En el mejor de los casos, es probable que la calefacción de hidrógeno sea una tecnología limitada, ya que se prevé cara, ineficaz y peligrosa para la salud y la seguridad. Sin embargo, esta investigación revela que las empresas de calderas están llevando a cabo campañas de marketing que engañan a los consumidores para presentar las calderas de gas fósil como "preparadas para el hidrógeno", mientras que los proveedores de gas intentan que los consumidores paguen por la infraestructura del hidrógeno y evitar una espiral de muerte para su industria.
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Las empresas de calderas de gas están maquillando de verde sus productos de combustión de combustibles fósiles con etiquetas de hidrógeno o "preparadas para el hidrógeno", a pesar de que muchas admiten que la mayoría quemarán gas fósil durante toda su vida útil, y manifiestan su preocupación por los elevados costes y las cuestiones de salud y seguridad que giran en torno a la combustión de hidrógeno.
Los consumidores pueden optar por los bajos costes iniciales de una caldera "preparada para hidrógeno" creyendo que están haciendo su aportación para reducir las emisiones. Sin embargo, estas calderas seguirán quemando gas fósil o, si se produce un cambio al hidrógeno, pueden verse perjudicadas por los elevados costes de funcionamiento, las emisiones tóxicas y los efectos sobre el calentamiento climático.
Sólo una cuarta parte de los distribuidores de gas en Europa esperan estar "totalmente preparados" para distribuir hidrógeno al 100% en 2035, lo que significa que los propietarios de calderas preparadas para el hidrógeno podrían esperar una década o más para disponer de un suministro de combustible alternativo y seguir quemando gas fósil que emite carbono.
Vaillant, uno de los mayores fabricantes que trabajan en calderas de hidrógeno, admite que no esperan que los hogares vean el hidrógeno antes de la década de 2030 y que "para algunas instalaciones no habrá ningún beneficio tangible de que su caldera mural esté preparada para el hidrógeno, ya que puede que nunca lo vean en su vida". British Gas, uno de los principales proveedores de gas y vendedores de calderas del Reino Unido, explica que cualquier caldera preparada para hidrógeno que se compre hoy "probablemente utilizará gas natural durante toda su vida útil".
También hemos detectado publicidad y marketing falaces de varios de los principales fabricantes de calderas, que afirman que la única emisión de la combustión de hidrógeno es agua, cuando en realidad se emiten peligrosos óxidos de nitrógeno (NOx). Las emisiones de NOx agravan problemas respiratorios como el asma y se han relacionado con un menor rendimiento cognitivo, especialmente en niños.
A medida que aumente el número de consumidores que opten por sistemas de calefacción más asequibles y menos contaminantes, como las bombas de calor eléctricas, se reducirá el número de consumidores de gas que tengan que pagar el mantenimiento y la conversión de la red de gas a hidrógeno, lo que aumentará los costes. Esto, a su vez, podría incitar a más clientes a abandonar el gas, creando una espiral en la que los consumidores menos capaces de afrontar el coste inicial del cambio o que, de otro modo, no puedan hacerlo, se enfrenten a costes muy elevados.
Un análisis de los registros de los grupos de presión europeos ha revelado que los proveedores de gas han presionado para que los clientes paguen por la ampliación y conversión de la infraestructura de gas necesaria para transportar hidrógeno. Un informe anterior de Element Energy calcula que ese cambio costaría a todos los consumidores de gas 240.000 millones de euros, además de las facturas ya históricamente elevadas.
Europa tiene la oportunidad de dejar de quemar combustibles fósiles en nuestros hogares, acabar con nuestra dependencia de las importaciones de gas ruso y limitar nuestra exposición a las crisis de precios de los combustibles fósiles. Los Gobiernos deben apoyar las mejores soluciones para limitar las emisiones de gases de efecto invernadero y ayudar a los consumidores, no los elefantes blancos de hidrógeno de la industria del gas. En su lugar, las nuevas normas del mercado de la UE deberían garantizar la rápida eliminación del uso del gas en todos los sectores para 2035.
Recomendaciones
Los grupos de presión en torno a la calefacción de hidrógeno demuestran una vez más que la industria de los combustibles fósiles no tiene cabida en el establecimiento de la política climática y energética. En su lugar, necesitamos una Política Libre de Energías Fósiles en la que los intereses de los combustibles fósiles estén separados de los responsables políticos, de forma similar a las restricciones existentes para los grupos de presión del tabaco.
