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Historia contada en 43 pasos por un individuo que se encontró en el CAUM con otros tan deseosos como él de poder pensar en Libertad

 

Por Manuel Menchén Antequera, 19 de febrero de 2024

www.loquesomos.org


Un sin quizás más que largo relato, pero, necesario que fuera y ello a fin de poder dar cumplida satisfacción al deseo de cuantos amigos se han mostrado interesados en saber qué circunstancias concurrieron para que se diera el caso, de que un colectivo del CAUM se plantease redactar un documento (Anexo) como el que hizo público en diciembre de 2020, titulado CICLOS GALÁCTICOS; expresivo que es -aunque muy resumido- del laborioso, pormenorizado y modesto estudio dedicado durante años a concebir una audaz hipótesis de cómo funciona el mundo, larga tarea que el colectivo citado desarrolló, tomando como base la suma de datos, que a continuación se enumeran, que tuvieran que ver, tanto con vivencias personales (1 al 7) como con expresiones recogidas de físicos relevantes, que indujeran a considerar, el enigmático vacío sideral (8 a 12) cual si fuera el único “hacedor” posible de todo lo existente psiquis incluida. Cuestión que dieran por resuelta, cuando no el imaginado Big Bang, la teoría de las cuerdas, etcétera, etcétera, enunciados cuya falta de rigor físico dejaran sin explicación, todavía, el origen cósmico de fenómenos materiales tan fundamentales como el de la masa primordial, la inercia y su consecuente la gravedad… Conceptos que atrevidamente a nuestro modo de ver “dedujimos” , a resultado de haber ido paso a paso durante años concibiendo razonablemente la audaz hipótesis antedicha, que sin ambages los incluía y que a vuestra consideración dejamos.

• VIVENCIAS Y CARÁCTER, deambulando absorto

1.- Impensable pensar que un hecho como el que sufrí en octubre del año 1939 no influyera en mi carácter, con la misma intensidad que en el de centenares de miles. Tras el triunfo del fascismo, en la puerta de la cárcel de Manzanares, mi pueblo natal, adonde yo acudía con la comida para mi padre que había sido encarcelado por republicano, el guardia de la entrada me dice, “Ya no hace falta que le traigas comida; anoche sacaron a tu padre”. Yo tenía 13 años… Días después hicieron lo mismo con dos de sus hermanos -mis tíos de Daimiel y Ciudad Real- y dejaron salir, tuberculoso, al cuarto, para ocultar su abandono y que muriese en la calle. Me recuerdo sintiendo vaciada la vida, caminando a ciegas sin dejar de preguntarme, angustiado y aturdido: “¿POR QUÉ, POR QUÉ, POR QUÉ?”

Temerosas las familias, víctimas del terror fascista, la consigna era estarcallados, abrazados. Apenas respirar podíamos, ahogados por la quema manu militari de la biblioteca paterna. Hasta los oídos nos teníamos que tapar para evitar oír los alaridos salvajes de gentes con boinas rojas y camisas azul mahón que, abriendo a patadas la puerta de casa, acudían desaforadas a gritarnoos “¡no vais a quedar ni semillaaaaaaaa!”.

2.- A partir de entonces, el hogar, antes a diario lleno de vida social, quedó reducido a un pavoroso silenció. Ya sin escuela, aprendí a ejercer múltiples trabajos: repartidor callejero auxiliado con un asno, panadero y ayudante de un pintor de brocha gorda, dependiente en una droguería y vendedor de aspiradoras. Por hacer, hice hasta de auxiliar del Juez de Paz. Después, solo por poder comer, me vi convertido, con mi hermano Antonio, en taberneros en la localidad de Úbeda (Jaén). De allí, rescatados por amigos, de vuelta a mi pueblo cubrí la vacante de un profesional de laboratorio vitivinícola, lugar donde, estudiando química a toda prisa, di con la manera de utilizar el vacío físico (del que tanto hablaremos después), para obtener, del abundante mosto de uva, un símil igual de blanco que el azúcar, por entonces escasa, lo que venía motivando más paro obrero, al dejar de fabricar, en ciertas industrias de Puente Genil (Córdoba), su producto bandera: “CARNE DE MEMBRILLO”.

3.- A continuación, la mili obligatoria. Toda ella discurrió en Madrid (Academia de Sanidad Militar) con la cándida pretensión, compartida con otros amigos, de colarnos en el cuerpo de policía, intento que finalizó con mayúsculo rechazo. Terminado el servicio militar, fui contratado en la Ericsson sueca de Getafe como delineante y ha seguido nombrado, por disposición laboral, ayudante de ingeniero, estando siete años a cargo de la instalación del control eléctrico entre las estaciones del tramo Zamora-Puebla de Sanabria, que Franco inauguró sin que estuviera terminado, lo que nos obligó a montar una simulación digna de una película de humor. De allí me fui a París, con tres inolvidables amigos apellidados Nieto Cicuendez, con los que viví experimentando la vesania capitalista trabajando en la `Citroën` parisina, donde

pasamos un año observando el fervor revolucionario, con que, pese a vivir echando horas por demás, venía respondiendo la clase obrera.

Motivo que determinó nuestra vuelta urgente a España, pensando y no casualmente en sumarnos a la acción revolucionaria en Getafe. Allí, mientras los hermanos Cicuendez actuaban, trabajé como maestro de primaria en funciones --actividad que puso en cuestión saberme acusado de “terrorista” --

Ello no obstante encontramos respuestas obreras tan activas y comprometidas, que, una vez descubiertos y condenados, a la cárcel fuimos a parar donde nos encontramos con camaradas que llevaban años en la Universidad Marxista del Penal de Burgos! Allí, aquél mi “POR QUÉ” de años ha, se vio políticamente instruido y animado a la vez a no dejar de estudiar -dado mi interés por las Ciencias Naturales- cuanto tuviera que ver, con el citado vacío físico, su relación con el controvertido éter aristotélico, los atomistas Tales de Mileto, Demócrito, Epicúreo y Lucrecio, y la indagación magistral que permitiera a Marx, creador del materialismo histórico, desmontar la falacia teleológico-clasista de un mundo inmutable, lección que fuera para mí una dote que debo a mis camaradas del PCE.

