, y esto podría desencadenar una reacción inmune al complejo glicoproteína-sulfatida.

Como se describió en la sección anterior, la síntesis de sulfatida alterada en el hígado debido a la supresión de IRF9 conducirá a la deficiencia sistémica de sulfatida con el tiempo. La deficiencia de sulfatida puede tener un impacto importante en el cerebro y el sistema nervioso. El 20% de los galactolípidos que se encuentran en la vaina de mielina son sulfátidos. La sulfatida es un componente importante del sistema nervioso, que se encuentra en concentraciones especialmente altas en la vaina de mielina tanto en el sistema nervioso periférico como en el central. Las deficiencias de sulfátidos pueden provocar debilidad muscular, temblores y ataxia (Honke, 2013), que son síntomas comunes del SGB. La neuroinflamación crónica mediada por la microglía y los astrocitos en el cerebro conduce a pérdidas dramáticas de sulfatida cerebral, y las deficiencias cerebrales de sulfatida son una característica importante de la enfermedad de Alzheimer (Qiu et al., 2021). Los ratones con un defecto en la capacidad de sintetizar sulfatida a partir de ceramida muestran una capacidad deteriorada para mantener la salud de los axones a medida que envejecen. Con el tiempo, desarrollan vainas de mielina redundantes, no compactadas y degeneradas, así como una estructura deteriorada en los nodos de Ranvier en los axones, lo que provoca la pérdida de una unión axoglial funcionalmente competente (Marcus et al., 2006).

La angiotensina II (Ang II), además de sus profundos efectos en las enfermedades cardiovasculares, también desempeña un papel en la inflamación del cerebro que conduce a enfermedades neurodegenerativas (Lanz. et al., 2010). La glicoproteína espiga del SARS-CoV-2 contiene un sitio de escisión de furina único que no se encuentra en el SARS-CoV, que permite que la enzima extracelular furina desprenda el segmento S1 de la glicoproteína espiga y lo libere en la circulación (Letarov et al., 2021). Se ha demostrado que S1 atraviesa la barrera hematoencefálica en ratones (Rhea et al., 2021). S1 contiene el dominio de unión al receptor que se une a los receptores ACE2, desactivándolos. Cuando se reduce la señalización de los receptores ACE2, aumenta la síntesis de Ang II. Las neuronas del cerebro poseen receptores ACE2 que serían susceptibles de ser interrumpidos por el S1 liberado por los exosomas que contienen glicoproteína espiga o por las células productoras de glicoproteína que han tomado las nanopartículas en las vacunas. La Ang II potencia la señalización mediada por el TLR4 en la microglía, induciendo la activación microglial y aumentando la producción de especies reactivas de oxígeno que conducen al daño tisular, dentro del núcleo paraventricular en el cerebro (Rodríguez-Pérez et al., 2015).

Los niveles elevados de Ang II son un factor causal en la neurodegeneración del nervio óptico, causando neuritis óptica, que puede resultar en una severa pérdida visual irreversible (Guo et al., 2017). Múltiples informes de casos han descrito casos de neuropatía óptica que aparecen poco después de la vacunación con ARNm para COVID-19 (Maleki, 2021; Barone et al., 2021). Otras condiciones neurológicas debilitantes también están apareciendo poco después de la vacunación, donde se sospecha una relación causal. En un estudio de casos realizado en Europa para el seguimiento de los síntomas neurológicos tras la vacunación con COVID-19 se identificaron 21 casos que se desarrollaron en una media de 11 días después de la vacunación. Los casos tenían diagnósticos diversos, incluyendo trombosis del seno venoso cerebral, enfermedades desmielinizantes del sistema nervioso, neuropatías periféricas inflamatorias, miositis, miastenia, encefalitis límbica y arteritis de células gigantes (Kaulen et al., 2021). Khayat-Khoei et al. (2021) describen una serie de casos de 7 pacientes, con edades comprendidas entre los 24 y los 64 años, que presentan una enfermedad desmielinizante en los 21 días siguientes a una primera o segunda vacunación con ARNm. Cuatro tenían una historia previa de EM [esclerosis múltiple] (controlada) , mientras que tres estaban previamente sanos.

