Por Nicholas Wade, 23 de septiembre de 2021
Las autoridades chinas están tratando de bloquear toda investigación que trate de esclarecer el origen del virus del SARS2. Pero esto ya parece importar poco debido a los nuevos documentos que están apareciendo por la parte estadounidense y que tanto están revelando.
Hace tiempo que se sabe que EcoHealth Alliance, con sede en Nueva York, ha estado financiado investigaciones en el Instituto de Virología de Wuhan, China, para la manipulación en el laboratorio de virus de murciélagos similares al del SARS, donde posiblemente se produjo una filtración al exterior. Pero no había manera de demostrarlo, de modo que la filtración desde el laboratorio siempre ha sido una conjetura plausible al igual que la hipótesis contraria, que el virus había saltado de forma natural de los murciélagos a las personas.
Pero dos nuevos documentos han aportado una considerable información, aunque todavía no una prueba, a la idea de que la epidemia de SARS2 pudo haberse originado por un accidente en el laboratorio. Uno de esos documentos es la propuesta de subvención que EcoHealth solicitó a DARPA en marzo de 2018, una Agencia de investigación del Departamento de Defensa. El documento ha sido obtenido por DRASTIC, una cooperativa de investigación que está explorando la hipótesis de una filtración de laboratorio, y que fue publicado el pasado 20 de septiembre.
Una característica destacada de esta propuesta de financiación es la de “introducir sitios de corte apropiados y específicos para humanos” en los virus similares al SARS. Este procedimiento llama la atención, por no decir que es asombroso, porque el rasgo distintivo del virus SRAS2 es un elemento genético conocido como sitio de escisión de furina. Este elemento aumenta en gran medida la capacidad del virus de infectar las células humanas. El sitio de escisión de furina atrajo la atención desde un principio porque el SARS2 es el único miembro de su familia, un grupo conocido como Sarbecovirus, que lo posee.
Eso llevó a sugerir que el sitio de escisión de furina había sido diseñado genéticamente en la columna vertebral de un virus similar al SARS, desarrollando así el SARS2. Pero no había pruebas concretas de que los investigadores de Wuhan lo hubieran hecho.
La propuesta de financiación de EcoHealth a DARPA deja ahora fuera de toda duda de que la ingeniería de los puntos de corte en los virus similares al SARS era una técnica que se iba a explorar en el instituto de Wuhan.
Además, el documento menciona específicamente los punto de corte de furina, lo que demuestra que este documento concreto estaba en la mente de los investigadores y que bien pudo haber sido el punto de corte utilizado en los experimentos:
“Analizaremos todas las secuencias del gen S del SARS-Cov para… la presencia de posibles sitios de corte de furina”, dice la propuesta, refiriéndose al gen S de la espícula, donde se encuentra el sitio de escisión de furina del SARS2. SARS-Cov significa que está relacionado con el SARS1, el causante de la epidemia de SARS1 en 2003.
La propuesta continúa diciendo (página 9 de la propuesta de subvención): “Introduciremos sitios de corte específicos para humanos y evaluaremos el potencial de crecimiento en células Vero y cultivos de hAEC”. Esto significa que los virus similares al SARS con el sitio de corte insertado se probarían en células de riñón de mono, un huésped estándar de laboratorio para los virus, y en cultivos de células epiteliales de las vías respiratorias humanas (hAEC). Un virus entrenado para crecer en las células de las vías respiratorias humanas sería, por supuesto, particularmente adecuado para infectar las vías respiratorias humanos en caso de producirse una filtración.
La propuesta fue rechazada por DARPA, pero eso no significa necesariamente que los experimentos que se describen no se hayan realizado. Es una práctica habitual que los investigadores utilicen los fondos de una subvención para realizar experimentos que apoyen su solicitud para la siguiente. O bien, EcoHealth podría haber utilizado otros fondos. Como mínimo, la gente de EcoHealth y del Instituto de Virología de Wuhan estaban contemplando la posibilidad de inserción de un sitio de corte específico, muy posiblemente el de furina, en un virus relacionado con el SARS, la receta exacta para desarrollar el SARS2.
Tres son los aspectos destacados de la propuesta a DARPA por parte de EcoHealth. En primer lugar, la hipótesis de la filtración desde un laboratorio se vuelve algo más creíble. Antes era sólo una suposición de que los investigadores de Wuhan podrían haber querido añadir el sitio de escisión de furina a un virus. Ahora es evidente que estaban pensando activamente en una manipulación genética precisa mediante la cual el virus del SARS2 podría haberse desarrollado en el laboratorio.