4.- “Liberado”, tras cumplir cinco años de condena -que reduje a tres por estudios y trabajos-, en la puerta del penal me esperaba AURORA, la compañera que había conocido en una asamblea del PCE en París y con la que recién salido de la cárcel me casé. Una vez “libre”, empecé a trabajar como representante a nivel nacional de la editorial Plaza & Janes y sucesivas, actividad que ocupó tan por completo mi tiempo que me obligó a posponer indagar conceptos para mi novedosos como el de la función de ciencia e incluso sumarme a la acción política. Doy por supuesto -y disculpas pido porque me voy a extender- que mucho debió tener esta circunstancia de alto estrés y sobre todo el intenso estado emocional del trágico suceso que a continuación relato, para que dieran lugar a que me sucedieran unos hechos tan extraños e inusitados, que, leídos –paciencia pido- margen dejan para dudar de mi objetividad y lucidez. Sin embargo, testigos tengo.

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Prólogo. Un día del año 1968, conduciendo desde Granada con rumbo a Sevilla, al rebasar una cima me encontré de sopetón con un accidente de trágicas consecuencias. Un joven y dos ancianos, uno ya fallecido, se encontraban atrapados en un Seat que había chocado frontalmente con otro vehículo. Forcejeé desesperado, pretendiendo en vano rescatar al joven y a la anciana que yacía moribunda en el hueco trasero, mientras llamaba desesperado pidiendo a gritos ayuda, a los coches que pasaban. Solo un camionero se detuvo. Entrambos conseguimos sacar y poner en mi coche a la

anciana. Conduje a toda velocidad hacia Lorca donde la dejé en manos de unos sanitarios, a los que pedí correr a auxiliar al joven gravemente atrapado, con el que se había quedado el camionero. A renglón seguido, trastornado seguí conduciendo hasta detenerme en Antequera, donde, tendido en un parque, esperé, casi con la mente en blanco, hasta sentirme capaz de reemprender el viaje.

Horas después, pernoctando ya en Sevilla, sucedió algo tan inimaginable e insólito, y no obstante para mí ingenuamente real, cual fuera el hecho de despertar sobresaltado, percibiendo con toda claridad una estructura física luminosa, vibrante, verde azulado, flotando variable cual si estuviera emergiendo del espacio. Sin pensarlo, telefoneé repetidas veces hasta despertar a un amigo que vivía en Barcelona, a fin de hacerle partícipe de lo que yo estaba observando, de carácter tan inconcebible que se quedó alucinado y más cuando le espeté: “¿No podría ocurrir lo mismo con todos los objetos e incluso seres como nosotros? Es decir, ¿que todo cuanto observamos de forma sensorial no sea otra cosa que el resultado de un fenómeno natural semejante; una concentración dinámica de la sustancia /éter /vacío?

• SUSTANCIA / ÉTER / VACIO

6.-. Desde entonces, durante años, no es para dicho contar la “paliza” que di a familiares y amigos con la terca pretensión de hacerles ver lo que en verdad parece imposible, pero de lo que, quizá por simpleza, yo había quedado convencido: que, cuando movemos un objeto, lo que se traslada NO es el objeto en sí, que fuera ocupando sucesivos espacios, sino la “clave física de su estructura” que lo remodela de manera constante a la velocidad de la luz, sin traslado de su componente, la sustancia universal/éter /vacío, ¡como la cresta de la ola marina! Y que, al igual que con los objetos, esto nos sucede a nosotros mismos.

7.- Tan elemental me parecía lo que ni sé cómo llegué a concebir, que no pasó mucho tiempo sin que me sintiese instado a explicar sus fundamentos. Cavile y cavilé al respecto hasta que me terminó pareciendo impensable que a mí se me hubiera podido ocurrir, a no ser, di en pensar, que mi tan insólita reflexión tuviera como precedentes deducciones similares, ya por otros concebidas, y que con toda probabilidad hice mías sin percibir lo que de excepcional suponían. Imbuido por este pensamiento me prometí no dejar de indagar hasta saber o al menos aproximarme a saber lo que de real pudieran o no tener y si tuvieran o no relación con lo que se pudiera esperar proveniente de las diversas formas de manifestarse corpuscularmente la sustancia/éter/vacío.

A partir de entonces, no pasaba día sin que, en los escasos tiempos libres de mi trabajo, me entretuviese hojeando cuantos libros pudieran contener datos relativos al caso. Nada encontré referido, sin que ello me indujera a pensar que solo fuera fruto de mi imaginación. Y, sin dejar de leer, di con datos tan apasionantes como lo que fuera la disputa que sostuvieran en el siglo XVII Isaac Beeckman y su discípulo René Descartes sobre la existencia o no del éter/vacío, que dilucidaran en 1640 Gasparo Berti discípulo de Galileo Galilei, Torricelli, Pascal, y experimentara Otto von Guericke con sus esferas huecas (hemisferios de Magdeburgo) seguido de R. Boyle y de R. Hooke (1660) que intentara cuantificar el vacío, del que el atomista Isaac Newton dijera: “la materia está formada por más espacio vacío que lleno y el éter como un medio más sutil que el aire”, expresión a la que en 1672 añadiría: “los colores de la luz podían imaginarse como vibraciones que se propagan en un éter de inmovilidad absoluta”, ente al que en 1675 atribuye la gravitación universal, cual si fuera “flujos del éter”, que a continuación corregiría (1706) ¡negando la existencia del éter!

8.- El cambio de opinión de Newton me desalentó, hasta que acerté a leer la defensa de la existencia del éter que propusiera Leonhard Euler: “la luz es en el éter lo mismo que el sonido en el aire”, testimonio coincidente con el que escribiera Thomas Young: “el éter luminoso impregna la sustancia de todos los cuerpos materiales”, coincidiendo con Federico Engels que “concibe como reales las manifestaciones físicas del éter”, que presupone “formado por algún tipo de materia más simple que los átomos”. De James C. Maxwell leí que, después de cuestionar la existencia del éter, terminó convirtiéndolo en “el ente electromagnético de naturaleza distinta a la de la materia corpuscular”.

Después, sería Augustin J. Fresnel, de quien leí que reconociera al fin la existencia del vacío y no ya como un fluido, sino “como una sustancia sólida, elástica a la vez que de elevada rigidez”. Visión que rechazaran Pierre-Simeón Laplace, Simeón D. Poisson y Jean B. Biot, por cuanto según ellos desplazaba para siempre la teoría corpuscular, dejando sin resolver discrepancias de complicada lectura, -éter si éter no, - pero que me mantuvieran obstinado creído de su existencia. Transcurrido algún tiempo, di con una lectura inesperada, que me dejó sin aliento: Albert Michelson y Edward Morley habían realizado en 1887 un experimento ¡que negaba la existencia del éter!