La pérdida de audición y el tinnitus son también efectos secundarios bien conocidos de COVID-19. Un estudio de casos incluyó una serie de diez pacientes de COVID-19 que padecían síntomas audiovestibulares como pérdida de audición, disfunción vestibular y tinnitus (Jeong et al., 2021). Los autores demostraron que el tejido del oído interno humano expresa ACE2, furina y la proteasa transmembrana serina 2 (TMPRSS2), que facilita la entrada del virus. También demostraron que el SARS-CoV-2 puede infectar tipos específicos de células del oído interno humano.

Otro estudio que evaluaba el potencial del virus SARS-CoV-2 para infectar el oído examinó específicamente la expresión del receptor ACE2 y de las enzimas furina y TM-PRSS2 en varios tipos de células del oído medio e interno de los ratones. Descubrieron que la ACE2 y la furina estaban "difusamente presentes en la trompa de Eustaquio, los espacios del oído medio y la cóclea, lo que sugiere que estos tejidos son susceptibles a la infección por el SARS-CoV-2". (Uranaka et al., 2021). El tinnitus se asocia positivamente con la hipertensión, que es inducida por niveles elevados de Ang II (Rodrigues Figueiredo et al., 2016).

El dolor de cabeza es una reacción adversa muy común a las vacunas de ARNm COVID-19, en particular para las personas que ya son susceptibles a los dolores de cabeza. En un estudio basado en un cuestionario que incluía a 171 participantes, se encontró que la incidencia de dolores de cabeza era del 20,5% después de la primera vacuna, y aumentaba al 45,6% después de la segunda inyección (Sekiguchi et al., 2021). Un estudio de caso describió a una mujer de 37 años que sufrió un ataque de migraña debilitante que duró 11 días después de la segunda vacuna de ARNm de Pfizer/BioNtech (Consoli et al., 2021).

Los esteroides se utilizan a menudo como terapia complementaria para tratar la migraña (Huang et al., 2013). La dexametasona y otros esteroides estimulan los receptores PPAR-α en el hígado a través del receptor de esteroides, compensando así los efectos de la supresión del IRF9 (Lemberger et al., 1994). Una teoría sobre los orígenes de la migraña implica un procesamiento alterado de la entrada sensorial en el tronco cerebral, principalmente en las neuronas del trigémino (Dodick y Silberstein, 2006). El nervio trigémino está muy cerca del nervio vago en el tronco cerebral, por lo que los exosomas portadores de glicoproteína espiga podrían llegar fácilmente a él por la ruta vagal. Las imágenes de resonancia magnética han revelado que los cambios estructurales en el nervio trigémino que reflejan una microestructura aberrante y desmielinización son un rasgo característico de las personas que sufren frecuentes migrañas (Mungoven et al., 2020). Un posible factor vinculado a la infección por el SARS-CoV-2 o a la vacunación con ARNm es un nivel excesivo de Ang II en el tronco cerebral debido a la inhibición de los receptores de la glicoproteína espiga del SARS-CoV-2. Los inhibidores de la ECA y los antagonistas de los receptores de Ang II se han convertido en fármacos populares para tratar las cefaleas migrañosas de forma no autorizada (Tronvik et al., 2003; Nandha y Singh, 2012). Por lo tanto, la migraña podría surgir tanto de la interrupción de los receptores ACE2 por parte de la glicoproteína espiga como de la destrucción de la vaina de mielina que cubre los nervios faciales críticos a través de una respuesta inflamatoria microglial y de la pérdida de sulfátidos. La fuente de esta glicoproteína espiga podría ser exógena o endógena.