En segundo lugar, hace tiempo que está claro que Peter Daszak, el presidente de EcoHealth Alliance, sabe mucho más de lo que dice. Si miramos hacia atrás, veremos la poderosa campaña de ridiculización de la hipótesis de una filtración desde un laboratorio, dando la impresión de estar alimentado por su miedo a que no fuera tan ridícula. Si el Congreso estuviera interesado en el origen del virus que hasta ahora ha provocado la muerte de unos 700.000 estadounidenses, ¿por qué no citar al Dr. Daszak para que entregue todos sus registros y explique bajo juramento todo lo que sabe sobre la investigación que financió en el Instituto de Virología de Wuhan?
En tercer lugar, las 18 Agencias de Inteligencia que trabajaron sin éxito para llegar a una conclusión sobre el origen del SARS2 evidentemente no descubrieron la propuesta de EcoHealth a DARPA o habrían dado más credibilidad a la hipótesis de una filtración de laboratorio. “Parturient montes; nascetur exiguus mus”, escribió el poeta Horacio, “Las montañas parieron y nació un minúsculo ratón”. Avril Haynes, directora de la Inteligencia Nacional y propietaria del pequeño ratón, quizás se pregunte por qué las 18 Agencias bajo su mando no pueden hacerlo tan bien como el pequeño grupo de aficionados de la cooperativa DRASTIC a la hora de obtener información relevante sobre los orígenes de la epidemia de Covid.
Unos días antes de que DRASTIC publicara la propuesta de subvención a DARPA, salió a la luz un segundo documento notable. Se trataba de una propuesto de subvención y los informes presentados por EcoHealth al Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID), en colaboración con el Instituto de Virología de Wuhan entre 2014 y 2019. Fue obtenido por The Intercept tras una solicitud de la Ley de Libertad de Información, seguida de una demanda. Anteriormente sólo disponía de un breve resumen de la subvención.
A partir de ese documento de petición de una subvención, ahora está claro que los investigadores de Wuhan estaban trabajando con un virus de murciélago, llamado W1V1, que está relacionado con el virus que causó la epidemia de SARS1 en 2003. Modificaron el gen de la proteína de la espícula por el de otros tres virus relacionados con el SARS1, desarrollando tres nuevos virus, que luego probaron en ratones humanizados. Se trata de animales modificados genéticamente para que lleven la proteína receptora humana, el objetivo de la familia de virus, en las células de sus vías respiratorias.
Los nuevos virus hicieron que los ratones perdieran más peso que al ser infectados por el virus original y provocaron la aparición de muchas más partículas virales en los pulmones de los ratones. Estas mejoras representan lo que se denomina Ganancia de Función (GoF).
De los documentos de The Intercept podemos extraer dos conclusiones. La primera es que, aunque estos experimentos en particular no podrían haber desarrollado el virus del SARS2, proporcionaron el procedimiento perfecto para hacerlo si lo investigadores de Wuhan hubieran seleccionado un virus parental apropiado de entre lo muchos virus de murciélago no publicados en su relación, y hubieran añadido un sitio de corte de furina como se menciona en la propuesta de DARPA.
Si los NIH (Institutos Nacionales de Salud) hubieran informado de lo que sabían de estos experimentos en enero de 2020, la hipótesis de una filtración de laboratorio habría sido una posible fuente obvia del virus desde el principio, y la investigación sobre su origen podría haber procedido con mayor éxito. En lugar de ello, los responsables de la Agencia siguieron adelante con una extraña inversión del informe que les presentaron expertos virólogos, según el cual el virus del SARS no era de origen natural.
Una segunda conclusión que se desprende de los documentos de The Intercept es que los investigadores de Wuhan traspasaron con toda seguridad la línea roja de los experimentos de ganancia de función. La comunidad de virólogos lleva 10 años dividida en torno a la cuestión de hasta qué punto se debe permitir a los investigadores, en su afán de conocimiento, el manipular las funciones naturales de los virus. Anthony Fauci, director del NIAID, y su jefe, Francis Collins, director de los NIH, han abogado por las investigaciones de ganancia de función. Los investigadores afiliados al Grupo de Trabajo de Cambridge han argumentado en contra. Los opositores a la realización de este tipo de experimentos presionaron con éxito para que se suspendiera la financiación con fondos federales. Pero esta moratoria fue reemplazada tres años después con un requisito de que ciertos experimentos de ganancia de función fueran comunicados a un panel de expertos del gobierno federal.
La subvención del NIAID al Instituto de Virología de Wuhan quedó tanto fuera de la moratoria como del requisito de informar, erróneamente en opinión de críticos como Richard Ebright, de la Universidad de Rutgers, que considera que los experimentos dotan a los virus de una mayor capacidad de infectar. El Dr. Fauci aseguró en julio al senador Rand Paul que los NIH nunca habían apoyado investigaciones de ganancia de función en el Instituto de Virología de Wuhan, pero no explicó más su razonamiento.