9.- Decir hundido es poco; me sentí acabado. De golpe, dejé de leer. Perdida la convicción de la que con tanta osadía había hablado, hasta vergüenza me daba que algunos a los que convencí - ignorando lo que me había pasado- quisieran saber más de lo que con tanto entusiasmo un día les contara. Pero tuve la suerte de que, después de pasar viviendo un tiempo decepcionado, confiando un día mi desaliento a un íntimo e inolvidable amigo, Luis Garrido, insigne librero de Madrid, también interesado en estos conocimientos, entre bromas y veras de forma amigable me vino a decir: “Manuel levántate y lee más”. Y, a seguido de observarme tan sorprendido, se detuvo pacientemente a explicarme cómo él pasó por el mismo trance, que superó, sin dejar de leer, cosa que yo no había hecho.

10.- Asesorado por él di enseguida con lecturas tan alentadoras como la del complejo y famoso aporte matemático que hiciera, Hendrik A. Lorentz, coincidente con el que elaborara, George F. Fitzgerald, ambos empeñados en la búsqueda de una explicación al fracaso del experimento de Michelson y Morley, antes citado. La teoría que formularon en 1892 vino a dar nueva luz, que Lorentz afinaría 1904 y cuya lectura copio: “los cuerpos se contraen al viajar a través del éter”.

11.-Luego existe, pensé. Aunque, en verdad, no dejaba de ser una mera hipótesis, tal y como lo describiera Maxwell al escribir: “parece que hay un medio etéreo que ocupa todos los cuerpos”. Nada taxativo, pero que ampliaran lecturas como la que enunciara William Crookes, afirmado en la idea de que: “la materia puede existir en un cuarto estado de energía almacenada en el éter”; o por afirmaciones tan elocuentes como la que sostuviera Ludwig Boltzman: “el éter era a sus ojos material en el sentido estricto de la palabra”.

Expresión que dio lugar a que Arthur William Rücker se preguntara dudoso acerca de su existencia: “¿Difieren los átomos del “medio básico” que los rodea (éter) o bien son partes de este medio que se encuentra en un estado particular?”.

Esta Consideración la encontré ampliada por Oliver Joseph Lodge, quien definió no solo como real la existencia del éter, sino que se atrevió a sustentar que “lo primero que destaca del éter es su continuidad absoluta”, que comparó con “una gelatina elástica llenando todo el espacio”. Lecturas incluso como la que diera cuenta de la censura que en el año 1900 hizo objeto Orest Danilovich Jvolson a Augusto Comte por su opinión “de ir olvidando el éter: No –añadiría- , no y mil veces no: La existencia del éter, no es menos auténtica que la rotación de la Tierra”. Afirmación que apoyara Thompson, J. J.: “el éter NO es una creación fantástica, es tan esencial como el aire mismo que respiramos”. Juicio que apoyara, aunque a veces de forma dudosa, el insigne Henri Poincaré, quien sostendría que “el éter no tiene menos realidad que un cuerpo exterior cualquiera”, considerado por Joseph Larmor como “una verdadera pero diferente sustancia material”. Sustancia que experimentada por Henri R. Hertz le movió a decir: “lo único válido de la teoría de Maxwell era su formulación matemática, que había desarrollado dejando de lado la existencia o no del éter”. Sorprendente, lo que escribiera Nicola Tesla: “La sustancia primaria desatada en infinitos torbellinos de prodigiosa velocidad se convierte en materia total que vuelve a la sustancia primaria cuando el movimiento se apacigua”, en ciclos sin fin.

12.- Estas lecturas de autores de reconocida solvencia me sirvieron para retomar las ideas que había estado a punto de desechar. Sin embargo, lo que sucedió después, ni recordarlo quisiera. Cuando más confortado me sentía tropecé con la cuántica de Max Planck, teoría que sostenía que las radiaciones solo podían emitirse en paquetes de energía, cuantos discontinuos, entre los cuales a los valores de la energía no es posible aplicarles ningún valor.

¿Quería decir, me pregunté otra vez desolado, que afectaba también a la supuesta continuidad absoluta del ente éter/sustancia /vacío?

13.- De la cuántica me asaltaron todo un mundo de opiniones negativas, como las que leí de Werner Heisenberg, Max Born, Pascual Jordan y otros, aduciendo al respecto que ya nada podría explicarse sin atribuirle ser vehículo de conceptos tan aleatorios como los de incertidumbre, imprecisión e indeterminación, pues a su entender “todo era un misterio que ninguna ley física puede explicar por completo”. Opiniones que aplicadas al acontecer social, venían a poner en cuestión los postulados marxianos afirmados en la realidad objetiva de un mundo material, con el que no coincidían los

energetistas liderados por Wilhelm F. Ostwald, para quienes “no existe la materia”, sino solo la energía que consideran como “la realidad última”, visión que, como dijera Hertz: “es el modo que mejor permite hablar de cosas de las [que] sabemos poco”. Es el caso también de Eugene P. Wigner, pionero de la física nuclear, quien, obsesionado por explicarse desde las matemáticas cómo funciona la naturaleza, afirma que “la conciencia provoca el colapso”. En resumen, una concepción basada en que “el mundo material no existe independientemente del observador”, es decir, la vuelta del idealismo religioso a lomos del más profundo desconocimiento de la realidad material.

14.- Decir desconcertado es poco. Pero me recobré leyendo la descripción de Willis E. Jr. Lamb, basada en supuestos experimentales, de la existencia de un microcosmos que supone “poblado de partículas virtuales”, o “fluctuaciones cuánticas” emanadas del vacío/éter. A esta visión se oponía, aunque solo en parte, Fred Hoyle, quién, sin poder explicar por qué no considera necesario que existiesen corpúsculos, defendía que el vacío, considerado desde mitad del XX como un medio que transporta el “campo de energía de punto cero” o “energía mínima del vacío” (ZPE), está conformado de modo único por una extensión infinita del tejido universal de fondo que puede plegarse en un punto y crear una onda de torsión que se extiende por el Universo, generadora de miríadas de millones de subpartículas, quarks, leptones, y átomos y moléculas, del micro y macro mundo.

Estas visiones las encontré reforzadas por Richard P. Feynman quien describía el vacío como una agitación, una efervescencia de partículas “virtuales”, cuyas apariciones, interacciones y desapariciones representara en sus famosos “diagramas de Feynman”. Y fue el descubrimiento en algunos aspectos de la interacción débil, lo que le hizo sentir –escribió después- “una intensa emoción: era la primera vez que conocía una ley de la naturaleza que nadie conocía, aunque por supuesto más tarde descubrí que otros lo habían pensado al mismo tiempo, o poco antes”.

