Hay menos peces, pero sí muchos más pesticidas


Por Colin Todhunter y Rosemary Mason, 15 de enero de 2020

Miles de peces aparecieron muertos en el Mar Menor después de las inundaciones que afectaron a la región de Murcia. Foto: el-lorquino.com

Cada día se acumulan más pruebas de que un microbioma sano en el suelo protege a las plantas de enfermedades y plagas. El mayor patrimonio natural de que disponemos es el suelo. Pero cuando éste rebosa de productos químicos sintéticos o se somete al monocultivo como parte de un sistema de agricultura industrial, se altera o matan los microbios que son esenciales para el equilibrio del suelo. 

Estos biocidas sintéticos son productos que elaboran las grandes empresas multinacionales y que mediante grupos de presión intentan que sean aprobados por las agencias de regulación y se aprueben políticas que se inclinen ante el altar de la Ciencia promovida por estas corporaciones. Pero en realidad tienen una visión muy limitada del impacto que a largo plazo tienen estas acciones sobre el suelo y las complejas redes de microbios y los procesos que se realizan. Los microbiólogos todavía están intentado comprender cómo funciona todo esto.

Linda Kindel, del Departamento de Patología Vegetal de la Universidad de Minnesota lo expresó claramente en 2014: “Entendemos sólo una pequeña parte de lo que hacen los microbios para favorecer el desarrollo de las plantas”.

Y lo mismo ocurre en los seres humanos: tenemos una estrecha conexión con los suelos y los procesos de transformación que en él se producen, ya que afecta a nuestro microbioma intestinal. En nuestros intestinos hay más de 2 kilos y medio de bacterias, virus y microbios similares a los del suelo. Y del mismo modo que puede degradarse el microbioma del suelo, también puede hacerlo el nuestro debido a lo que comemos o dejamos de comer. Muchas de las terminaciones nerviosas de los principales órganos se localizan en el intestino. Ahora se están llevando a cabo investigaciones para determinar hasta qué punto se ve afectado el microbioma intestinal por el moderno sistema de producción y procesamiento de alimentos y el bombardeo químico al que estamos sometidos.

El microbioma humano es de vital importancia para la salud humana, pero lo estamos agrediendo con la gran cantidad de sustancias químicos que estamos ingiriendo, incluidos los aditivos alimentarios. Tan pronto como cambian nuestros hábitos alimenticios y nos vemos sometidos a alimentos procesados y con una gran carga de productos químicos, se produce un cambio en nosotros mismos, perdiendo la conexión microbiológica con los suelos que nos rodean. Son responsables de ello las grandes corporaciones, como Bayer (Monsanto), Nestlé o Cargill.

La Dra. Rosemary Mason dice que el glifosato interrumpe la vía del shikimato de las bacterias intestinales y actúa como un quelante de minerales esenciales, tales como el cobalto, el zinc, el manganeso, el calcio, el molibdeno y el sulfato, matando a las bacterias intestinales que son beneficiosas y permitiendo que prosperen otras bacterias perjudiciales. Añade que nos enfrentamos a una crisis mundial relacionada con el metabolismo y que estaría relacionada con el glifosato.

“Añade que nos enfrentamos a una crisis mundial relacionada con el metabolismo y que estaría relacionada con el glifosato”.

Muchos de los principales neurotransmisores se encuentran en el intestino. Estos neurotransmisores controlan el funcionamiento de importantes órganos, y también afectan a nuestro estado de ánimo y pensamientos. Hay claras evidencias de que las bacterias intestinales pueden tener un impacto directo en nuestro cerebro. Las alteraciones en la composición del microbioma intestinal influyen en un amplio espectro de enfermedades neurológicas y psiquiátricas, incluyendo autismo, dolores crónicos, depresión y enfermedad de Parkinson.

“Hay claras evidencias de que las bacterias intestinales pueden tener un impacto directo en nuestro cerebro”.