13. Parálisis de Bell

La parálisis de Bell es una neuropatía craneal común que causa parálisis facial unilateral. Incluso en los ensayos clínicos de fase III, la parálisis de Bell se destacó, con siete casos que aparecieron en el brazo de tratamiento en comparación con sólo uno en el grupo de placebo (FDA, 2021a; FDA, 2021b). Un estudio de caso reportado en la literatura involucró a un hombre de 36 años de edad que desarrolló debilidad en el brazo izquierdo un día después de la vacunación, progresando a entumecimiento y hormigueo en el brazo y los subsecuentes síntomas de parálisis de Bell durante los siguientes días. Una causa común de la parálisis de Bell es la reactivación de la infección por el virus del herpes simple centrada en el ganglio geniculado (Eviston et al., 2015). Esto, a su vez, puede ser causado por la interrupción de la señalización del IFN tipo I.

14. Miocarditis

Los medios de comunicación han prestado mucha atención al hecho de que las vacunas contra el COVID-19 causan miocarditis y pericarditis, con un riesgo mayor en particular para los hombres menores de 50 años (Simone et al., 2021; Jain et al., 2021). Se ha demostrado que la glicoproteína espiga del SARS-CoV-2 lesiona los pericitos cardíacos, que sostienen los capilares y los cardiomiocitos (Avolio et al., 2020). La miocarditis está asociada a la activación de las plaquetas, por lo que este podría ser un factor en juego en la respuesta a las vacunas (Weikert. et al., 2002). Sin embargo, otro factor podría estar relacionado con los exosomas liberados por los macrófagos que han captado las nanopartículas de ARNm, y los microARN específicos que se encuentran en esos exosomas.

En un estudio realizado con pacientes que padecen la enfermedad grave COVID-19 se analizó específicamente la expresión de los microARN circulantes en comparación con los pacientes que padecen gripe y con los controles sanos. Uno de los microARN que se incrementó sistemáticamente en relación con la COVID-19 fue el miR-155, y los autores sugirieron que podría ser un predictor del daño miocárdico crónico y la inflamación. En cambio, la infección por gripe no se asoció a un aumento de la expresión de miR-155. Concluyeron: "Nuestro estudio identificó niveles significativamente alterados de miRs [microRNAs] asociados al corazón en pacientes con COVID-19, lo que indica una fuerte asociación de COVID-19 con dolencias cardiovasculares y sus respectivos biomarcadores" (Garg et al., 2021).

Un estudio que comparaba a 300 pacientes con enfermedades cardiovasculares con controles sanos mostró un aumento estadísticamente significativo de los niveles circulantes de miR-155 en los pacientes en comparación con los controles. Además, los que tenían las arterias más constreñidas (según una puntuación de Gensini) tenían niveles más altos que los que tenían una enfermedad menor (Qiu y Ma, 2018).

Es importante destacar que los exosomas desempeñan un papel en la inflamación en asociación con la enfermedad cardíaca. Durante el infarto de miocardio, miR-155 se regula intensamente en los macrófagos del músculo cardíaco y se libera en el medio extracelular dentro de los exosomas. Estos exosomas llegan a los fibroblastos, y miR-155 regula a la baja las proteínas de los fibroblastos que protegen de la inflamación y promueven la proliferación de los mismos. El deterioro resultante conduce a la ruptura cardíaca (Wang et al., 2017b).

Ya hemos hablado de cómo el segmento S1 de la glicoproteína espiga del SARS-CoV-2 puede ser escindido por la furina y liberado a la circulación. Se une a los receptores ACE2 a través de su dominio de unión al receptor (RBD), y esto inhibe su función. Dado que la ECA2 degrada la Ang II, la desactivación de la ECA2 conduce directamente a la sobreexpresión de la Ang II, lo que aumenta el riesgo de enfermedad cardiovascular. La vasoconstricción inducida por la Ang II es un mecanismo independiente para inducir una lesión miocárdica permanente incluso cuando no hay obstrucción coronaria. Los episodios repetidos de constricción súbita de una arteria cardíaca debido a la Ang II pueden acabar provocando una insuficiencia cardíaca o una muerte súbita (Gavras y Gavras, 2002). Se han descrito casos mortales de la vacuna COVID-19 (Choi et al., 2021; Verma et al., 2021).