15.- Alentado por la relación que me parecían tener la mayor parte de las expresiones e ideas conceptivas últimas, que se esforzaban en suponer cómo del vacío/espacio imponderable pueden emerger formas ponderables, leyendo sin parar di con supuestos como los de Bohm, de Broglie y Jean-Pierre Vigier, según los cuales existe en el vacío un “potencial cuántico (EPR) indetectable colmado de pequeños corpúsculos suba cuánticos por completo inobservables”. Cuestión a la que el insigne Stephen Hawking añadió: “el universo puede contener lo que se llama energía de vacío”, noción que completara Álvaro de Rújula: “el vacío no es la nada, sino una sustancia /vacío del que pueden emerger, como propusieran Edward Tryon y Alan Guth “fluctuaciones cuánticas”. Noción que Burra G. Sidhartah sostiene afirmado en la idea siguiente: “el universo está permeado por un campo de energía en el que las partículas se crean de manera totalmente aleatoria, un proceso que continúa” y que, a juicio de Igor Bogdanov deviene de saber, que “en lo profundo de la materia no habría más sustancia física que la vibración o el movimiento”, concepto revolucionario que, para Yoichiro Nambu supone pensar, que “toda la materia está hecha de un kit básico de partículas (quarks y electrones) y que la naturaleza esconde simetrías que rigen las fuerzas del cosmos”.

16.- Aunque los enunciados anteriores no tienen más respaldo concreto que lo intuido por mentes reacias a concebir el origen del mundo debido a causas establecidas, a mi modo de ver venían siendo muestra patente de la existencia de una visión generalizada que considera el enigmático vacío/sustancia como la única fuente posible de la que emerge cuanto existe, fruto probable de las ya citadas supuestas fluctuaciones cuánticas, pero de las que no encontré explicación concreta alguna de cómo se supone que estas se materializan/crean la masa de las subpartículas primordiales.

Ello no obstante y debido a la relación que la cuestión tenía con lo que había imaginado en Sevilla, seguí, lectura tras lectura, dando con sucesos como los del experimentalista Halton C. Arp, quien, para demostrar las dudas, abandonos, frenos y retrasos con que la ciencia avanza, puso como ejemplo sus observaciones del corrimiento al rojo, que, según él, nadie admite que “no son debido a la supuesta velocidad de expansión” (Slipher y Hubble). Cierto que hasta 1897, J.J. Thompson no demostró experimentalmente que el átomo no era indivisible, y que no se supo hasta después que el protón y el neutrón están formados por quarks y leptones, supuestas subpartículas, de cuyo origen nada hasta entonces tampoco se sabía.

Igualmente, se ignoraba y se ignora la forma en que estas partículas podían procesarse en el micromundo, sea el vacío, sin cuya confirmación la masa primordial seguía siendo un interrogante que no resolvió el bosón de Peter Higgs (todavía en “criba”), ni la teoría de las cuerdas, ni la de la lucha entre materia y antimateria, ni la cosmología del “ambiplasma” de Hannes Alfvén, ni los aportes de Eric Lerner, Carl Jhuan Masreliez y Mordeja Milgrom, mejorados por Jacob David Bekenstein.

17.- Nada en fin todavía relativo a mi obstinada búsqueda, empeñado en saber si existe o no un fondo universal (éter/vacío), origen que podría ser de todo lo existente, aún sin indagar. Tarde me enteré de que no fue, todavía, hasta Abril de 1920, que dos astrónomos, Harlow Shapley y Herbor Dousticortis, discutieron, durante días acerca de si el universo se extendía o no. A esta discusión se le llamó “El Gran Debate”. El origen de la discusión vino del descubrimiento de la nebulosa Andrómeda a una distancia de 2.547 años luz, hallazgo que hizo Edwin Hubble.

Sin embargo, del éter/vacío, que casi pegado a la Tierra está, (Kármmá, se llama el límite) nada en concreto se conoce de su controvertida naturaleza, salvo lo que intuyeran cuantos físicos vengo citando, sin más dato “científico” que lo que hasta ahora se sabe (CERN): que en el espacio intergaláctico una partícula para encontrarse con otra necesita el transcurso de 180.000 años luz, sin que por medio solo exista vacío/éter/sustancia material de supuesto “punto cero”. Respetuosos con lo publicado por el profesor, físico e incansable divulgador Francisco Villatoro, añado lo que él dijera: “El vacío es una sustancia compuesta de 118 campos cuánticos: 90 campos fermiónicos (4 x 18 q + 4 x 13 q + 4 x 31 l + 2 x 3 v) y 28 bosónicos (1 h + 2 y + 8 x 2 g + 3 x 3 WZ) Debiendo haber más aún pendiente de observar”.

18.- Confieso que, de lo leído hasta hora, nada me ha permitido pensar que mi supuesta e ideal concepción contuvieran más razones lógicas que las intuidas por los que están a favor de la existencia del vacío, del que, dada su intangibilidad, se ve que resulte imposible pronunciarse de forma más precisa, ni a la ciencia registrarlo con los medios más modernos.

19.- Sin embargo, de precisar su existencia se encargarían, entre otros, Vladimiro Lenin, de quien recojo la siguiente reflexión: “La conjetura del éter ha existido durante miles de años, y hasta hoy sigue siendo una conjetura. Pero en el momento actual existen ya mil canales subterráneos que conducen a una solución del problema, es decir, a una determinación científica de éter”. Se pronunció “sobre la ausencia de líneas absolutas de demarcación de la naturaleza”, y señaló “como algo de sentido común, la transformación del éter imponderable en materia ponderable y viceversa”. Expresiones a las que añado lo que intuyeran los insignes, ya citados, Fred Hoyle y Richard Feynman, que concibieran físicamente posible -aunque imposible de justificar en un medio como el del vacío carente de elemento alguno- que de él puedan emerger fluctuaciones cuánticas dables de generar puntos infinitesimales de masa, componentes que serían de la diversidad de quarks y leptones, luego átomos, etcétera, etcétera.

20.- Aunque inconcretas, lo cierto es que muchas de estas ideas coincidían esencialmente con mi búsqueda y curiosidad impenitente, ejercicio al que debo haber podido aprender algo al menos más de lo poco que del mundo sabía. En este empeño seguí año tras año, incluso intentando dilucidar la relación que con mi búsqueda pudieran tener disquisiciones polémicas como las de Ernest Mach, Abel Rey, Eugene Wigner, Bernardo de Chartres, etcétera, que lejos de importunarme me incitaban a seguir indagando, sin apoyo matemático, empeñado en dominar la idea conceptual del vacío, considerado por mí como uno fenómeno físico más sujeto a sus esenciales acciones e interacciones de suyo tan supuestamente objetivas que lejos de hacerme dudar me animaron a mantenerme “convencido” del papel fundamental que juega el éter/vacío material como “hacedor” único posible de todo lo que en el Universo existe y, por ende, de lo que somos.

