Por Caius Rommens, 8 de octubre de 2018 Independent Science News La ingeniería genética no es el sueño de todos los niños. Ni siquiera a mí me gustaba cuando empecé a estudiar biología en la Universidad de Amsterdam, pero mi profesor me explicó que el gusto se adquiere con la práctica y era la mejor opción para obtener un buen trabajo. Así que, disipé mis dudas y aprendí a extraer ADN de las plantas, recombinar el ADN en tubos de ensayo, reinsertar las fusiones en las células de las plantas y utilizar hormonas para regenerar nuevas plantas. La gente dice que el amor es ciego, pero yo empecé a amar lo que empezó ciegamente. O, quizás, lo que comenzó como un gusto adquirido pronto se convirtió en una adicción peligrosa. La ingeniería genética se convirtió en parte de mí. Después de obtener el doctorado, fui a la Universidad de California en Berkeley para ayudar en el desarrollo de una nueva rama de la ingeniería genética. Aislé varios genes de resistencia a las enferme...
"Ni la ciencia oficial y consagrada ni otra fe ninguna puede hacer más que procurar que se cumpla lo previsto, que no se haga más que lo que está hecho y que no nos pase nada del otro mundo" Mentiras Principales, Agustín García Calvo