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La intolerancia al trigo podría deberse al glifosato

 por Claire Robinson, 17 de diciembre de 2023

gmwatch.org

El glifosato puede ser un "desencadenante ambiental crítico" en la sensibilidad al trigo, las enfermedades intestinales y algunas enfermedades mentales, según los científicos.


Desgraciadamente cada vez está más extendida la práctica agrícola de utilizar herbicidas con glifosato para la desecación rápida de los cereales, o para evitar que vuelvan a rebrotar tras su cosecha.

Una revisión científica señala al glifosato como posible causa del aumento mundial de la intolerancia al trigo. Esta afección se da cada vez más en personas que no tienen un diagnóstico de enfermedad celíaca (una afección en la que el sistema inmunitario ataca a los propios tejidos cuando se ingiere la proteína gluten).

Las autoras de la revisión, Jacqueline A. Barnett y Deanna L. Gibson, de la Universidad de Columbia Británica, señalan que la intolerancia al trigo ha crecido paralelamente a la difusión de la dieta occidental, que incluye altos niveles de carbohidratos refinados. Sin embargo, los ensayos clínicos han demostrado que el gluten del trigo no es responsable de causar síntomas en individuos sanos, lo que sugiere que hay algo más que los induce. La hipótesis de los autores es que ese "algo más" podría ser el glifosato.

Aunque en Norteamérica no se planta comercialmente trigo modificado genéticamente tolerante al glifosato, a menudo se pulverizan herbicidas a base de glifosato sobre el trigo no modificado genéticamente antes de la cosecha para desecarlo ("secarlo").

El glifosato actúa como herbicida inhibiendo la vía del shikimato, una vía exclusiva de plantas y bacterias pero que no se encuentra en mamíferos, incluidos los humanos. Por esta razón, históricamente se afirmaba que el glifosato no era tóxico para los mamíferos. Pero nuestros intestinos están llenos de bacterias amistosas que nos ayudan a digerir los alimentos y funcionan como parte de un sistema inmunitario sano. Por lo tanto, Barnett y Gibson afirman que el glifosato podría afectar a las bacterias intestinales, causando "disbiosis", un desequilibrio poco saludable en las poblaciones de bacterias intestinales.

De hecho, como señalan, algunos estudios en ratas han demostrado que la exposición a Roundup y glifosato causa disbiosis, incluso a niveles relativamente bajos que los reguladores asumen que son seguros de ingerir. Entre los efectos de la disbiosis detectada se encuentra la reducción de las poblaciones de un tipo de bacteria intestinal llamada Rothia. Se ha determinado que algunas especies de Rothia desempeñan un papel fundamental en la degradación del gluten y pueden contribuir a prevenir la celiaquía. Los autores afirman:

"Estos resultados sugieren que la exposición al glifosato, ya sea solo o en un preparado comercial, en dosis consideradas anteriormente seguras para la salud humana, puede tener efectos profundos en el desarrollo del microbioma y puede ser un desencadenante ambiental en el desarrollo de la enfermedad celíaca."

Después de que Barnett y Gibson publicaran su revisión, un estudio realizado en 2021 en ratas por Mesnage et al confirmó que el mecanismo por el que tanto Roundup como su ingrediente "activo" declarado, el glifosato, causan disbiosis es, efectivamente, mediante la inhibición de la vía del shikimato en las bacterias intestinales. El microbioma intestinal se alteró en todos los niveles de dosis probados, incluidos los que los reguladores suponen que no tienen ningún efecto adverso.

Bacterias "amistosas" afectadas por el glifosato

En su revisión, Barnett y Gibson citan investigaciones que demuestran que los patógenos oportunistas son más resistentes al glifosato que las bacterias "amistosas" de nuestro intestino. Los estudios revelan que el glifosato y las formulaciones a base de glifosato como Roundup difieren en sus efectos sobre las bacterias intestinales. También hay diferencias en los efectos de las distintas formulaciones, lo que lleva a Barnett y Gibson a concluir que los adyuvantes de los herbicidas (ingredientes añadidos junto al ingrediente "activo" declarado) pueden causar alteraciones en el microbioma intestinal y podrían tener efectos sinérgicos cuando se combinan con el glifosato.

Los autores señalan que algunos de los cambios en las especies bacterianas intestinales detectados por la exposición al glifosato o a herbicidas a base de glifosato están relacionados en otras investigaciones con ciertas enfermedades del intestino, como el síndrome del intestino irritable, la celiaquía e incluso el cáncer de colon. También se sabe que la obesidad se desencadena por disbiosis, al igual que los problemas de salud mental. Los autores señalan que la exposición a Roundup se ha asociado con un aumento de la ansiedad y comportamientos similares a la depresión en ratones, que se correlacionan con la disminución de ciertas bacterias intestinales.

Los autores afirman que

"el glifosato puede ser un desencadenante ambiental crítico en la etiología de varios estados patológicos, como la enfermedad celíaca, la enfermedad inflamatoria intestinal y el síndrome del intestino irritable. La exposición al glifosato también puede tener consecuencias para la salud mental, incluidas la ansiedad y la depresión, a través de alteraciones en el microbioma intestinal."

Sin embargo, añaden que gran parte de la investigación sobre los efectos del glifosato en el microbioma adolece de deficiencias metodológicas, como dosis elevadas poco realistas, duración insuficiente de la exposición y dependencia excesiva de modelos animales, que pueden no trasladarse bien a los seres humanos. Concluyen que "se justifican futuros estudios a largo plazo que examinen dosis fisiológicamente relevantes tanto en poblaciones sanas como genéticamente susceptibles para determinar el riesgo real que supone para la salud humana."

La investigación que cualquiera puede llevar a cabo

GMWatch añadiría que, dada la imposibilidad ética de dosificar deliberadamente herbicidas a seres humanos en experimentos controlados y la imposibilidad práctica de encerrar a sujetos humanos experimentales y alimentarlos con una dieta libre de glifosato durante un periodo prolongado, es poco probable que la cuestión del riesgo real que plantean los herbicidas a base de glifosato para la salud humana sea resuelta a corto plazo por científicos que trabajan en laboratorios.

Sin embargo, y este puede ser el verdadero valor de esta revisión, cualquier persona que padezca las enfermedades mencionadas por los autores, incluida la intolerancia al trigo, una afección bastante generalizada pero real, no tiene por qué esperar a que se investigue algo que quizá nunca se haga. Pueden hacer su propia investigación reduciendo al mínimo su consumo de alimentos contaminados con glifosato y ver si notan mejoras. Esto implicaría evitar los ingredientes transgénicos como el maíz y la soja y los cereales que habitualmente se desecan con glifosato, como el trigo y la avena, y favorecer los alimentos de cultivo ecológico.

Me acuerdo de un amigo que, cuando le conocí hace muchos años, me dijo con toda confianza que era "alérgico a la fruta y la verdura". Me había encontrado con personas que eran realmente alérgicas a determinados alimentos, pero el carácter general de su afirmación me alertó sobre la posibilidad de que no fueran las frutas y verduras las que le producían la reacción -una enervante erupción alrededor de la boca, ardor de boca y garganta y problemas digestivos-, sino los pesticidas con los que se cultivaban. A continuación realizó una serie de experimentos en los que comió todos los alimentos a los que creía que era alérgico, esta vez cultivados ecológicamente. El resultado: Ninguna reacción desagradable y el comienzo de una dieta más sana.

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