Investigaciones publicadas recientemente indican que el glifosato y Roundup han demostrado que perturban el microbioma intestinal al inhibir la vía del shikimato. El Dr. Michael Antoniou del King's College de Londres ha descubierto que el herbicida Roundup y su ingrediente activo, el glifosato, provocan un aumento espectacular de los niveles de dos sustancias, el ácido shikímico y el ácido 3-dehidroshikímico, en el intestino, lo cual es una indicación directa de que la enzima EPSPS de la vía del ácido shikímico ha sido severamente inhibida. Los investigadores encontraron que Roundup y el glifosato afectaron al microbioma en todos los niveles de dosis probados, causando cambios en las poblaciones bacterianas.

Esto viene a confirmar lo que la Dra. Mason viene diciendo desde tiempo, así como la degradación ambiental que se está produciendo debido al uso cada vez mayor cantidad de pesticidas y ha escrito una carta al responsable de la Pesquería de Recursos Naturales de Gales (NRW, la agencia ambiental de Gales), Peter Gough .

La carta tiene una extensión de 20 páginas y se centra en los herbicidas a base de glifosato y en los insecticidas neonicotinoides. Pregunta en la carta si se volverá a autorizar la utilización de estos pesticidas que provocan un grave impacto en la vida acuática, causando serios daños, incluido el cáncer y una amplia gama de trastornos en la salud.

Se responde a sí misma diciendo que el Grupo de Trabajo del Glifosato de la UE y Jean-Claude Juncker, anterior Presidente de la UE, conjuntamente con varias agencias europeas de regulación, han claudicado ante la agenda de la industria. Mason argumenta que el Grupo de Trabajo del Glifosato no tuvo en cuenta los estudios realizados en América del Sur, donde hay grandes extensiones de cultivos transgénicos tolerantes al glifosato, Roundup Ready, desde 1996, no considerando investigaciones clave sobre los dañinos efectos de este herbicida.

El principal científico de Gales relacionado con la pesca envió a la Dra. Mason don informes de la NRW, hace dos años. En ellos, Mason descubrió que la branca ursina o espondilio (Heracleum sphondylium) que crecía en la ribera del río Usk había sido tratado con un herbicida a base de glifosato, o que se admitía que la agencia ambiental de Gales no había estudiado los efectos de los neonicotinoides, introducidos desde 1994. Mason señalaba a la NRW que la escorrentía de clotianidina desde las cercanas explotaciones agrícolas era suficiente para acabar con los invertebrados acuáticos.

A principios de enero, la NRW intentaba explicar la ausencia de salmones y truchas en el río Usk debido al calentamiento de las aguas del río, sin considerar el envenenamiento de las aguas por los pesticidas, que es lo que viene advirtiendo Mason a la agencia desde hace algunos años.

En Gran Bretaña, la información sobre los contaminantes presentes en el agua ha sido olvidada, de acuerdo con Mason, y no hay supervisión ni de los insecticidas neonicotinoides ni del glifosato en las aguas superficiales o subterráneas. En los Estados Unidos, sin embargo, las mediciones de estos químicos han sido realizadas en tierras de cultivo y su correlación con las disminuciones drásticas de invertebrados por agencias y universidades independientes de los Estados Unidos y Canadá.

Ya van 70 años de contaminación del suelo por los pesticidas. Y aunque ahora algunas organizaciones agrarias y agencias de medio ambiente dicen que ahora se aplican menos pesticidas que antes, lo cierto es que la cantidad está aumentando y se aplican a intervalos cada vez menores (estadísticas obtenidas a través de una solicitud de Libertad de Información).

Los lectores pueden consultar el texto completo de la carta de la Dra. Mason en el sitio web academia.edu para así entender mejor los temas expuestos anteriormente y la complicidad entre los gobiernos y las grandes corporaciones y cómo se conforma la narrativa oficial para relegar a los pesticidas en su papel de contaminación y responsabilidad en enfermedades y dolencias.

Lo que Mason describe no es algo específico del Reino Unido, sino que se observan estos fenómenos por todas partes, mostrándose los estados impotentes e incapaces para frenar los intereses capitalistas, es decir la explotación de recursos y mercados, sobre todo en los países del Sur.

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