The Intercept consultó a 11 virólogos, 7 de los cuales afirmaron que el trabajo realizado por investigadores de Wuhan era claramente de ganancia de función según la definición de los NIH. Las discrepancias en las opiniones demuestra, como mínimo, que se estaba utilizando una normativa muy difusa para controlar un tecnología altamente peligrosa.
En una carta del 27 de julio al senador Grassley, el Dr. Collins afirmaba que los nuevos virus que se estaban generando en Wuhan no entraban dentro de los experimentos de ganancia de función porque “sólo contenían pequeñas porciones de coronavirus de murciélagos evolutivamente distantes”. Se trata de un sorprendente argumento porque la “pequeña porción” injertada en el virus madre era el gen de la proteína de la espícula de otros virus. La espícula es fundamental para determinar a qué especies puede infectar el virus. Es difícil determinar por qué una mayor patogenicidad provocada por la inserción de una nueva proteína espicular en un virus no se puede definir como ganancia de función.
El Dr. Collins continuó diciendo al senador Grassley que, para no preocuparse, se había añadido un control a la subvención de Wuhan por si las cosas se salían fuera de control. En una carta del 7 de julio de 2016, se comunicó a EcoHealth Alliance que sus experimentos en el Instituto de Wuhan debían pararse de forma inmediata si cualquier virus nuevo se desarrollaba 10 veces más rápidamente que su virus parental.
De hecho, los nuevos virus alcanzaron tasas de crecimiento hasta 10.000 veces más rápidamente que sus virus parentales, según muestran los nuevos documentos. Pero no hay pruebas de que los investigadores de Wuhan detuvieran los experimentos. Ese control se puso en un color rojo intermitente y se lo saltaron sin más. Lo único que hicieron el Dr. Fauci y el Dr. Collins fue concederles otra subvención.
El Dr. Collins y el Dr. Fauci son funcionarios de investigación médica con mucha experiencia que han servido con distinción durante muchos años en administraciones de ambos partidos. Pero su comportamiento en el asunto de los orígenes del SARS2 han sido desconcertantes.
No investigaron el origen del virus con mayor seriedad, sino que encargaron la investigación a un agente londinense, Jeremy Farrar, que tiene estrechos vínculos con funcionarios médicos chinos. No pestañearon cuando el Dr. Farrar supervisó la anulación de una conclusión de los expertos que decía que el virus no era natural, ni cuando facilitó una enorme campaña de propaganda de gran éxito para desechar la hipótesis de una filtración de laboratorio. No supervisaron de cerca al Dr. Daszak y sus planes de vaquero para que sus subcontratistas chinos desarrollaran virus cada vez más peligrosos en unas condiciones mínimas de seguridad. Diseñaron un sistema para regular los experimentos de ganancia de función que algunos expertos han calificado de demasiado permisivo. En lugar de explicar sus políticas, el Dr. Fauci dijo airadamente al senador Rand Paul que éste no sabía de qué estaba hablando.
Gestionar la investigación de vanguardia no es fácil. Hay mucha gente que exige normas de seguridad tan rigurosas que la investigación se paralizaría. Estaría bien que el Dr. Fauci y el Dr. Collins abogaran por un programa audaz de investigación virológica que incluyera la ganancia de función. El Dr. Fauci identificó acertadamente los virus de murciélago causantes de las epidemias de SARS1 y MERS, como fuente probable de nuevas epidemias. No se le puede reprochar que apoyara una colaboración con la principal experta china en coronavirus, la Dra. Shi Zhengli.
Poco después de haber colocado todas estas piezas en su sitio, el Dr. Fauci y el Dr. Collins se contentaron, aparentemente, con que este peligroso programa de investigación fuera dirigido por el Dr. Daszak. El Dr. Daszak no es virólogo. Tiene un doctorado en parasitología por la Universidad de East London. Es experto en recaudar subvenciones para la investigación, un rico flujo de fondos del que saca un sueldo de 411.000 dólares. No está claro que el Dr. Daszak, o tal vez cualquier otra persona, fuera competente para juzgar lo peligroso de estos experimentos que estaba patrocinando.
Es fácil ser sabio a posteriori, pero el Dr. Collins y el Dr. Fauci seguramente debían haber controlado más estrechamente al Dr. Daszak e investigar con prontitud cualquier señal de alarma que se produjera en su ámbito. Con lo que sabemos ahora, no está claro que tampoco lo hicieran.
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