La supresión de la ACE2 ya se había observado en estudios sobre el virus original del SARS-CoV. Un estudio de autopsia en pacientes que sucumbieron al SARS-CoV reveló un importante papel de la inhibición de la ECA2 en la promoción del daño cardíaco. El ARN del virus del SRAS-CoV se detectó en el 35% de 20 muestras de corazón humano tomadas en la autopsia de pacientes que fallecieron. Hubo un marcado aumento de la infiltración de macrófagos asociada al daño miocárdico en los pacientes cuyos corazones estaban infectados por el SARS-CoV. Es importante destacar que la presencia del SARS-CoV en el corazón se asoció con una marcada reducción de la expresión de la proteína ACE2 (Oudit et al., 2009).

15. Consideraciones sobre el Sistema de Notificación de Eventos Adversos a las Vacunas (VAERS)

El Sistema de Notificación de Eventos Adversos a las Vacunas (VAERS) de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) es un recurso imperfecto pero valioso para identificar posibles reacciones adversas a las vacunas. Establecido gracias a la colaboración entre los CDC y la FDA, el VAERS es "un sistema nacional de alerta temprana para detectar posibles problemas de seguridad en las vacunas autorizadas en Estados Unidos". Según los CDC es "especialmente útil para detectar patrones inusuales o inesperados de notificación de eventos adversos que puedan indicar un posible problema de seguridad con una vacuna." (https://vaers.hhs.gov/about.html) Incluso los CDC reconocen que los acontecimientos adversos notificados al VAERS representan "sólo una pequeña fracción de los acontecimientos adversos reales" (Vaers Home, 2021). Un informe ampliamente citado señaló que menos del 1% de todos los acontecimientos adversos relacionados con las vacunas se notifican al VAERS (Lazarus et al., 2010). Esta afirmación, sin embargo, no tiene ninguna cita, por lo que la base de la afirmación no está clara. Rose (2021) publicó un análisis mucho más sofisticado de los datos del VAERS para ofrecer una estimación de subnotificación por un factor de 31 (Rose, 2021). Si bien es imposible determinar la subnotificación con precisión, la evidencia disponible es que la subnotificación caracteriza en gran medida los datos del VAERS. La información que se presenta a continuación debe entenderse desde esa perspectiva.

Al buscar en el VAERS "señales" que puedan indicar reacciones adversas (EA) a las vacunas de ARNm, reconocemos que ninguna notificación al VAERS establece una relación causal con la vacunación. Dicho esto, la posibilidad de una relación causal se ve reforzada tanto por las vías causales que hemos descrito en este documento, como por la fuerte asociación temporal entre las inyecciones y los EA notificados. Casi el 60% de todos los EA relacionados con la inyección de ARNm han ocurrido dentro de las 48 h de la inyección (https://medalerts.org/vaersdb/findfield.php?TABLE=ON&GROUP1=ONS&EVENTS=ON&VAX=COVID19&VAXTYPES=COVID-19&STATE=NOTFR).

Hay que tener en cuenta dos advertencias importantes sobre el análisis de los datos del VAERS. La primera es que, además de los profesionales de la salud que presentan informes, el VAERS está abierto a la presentación de informes por parte del público. Los ciudadanos pueden carecer de los conocimientos necesarios para evaluar un síntoma de forma adecuada y determinar si merece una entrada en el VAERS. Una segunda advertencia es que el acceso público también permite la posibilidad de que los activistas antivacunación llenen el VAERS con informes falsos para exagerar la apariencia del riesgo de EA.

Un análisis provisional de las muertes citadas anteriormente descubrió que los empleados de los servicios sanitarios eran los informantes del VAERS en el 67% de los informes analizados (Nandha y Singh, 2012), lo que sugiere que una gran parte de los informes del VAERS son presentados por profesionales médicos y no por el público. Este hallazgo también desmiente la idea de que los activistas antivacunación presentan un número excesivo de informes graves de lesiones por vacunas.