21.- Esta hipótesis me la encontré al menos por fin contradicha, cuando accedí a leer los términos expresos de la teoría del jesuita George Lemaître, que gozaba del parabién vaticano &… Sin embargo, me enteré de que pese a su brillante formulación, que Einstein reconoció matemáticamente acertada, fue por éste mismo considerada “abominable”, por su falta de rigor físico. Cierto es que incluso ignoraba por completo el papel fundamental que en el cosmos juega el vacío (75% del fondo universal). Tan insuficiente me pareció, que di en pensar –coincidiendo con insignes físicos y perdón pido por la osadía- que dejaba margen para no creer invalidada por completo mi modesta hipótesis, por cuanto sostenía dubitativas ideas como la de que “al comienzo del universo las partículas no tenían masa, la adquirieron después” a resultado de la acción supuesta de un inventado a toda prisa, por Peter Higgs: “Campo de Higgs”(bosón) que “permea el vacío” y que, ¡por simple fricción!, dota de masa ¿alas partículas que no tenían?… Cuestionada como lo fuera por ilustres físicos y posteriores observaciones cósmicas, apoyado me sentí para reiterarme convencido de que mi aventurada hipótesis tan desacertada del todo no estaba. En contraste con el Big Bang, otras teorías, como las de Sheldon L. Glashow y Blas Cabrera, hijo, se afirmaban en la creencia, de que “la materia oscura fue el origen de la estructura galáctica del universo”, mientras Steven Weinberg y Richard Dawkins sostenían que este mundo es “simplemente una posibilidad de la naturaleza”, que a juicio de Robert W. Wilson “abre camino a la idea de una realidad primaria, vacío cuántico, que da lugar a la aparición aleatoria de materia ordinaria, átomos, estrellas, galaxias, comprendida la vida orgánica incluida la humana”. Versiones múltiples, pero como se ve desde tiempo a la espera de que aparezca alguna posible de experimentar, y ello además porque encierre el propósito de demostrar lo que ya parece irrefutable pese a las distintas versiones: que “todas las formas materiales del universo no están sumergidas en.., sino que son somos una parte misma de la materialidad espacial llamada vacío”.

• ESTUDIO DEL UNIVERSO

22.- Y fue ya, sintiéndome deseoso en extremo de compartir mis supuestas convicciones, que en 1973 aceleré mí vuelta al cabo de años a formar de nuevo parte activa de la vida del Club de Amigos de la Unesco de Madrid (Caum). Mayor contento imposible al encontrarme sorpresivamente con un grupo de asociadas y asociados que me decían estar tan interesados como yo en cambiar impresiones en torno a cuestiones como la del ´Big Bang` y los agujeros negros, amén de conceptos como la energía oscura e incluso referidos a aspectos conceptuales que me rebasaban, tales como el discurso sostenido entre los científicos sobre la incompatibilidad o no entre la mecánica cuántica y la relatividad general, que me pareciera tener mucho en común con la idea que, resumida, les comenté, referida a mi búsqueda de datos con los que poder aunque solo fuera hilvanar una hipótesis “demostrativa” de un mundo generado por el enigmático vacío. Ni imaginarme hubiera podido el interés con que el grupo se ofreció dispuesto a elaborar de manera colectiva cuantos borradores fueran necesarios, hasta dar con un texto razonablemente explicativo.

23. ¿Resultados? Llegamos a escribir tres versiones, cierto que con pocas variantes porque su elaboración nunca dejó de ser amigablemente colectiva.

Una, en particular, tan animados y satisfechos nos permitió sentirnos, por el aporte en general de ideas al respecto, que, un día de diciembre de 2002, decidimos -sin involucrar al CAUM- copiarla en un folio y registrarla oficialmente con el título “CICLOS GALÁCTICOS”.

24.- Y no quedó ahí la cosa, pues, después, no pasaba día, sábados incluso y no pocos domingos y así transcurrieron años, sin dejar de comentar lo novedoso del caso a que habíamos dado lugar, pensando. Sí, pensando, pues fue el hecho de haber tenido la ocasión de practicarlo en el CAUM lo que despertó en nosotros el deseo de ir más allá, comprometidos a elaborar lo que nos pareció necesario. De esta forma, en marzo de 2010, bajo el epígrafe Cuaderno de introducción a la física, publicamos, uno de mayor tamaño titulado El “VACÍO” ES MATERIA, ahora ya sí, con y bajo la edición del CAUM. Lo editamos como uno más de los Cuadernos del Caum que desde años venían elaborando e imprimiendo socios profesionales.

25.- Dada la buena acogida de que fue objeto, decidimos convertirlo, con singulares apoyos, en un libro venal. Su edición, ampliada con más páginas para que recogiera nuevos datos, fue impresa en un taller privado y apareció publicada, con el mismo título del Cuaderno, en junio de 2012. Meses después, observando que la tirada se había quedado corta y que era conveniente hacer más, decidimos publicar una tercera edición que incluyese, sobre todo, una parrafada explicativa de nuestra hipotética idea, que venía siendo poco a poco elaborada, dato que consta impreso en la tercera edición, publicada en junio del 2013. En la página 298, bajo el epígrafe Ciclos galácticos, aparece el texto que, 17 años después, en diciembre de 2020, sirviera de base para concluir la redacción de la hipótesis que, escrita en la cara de un folio, hicimos pública en Internet con el título CICLOS GALÁCTICOS.

Más pretenciosidad imposible, pensará el lector, por cuanto aún sin pretenderlo –explicada eso sí con más detalle, como pretendemos- podría dar la impresión de que fue concebida a propósito de suplantar de modo tan ingenuo como atrevido la teoría del todo, capaz, cuando la ciencia dé con ella de dar respuesta a la mayor parte de los interrogantes cósmicos pendientes todavía de dilucidar. Nada al respecto concierne al caso que nos ocupa, por cuanto nuestra hipotética idea fue concebida, consciente el colectivo de su modesto amateurismo personal apenas iniciado en temas tan complejos como la astrofísica, y cuanto al vacío se refiere, temas ambos que le movieran, decididos sus componentes, a proponerse no solo curiosear libremente, sino ensayar sin alardes su capacidad mental, estudiando e indagando en base al saber acumulado y NO por caminos ideados a capricho. Eso sí, teníamos la suerte de estar liberados tanto de la obligación propia de los que por saber de verdad les preocupa ser exactos y completos, como del tabú del que aún viene siendo objeto pronunciarse o escribir cosa alguna referida al concepto sustancia/éter/vacío. Razones sobradas que incluso nos movieron a considerar -mientras redactábamos el antedicho folio que colgamos en Internet- la conveniencia o no de seguir adelante con nuestro propósito, cuya complejidad muy bien podría dar lugar a que un lector profesional o iniciado en la materia hiciese llegar al CAUM su fundada o dudosa opinión basada en que un colectivo amateur hubiera ni podido imaginar hipótesis semejante. La verdad es que para nosotros no dejaba de ser una audaz alternativa más al ya denostado Big Bang fraguada en la espera de que no tardando tuviésemos la ocasión de conocer alguna otra con más respaldo académico.

