La lucha de los agricultores y ganaderos puede ser capitalizada por partidos neoliberales, y la izquierda será cómplice de ello por graves carencias discursivas
por Bárbara del Arco, 14 de febrero de 2024
¿Recuerdan cuando Alberto Garzón criticó las macrogranjas y los ganaderos españoles se indignaron? El problema no estuvo en los contenidos de la crítica. Se trata, en realidad, de una cuestión de identidades políticas.
En primer lugar, Garzón era el líder de Izquierda Unida, y en el mundo rural minifundista, el de los pequeños propietarios, el de los autónomos, hay una larga tradición de enemistad con la izquierda, vista como una amenaza a la propiedad privada. Porque en territorios como Castilla y León, el agricultor es y ha sido mayoritariamente un pequeño propietario, y no un asalariado como por ejemplo el jornalero andaluz que trabajaba para un señorito. Históricamente, los pequeños propietarios siempre han constituido una zona de confusión y conflicto en la tradición marxista y en el movimiento obrero. ¿Pequeñoburgueses u otra víctima del capital? ¿Amigos o enemigos? En no pocos lugares, las identidades políticas se han construido en torno a esa lucha fratricida entre los desposeídos y los casi desposeídos del todo. Esto sigue presente, y creo que es lo que explica el hecho de que un ganadero que trabaja a pérdidas por culpa de tratados de libre comercio vote opciones neoliberales. No es algo exclusivo del campo: ocurre lo mismo con los autónomos de las ciudades. No hay espacio aquí para hablar del gran error de considerar al pequeño propietario el enemigo, como si fuera lo mismo poseer Inditex que una zapatería o una cafetería de barrio. Pero sí tengo que resaltar que en el campo ese error sale aún más caro, porque el poso histórico del miedo a la pérdida de la tierra que da de comer es mucho más grande de lo que pueda parecer. Esto es lo primero que la izquierda tiene que entender.
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