Todos los datos que se presentan en esta sección se obtuvieron consultando el recurso en línea, http://wonder.cdc.gov/vaers.html. A lo largo de los 31 años de historia del VAERS, hasta el 3 de febrero de 2022, hubo un total de 10.321 muertes notificadas como "síntoma" en asociación con cualquier vacuna, y 8.241 (80%) de esas muertes estaban relacionadas con las vacunas COVID-19. Es importante destacar que sólo en el 14% de las muertes notificadas por el VAERS de la COVID-19 hasta junio de 2021 se pudo descartar la vacunación como causa (McLachlan et al., 2021). Esto sugiere claramente que estas vacunas inéditas presentan mecanismos inusuales de toxicidad que van mucho más allá de lo que se observa con las vacunas más tradicionales.

Decidimos que una forma razonable de caracterizar la importancia de los acontecimientos adversos relacionados con las vacunas COVID-19 era centrarnos en los eventos recibidos en el año 2021, y comparar los recuentos en el campo "SYMPTOM" para los eventos asociados a las vacunas COVID-19 con los recuentos totales para ese mismo síntoma para todas las vacunas durante ese mismo año. En total, hubo 737.689 eventos reportados en VAERS para las vacunas COVID-19 en 2021, lo que representa un sorprendente 93% del total de casos reportados para cualquier vacuna ese mismo año. Aunque reconocemos que algunas de las vacunas COVID-19 se basan en la tecnología de vectores de ADN en lugar de la tecnología de ARNm, esta clase (es decir, la vacuna de Johnson & Johnson) representa menos del 9% de los informes de COVID-19, y su perfil de reacción es seguramente mucho más similar al de las vacunas de ARNm que al de todas las demás vacunas.

El número total de notificaciones de acontecimientos adversos de las inyecciones de COVID-19 es mucho mayor que el número acumulado de notificaciones de acontecimientos adversos de vacunas anuales combinadas en todos los años anteriores, como muestra Rose (2021). La vacuna contra la gripe es un buen ejemplo de comparación. Dado que el protocolo para las vacunas de ARNm requiere dos dosis, y que muchos fueron persuadidos de recibir también una inyección de refuerzo, está claro que el número total de vacunas COVID-19 administradas es grande en comparación con otras vacunas. De hecho, podemos estimar qué porcentaje de las reacciones adversas en 2021 se asociarían a las vacunas COVID-19 si la probabilidad de una reacción adversa fuera similar a la de la vacuna contra la gripe. Los CDC nos dicen que el 52% de la población estadounidense se vacunó contra la gripe en 2021. El sitio web USAFacts proporciona los porcentajes de la población estadounidense que recibió una, dos o tres dosis de las vacunas COVID-19 en función del tiempo (véase: https://usafacts.org/visualizations/covid-vaccine-tracker-states/). Las cifras que indican a 30 de diciembre de 2021 son el 73% de una dosis, el 62% de vacunas completas y el 21% de vacunas de refuerzo. Esto supone un 156% de la población como número total de vacunas COVID-19 administradas. Esto es exactamente tres veces más vacunas COVID que vacunas contra la gripe.

A partir del VAERS, se puede obtener fácilmente el número total de reacciones adversas asociadas a las vacunas COVID-19, el número total asociado a las vacunas antigripales y el número total asociado a todas las vacunas, para los datos del VAERS restringidos a Estados Unidos desde 2021. Estos salen de la siguiente manera: COVID-19: 737.587, GRIPE: 9.124, y TODAS: 792.935. En primer lugar, podemos observar que el 93% de todos los eventos reportados estaban vinculados a las vacunas COVID-19. Si eliminamos los recuentos de COVID-19 y los sustituimos por el triple de los recuentos de gripe (ya que las vacunas COVID-19 se administraron tres veces más), encontramos que COVID-19 debería haber representado el 32,6% de todos los eventos, lo que puede compararse con el resultado real, que es del 93%. También podemos concluir que cualquier evento que aparezca con más del 93% de frecuencia como consecuencia de las vacunas COVID-19 en comparación con todas las demás vacunas es especialmente significativo como efecto tóxico potencial de estas vacunas. Por último, encontramos que hay 27 veces más informes para las vacunas COVID-19 de lo que se esperaría si sus reacciones adversas fueran comparables a las de la vacuna contra la gripe.