Tras décadas de negación, retrasos y lavado verde, más de 270.000 europeos han firmado una Iniciativa Ciudadana Europea que pide una legislación que prohíba la publicidad de los combustibles fósiles, una prohibición que podría evitar el lavado verde de falsas soluciones en el futuro. Si la petición alcanza el millón de firmas, la Comisión Europea estará legalmente obligada a responder.
La Unión Europea debate actualmente un nuevo marco para los mercados del gas. En lugar de canalizar el dinero público hacia falsas soluciones, los responsables políticos que trabajan en el paquete del gas deberían garantizar:
Se adopten normas de mercado que garanticen la rápida eliminación del uso del gas en todos los sectores, incluidos los hogares y la industria, para 2035.
Se excluya la mezcla de hidrógeno y se fomente su uso únicamente cuando sea la única alternativa viable al gas, por ejemplo en determinadas industrias pesadas. El hidrógeno sólo debe producirse utilizando electricidad renovable.
La planificación de la red por parte de los gestores de redes de distribución de gas debe ser más transparente y estar abierta a la participación de las partes interesadas, incluidas las comunidades, la sociedad civil y los gobiernos locales. La planificación debe ajustarse a los objetivos climáticos y energéticos nacionales y de la UE, basarse en planes locales de calefacción y refrigeración e identificar las partes de la red que requieren desmantelamiento.
Los reguladores de la energía deben examinar la rentabilidad del suministro de hidrógeno a los edificios, incluidas las costosas mejoras de la red de distribución.
No debe exigirse a los hogares que subvencionen de forma cruzada una infraestructura de hidrógeno de la que no se benefician directamente.
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El problema del hidrógeno
El hidrógeno podría suponer una parte importante de la transición hacia las energías renovables, pero no si la industria de los combustibles fósiles acaba saliéndose con la suya.
A primera vista, el hidrógeno parece la solución perfecta a nuestras necesidades energéticas. No produce dióxido de carbono cuando se utiliza. Puede almacenar energía durante largos periodos de tiempo. No deja residuos peligrosos, como la energía nuclear. Y no requiere inundar grandes extensiones de tierra, como ocurre con la hidroelectricidad.
En resumen, el hidrógeno parece demasiado bueno para ser verdad. No es de extrañar que la industria energética esté promocionando el hidrógeno como el combustible del futuro. Pero... ¿cuál es el problema?
No todo el hidrógeno es igual
Si bien es cierto que el hidrógeno no emite carbono en el lugar de uso, esto es sólo una parte de la historia. Antes de llegar a la fase en la que se utiliza el hidrógeno, primero hay que producirlo. Y es en este proceso donde empiezan las complicaciones.
Existen varias formas de producir hidrógeno, con distintos niveles de concentración de carbono. Una de ellas consiste en hacer pasar una corriente eléctrica a través del agua, dividiendo las moléculas de agua en sus átomos constituyentes de hidrógeno y oxígeno. Con este método, la clave está en la fuente de electricidad que se utiliza para crear la corriente eléctrica. Si la electricidad procede de fuentes renovables, todo el proceso estará libre de carbono. Si se utiliza electricidad generada por la quema de combustibles fósiles, el hidrógeno tendrá un alto contenido de carbono.EMISIONES DE CARBONO DE LAS DISTINTAS FORMAS DE PRODUCIR HIDRÓGENO
El otro método consiste en mezclar gas natural (o, como preferimos llamarlo, gas fósil) con vapor. Este método representa actualmente el 98% de toda la producción de hidrógeno. Aunque no es tan malo como utilizar electricidad generada con combustibles fósiles, el proceso sigue liberando enormes cantidades de carbono: cada tonelada de hidrógeno producida libera once toneladas de CO2, lo que equivale a recorrer 72.000 km en un turismo.El "hidrógeno azul" es un callejón sin salida
Las empresas de combustibles fósiles saben que tienen los días contados. A medida que, sin prisa pero sin pausa, los gobiernos aceleren los cambios necesarios en nuestro sistema energético para hacer frente a la crisis climática, las ventas de combustibles fósiles disminuirán y la producción de energías renovables se disparará. Esta es una mala noticia para las empresas que han invertido mucho dinero en la construcción de infraestructuras para la extracción y el transporte de combustibles fósiles, que podrían dejar de ser necesarias mucho antes del final de su ciclo de vida natural.