27.- Sin embargo, cabe al caso muy bien decir que, conscientes de nuestros límites, frustrados nunca nos sentiríamos, pues fue sacando provecho del ambiente estudioso libre creativo y amigable que se respira en el CAUM donde, como NO en otros medios, sus asociada/os se sienten animados a ejercitar su capacidad mental y a luchar para evitar que no se salgan con la suya los que vienen desde siglos pretendiendo “que la humanidad no piense” (D’Alenbert).

Dicho esto, poco más habría que añadir de manera que el lector comprenda lo que supuso, para un grupo de socios sentirnos trabajando a placer, mientras reunidos a diario íbamos poco a poco dando curso a nuestro deseo de saber del mundo cuánto más, aciertos y errores incluso propios de temas que parecieran a simple vista estar alejados del acontecer político-social, como lo fuera el audaz empeño dedicado a elaborar ¡una audaz hipótesis del funcionamiento del mundo, imaginada a partir del cúmulo de datos a nuestro alcance!

28.- Sí, por qué no; imaginada. Como hicieran -sin pretender por supuesto en absoluto equipararnos- George Lemaître, Peter Higgs y George Gamow, para desarrollar e imponer con su ´Big Bang` y el plácet vaticano su visión creacionista del origen de todo lo existente.

29.- Imaginando, sí, pero sin caer en el error de utilizar el concepto como una ocasión para expresarnos ninguno del grupo académicamente, como así con acierto hicimos a la hora de proponernos sentar las bases lógicas y escritas de la “hipótesis” que colgáramos en la Internet, conscientes todos de que ni íbamos a concursar ni a competir, y menos con doctos en teoría iniciados, dominantes del acervo astrofísico, que tanto tiene que ver directa e indirectamente con nuestro personaje, el éter/sustancia/vacío y la no menos compleja gravedad cuántica”; concepto extraño para nosotros, pero, que lejos de desanimarnos nos obligó a indagar su posible incongruencia e incluso a considerar el nivel de los datos que debieran servirnos de punto de partida.

Tuvimos que decidir si debíamos tener en cuenta el cúmulo de cálculos matemáticos a nuestra disposición o ser capaces de, sin ellos, ir haciendo un uso comedido de los conocimientos al alcance e imaginar con cuidada precisión la interpretación y consecuencias fenomenológicas resultantes de la diversa relación e interrelación física entre objetos y fenómenos.

30.- Proceso de la hipótesis: Empezamos –merece recordarlo- con la pretensión de indagar de qué datos podríamos partir para concebir hipotéticamente cómo se origina la masa primordial, concepto hasta entonces, sin otra definición oficial que la de: “cantidad de materia que contiene un cuerpo”, dato éste que para Peter Higgs fuera causa del origen de la masa debido a la acción (frote) del imaginado bosón (todavía en criba). Otra versión del concepto masa la encontramos explicada por Einstein definida como “el objeto que curva el espacio”. ¿No sería acaso lo contrario, pensamos, que sea, la sustancia/éter/vacío material curvado lo que crea la masa? Terminología en fin tan de por sí controvertida que hizo nuestra conversación casi interminable. Habíamos además leído que Einstein, contrario a reconocer existente el éter cual un ente material, tradujo el vocablo dando en llamarle espacio-tiempo, lo que resultaba incongruente con lo que escribió después: “De acuerdo con la Relatividad el espacio está dotado de propiedades físicas; en este sentido, por consiguiente, existe algún éter”. Sin embargo, el padre de la teoría de la relatividad había calificado al éter como ¡“superfluo” y “fantasma”!

Mil y otras explicaciones consultadas solo se referían a cuestiones mecánicas, sea, por ejemplo la simple explicación oficial dada al fenómeno inercia: “la resistencia que opone un cuerpo a ser desplazado” que Newton atribuyó a una fuerza llamada vis insta que le pareció “dormir en el interior de la materia”.

31.- Y no fueron un día ni dos, sino años que seguimos inmersos en lecturas e investigaciones. Indagando, cavilando y conversando al respecto, sin dejar de preguntarnos de dónde podría provenir todo lo existente. Respuesta en blanco, a la que ni el bosón famoso (Big Bang), ni las cuerdas, etc., parecían haber encontrado la respuesta definitiva… Y fue que, sin dejar de pensar y pensar, rebeldes a creer imposible dar con alguna imaginada causa, terminamos concibiendo como razonable lo que hasta entonces nos pareciera ni pensable llegar a bosquejar.

32.- NO existiendo otra causa explícita, no nos pareció descabellado pensar que, excluidos Dios y la nada, de nada más puede provenir todo lo existente que de ese ente universal (¡75%!) denominado sustancia /éter/ vacío, cuya existencia real, aunque no está todavía confirmada, no por ello deberíamos dejar de atrevernos a imaginarlo. Sí; ¿por qué no?; una sustancia material/vacío/éter informe con “densidad crítica” que llena e inunda todo el espacio universal cualesquiera que sean sus límites. Y aunque su naturaleza es desconocida, no lo es menos que de sus efectos se pueden deducir hipótesis.

33.- Pensamos que está dotado de enigmáticas propiedades que lo hacen indetectable, translúcido de por sí e indivisible, elástico y comprimible.

Poseedor de un mínimo de energía, cual “una onda indistinta” capaz de servir como medio transmisor de corrientes electromagnéticas, algo que recuerda lo que describieran en el Ragveda siglos antes de nuestra era.

Factible, según la Cuántica, y aquí nuestro desacuerdo con el supuesto de que del seno del vacío surjan, sin que se establezca una causa, fluctuaciones cuánticas, que serían, según su intensidad, capaces de componer la masa de las subpartículas primarias quarks y leptones, que a posteriori conformarían los átomos constitutivos de todo lo existente.

34.- Nos pareció más razonable la conclusión a la que llegamos. Puesto que es reconocido que el vacío es materia -y como tal debe contener un mínimo de energía-, sería concebible pensar que si una parte infinitesimal de esta fuera gigantescamente comprimida, podría dar como resultado esa cantidad de energía/masa/ material necesaria para constituir las subpartículas, quarks y leptones, todavía invisibles, pero que se entrevén cual plasma formando “carreteras espaciales” camino de nutrir los “criaderos de átomos/estrellas”, galaxias y planetas en los que surgiese la VIDA al igual que sucedió con la Tierra, si alguno de ellos sufriese un fenómeno semejante al que sufrió nuestro planeta, suceso cósmico que pretende explicar –sí, por qué no citar- una versión titulada Teoría de la Luna-Gota.