15.1. Datos del VAERS indicativos de daños neurológicos y afectación del nervio vago

La Tabla 1 enumera una serie de síntomas en el VAERS que pueden estar asociados con la inflamación o el daño de varios nervios importantes del cuerpo, en particular los de la cabeza. Sorprendentemente, las vacunas COVID-19 representaron entre el 96 y el 98% de los informes en el año 2021 relacionados con cada una de estas condiciones debilitantes. Hubo casi 100.000 casos de náuseas o vómitos, que son síntomas comunes de estimulación o daño del nervio vago (Babic y Browning, 2014). 14.701 casos de síncope relacionados con las vacunas COVID-19 representaron el 96,3% de todos los casos de síncope, una característica bien establecida de la disfunción del nervio vago (Fenton et al., 2000). Hubo 3.657 casos de anosmia (pérdida del olfato), lo que demuestra claramente que la glicoproteína de espiga del SARS-CoV-2 procedente de la inyección en el brazo llegaba al nervio olfativo. La disnea (falta de aire) está relacionada con la alteración del nervio vago en los pulmones, y hubo 39.551 casos de disnea relacionados con las vacunas COVID-19 en 2021.

En conjunto, estos eventos [los recogidos en el Tabla 1] suman un total de más de 200.000 eventos, que representan el 97,2% de todas las entradas relacionadas con cualquier vacuna en 2021. Esto supone también un sustancial 27,2% de todos los eventos listados para 2021 en asociación con las vacunas COVID-19.

15.2. Datos del VAERS sobre el corazón y el hígado

En este documento, hemos identificado el corazón y el hígado como órganos que pueden verse afectados por las vacunas de ARNm. La base de datos VAERS muestra una fuerte presencia de ambos órganos. La tabla 2 muestra las estadísticas de 2021 sobre los principales trastornos del corazón, incluyendo la miocarditis, la parada (cardíaca, cardiorrespiratoria y sinusal), la arritmia (incluyendo la supraventricular, la nodal, la sinusal, la taquiarritmia y la ventricular), el infarto de miocardio (incluyendo el agudo y el silencioso) y la insuficiencia cardíaca (incluyendo la aguda, la crónica y la congestiva). En conjunto, hubo un total de 8.090 eventos COVID-19 relacionados con estas afecciones cardíacas, lo que representa casi el 98% de todos los eventos de todas las vacunas para estos síntomas en 2021.

Es difícil encontrar todos los síntomas asociados con daño hepático en VAERS, pero seleccionamos un número que tenía recuentos lo suficientemente altos como para ser de interés y que claramente representan problemas hepáticos graves. En total hubo 731 eventos en estas categorías para las vacunas COVID-19, como se muestra en la Tabla 3, lo que representa más del 97% de todos los casos que relacionan estas alteraciones con cualquier vacuna en 2021.

15.3. Datos del VAERS relacionados con la trombosis

Hubo 78 síntomas únicos en el VAERS relacionados con la trombosis, especificando diferentes arterias y venas. La tabla 4 muestra nueve síntomas con los recuentos más elevados, con un total de 7.356 eventos. Investigamos el intervalo de tiempo para los tres dominantes (trombosis, trombosis venosa profunda y trombosis pulmonar), y encontramos que todos ellos tienen un pico agudo en el rango de 15-30 días para el intervalo de inicio (tiempo después de la vacunación). Esto coincide con un pico agudo en la embolia pulmonar, una afección potencialmente mortal, también en el intervalo de 15 a 30 días. En general, para estos nueve síntomas trombóticos, un muestreo aleatorio del año 2021 arrojaría como resultado la vacuna COVID frente a cualquier otra vacuna el 98,7% de las veces. La embolia pulmonar, una afección potencialmente mortal que puede ser causada por un coágulo de sangre que se desplaza a los pulmones, tiene una probabilidad ligeramente superior, del 98,8%, con 3.100 casos enumerados para COVID-19.