Cuando ha quedado claro que el carbón y el petróleo tienen los días contados, las empresas de combustibles fósiles se han volcado en mayor medida en el gas fósil. Y ahora les preocupa que al gas también le ocurra lo mismo. Así que están poniendo sus esperanzas en el hidrógeno fabricado con gas fósil en un último intento desesperado por mantener viva su industria.
Estas empresas están poniendo mucho empeño en impulsar la idea del hidrógeno como el combustible limpio y ecológico del futuro. El problema, por supuesto, es que el método que han elegido para producir hidrógeno libera mucho CO2.
Para evitarlo, la industria de los combustibles fósiles afirma que puede capturar las emisiones de carbono liberadas durante la producción de hidrógeno y almacenarlas de forma segura bajo tierra, donde no pueden contribuir al calentamiento global. A las empresas de combustibles fósiles les gusta llamarlo "hidrógeno azul".
Códigos de colores del hidrógeno
Los distintos métodos de producción de hidrógeno suelen designarse por determinados colores:
Hidrógeno gris - Se produce mezclando gas fósil con vapor. Libera grandes cantidades de CO2.
Hidrógeno azul - Producido con el mismo método que el hidrógeno gris, pero con emisiones de carbono supuestamente capturadas y almacenadas bajo tierra. Aún no se ha demostrado a una escala significativa. Tanto el hidrógeno gris como el azul se denominan "hidrógeno fósil".
Hidrógeno verde: se produce haciendo pasar por el agua electricidad generada a partir de fuentes renovables. Produce muy pocas emisiones de carbono.
Sin embargo, no hay pruebas de que estos planes de captura de carbono puedan funcionar a una escala ni con el nivel de eficiencia necesarios para mitigar las emisiones del hidrógeno fósil. De hecho, cuando examinamos una de las únicas plantas de hidrógeno fósil operativas que utilizan tecnología de captura de carbono en el mundo, descubrimos que esta tecnología presentaba graves carencias.
La planta Quest de Shell en Alberta (Canadá) ha sido elogiada por la empresa como ejemplo de cómo está actuando frente a la crisis climática. Sin embargo, sólo se captura el 48% de las emisiones de carbono de la planta, lo que está muy por debajo de la tasa de captura de carbono del 90% prometida por los defensores del hidrógeno fósil. Si se tienen en cuenta las emisiones totales de gases de efecto invernadero de la planta, su huella de carbono es la misma que la de 1,2 millones de coches de gasolina.
El hidrógeno renovable tiene un (pequeño) papel que desempeñar
A pesar de los problemas mencionados, el hidrógeno puede desempeñar un papel importante en la transición hacia las energías renovables. Pero no a la escala que pretende la industria de los combustibles fósiles.
Producido con electricidad renovable, el hidrógeno podría ser una herramienta inestimable para descarbonizar sectores difíciles de electrificar, como la siderurgia, y para almacenar la energía de las renovables cuando su suministro sea escaso.
Pero aparte de algunos usos limitados, en la mayoría de los casos es más barato y eficiente utilizar directamente electricidad renovable, en lugar de añadir el paso adicional de producir hidrógeno. Por esta razón, el hidrógeno renovable tiene un lugar en la futura combinación energética, pero limitado. Es mucho mejor que dediquemos nuestros esfuerzos a reducir la demanda de energía, aumentar las energías renovables y electrificar todo lo posible.
Los grupos de presión de los combustibles fósiles afirman que el hidrógeno podría proporcionar hasta una cuarta parte de la energía de la UE en 2050 -frente al 2% actual- y animan a la UE y a los gobiernos nacionales europeos a financiar la construcción de infraestructuras de hidrógeno acordes con esta cifra. Con ello se corre el riesgo de encerrarnos en la dependencia del hidrógeno, aumentando la demanda de hidrógeno por encima de lo que puede (o razonablemente debería) producirse con energías renovables, hasta un nivel que sólo puede cubrirse con hidrógeno fósil.
Esto no nos ayudaría a alcanzar nuestros objetivos climáticos y, de hecho, la enorme cantidad de CO2 liberada por la producción de hidrógeno fósil sólo nos alejaría aún más de ellos. Las únicas personas a las que ayudaría son las empresas de combustibles fósiles, que están probando todas las artimañas posibles para apuntalar su industria moribunda y evitar el debate, pendiente desde hace tiempo, sobre la reducción de la industria del gas fósil.
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