35.- Y ya solo nos quedaba ser tan audaces como capaces de concebir lo inusitado; dar con la manera posible en que ese éter/vacío informal se podía venir convirtiendo milenariamente en materia ponderable, detectable. No conocíamos una “teoría” que supliese la de Lemaître. Se trataba de concebir a qué singular fenómeno cósmico se podía razonablemente atribuir la posibilidad de que, el vacío/éter pudiera estar comprimiéndose y emitiendo, de manera constante, partes infinitesimales: quarks/leptones, originados a partir de la sustancia/vacío. Y ello sin dejar de ser conscientes de que propio de nuestro amateurismo cualquier hipótesis solo podría ser digna de considerar si contaba con los cálculos y experimentos que nosotros no estábamos en condiciones ni siquiera de imaginar. A pesar de ello, satisfechos de estar en el ejercicio de nuestra plena y consciente capacidad pensante, decidimos afrontar la búsqueda de respuestas que implicaban razonar andando caminos tan inusitados como los de pretender dar con una explicación del permanente y singular fenómeno cósmico. Estas reflexiones las articulamos en torno a tres datos:

• TRES DATOS

36.- A). Partimos de imaginar cómo algo por completo impensable que la sustancia/vacío universal, no carente de un mínimo de energía, pudiera estar ni una fracción de segundo por completo inmóvil, y por tanto capaz de originar confluencias cósmicas radiales --que la mecánica de fluidos avala convertibles en poderosos torbellinos descartianos- capaces de ir comprimiendo la sustancia hasta un límite. Este límite lo concebimos como una propiedad que tiene la naturaleza del vacío y que consistiría en no poder comprimirse más allá del límite espacial de Planck.

37.- B). En este momento de máxima compresión, el citado torbellino, girando a la velocidad de la luz, detenido bruscamente rebota, gira y regira, conformando lo que descubrieran Samuel Goudsmit y George Uhlenbeck en 1925: la existencia real del determinante y singular fenómeno SPIN: cantidad de materia/masa primordial dinámicamente confinada; origen que sería (toroide) del fenómeno parcial que conocemos como inercia, componente básico que sería de la auto independencia de los quarks y leptones, cuya velocidad intrínseca (Vc) y capacidad per se de atracción determinaría el fenómeno denominado gravedad, en principio apenas perceptible por su baja intensidad, solo apreciable cuando convertidas estelarmente las subpartículas en átomos, estos se irán per se gravitatoriamente concentrando, conformando estrellas, supernovas, planetas, y galaxias.

38.- C). Después, dedujimos que las galaxias nacen “condenadas” a “sufrir” de forma continua sus propios efectos gravitatorios, hasta dar lugar a las concentraciones extremas determinantes de su degradación: fisión corpuscular absoluta, vía de su propia conversión en objetos, que Wheeler denominó agujeros negros, y que vaticinara Einstein en su TRG deduciendo “la posible existencia de cuerpos tan masivos, que, colapsados (y aquí nos perdonará el lector porque diferimos atrevidos a negar lo que Einstein dijera) ni siquiera la luz podría ir más allá de su disco de acreción” (zona de sucesos).

De “bufonada estelar” tachó Eddington a Chandrasekhar, por atreverse, corrigiendo a Einstein, a calcular las masas necesarias de soles, que, degradadas, pasarían a formar parte del vacío/éter/universal, convertidas en radiaciones perceptibles, ya observadas: cuásar/blazac.

39.- ¿qué nos indujo a que nos atreviésemos, mientras elaborábamos lo que serían las bases de nuestras versiones de las hipótesis Ciclos Galácticos de 2002 y 2020, a otorgar a los ANs unas determinadas funciones cósmicas, cuando todavía apenas confirmada estaba su existencia en el centro de cada galaxia? Ni conjeturas por entonces había, ni tampoco después explicación alguna que hablase de su naturaleza. Lo cierto fue - por sorprendente que parezca- que nuestra versión no devino de otra cosa, sino de pensar que los ANs estaban un papel, en el Universo, NO como objetos aislados, sino como parte natural que eran del ciclo universal que desde el vacío pasando por las galaxias los sitúa como los objetos que devuelven degradado todo lo existente a su estado inicial, el vacío material, desapareciendo como intuyera Stephan

Zwiking, cumplida –valga decir- su función natural. Por último, sin nada más por añadir acerca de nuestra hipótesis: punto 38, A.B.C.., retomamos lo que de la gravedad nos quedara por decir.

• GRAVEDAD

40.-- Gravedad. Fenómeno sin otra definición oficial que la de: “los cuerpos dotados de masa se atraen entre sí”, que a Newton le indujera a elaborar su histórica fórmula, pero, que, por negarse a indagar su origen fenomenológico (“hypótheses non fingo”), nos legó a riesgo de que pudiera ser interpretada como expresión de una supuesta “gravitación universal” natural, siendo imposible, a nuestro modo de ver, que la gravedad se genere en parte alguna de la sustancia/vacío, sin haber sido este previamente comprimido.

41.- Dado además al sin fin de aplicaciones teóricas y prácticas de notorio e incalculable valor que la fórmula de Newton encierra, este concepto de gravitación universal pudo –a nuestro modo de ver- contribuir a dejar postergada toda investigación relativa al vacío. De esta manera, el discurso primó la mera controversia intelectual dada por el dubitativo sentido que le dieran los más insignes al término aristotélico éter/sustancia/vacío, que, lejos de precisarlo, quedó convertido hasta nuestros días en un polémico tema intelectual. Causa probable de que la investigación sobre el vacío haya llegado a ser tratada como tabú y por ende frenada. Siglos transcurrieron hasta que en 1908 Vladimiro Ilich Ulianovsk, Lenin escribiera lo siguiente: “Pero en elmomento actual existen ya mil veces más canales subterráneos que conducen a una solución del problema, es decir, a una determinación científica del éter”.

Otro siglo ha pasado entre esas palabras y las publicadas en 2023 por el físico del CSIC Ángel Martin Gago en su libro titulado El vacío: “¿Qué sabemos del vacío? Todavía nada”.

42.- Entonces, ¿de dónde y de qué podemos pensar que proviene todo lo que es y somos, psiquis incluida, descartada la nada, un origen divino e incluso nuestra aventurada hipótesis que pretende demostrar generado todo lo existente, las partículas fundamentales, por un vórtice de energía, interpretación que si fuera cierta obligaría a cambiar por completo nuestra comprensión del mundo?