15.4. Datos del VAERS relacionados con enfermedades neurodegenerativas

La tabla 5 enumera los resultados de varias afecciones relacionadas con enfermedades neurodegenerativas. La disminución de la movilidad puede ser causada por la enfermedad de Parkinson, y hubo una sorprendente lista de 8.975 casos para las vacunas 2021 y COVID-19. El Alzheimer y el Parkinson son enfermedades que normalmente tardan décadas en desarrollarse, y normalmente uno supondría que una vacuna no tiene nada que ver. Aunque las cifras son pequeñas, la mayoría de los casos en VAERS estaban relacionados con las vacunas COVID-19. La anosmia, también incluida en la tabla sobre el nervio vago, es especialmente interesante, porque es un signo temprano bien conocido de la enfermedad de Parkinson, y también es una característica bien identificada de la infección por SARS-CoV-2. El 99,5% de los casos con anosmia como síntoma estaban relacionados con las vacunas COVID-19. En general, los síntomas de esta tabla se relacionaron con las vacunas COVID-19 casi en el 95% de los casos.

15.5. Avisos del VAERS para el cáncer

El cáncer es una enfermedad que generalmente se entiende que tarda meses o, más comúnmente, años en progresar desde una transformación maligna inicial en una célula hasta el desarrollo de una patología clínicamente reconocida. Dado que los informes del VAERS sobre eventos adversos se producen principalmente en el primer mes o incluso en los primeros días después de la vacunación (Rose, 2021), parece probable que la aceleración de la progresión del cáncer después de las vacunas sea una señal difícil de reconocer. Además, la mayoría de las personas no esperan que el cáncer sea un efecto adverso que pueda ser causado por una vacuna y, por lo tanto, no presentan un informe cuando el cáncer se desarrolla poco después de la vacunación. Sin embargo, como hemos señalado en nuestro documento, si las vacunas de ARNm están provocando una desregulación generalizada de los controles de oncogenes, la regulación del ciclo celular y la apoptosis, entonces los informes del VAERS deberían reflejar un aumento de los informes de cáncer, en relación con las otras vacunas, incluso si las cifras son pequeñas. El estudio in vitro en el que se demostró que la proteína espiga del SRAS-CoV-2 afecta a los mecanismos de reparación del ADN proporciona pruebas convincentes de que las vacunas podrían acelerar la tasa de mutaciones del ADN, aumentando el riesgo de cáncer (Jiang y Mei, 2021).

Para nuestro análisis de las pruebas del aumento del riesgo de cáncer en el VAERS, nos centramos en dos enfoques algo distintos. Uno, representado por los resultados de la Tabla 6, fue reunir los recuentos de cualquier término que contuviera palabras clave claramente vinculadas al cáncer, a saber, "cáncer", "linfoma", "leucemia", "metástasis", "carcinoma" y "neoplasia". En total, encontramos 1.474 entradas que vinculaban estos términos con las vacunas COVID-19, lo que representa el 96% de todas las entradas de cualquiera de estos términos para cualquier vacuna de ese año.

El enfoque complementario consistió en buscar términos relacionados con el cáncer en órganos específicos, a saber, mamas, próstata, vejiga, colon, cerebro, pulmones, páncreas y ovarios, como se muestra en la Tabla 7. Aunque todas las cifras son pequeñas, la más alta, con diferencia, fue la del cáncer de mama (246 casos), con casi cuatro veces más coincidencias que la del cáncer de pulmón, el segundo tipo más común. Todos los casos de cáncer de páncreas, ovarios y vejiga estaban relacionados con las vacunas COVID-19, con cero casos para cualquier otra vacuna. En total, hemos tabulado 534 casos de cáncer de órganos específicos vinculados a las vacunas COVID-19, lo que representa el 97,3% de todos los casos de cualquier vacuna en 2021.

16. Conclusiones

El aparato de salud pública de los EE.UU. y de todo el mundo ha transmitido un mensaje inquebrantable sobre la seguridad y la eficacia de las vacunas de ARNm contra el SRAS-CoV-2. La eficacia está cada vez más en entredicho, como muestra una carta reciente de Günter Kampf a la revista Lancet Regional Health (2021b). Kampf aportó datos que muestran que los vacunados tienen ahora la misma probabilidad que los no vacunados de propagar la enfermedad. Concluyó: "Parece ser una gran negligencia ignorar a la población vacunada como una posible y relevante fuente de transmisión a la hora de decidir sobre las medidas de control de la salud pública". Además, la insuficiencia de los ensayos de fase I, II y III para evaluar los efectos secundarios a medio y largo plazo de las vacunas genéticas de ARNm puede haber inducido a error sobre su impacto supresor en la inmunidad innata de los vacunados.