Pena hiriente produce pensar que con tanto arrojo se declare no saber nada del vacío, olvidando el tiempo y dedicación perdidos por cuantos de modo anticipatorio intuyeran lo que la ciencia terminará descubriendo. De hecho, cierto es que poco menos que nada se ha dedicado a investigar cuando hace más de dos mil años que el interrogante existe. Negada la ciencia ni a pronunciarse sobre la materialidad del vacío... ¿No será acaso que el término materia /transformación/cambio de lo inmutable a mutable encierre una amenaza tan vital para el sistema que, no solo para evitar perder su hegemonía sino para impedir que la noción de clases cambie, viene desde siglos impidiendo que el Saber sin barreras ponga en cuestión los principios canónicamente establecidos? (San Pablo: “anularé la inteligencia de los inteligentes”, San Agustín: “el ejercicio de la observación es la peor de las enfermedades”. Dato significativo: El primer borrador de la constitución de la UNESCO no incluía la palabra Ciencia).

43.- Da que pensar que alguna razón tuviéramos del por qué “nada aún del vacío sepamos”, declarado incluso todavía un tabú, para que nadie temeroso piense e investigue al respecto, como les ocurriera a Newton, Kant, Descartes, Galileo, Copérnico, que tuvieron que silenciar sus ideas para no entrar en conflicto con el pensamiento dominante. De hecho, la Inquisición, el brazo armado de ese pensamiento dominante, llevó a cabo uno de los más espantosos actos de crueldad y barbarie torturando y quemado vivo por rebeldía eclesial a Giordano Bruno, el primer científico “mártir de la libertad de pensamiento y de los nuevos ideales”, que alumbrara Karl Marx al demostrar la falsedad de los principios establecidos so peligro de perpetuar la desigualdad y de arrastrar el mundo a un abismo por evitar que el intelecto humano se desarrolle e indague en Libertad, muestra evidente que fuera de la ferocidad guerrera que amamantó al nazismo y con el mismo fin armó cruz en ristre y espadón en mano a los que hicieron sufrir el Holocausto -todavía con vestigios sin reparar-, que hicieron sufrir a la democrática y digna España Republicana.

Nada, pues, más razonable pensar que esa misma visión reaccionaria sigue vigente e influye de manera que las investigaciones relativas al vacío se estén viendo postergadas; hecho notorio que pone de relieve la noticia de que pese a que a diario la ciencia en crisis declare estar necesitada de abrir los caminos de "una nueva física" explicativa del Universo, vistos los hechos, y los presupuestos destinados a estos menesteres, nada induce a pensar que investigar al respecto forme parte de calendario alguno ni público ni privado, mientras se dedican derrochadores recursos obreros a la mortífera industria militar.

Acertados o no ésta y no otra fue la tan modesta como atrevida idea que nos indujo a -sin dejar de sabernos meros aficionados- atrevernos a imaginar, pensar y concebir una hipótesis del funcionamiento del mundo, que, si por un acaso fuese científicamente corroborada, permitiría sin alardes pensar que tendría que ver con la recomendación que Lenin hiciera hace ya un siglo: “En cada descubrimiento el materialismo debe cambiar inevitablemente de forma, sin dejar por eso de conservar lo esencial”, empezando por volver a estudiar cuanto aprendimos y experimentamos a la luz de la noción de ciencia, concepto del que Marx y Engels se sirvieron para demostrar la posibilidad real de un CAMBIO. A vuestra consideración lo dejamos, conscientes de que el acontecer político no deja tiempo para más. Pero…

Agradecimientos:

Beatriz Martínez, Sandra Liliana, Ángel de la Cruz, Manuel González,

Raquel.

ANEXO:

"CICLOS GALÁCTICOS" Club de Amigos de la Unesco de Madrid

"A": Espacio-tiempo intergaláctico, representativo parcial de la totalidad universal. "B": gráfico descriptivo de uno de los probables más que miles de millones de Ciclos

Galácticos.

"C": "tejido universal de fondo único-material de punto cero", origen del transcurso galáctico. “1”: representativo puntual del SPIN inicio de la conversión de materia informal en materia ordinaria. “2”: acumulación nebular. “3”: evolución: curso temporal de la naturaleza galáctica. “V”; vida posible. “4”: agujero negro: "camino

natural de vuelta" de la materia ordinaria ya disgregada (fisión nuclear suma), a su estado inicial: "C".

CICLOS GALACTICOS (1): explica el fenómeno cósmico, como la suma dialéctica de una infinitud de procesos absolutamente cohesionados: un espacio tiempo universal único, expresión real de una materia única, que se demuestra dable físicamente de generar, inducida por un movimiento aleatorio cósmico de confluencia

radial, haces puntuales emisibles de materia informal comprimida y confinada spin, génesis de la masa primordial y su auto-independencia expresa en la inercia y su extensión consecuente la gravedad..., constitutivos de las subpartículas, base de las nebulosas, y, por gravitación, de las PARTÍCULAS ELEMENTALES nacidas de la diversa producción atómica estelar base de las estrellas galaxias, supernovas y planetas…, componentes del curso temporal de la naturaleza galáctica; cada vez distinta la formación y disgregación de galaxias... Temporal lo determina la estructura

misma de las subpartículas: quarks, leptones..., su proceso eventual: ondulación / compresión / plegamiento, transgresor del "estado tenso" de la materia informal, reductible inexorablemente (entropía) por gravitación extrema (agujero negro) a degrade sumo (fisión nuclear), de vuelta a su estado inicial... Todo lo observable, objetos y fuerzas, no sería más que -y por supuesto que no un ente en sí las llamadas

"fuerzas" f, g, e y d- variaciones de formas y de puntos focales de vibración expresivas de la transformación eventual de la materia vacío informal en materia ordinaria: naturaleza galáctica... La explicación de la movilidad o traslación espacial de los cuerpos tendría su ejemplo más expresivo en la cresta de la ola marina, que transporta la energía sin traslación de la "sustancia". Desde este punto de vista,la lección tradicional: todos los cuerpos ocupan un lugar en el espacio, quedaría traducida por la de: todos los cuerpos son (somos) una ondulación temporal del espacio".

(1) Versión actualizada (30/08/2018), elaborada por el autor: CAUM, del libro EL "VACÍO" ES MATERIA, relativa al término: CICLOS GALÁCTICOS, que consta escrito en la página 298 del citado libro: https://loquesomos.org/el-vacio-es-materia-aproximacion-a-la-fisica/, y que tiene como precedente su Registro Oficial en diciembre de 2002.

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