En este artículo, llamamos la atención sobre tres aspectos muy importantes del perfil de seguridad de estas vacunas. El primero es la supresión ampliamente documentada de la inmunidad innata, principalmente a través de la supresión del IFN-α y su cascada de señalización asociada. Esta supresión tendrá una amplia gama de consecuencias, entre las que destacan la reactivación de infecciones virales latentes y la reducción de la capacidad de combatir eficazmente futuras infecciones. En segundo lugar, la desregulación del sistema para prevenir y detectar la transformación maligna impulsada genéticamente dentro de las células y el consiguiente potencial de la vacunación para promover esas transformaciones. En tercer lugar, la vacunación con ARNm puede interrumpir la comunicación intracelular llevada a cabo por los exosomas e inducir a las células que captan el ARNm de la glicoproteína espiga a producir altos niveles de exosomas portadores de glicoproteína espiga, con consecuencias inflamatorias potencialmente graves. Si cualquiera de estos potenciales se hace realidad, el impacto sobre miles de millones de personas en todo el mundo podría ser enorme y contribuir a la carga de enfermedades a corto y largo plazo a la que se enfrenta nuestro sistema sanitario.

Dada la rápida expansión del conocimiento de las múltiples funciones de los G4 en la regulación de la traducción del ARNm y la eliminación a través de los gránulos de estrés, el aumento de los pG4 debido al aumento del contenido de GC como consecuencia de la optimización de los codones tiene consecuencias desconocidas pero probablemente de gran alcance. Se necesita urgentemente una evaluación analítica específica de la seguridad de estas construcciones en las vacunas, incluyendo la espectrometría de masas para la identificación de la expresión críptica y los estudios de inmunoprecipitación para evaluar el potencial de perturbación o interferencia con las actividades esenciales de las proteínas de unión al ARN y al ADN.

Es esencial que se realicen más estudios para determinar el alcance de las posibles consecuencias patológicas expuestas en este artículo. No es práctico que estas vacunas se consideren parte de una campaña de salud pública sin un análisis detallado del impacto humano de los posibles daños colaterales. El VAERS y otros sistemas de vigilancia deberían optimizarse para detectar las señales relacionadas con las consecuencias sanitarias de la vacunación con ARNm que hemos esbozado. Creemos que el sistema de seguimiento actualizado del VAERS descrito en el estudio de Harvard Pilgrim Health Care, Inc., pero que lamentablemente no cuenta con el apoyo de los CDC, sería un valioso comienzo en este sentido (Lazarus et al., 2010).

En definitiva, miles de millones de vidas están potencialmente en riesgo, dado el gran número de individuos inyectados con las vacunas de ARNm del SARS-CoV-2 y la amplia gama de resultados adversos que hemos descrito. Hacemos un llamamiento a las instituciones de salud pública para que demuestren, con pruebas, por qué las cuestiones discutidas en este documento no son relevantes para la salud pública, o para que reconozcan que lo son y actúen en consecuencia. Además, animamos a todas las personas a que tomen sus propias decisiones en materia de atención sanitaria teniendo en cuenta esta información como factor que contribuye a dichas decisiones.

Contribuciones de los autores

S.S., G.N y A.K. contribuyeron sustancialmente a la redacción del borrador original. P.M. participó en el proceso de revisión editorial.

Financiación

Esta investigación fue financiada en parte por Quanta Computers, Inc., Taipei, Taiwán, bajo los auspicios del proyecto Qmulus.

Declaración de intereses contrapuestos

Los autores declaran que no tienen intereses financieros en competencia conocidos ni relaciones personales que pudieran haber influido en el trabajo presentado en este artículo.

Referencias:

consultar el artículo original

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